martes, 22 de julio de 2025

Una noche en la Ópera

Este pasado domingo fui con unos amigos, Guillermo y "mis americanos" al Teatro Real para asistir a lo que prometía ser una inolvidable Traviata. Era mi tercera Ópera y no entiendo de este género, pero el solo hecho ser persona hace que ciertas experiencias me estremezcan como a todos los demás.

Lo interesante para mí ha sido la evolución de mi estado de ánimo a medida que  transcurría la obra. 

Me había preparado a conciencia. Leí la dama de las Camelias para entender bien la trama. He estado escuchando diferentes versiones de La Traviata y ya era capaz de apreciar según qué matices, de distinguir la voz de María Calas y la de Nadine Sierra, nuestra deseada "Violetta" a quien la sequedad del clima de Madrid indispuso para actuar ese día y no fue hasta unos minutos antes que supimos la noticia. Pero lo que empezó siendo decepción se fue transformando en sorpresa.

Ha sido tan fuerte la huella que me ha dejado esta vez que estaba deseando leer lo que se escribía de ello. Quería conocer si la opinión de "los que saben" coincidía con la mía así que he jugado a escribir mi propia crítica y así practico, de paso, lo que aprendí hace unos años en un curso de escritura argumentativa.




La improvisada suplente —Sabina Puértolas— partía con desventaja. Se sabía descalificada de antemano por un público exigente y malhumorado que esperaba a la norteamericana y se acababa de enterar del “cambiazo”. 

Desde que el pasado 9 de abril sostuviéramos –triunfantes– nuestras entradas en la mano, habíamos hecho crecer las expectativas por la suerte de asistir a esta extraordinaria conjunción de astros (Nadine Sierra - Juan Diego Flórez) para, de pronto, tener que conformarnos con una “Violetta” anónima. Nuestra predisposición sentados ya en las butacas era la de disfrutar, al menos, de la legendaria voz de “Alfredo”. 

Pero Sabina supo aprovechar su momento. Escépticos al principio, fuimos dando algo de crédito al virtuoso manejo de la inflexión de su voz (empezamos a interesarnos por memorizar su apellido) y al formidable sincronismo con la impecable voz de Flórez.

“Para el segundo acto ya se nos había pasado el disgusto de no haber podido escuchar a la ansiada Nadine Sierra”.

El momento de la revelación lo marcó su preciosísima interpretación en solitario del aria “Addio del passato”. Llamaban la atención los sutiles cambios de postura para modular su intensidad de voz. Cada mueca de dolor hacía de su torso una sordina de manera que el lenguaje corporal le servía tanto para sostener el lirismo como como para acabar componiendo un piannísimo conmovedor. 








Fue esta interpretación lo que arrancó el gran aplauso, la rendición del público a lo sublime. Abrumada por esta respuesta la soprano se deshizo en lágrimas. Es probable que hayamos sido testigos del momento más emocionante de su vida profesional.

La ovación final supuso el reconocimiento de la superioridad de Sabina Puértolas sobre su compañero Juan Diego Flórez en esta Traviata. 

El auditorio del Real no es inflexible ni guarda resentimientos. Ha demostrado saber aclamar cuando alguien lo merece.

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