martes, 22 de julio de 2025

Una noche en la Ópera

Este pasado domingo fui con unos amigos, Guillermo y "mis americanos" al Teatro Real para asistir a lo que prometía ser una inolvidable Traviata. Era mi tercera Ópera y no entiendo de este género, pero el solo hecho ser persona hace que ciertas experiencias me estremezcan como a todos los demás.

Lo interesante para mí ha sido la evolución de mi estado de ánimo a medida que  transcurría la obra. 

Me había preparado a conciencia. Leí la dama de las Camelias para entender bien la trama. He estado escuchando diferentes versiones de La Traviata y ya era capaz de apreciar según qué matices, de distinguir la voz de María Calas y la de Nadine Sierra, nuestra deseada "Violetta" a quien la sequedad del clima de Madrid indispuso para actuar ese día y no fue hasta unos minutos antes que supimos la noticia. Pero lo que empezó siendo decepción se fue transformando en sorpresa.

Ha sido tan fuerte la huella que me ha dejado esta vez que estaba deseando leer lo que se escribía de ello. Quería conocer si la opinión de "los que saben" coincidía con la mía así que he jugado a escribir mi propia crítica y así practico, de paso, lo que aprendí hace unos años en un curso de escritura argumentativa.




La improvisada suplente —Sabina Puértolas— partía con desventaja. Se sabía descalificada de antemano por un público exigente y malhumorado que esperaba a la norteamericana y se acababa de enterar del “cambiazo”. 

Desde que el pasado 9 de abril sostuviéramos –triunfantes– nuestras entradas en la mano, habíamos hecho crecer las expectativas por la suerte de asistir a esta extraordinaria conjunción de astros (Nadine Sierra - Juan Diego Flórez) para, de pronto, tener que conformarnos con una “Violetta” anónima. Nuestra predisposición sentados ya en las butacas era la de disfrutar, al menos, de la legendaria voz de “Alfredo”. 

Pero Sabina supo aprovechar su momento. Escépticos al principio, fuimos dando algo de crédito al virtuoso manejo de la inflexión de su voz (empezamos a interesarnos por memorizar su apellido) y al formidable sincronismo con la impecable voz de Flórez.

“Para el segundo acto ya se nos había pasado el disgusto de no haber podido escuchar a la ansiada Nadine Sierra”.

El momento de la revelación lo marcó su preciosísima interpretación en solitario del aria “Addio del passato”. Llamaban la atención los sutiles cambios de postura para modular su intensidad de voz. Cada mueca de dolor hacía de su torso una sordina de manera que el lenguaje corporal le servía tanto para sostener el lirismo como como para acabar componiendo un piannísimo conmovedor. 








Fue esta interpretación lo que arrancó el gran aplauso, la rendición del público a lo sublime. Abrumada por esta respuesta la soprano se deshizo en lágrimas. Es probable que hayamos sido testigos del momento más emocionante de su vida profesional.

La ovación final supuso el reconocimiento de la superioridad de Sabina Puértolas sobre su compañero Juan Diego Flórez en esta Traviata. 

El auditorio del Real no es inflexible ni guarda resentimientos. Ha demostrado saber aclamar cuando alguien lo merece.

lunes, 30 de junio de 2025

Castillos de arena

Las estaciones se suceden, los cuerpos envejecen, las relaciones se rompen, la marea desmorona los castillos en la arena...

Los hijos se independizan, los seres queridos mueren, los recuerdos se van perdiendo y tus convicciones se sustituyen por otras. Y más vale aceptar esto y dejar como permanente la de que nada se mantiene tal como era. Por más que vayamos reemplazando cada pieza para evitar el deterioro, el barco de Teseo se transformará en otra cosa aunque los repuestos sean idénticos. Conservar la esencia original es un empeño ilusorio y vano. 


Estado de impermanencia


Habrá quien otorgue más valor a ese timón y quilla castigados por el tiempo pero genuinos. Los que "estuvieron allí" cuando se construyó ese barco, los que le dieron rumbo en sus primeros viajes, los mismos que fueron tallados por artesanos de la época... Los que dejaron de servir para gobernarlo y le condenaron a naufragar en alguna costa olvidada.

La actitud más resiliente es de dejarse de romanticismos y poner en marcha el sentido práctico para prolongar la vida útil de algo que todavía está en condiciones de proporcionar un buen servicio. ¿Que estamos modificando su estructura? Al fin y al cabo ningún elemento se conserva intacto después de su primer uso… Una mancha, una melladura… Ante tu propia mirada, tu universo se "estropea" y te lo vas reparando a poquitos en una lucha incondicional contra la entropía.

La realidad nos obliga a empezar de nuevo a cada rato –en esto consiste el juego– pero alcanzaremos cierta destreza cuando consigamos abrazar el desarraigo con resignación y energía.

Por la permanente adaptación al cambio. ¡Chín chín!


"Everybody's changing" Keane


jueves, 6 de marzo de 2025

Después del amor, la Soledad El gran amor de mi vida 1948 - 1979

Después del amor, la Soledad


El gran amor de mi vida

                             1948 - 1979

                             febrero - marzo


21 de mayo de 79


                               Al cielo

Ambrosio de mi alma:

quiero que me escuches, te quiero vida mía. Quiero abrazarte muy fuerte muy fuerte solo eso, Ambrosio, abrazarte, solo abrazarte. Dios mío, ayúdame; Ambrosio, amor mío, ¿por qué te fuiste? ¿Por qué estoy sola? ¿Por qué? Yo te quería, amor de mi vida y te fuiste dejándome sola. ¿Dónde estás amor mío? ¿Dónde, que no te veo? No puedo más. Ven, Ambrosio. Ven, por favor. Perdóname, Ambrosio, perdóname por reñir contigo. Solo era amor, ¡que amor! ¿Eh? Era mi manera de amar. Te quiero amor de mi vida. ¿Qué voy a hacer ahora? Dime algo, Ambrosio. Dime que me quieres amor mío. Dímelo por favor, ayúdame. Dime que me estás mirando. Cada día me acuerdo más de ti, cada día noto más tu falta, cada día te necesito más. Esto no es justo, no es justo; te has ido y decías que me querías. Dios mío, llévame con él.


9 de febrero de 1980

Estoy sola, me siento sola, no quiero estar sola, te necesito Ambrosio, Ven. Sé que estás en esta casa, lo siento. Dime algo, ¿Qué soy yo sin ti? Te quiero, Ambrosio, te quiero. Te he querido siempre, ¡no sabes cuánto! Estoy sola, muy sola ¿Qué hago? ¿Qué va a ser de mí? Llévame contigo. Tú siempre me lo decías: Siempre juntos, hasta en el infierno. 

Yo tenía pocos años y era una joven insignificante. Éramos seis o siete amigos y otros tantos amigos. Los días transcurrían felices, con esa felicidad infantil. Eran días de verano después de unos meses de encierro en el colegio interna con las teresianas en Santander.

Yo le había visto un día en un tranvía con una chica y se lo conté a mi amiga, una amiga que te quería. No supe entonces que les hacía daño –eso creo yo–, pues yo sufriría años más tarde con el solo pensamiento de que él mirase a otra.

Yo quisiera volver a aquellas tardes de verano. Yo entonces era feliz. Nos veíamos por las mañanas en San Martín en la playa, por las tardes en San Antonio, en el parque, en el estanco de mi amiga... Un día en la playa nos despegamos de las demás. Había marea baja y nos alejamos por las rocas, y en un pedregal nos encontramos dos piedras pequeñas con forma de corazón y él se quedó con una y me dio la otra.

– Dedícamela– Me dijo. Y mi cuerpo entero tembló. Nadie me había dicho nada parecido antes. 

Pero pasaron días de aquel verano, unos felices, otros menos felices. 

Un día estaba yo en la puerta del estanco de mi amiga –allí era el punto de reunión–. Yo estaba con una bicicleta roja. Él llegó lentamente con esos pasos largos, con esas manos suyas y esos ojos negros que yo amaría luego tanto, tanto y que nunca olvidaré. Levantó las cejas y me dijo: 

– ¿Me llevas en bici a casa?

– Tú te lo has creído, chico. 

Y esta frase, que yo creía que no traslucía nada, fue la clave: "A esta chica la tengo en el bote" (frase muy frecuente en la que en los años de mi juventud). Así me lo confesaría más tarde.

Llegó el 2 de agosto, era mi santo, un santo que celebraríamos luego 30 años seguidos.

Una amiga mía tenía joyería y me dijo ¿te han regalado una pulsera de plata? Yo me quedé extrañada pero por la tarde Ambrosio se acercó a mí y llevándome al pasaje y paseando por la orilla de la escollera y en una piedra que tiene cuatro agujeros perforados en la piedra casi enfrente de la casa de Villanueva y que luego sería muchos años la piedra donde me regalaría otras muchas cosas. No sentamos, sacó del bolsillo un paquetuco y sacando la pulsera, que por la mañana compraría en la joyería de mi amiga, me la puso. Era preciosa de anclas y timones, era preciosa. Yo no sé qué es lo que pensaba ni lo que pasaba por mí qué era yo para él. Yo si sabía lo que era él para mí: Lo era todo. Yo empecé a soñar con él.

Pero era muy irregular. No venía todos los días conmigo. Tenía otros ligues –como dirían ahora–. A mis amigas también les decía cosas cariñosas. Yo sufría en silencio... En realidad yo no era nada de él. Él sí lo era todo para mí. Yo andaba como sonámbula en casa. 

Yo tenía aquellas piedras que me diera aquel día en la playa y la pulsera. Tenía una caja de madera que era difícil de abrir; habría que correr una madera hacia arriba, otra hacia abajo, girar el fondo y entonces se abría.  Allí guardaba yo sus cosas. Para mí eran adorables y preciosas. Las miraba una y otra vez. Eran las primeras cosas de otras muchas que llegué a guardar allí: papel de fumar de sus cigarrillos, colillas, entradas de cine, chicle masticado por él, margaritas deshojadas y sin deshojar... Todo cuanto tocaba él era precioso y valioso para mí. 

Mi madre más tarde, unos años después, una noche me lo tiró por la ventana. No querían que fuera con él. Yo llorando bajé a por ello en la oscuridad de la noche lo busqué. Las colillas, las flores, las entradas de cine todo eran brillantes perlas, rubíes, de nuestro amor.

Quisiera volver a aquellos días felices. Luego vendrían otros muchos más. Yo no quise volver al colegio. A él no le gustó. –Si no sigues–, me dijo, –no vuelvo a mirarte a la cara–. Yo no lo creí, yo estaba segura... Algo me decía que este era mi único y gran amor. 

Llegó el invierno y él se marcho a Santander a estudiar. Yo me quedé en Santoña.

Me iba a coser y a bordar por las mañanas a casa de Sala donde las Parchas. Él iría años más tarde cuando ya éramos novios a buscarme y en aquel portal... ¡Cuántos besos no dimos! 

Pero no hablemos ahora de esto que primero tengo que recordar cómo fue el primer beso.

Ahora pienso que no recuerdo el orden de las cosas, trataré de recordarlo, que a fuerza de recordarlo tantas veces se me confundan los recuerdos.

No creo que nadie adorarse la imagen de un novio como yo. ¡Qué ojos los suyos! su boca, su porte, su manera de andar... Era bueno a rabiar, cariñoso... Me hizo sufrir algo al principio. Incluso salió con una chica. ¡Cuánto sufrí!


28 de marzo de 1980

Son las 7:30 de la tarde. Ambrosio ya no está conmigo pero he sentido su presencia. ¡Me ha dado un beso! como los que me daba al llegar a casa. Esto es real, estoy emocionada. Siempre desde que se fue tengo la sensación de que está en esta casa, por eso cuando voy a Santoña voy con la idea de que le voy a ver, que allí murió y está su cuerpo, pero enseguida quiero volver a esta casa donde hay momentos en que siento su presencia.

Voy a recordar su primer beso. 

Era el 25 de julio de 1947, día de Santiago que él me haría aquellos besos. 

Fue en aquel cero Santiago día... 

Yo quedé con mis amigos en ir en bicicleta a Colindres que era la fiesta ese día. Fuimos donde Liaíno para hinchar las bicis y allí vimos a Ambrosio que alquilaba una bici para ir él también pero por su cuenta; no sé si tendría algún "plan" allí. Fuimos juntos él y mis amigos y yo. Al llegar allí nos separamos. Estuvimos con otros chicos bailando. No le volví a ver. Llegó la hora de irnos si queríamos estar a las 10 en casa que si no mis padres me reñirían.

Vi a Ambrosio en la cuneta a la salida de Colindres dando con una piedra a la rueda de su bici no sé qué le pasaría. Le pregunté y no sé qué me contestó. Mis amigos me gritaban ¡Date prisa que nos lleva Quini en su furgoneta! Pusieron sus bicis arriba de la furgoneta y se fueron. Me quedé de piedra

– No te preocupes –me dijo–. Tú te vienes conmigo.

Recuerdo que por el camino me encontré una herradura y se la di.

Nos pusimos a pedalear fuerte pues la noche se venía encima y no llevábamos luz. En la cuesta de Treto a Cicero bajábamos muy deprisa. Él me dio la mano. Yo quería soltarme, me daba miedo y él me decía: "Si morimos, morimos juntos" A mí me parecía hermoso ese pensamiento pero, ¿Por qué me lo decía a mí? ¿Qué era yo para él?

Y corrimos, corrimos juntos.

La sangre se me agolpaba en mi cabeza, en mis brazos, en mis piernas. Al llegar a Montehano me dijo: "Vamos a descansar un poco". Nos bajamos de las bicicletas, nos apoyamos sobre unos árboles y nos sentamos en el campo. Por el Buciero asomaba la luna y de repente sentí que me ahogaba sí, me ahogaba. Me besaba en la boca y yo me ahogaba. Era la primera vez que me besaban en la boca y como no me lo esperaba y el corazón me latía a un ritmo vertiginoso sentí que me ahogaba.

¡Qué vergüenza! Él no era mi novio. ¡Menos mal que no nos vio nadie!, Me levanté como por resorte, cogí la bicicleta y sin hablar ni palabra llegamos a Santoña. Eran las 10 y 1/2 en el reloj del ayuntamiento, ya estaba tocando la música de la plaza pues se celebra allí también todos los años. Luego le vi bailando con otras y yo paseando con mis padres después de cenar. Ese fue mi primer beso, el primero de otros muchos muchos y muy queridos besos que Ambrosio me dio.

Pero como ya he dicho antes el salió con Chilín Villarías. Fue un verano triste. Charito y Carmen Luche que eran unas amigas cordobesas que veraneaban en Santoña me decían: "No te preocupes por ese memo, que no merece la pena". ¡Qué sabrán ellas! Él ya lo era todo para mí. Mi pensamiento no se separaba de él. 

El 14 de agosto, San Roque, fui con mis amigas a Argoños que era la fiesta. Nos aburríamos y decidimos entrar en una huerta a robar Peras y Dios me castigó. Allí estaba Ambrosio bajo un árbol tumbado en el regazo de Chilín Villarías.

Me quedé como muerta, retrocedí, y ya aquella tarde y otras muchas tardes de aquel verano fueron sosas, como muertas. El sol era rojo por las tardes en Montehano pero triste y las gaviotas eran como más feas y las margaritas me miraban allá por la plaza de toros. Ya no las cogíamos y las deshojábamos.

Llegó el otoño y se fue a Zaragoza a estudiar derecho. Yo iba por las tardes a coser a casa de María Luisa y Chuchi. También tenía Ambrosio una amiga con la que salía a las verbenas y que también me hizo sufrir mucho. Se llamaba Toriné Fontecilla y hablaré de ella más adelante.

Yo creo que fui la número 9.

En las vacaciones de Navidad vino de Zaragoza. Allí creo que conoció a una chica que se llamaba Maite. Luego él me lo contaría.

Seguía saliendo con Chilín. Llevaban ya como cuatro meses saliendo. Era un domingo y quedé con mis amigas en ir al fútbol, no había muchas cosas que hacer en aquellos tiempos para la juventud, fuimos a sombra o algo así, –a lo más caro– y enfrente estaba Ambrosio con su novia. Mi corazón latía y mis ojos no dejaban de mirarlos. En el descanso, de repente, siento que alguien se acerca a mí, era él con aquel abrigo marrón que estaba tan guapo.

– ¡Vete! –le dije–, ella nos está mirando

– Déjala que nos mire, no me interesa.

– Vete, por favor, que quizá venga y nos diga algo.

– No me interesa. Ya solo me interesas tú. 

Mi corazón no podía más, me iba a estallar dentro del pecho. 

– ¡Vámonos! –me dijo–.

 Y yo me fui con él. Era como si un imán me atrajese.

Nos fuimos por el salticón hasta Napoleón y las margaritas se volvieron a deshojar para decir "sí" otra vez. 

Y pasó la Navidad ¡Qué bonita fue! Nevaba, salía el sol. Todo volvió a ser bonito.

Parecía que si salía el sol era porque paseábamos juntos por el pasaje; si el sol se ponía por Montehano y el cielo se tornaba rojo era porque nosotros estábamos juntos por el muelle; si la luna salía llena por el Buciero es porque nosotros estábamos de la mano en el parque... ¡Ah! y teníamos dos estrellas, una más grande que otra que siempre salían juntas en el cielo. Todo esto se lo debía yo a Ambrosio, mi único y gran amor. 

Llegó en ¿febrero? de 1948, ya empezaba la primavera. Ya los almendros de la finca de Vella florecían y los narcisos en el campo y las primeras margaritas. Yo por ese tiempo iba donde Edita a coser –donde María Luisa fue más tarde–. Al salir de casa esa tarde el 10 de febrero hacía sol y frío. Me encontré con Pedro Alonso, luego con Quini, con Juan Antonio Bella y con Lili Villarías y Milis la relojera y no fui a coser. Estuvimos en la cantina de Quiqui Quintana.

Yo hacía esto porque aunque lo que cuanto antes y aunque estos chicos no eran nada para mí sino Ambrosio, Ambrosio no era mi novio. Él salía con quien quería y yo también. Luego nos fuimos a San Martín. Era invierno y allí no había nadie. Solo José Ramón Gómez que paseaba todas las tardes hasta allí.

Lili se tenía que ir al Gromo, Milis a su casa y yo me senté en San Antonio frente al Bar Herrería, que por entonces era de Orlando, con Quini y Juan Antonio, Llegó Ambrosio, que llegaba de Santander de operarse de la nariz, con la mano y el pañuelo tapándose. Se acercó a nosotros y me llamó aparte, cerca del templete de la música

– ¿Qué haces con esos? ¿No sabes que eres mi novia?

No puedo decir lo que sentí, en realidad no sentí nada, no podía dar crédito a mis oídos. Luego en casa lo pensaba y no podía dormir y ellos me preguntaron después

– ¿Qué te ha dicho Ambrosio?

Yo solo les dije que qué hacía con vosotros.

– ¡Ese es tonto! ¡Pues lo mismo que con él!

Y así nos hicimos novios. Ya no volvimos a separarnos ya no me hizo sufrir más y cada día nos queríamos más y más. Tanto que yo no sé si se puede querer tanto.

Y llegaron días de felicidad pues, aunque mis padres me reñían y me castigaban, yo era feliz.

Hoy no puedo dormir, he cambiado las camas de posición. Les digo a mis hijos que es porque así parece el cuarto más grande y no es verdad; las noches me volvían loca en esas camas donde tanto nos hemos querido, donde tantas noches hemos soñado y hemos sufrido, pero hoy ya en otra posición las camas me ahogo, no puedo más.

Ambrosio de mi alma, ¿cómo voy a poder seguir sin ti? pero, ¿es verdad que no vas a volver? No puede ser verdad. Tú no, tú no eres como los demás que se mueren. Tú me quieres y me juraste un día estar juntos hasta la muerte y yo estoy viva. Yo te necesito. Ayúdame, Ambrosio a encontrarte. Sé que estás en esta casa pero, ¿dónde? Te siento pero, ¿dónde estás? No me hagas esto. 

Pienso en mis amigos, en mis hermanos. Me dicen… "se ha ido en el momento preciso, tienes que tener fe, resignación. Dios se lo ha llevado". Eso es mentira. Todas son frases hechas, todo es mentira. ¡Que se vayan a la mierda! Yo no quiero ser como todos, yo estaré con Ambrosio hasta el fin de los siglos. Me da miedo ponerlo pero no hay más allá. Todo está aquí. Me lo llevaron pero él se volvió y está aquí. 

Déjame que te vea, Ambrosio, déjame abrazarte así fuerte muy fuerte. No tanto, Ambrosio, me haces daño.

No sé dónde iba con mis pensamientos. Quiero seguir pensando en nuestros años felices, luego tú me corriges si tengo faltas pero no en mis recuerdos que me acuerdo mejor que tú. Siempre me decías: "La maldita memoria de las mujeres".

Juntos por el muelle éramos felices, empezábamos nuestro paseo desde mi casa General Salinas, hasta el muelle. Aquellas tardes del verano o del estío o del invierno, las puestas de sol por Montehano son preciosas. Los barcos siempre te gustaron, ¡Cuánto hubieras dado, Ambrosio, tú por tener un motoruco para ir a pescar.

Una vez que le pediste su barca a Germanón y me llevaste remando por la bahía. ¡Qué fuerte eras!, Ambrosio. Me besabas, nos cogíamos de la mano, ¡qué manos tan bonitas tenías!, tu cuerpo tenía un olor especial. Hacías aquellos cigarrillos quitando un trozo de papel, las gaviotas volaban al ras del agua y amenazaban tormenta. Las nubes oscurecían el sol que ya se metía por Montehano. ¡Pero qué bonito era todo! El mar gris... Aquella tarde fuimos por la plaza de toros y allí lo amarramos.

Otro día te lo dejó Cabieces Lito. Compramos pasteles y nos pusimos debajo del primer puente y allí los comimos entre beso y beso pastel ¡Qué felices!, Ambrosio de mi alma y luego, quizá, en mi casa mis padres se enterarían y me castigarían. ¡Cuánto sufirimos por ello!

Una tarde me dijiste "Iré a buscarte a las siete". Eran las 7 y 1/4 y no llegabas. Vinieron mis amigas a buscarme y me dijeron 

– ¿Vienes al cine?"

– Ni pensarlo

Mas me fui con ellas. Era en el hispano y en la tienda de Matilde y Marcelo estábamos esperando para entrar al cine. Llegaste disgustado porque no te había esperado. Me cogiste con fuerza del brazo y me llevaste contigo hacia la calle de Rozas. 

– Ven, que tengo que encargar cerveza para la cafetería Casablanca. –Era de tu padre–.

– He llegado tarde a buscarte porque me he entretenido con unos obreros en la huerta de Santoñuca que mi padre me dijo que estuviera con ellos.

¡Qué exigente era yo!, Ambrosio, siempre supe que tú no querías verme enfadada, que sufrías por ello. Y yo abusaba de tu amor y de tu paciencia para conmigo. Mis deseos eran órdenes para ti y yo me sentía orgullosa, y tú también de mi amor, de mi adoración por ti y de mis celos.

Aquella tarde ocurrió algo inexplicable en principio que luego se aclaró. Fuimos donde Rozas, luego por la calle del Duque al parque y como era invierno a las ocho ya era de noche. Tomasín Díaz nos vio y no pensó nada bien de nosotros, que si pecamos de algo era de querernos mucho. Se lo dijo a mi padre y mi padre se puso furioso que pensasen mal de su hija y me castigó 15 días sin salir. 

Mis primas, creo que Maruja, me llevó una carta tuya metida en un libro. ¡Cuánto amor en aquellas letras! Me pedías perdón, pero, ¿de qué? Ambrosio, ¿de querernos tanto? Me decías que vendrías por el ventanuco del cuarto de Tonio, mi hermano, yo dormía allí. Por entonces él estudiaba fuera.

Una noche que estaba empezando a dormirme pensando en ti oí de pronto: "¡Lines, Lines!". Yo creí que mi corazón lo oía pero que no podía ser verdad. Luego unos golpes en la ventana. Me levanté y ahí, eras tú. Habías escalado una pared de 3 metros, de noche y por unos tejados. Luego nos enteraríamos que Cano te conoció Rico el Cano. Tú me cogiste de la mano, no llegabas ni a darme un beso, la ventana era pequeña. Yo temblaba de miedo y de frío, mis padres podrán oírlo, "¡vete a Ambrosio, vete!" yo no decía otra cosa "¡vete, vete!, Ambrosio de mi alma". 

Luego se pasó el enfado pues yo me declaré en huelga de hambre y mi madre sufría.

Tú pasabas por mi calle y desde enfrente del banco Santander o Mercantil que se llamaba entonces me silbabas. Aquel silbido se hizo famoso. El hijo de Candito el Barbero te imitaba y me hizo asomar muchas veces y no eras tú y me daba mucha rabia.

¿Te acuerdas de aquella piedra cerca del portal? Allí nos sentábamos, me besabas las manos, nos mirábamos a los ojos. Yo pasaba mucha vergüenza. 

–No me mires, –te decía–. 

Ambrosio, Ambrosio, Ambrosio, ven. ¿Me estás escuchando? Te quiero, te quise y te querré siempre. ¡Qué guapo estabas siempre con tu barba tan querida! y que yo te cantaba

Dicen que tus barbas pinchan, 
para mí son como rosas. 
También los rosales pinchan
 y de ellos nacen las rosas. 
 

 y tú me decías   

"No me mires mi niña que 
estoy mirando 
cómo todos los miran 
que nos miramos.
No nos miremos
y cuando nadie nos mire,
nos miraremos.

Las noches eran largas y al llegar el nuevo día deseando que llegase la hora de salir juntos tú no eras muy hablador; tu primo Angelín te llamaba el "elocuente". Pero una tarde por el pasaje me cantaste 

Caminito que el tiempo ha borrado
que juntos un día nos viste pasar... 

Luego me contestaste no sé qué historia de una señora de Zaragoza que tenía un piano con termosifón y no sé cuántas cosas que me hiciste reír y cuando te dije

– ¡Cuánto has hablado esta tarde!" 

– Es verdad, no me daba ni cuenta.

Ambrosio te quiero, te quiero.

Hoy es 8 de mayo de 1980

¿Por qué me preguntan que por qué voy de negro?, ¿que de qué has muerto? Pero si no te has muerto, amor mío.

¡Cuántos recuerdos tengo tuyos! 30 años. Años de recuerdos hermosos. Tú eras más bueno que yo, creo que nadie de comprendió, nadie supo nunca lo bueno que eras. ¡Cuánto has querido a tu madre, a tu padre, a tus hermanos! Eras adorable. Y a tus amigos. A Zolo, a Juanito Zubizaga, a Juanchu y José Mari, a Guillermo, a Miguel, a Ignacio, a Castañeda, a Ramonín Palmas, a tantos... Ellos no sé lo que te querrán a ti pero (de) lo que sí estoy segura es de que no te podrán olvidar tan pronto. 

¡Cuánto admirabas la bondad de Pinel y le envidiabas, "es un santo varón", me decías. ¡Cuánto me han acompañado!

Ambrosio, no puedo más. Te quiero Ambrosio. Ambrosio, ¿te acuerdas de aquellas canciones que me cantabas? y poesías también me hacías. Sí sé que me querías pero yo lo dudaba a veces y sufría mucho.

   Volverán las oscuras golondrinas 

a tu balcón sus nidos a colgar

pero aquellas que aprendieron a decir 

   Lines y Ambrosio 

aquellas, no volverán.

Estudié para ladrón 
me aprobaron la carrera 
lo primero que robé 
fue a la hija de Elvira Rueda.

Me voy para la cama, Ambrosio. Si esta noche soñara contigo tengo una cita contigo, pero no te veo con claridad. Te quiero abrazar, ¡qué pecho tan fuerte tenías y qué abrazos tan fuertes me dabas! y tu boca abrasadora y fría que una tarde lo he sentido. ¡Ah!, ¿no te lo he dicho? Una tarde te he sentido. Creías que no me daría cuenta, ¿eh?

Siempre que llegabas a casa me dabas un beso y si llegaba yo después que tú y no lo hacía ¡qué mal te sentaba! Y si reñíamos por la mañana tú te ibas sin darme un beso. Luego se te pasaba y al volver me querías besar pero yo había sufrido mucho toda la mañana sin tu beso –que para mí lo era todo– y te decía al volver: "Soy la misma de esta mañana" y tú te reías e intentabas cogerme en brazos.

Un día me cogiste en brazos... bueno, la verdad es que lo hiciste muchas veces a pesar de yo estar muy gorda; tú eras muy fuerte. Yo me ponía histérica a chillar. Nuestro hijo Vicente que era pequeño al vernos nos dijo… "Ahí va! ¡Se cree que su hija!


Ya es 8 de junio

Quisiera seguir escribiendo mis recuerdos vividos pues a veces pienso no, que se me van a olvidar, pero que me voy a volver loca o chocha como los ancianos. Hoy me duele mucho la cabeza, ayer fuimos a Toledo a ver la procesión de Semana Santa Corpus Christi, me llevó Vicente. Hacía muchísimo calor, 36° creo. Recordé las veces que fui contigo a Toledo, no puedo decir lo que sentí verlo sin tu presencia, no se puede explicar. Soy como una parte de un todo. Tu hijo, Ambrosio, Vicente me ha llevado donde el padre Alfonso que, además del sacerdote, es psiquiatra y dice que tengo una depresión. Yo creo que estoy muerta y él no se da cuenta porque vivir sin ti es como estar muerta por dentro.

Ambrosio, estoy en la cama escribiendo... ¿dónde nos habíamos quedado? ¡Ah!, ya recuerdo.

Tú te querías casar antes de terminar la carrera, que iríamos a Zaragoza a casa de Cuca. ¡Qué loco estabas, Ambrosio! ¿Cómo íbamos a hacer tal cosa? Yo estudiaría y tú me esperabas en casa, yo no quise. No quise de los dientes para afuera, en mi casa no me dejarían, pero tú lo decías convencido. Tú lo deseabas con todas tus fuerzas. Hiciste cuarto y quinto de la carrera en un solo año para terminar cuanto antes para casarnos. 

Ahora me viene a la memoria cuando un verano me llevó mi padre a Polanco, un pueblo de la provincia de Santander para hacer un curso de apicultura. ¿Qué me importaban a mí las gallinas abejas? Y yo que le obedecí. Cuando tú venías a pasar los tres meses de verano mi padre me lleva a pasar un mes a Polanco. Lo recuerdo todo cuando fui: Mi padre madrugó mucho para acompañarme al autobús que iba de Santoña a Cicero para coger el tren. A él le gustaba mucho dormir pero aquel día madrugó y luego le comentaría a mi madre: "Ambrosio no estaba en el coche, ¡faltaría más!" 

¡Qué ingenuos somos los padres algunas veces! Los hijos sabemos, saben más que los padres y ya la víspera quedamos en que tú irías en bicicleta hasta Cicero y allí me esperarías para luego en el tren acompañarme hasta Santander, pero como el tren para Polanco no salía hasta las 3 de la tarde nos fuimos al Sardinero.

Tenemos una foto de recuerdo. Yo iba con mi vestido blanco de piqué con cuatro bolsillos, tú te remangaste los pantalones para hacernos la foto dentro del agua. Allí nos dimos algunos besucos y con pena nos despedimos. –Te iré a ver, –me dijiste–, y así fue. 

Un día te presentaste y me sorprendiste con unas trenzucas que yo me había hecho para recogerme el pelo. Ese día comiste en una pensión unas patatas con chorizo que te gustaron muchísimo; luego me lo recordarías muchas veces.

¿Y cuando viniste con mi padre y Daniel Gómez y aquel señor que se casó con Elena Cantero que era muy comilón y se comieron los bombones que tú me traías? También eso lo recordaste muchas veces. 

No éramos unos novios cualquiera. Otros novios se han querido mucho, sí, quizá más, lo admito, pero lo nuestro era distinto, y lo veo ahora que veo otros novios y cuando aquello también lo veía.

¿Te acuerdas, Ambrosio, cuando me llevabas en la bicicleta que en vez de llevarme en el manillar mirando hacia delante (pues la bicicleta era de chica y no tenía barra) me decías que me pusiera mirando hacia tiTú me querías ver constantemente y por si se me levantaba la ropa que no me viera nadie. Eras muy celoso y a mí me gustaba que así fueras aunque a veces me hacías sufrir.

Me viene a la memoria una vez que te ibas para Oviedo, salía el autobús a las 9 y a las 12 tuve una carta tuya que la escribiste yendo de Santoña a Gama y allí la echaste y me llegó a las tres horas.

Una vez de las que te ibas a Oviedo y de habernos despedido hasta con lágrimas -ya en aquellos tiempos no podía vivir sin ti– cuando tú te ibas mi vida era sosa, insulsa, no era vida. En una palabra vivía de recuerdos y pensaba en el reencuentro pero ahora... ¿en qué reencuentro tengo esperanzas?

Bueno, que me desvío de lo que quería decir... Al llegar a Santander antes de coger el tren para Oviedo fuiste a buscar a una amiga que tenías en Santander. Se llamaba Ana María la Lastra que es médico analista ahora, no sé si sabrá que te has ido; mi tía Lita te vio y pensó mal de ti y me lo contó, o mejor, lo comentó en casa.

Lituca –no sé si por hacerme sufrir– me lo dijo, y lo consiguió. Sufrí mucho, muchísimo. Y luego tú me explicaste –aunque yo no quise comprenderlo y seguí enfadada una temporada–, me explicaste que era una vieja amiga y que le había dado una parálisis infantil y que sentías hacia ella cariño y lástima y que querías hablar con ella y que ella se sintiera querida y comprendida y no olvidada.

Pero yo sufrí mucho, solo te quiero para mí y es que tú me acostumbraste muy mal, tú así me lo decías y yo no entendía de amistades ni de educación ni de nada, yo solo pensaba en ti, tú lo eras todo. Yo no vivía en este mundo, nos habíamos creado un mundo aparte, un mundo nuestro, con nuestro oxígeno y nitrógeno especial solo para nosotros. Los demás no existían. Tú tuviste la culpa, tú no pensaste que yo era tan ingenua y caprichosa.

Mis padres poco a poco empezaron a quererte.

Un día tuviste la osadía de llegarte hasta mi padre que estaba en la huerta con unos obreros sembrando. Él cuando te vio llegar no daba crédito a sus ojos. Tú (te imagino lentamente pero con esas zancadas tuyas pues tenías las piernas muy largas) llegaste hasta él.

– ¡Buenas tardes!– le dirías–. Vengo para pedirle, por favor, que no castigue, que no pegue más a su hija. Yo la quiero y no hacemos nada malo por querernos tanto. La gente solo le cuenta bobadas, creo que nos tienen envidia.

Y desde aquel día mi padre nos dejó salir pues no se pudo negar al verte tan enamorado y tan atrevido a la vez.

Se me agolpan los recuerdos y ya no tienen numeración. Unos son antes que otros pero todos son recuerdos. ¿Qué más da el orden de los factores si no alteran el producto?

¿Te acuerdas del faro de las camisas? Era una tarde de verano con Chareté y CarmeluchiVicente Azofra y Calixto tú y yo. Íbamos de excursión al Faro del Caballo que luego le bautizamos como el "Faro de las Camisas".

Hacía mucho calor, Vicente y tú os quitasteis las camisas, Calixto se la dejó amarrada a la cintura. Tú te subiste al faro, rompiste un cristal para entrar, el torrero te vio y os denunció a la Guardia Civil. Os cogió las camisas y las llevó al Cuartel del Penal. Allí tuviste que ir a por ellas y recuerdo que tú tenías 20 años y Vicente 22 y te sorprendió que fuese más viejo que tú pues allí tuvisteis que decir los años.

Luego cuando ya bajábamos al anochecer el sol se metía por el Gromo y los pájaros piaban como locos en el monte y las gaviotas revoloteaban acompañando a un barco que venía con pesca. Tú decías, –Viene de bonito hasta la bandera–. No sé por qué nos enfadamos. Yo era muy drástica y tiré la piedra en forma de corazón que un día me diste en San Martín y que yo tanto quería. Tú pegaste no sé qué hilos en forma de flor Y escribiste por detrás "Te amo" Ambrosio. 

Y yo, como me parecía que si escribía en la piedra se borraría lo que yo quería decirte y no quería que se borrara nunca "lo que yo te quería, te quise y te querré" –no me cansaré de decirlo– y si alguien leyere esto alguna vez le sonará monótono pero es que el que lo lea no te quiso, ni te quiere, ni te querrá como yo lo hice durante 30 o 35 años y me hubiera gustado que fuese en 50 o 60 por lo menos. 

Bueno yo esa piedra la lancé al espacio y allí habrá quedado y si yo fuese joven para andar por aquellas piedras y arbustos del monte iría a buscarla. Sé que te hice daño al tirarla; yo también sufrí como si algo de nuestra alma se fuese con ella, pero la tiré y ya no habrá remedio. Debiste ver como verías siempre en mi cara la pena de lo que había hecho y enseguida cogiste un ramo de madroños rojos preciosos y me dijiste:

En señal de paz 
lo mismo da un madroño
que un pedernal

Eras adorable. Ambrosio. ¿Por qué la vida no es así? ¿Por qué algunos se reían de este amor nuestro? Yo creo que era envidia y no me cabe otra cosa. ¿Por qué otros sólo tocan la materia de las cosas cuando lo espiritual es tan bonito? Nosotros no hacíamos mal a nadie, nosotros no nos fijábamos en nadie. Para nosotros solo existía ese "tú y yo" y nuestros hijos. Tú al deshojar las margaritas me decías: "Si tenemos una hija la llamaremos Margarita" y a mí me daba vergüenza solo el pensar que tú y yo tuviésemos hijos. ¡Qué bobada! ¿De qué me daba vergüenza? ¿De que tenía pudor? Si yo te quería; si tú eras mío y yo tuya.


Hoy es 7 de junio 1980

Cada mañana al despertar con la misma rapidez que abro los ojos me viene a la memoria: Ambrosio no está en la cama. Ambrosio no está conmigo; Ambrosio se ha muerto; estoy sola. Es verdad dios mío y para siempre. Es verdad, es verdad. Pero, ¿cómo me ha sucedido esto a mí? No es verdad. Él se ha levantado antes que yo y está en el cuarto de baño y luego me traerá el desayuno y dirá "jem, jem, jem" y yo me haré la dormida, abriré los ojos y me sentaré a desayunar. Me traerá café con leche, tostadas, mantequilla y mermelada. Él sabe lo que me gusta. Otros días se lo traigo yo a él y espero a que lo tome y luego retiro la bandeja y mientras se fuma un cigarrillo yo me abrazó a él a su pecho fuerte como una roca y así me quedo un rato y luego le beso y me besa y le abrazo. Sé que le gusta que le quiera. Eso ya se acabó y para siempre. Yo lo necesito, no puedo vivir sin él. Ambrosio, ven... ¿Dónde estás? Ven, por favor, ven.

Kira ha venido a mi cama. Si tú estuvieras aquí también se subiría a tu cama. Sé que te quería más que a nadie. MarÍa me acaba de preguntar: 

– ¿La secretaria de papá también se llamaba María?

– No, Mamé

Ella también te tiene constantemente en el pensamiento, te nombra muchas veces. Tus hijos te querían mucho. ¿Y quién de los que te conocían bien no te quería?

Tu prima Cuca te recuerda siempre. Ya sabes cómo es, te quería y te quiere. Te recuerda como cuando eras niño y siempre me lo está diciendo.

Me ha venido a la memoria ¡cómo no! una vez que viniste de Oviedo. Me traías un libro "La perfecta casada"; me lo traías con todo el amor del mundo; me lo habías dedicado. Estábamos en un banco enfrente de los catequistas –aún me remordía la conciencia– y te dije: "Ambrosio, el otro día hubo verbena en San Antonio y he bailado con Caito" era el hijo de el director del penal. Era un chulillo que bailaba muy bien y, por lo que supe después, fue una apuesta pues le dijeron que yo no bailaba con nadie.

Ambrosio se puso furioso, casi sin decir ni adiós se fue. Yo le llamaba: ¡Ambrosio, Ambrosio, yo tuve la culpa! ¡Él no! Pero no me escuchaba. Luego me enteraría por la mañana que le fue a buscar y le pidió cuentas. El otro era un cobarde le dio miedo y corrió. Ambrosio le dio un puñetazo y el otro corría y corría. Se le salió un zapato y Ambrosio cogió el zapato y le tiró con él dándole en la cabeza, así me lo contaría él. Desde luego nunca más supe de Caito, desapareció del mapa. Una amiga mía me lo contó y, no sé si envidiosa o con juicio recto, me decía: "Pues como si no hubiese más chicas que tú en el mundo" y yo, en vez de ponerme orgullosa, me avergoncé. ¡Qué tiempos aquellos!

Y cuando eran las verbenas en la plaza de San Antonio y tocaba Julián o la banda de los músicos. Nos gustaba más Julián el ciego, pero tenía que pagar el chico una peseta por bailar y muchas veces no la teníamos y tratábamos de escabullirnos. Ambrosio (antes de ser novios –me refiero– pues después solo quería estar conmigo a solas, bailar conmigo y que nadie más se interpusiera entre los dos) Como decía... Ambrosio tenía una amiga, Trini. Le gustaba bailar con ella y luego acompañarla a su casa y como él luego me contaría, era buena chica y allí la besaba, y como conmigo en aquella época no tenía ninguna probabilidad prefería ir con ella. ¡Cuánto sufrí por ello! pues aún ya me gustaba muchísimo. No me gustaba, le quería ya con toda el alma.

"No sé si me dejarán salir a la verbena esta noche", le decía yo. Y él me respondía: "te advierto que no valen nada las verbenas" y yo sufría porque sabía que era porque a la vez él quería estar con ella y que yo no estuviese con nadie sola en la cama en casa y al otro día ya nos veríamos en el estanco, en la playa o en San Antonio.

Con ella salía por las noches. Yo desde mi casa, desde la ventana de la habitación de mis padres se veía a la gente que iba de San Antonio por la calle de Serna Ocina, o sea, el Banco Mercantil y yo me pasaba horas para verlos pasar. La verdad es que no sé si los vi alguna vez. Los ojos me traicionaban pues de tanto mirar y fijarme o todos me parecían ellos o yo no los vi nunca, pero aún a pesar de aquellos celos, de aquellos malos ratos, los volvería a pasar a gusto ¡Quien pudiera empezar! Y no es que añore esos años jóvenes, es que quiero estar con él, sufrir por él, amarle a él...

Queríamos retratarnos juntos, tener recuerdos para nuestra vejez. Tener recuerdos y un álbum de fotos. Le alquilábamos a Cholín –pues no teníamos máquina– una que se disparaba sola. Yo me ponía todo lo guapa que podía y nos íbamos por el pasaje o la playa o el monte, el muelle. ¡Por tantos sitios bellos que hay en Santoña! Santoña, mi rival. Él quería a Santoña tanto o más que a mí. A la virgen del Puerto, a los marineros, a todo lo de su pueblo.

Bueno, ¡a lo de las fotos! Nos íbamos solos. Él me colocaba como quería que saliese la foto, luego ponía la máquina en el sitio preciso, la cargaba, él se colocaba a mi lado unas veces mirándonos, otras veces él miraba al infinito cogidos de las manos y yo le hacía rabiar pues cuando oíamos el "tic" del disparo, como él no oía muy bien de un oído, yo le tenía mucho tiempo después de oír el "tic" con cara de foto y luego nos reíamos y de castigo me daba un beso.

En aquellos tiempos no nos podíamos besar como ahora se besan los jóvenes cuando todo el mundo los está viendo. Creo que tenía su encanto que nadie te viera y que él te los robara. Yo era muy vergonzosa, nunca le besé yo a él, hasta después de casados, siempre era él a mí.

Cuando le escribía a Oviedo o a Zaragoza le ponía: ¡Cuánto te quiero, Ambrosio de mi alma! Cuando vengas te daré muchos besos. Ya tengo ganas de verte, de ir juntos de la mano por tantos sitios que nos son conocidos y que nos están esperando.

El pino del parque... ¡Ah! ¿No he contado nada de nuestro pino? Es el fiel testigo de nuestro amor. Si él pudiese hablar..., el pobre ya es viejo como nosotros, ¡Cuántas veces te vería hacerme caricias! Yo me sentaba, tú apoyabas tu cabeza en mis piernas, pasaban las horas, cantaban los pájaros, olía a jacintos y rosas y alhelíes. Tío Ríos nos vio muchas veces y creo que de todas las parejas que han pasado por el parque para él teníamos algo de particular.


Noviembre 80

Hace mucho que no escribo mis recuerdos, mis vivencias contigo. Pasó el verano y, te juro vida mía, día y noche siempre estoy pensando en ti. Yo no sé qué voy a hacer, tú te mereces lo mejor y por eso te fuiste. ¡Qué duro me lo haces pasar! No fui para santa. ¡Dios mío!, yo le quería. Ambrosio, me estoy muriendo poco a poco y creo que no debo estar triste, esto quiere decir que pronto estaremos juntos. Pero sí. Sí quiero estar triste pues me moriré antes.

Tus amigos te recuerdan, pero siguen viviendo. ¡Qué rabia me da! ¿Por qué ha tenido que ser así? Ambrosio, te recuerdo tal como eras: Bondadoso, paciente, guapo, inteligente, habilidoso, ocurrente, pacífico, amable, piadoso, afable, entrañable, familiar.

Sé que todas las mujeres que te conocieron o te amaron o te admiraron. Para ninguna le fuiste indiferente, joven o vieja, niña y hasta para tus amigos y después de todo no te conocieron todo lo bueno que eras.

Ambrosio, cuando te reñía y tú me decías: "Cuando me muera te darás cuenta de que no soy tan malo como tú te crees" ¡Amor mío! Si yo no me creía que eras malo, solo eran mis malos pensamientos. En el fondo nunca me creí nada de lo malo que me pudieran contar de ti. ¿De qué sirven estas confesiones si tú ya no estás a mi lado? Dios mío, ¿por qué ha sido así ? Ambrosio, bien de mi vida.

No veo en tus hijos tus dones, eras único. Dios me perdone por mi adoración por ti, pero (¿Quién te conociera y que te amase como yo y que hubiese vivido contigo y te hubiese conocido como yo y no diría estas cosas?) Dios te puso en mi camino y te tuve que amar con locura ¿Por qué no me he muerto ya? ¿Por qué sigo viviendo? ¿Por qué tengo apego a la vida? ¿Quién hace esto por mí? ¿Dios? ¿El mundo? ¿Mis hijos? ¿Mis nietas? Son adorables, Ambrosio. Son preciosas, Ambrosio. ¿Tú las ves? Tú no las pudiste besar. Son ángeles de Dios y ¿por qué no te permiten hacerlo? Es para volverse loco uno. ¿Qué hiciste Ambrosio? Yo creo que todo fue bueno. 

Dicen que mejor es el cielo pero, ¿por qué no el cielo después de un beso a un nietoMaría se está poniendo preciosa, es la que más me habla de ti, te recuerda tanto como yo. ¿Por qué se ha quedado sin ti? ¿Sin padre? ¿Por qué? ¿Qué ha hecho ella? Dios mío, ¿Por qué?


1 diciembre 1980

Querido amor: yo vago por la vida sola, sola y sola hasta que Dios se acuerda de mí, ¿Quién soy yo? ¿Qué significo en la vida? Ambrosio, amor de mi vida, ¿sabes que todo sigue igual? Bueno, el mundo sigue muy mal, pero todo lo demás sigue igual.

Ayer cumplió Josechu 27 años. Esos tenías tú cuando nació el ¡Qué felices éramos...! y 27 años más tarde todo negro, negro, negro muy negro. ¡Quién nos lo iba a decir! Ambrosio, si estás cerca de Dios llévame contigo, ¡¡por favor!! Ambrosio. Ambrosio, por favor. Sé que no me querías, si no ya me hubieras llevado contigo.


Diciembre día de San Ambrosio

No sé si me quisiste, no sé si te he querido... o tal vez nos quisimos demasiado los dos. Este cariño mío apasionado y loco pero/me lo sembré en el alma para quererte a ti. Me queda tu sonrisa grabada en el recuerdo y el corazón me dice que no te olvidaré... Pero al quedarme sola sabiendo que te pierdo tal vez comience a amarte como jamás te amé.

No sé si te amé mucho, no sé si te amé poco pero jamás, te juro, volveré a amar así. Me queda tu sonrisa que nunca olvidaré. Te digo adiós, si acaso, en esta despedida; mi más hermoso sueño muera dentro de mí, pero te digo adiós, para toda la vida, aunque toda la vida, mi amor, viva pensando en ti.

Así es como yo te quiero y te he querido. Quisiera, mi fiel compañero, no caer en la melancolía y ser fuerte.

Voy a escribir a nuestro hijo Ángel que está lejos y creo que tiene añoranza por nosotros.


20 de diciembre

La segunda Navidad sin ti, ¿y qué? Eso piensan todos: "¿y qué?". Y llegará otra, y otra, y otras más ¿y qué? Nos acordaremos de ti, ¿y qué? Lloraré... ¿Y qué? 

Yo me muero Ambrosio, y si no me muero yo me quisiera morir. Así, así voy a estar siempre, siempre sin ti. Cantarán villancicos, yo reiré. ¿cómo puedo hacerlo si (ya nunca, nunca, nunca nos volveremos a ver? No estaremos juntos, no me abrazarás, no te abrazaré. Ese cuerpo tan fuerte, tan amoroso, tan... no sé, no encuentro ahora la palabra Ambrosio, Ambrosio, Ambrosio, Ambrosio... así hasta mil pero gritando. No puedo, está María viendo la televisión y está mala con fiebre pero no te preocupes, no es nada, es de garganta. Ha venido el médico le ha recetado Frenadol.

Ambrosio, ¿no te ha importado dejar a María? ¿Por qué te has ido? ¿Qué son las Navidades sin ti? ¿Yo soy tan mala? ¿o tan buena? o, ¿qué soy yo para que Dios se acordara de mí? Ya sé, ya sé que son muchos todos los días niños, viejos, jóvenes. Buenos, muchos padres, hijos, maridos, mujeres... Pero, ¿por qué tú? Es que no lo entiendo. Nos habíamos prometido envejecer juntos. ¿Es que Dios no nos quería? Recuerdo tu dedicatoria en un misal que me regalaste por Reyes cuando éramos novios. No me gustó lo que me pusiste porque me dio miedo de Dios.

Cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no se puede llenar con la llegada de otro amigo... Cuando un amigo se va queda un tizón encendido que no se puede apagar ni con las aguas de un río... Cuando un amigo se va una estrella se ha perdido, la que ilumina el lugar donde hay un niño dormido.

Cuando un amigo se va se detienen los caminos y se empieza a revelar el duende manso del vino.

Cuando un amigo se va... galopando su destino empieza el alma a vibrar porque se llena de frío.

Cuando un amigo se va se queda un árbol caído y ya no vuelve a brotar porque el viento lo ha vencido.

Yo quisiera saber decir estas cosas bonitas, pero no sé. Solo sé decir te quiero, amor mío.

Ambrosio de mi alma. Así empezaba tus cartas y tú me ponías: 

Amadísima mía

Queridísima mujer mía

Queridísima mía

Queridísima Lines

Amor de mi vida

Mi único y gran amor 

¡Qué cosas tan bonitas me decías, amor de mi vida! y eso se acabó para siempre, siempre, siempre como un eco.


17 de enero de 1981

Ambrosio de mi alma: me voy esta tarde a Burgos a cuidar de nuestras nietas este fin de semana, Elvira está preciosa y lo habla todo. ¿Te conté cosas que decía ya? La he enseñado a decir "dónde estás tú ahora" y pone una picardía alegre al decirlo en sus ojos que tú también verás "en el cielo". 

Ambrosio, ¡cómo ha cambiado mi vida sin ti! Todo es diferente. Ahora sólo voy donde me llaman los hijos, he descubierto que ahora los quiero más. No tengo celos, Ambrosio, que tu amor nadie me lo robará. En realidad solo sirvo para eso, cuidar nietos y serles útiles en lo que pueda. 

Si tú estuvieses conmigo seguiría como antes dedicándome a ti más que a nadie. 

Ambrosio, amor mío, ayúdame. El otro día soñé (ahora suelo soñar bastante contigo), soñé que se habían muerto cuatro hijos más, yo estaba al borde de la locura y te rogaba a ti que estabas conmigo que me llevaras contigo a Madrid, que no me dejaras sola y tú, con cariño y paciencia como siempre, lo hiciste. Me decías: "Ya veré el modo de llevarte, no te preocupes." Me iba despertando y me daba cuenta de que era un sueño; que yo estaba en la cama en Madrid y mi angustia se disipaba. Todo era un sueño. Mis hijos estaban en sus camas... pero ¡ay! Ambrosio, Ambrosio era el que no estaba aquí y la pena, la angustia brutal volvió a mi alma.


27 de enero de 1981

Ambrosio, ¿es verdad que no nos veremos más? No tengo fuerzas para seguir escribiendo y lo dejo para otro día. Sólo voy a pensar en ti. Quizás vengas a verme hoy que estoy sola.


8 de febrero 81

Ambrosio, vengo de Santoña. Se ha muerto tía Felisa, tu madrina. Sé que la querías aunque ella fuese tan roñosa con todos, ella era así. También se ha muerto Tea, también la querías, aunque era gente mayor tú las querías y también irías a Santoña a su entierro. ¡Qué mal lo pasé al meter la caja de tía Felisa! Reviví mis recuerdos de aquel 21 de marzo. Ambrosio, Ambrosio, nunca nos imaginábamos el uno sin el otro, Ambrosio de mi alma, ¿tú me estás viendo? Me siento sin ánimos. 

Pongo mi amor en Leticia y es tan distinta a ti, es tan seca, tan poco cariñosa conmigo. Creo que ella hubiese preferido que te quedarás tú y yo me hubiese muerto y eso ella no lo perdona. Esto me resulta muy duro y creo que me quiere quitar el amor de María pues para ella soy lo más importante pero ellas se comprenden mejor porque se igualan más los años. Sé que ella solo te quería a ti y ahora me resulta todo nuevo y me parece que los tengo que querer de distinta manera.

Lo de Vicente ya es punto y aparte. Hoy se fue a media mañana y aún no ha vuelto. No sé dónde está y si está en Paracuellos dame paciencia, Ambrosio, ayúdame.


5 marzo 

Pronto iré a Santoña, llega nuestra cita el 21 de marzo.

No sé si te amé mucho, no sé si te amé poco, pero sí sé que nunca volveré a amar así. Ambrosio, Ambrosio no sé nada más que decirte, llamarte. Te necesito, te quiero. ¿Por qué así? ¿Por qué? Ayúdame, por favor. Sé que te está pareciendo mal que me comporte así, pero ya sabes cómo soy y tengo mis horas bajas que pueden más que yo. El otro día, el domingo, estuvoieron aquí Fernando y su mujer May –ya sabes de quién te hablo– te estuvimos recordando, Ambrosio y ¿por qué él estaba vivo y tan bien ¿por qué?

No puedo recordar otros tiempos, tengo la mente en blanco. Antes escribía por las noches cuando no podía dormir. Ahora ya no quiero estar ni un minuto sin dormir y tomo pastillas y más pastillas. Estoy agotada, vieja. Hoy me han hecho unos análisis, veremos qué pasa. Yo solo quiero vivir con tu recuerdo pero bien, o morirme y llegar donde tú estés. Me voy con María un rato a ver lo que estudia.


Marzo 81

Fue siempre mi corazón un prado de flor de estrellas pero mi senda se pierde. Ambrosio, el domingo cuando veníamos de la finca con LeticiaVicenteMaría y unos amigos vi nuestras estrellas brillando en el cielo. Brillaban más que otras veces, pero no tanto como cuando nos amábamos y las veíamos en el cielo de Santoña. La verdad que en aquel cielo todo es más bonito. Hasta las tormentas. ¿Recuerdas aquel día que fuimos a Montehano a encargar unas misas por Chechu, tu hermano? De repente una tormenta que nos caló hasta los huesos. Nos fuimos hacia Cicero a la estación pues nos pareció que era lo más cercano para cobijarnos y allí se nos secó la ropa sobre nuestros cuerpos y tú con tus besos me sacabas las gotas de mi cara, de mis ojos, de mi boca... Luego nos fuimos otra vez andando por los puentes y al llegar al primer puente, o mejor antes, entre el segundo y el primero a la altura del Gromo, miramos hacia Berria y vimos un fenómeno atmosférico: Se juntó el mar con el cielo como en un beso avaricioso y como envidioso el cielo de los besos que me dabas tú.


30 – III – 81

Ambrosio, ya pasó tu segundo aniversario. Dos años que te fuiste y me dejaste sola, muy sola. Siento que solo estoy en este mundo porque Dios quiere pero yo no siento ni amor, ni odio, ni felicidad, ni infelicidad, ni ambición ni tengo una meta sino morirme e irme junto a ti. Ambrosio, amor mío, Ambrosio de mi alma, solo estoy vegetando en este mundo. Si nos dijesen en este mundo cuando nacemos todo lo que nos va a pasar no sé... Yo según tengo las gafas rosas o las negras veo toda mi vida; me supongo que como todo el mundo. 

A veces me siento hasta feliz en mi desgracia, pienso que Dios te puso en mi camino, que Dios fue inmensamente bueno conmigo poniéndote en mi camino, que tengo cinco hijos tuyos, que viví a tu lado 31 años de felicidad inmensa. Tus hijos son tu continuación, que he quedado en este mundo para purgar mis pecados y luego estar contigo en el cielo, que tengo que ser valiente hasta el fin, que debo darle ejemplo a mis hijos. Tú me proporcionaste una vida cómoda y soy una señora en mi casa con mis hijos sanos de cuerpo y alma (Cuídalos a ellos, Ambrosio, como hacías aquí) Allí será más fácil, lo verás todo. Luego me pongo las negras... y yo me quisiera morir.


Junio del 81

Ambrosio, hace tiempo no hablamos de nuestras cosas. Estoy más serena, por lo menos hoy, pero muy sola, enormemente sola. ¿Si tú llegaras en este momento? He pensado el otro día que tú no te has ido, sino que yo no te veo pero estoy segura de que no te has ido.

Y he pensado que por qué solo me gusta hablar de nuestra época de novios y no es que lleve un ritmo premeditado, no. Es que en el fondo yo siempre he sido tu novia; siempre, aún después de 26 años de casados y me dolía que tú lo vieses la ocasiones como personas sensatas mayores. Aún me gustaba sentarme en tus rodillas tú también lo solías hacer, y besarte, besarte, besarte.

Amor de mi vida, ¿qué haríamos esta tarde? Iríamos a Fuente el Saz, o a ver a tu hermana Pitín, o al Pardo a merendar, o en pijama veríamos la televisión y me sorprenderías con una merienda hecha por ti. 

Ambrosio de mi alma, no me digas que esto no sucederá más. ¿Qué pinto yo entonces en esta vida sin ti? ¿Sin tus besos tus caricias? A veces también pienso cuando surge una frase rara o un pensamiento extraño ¿quién me lo explicará? Tú eras mi marido, mi amante, mi amigo, mi compañero, mi maestro, mi verdugo, mi juez, mi padre, ¡todo! y ahora camino sola por la vida. Quiero ser fuerte, ayúdame.

Ambrosio, vamos a recordar un día de nuestro amor cogido al azar. ¿Recuerdas cuando me leías los cuentos de Oscar Wilde? Estábamos en la cantera donde los depósitos del agua solos. Unos niños jugaban por el monte. Tú me leíste el Príncipe Feliz y el Ruiseñor y la Rosa. ¡Qué preciosos me parecieron y tú leías muy bien! El sol rojo, rojo, se metía allá lejos y el cielo se tornaba de un azul más intenso. La tarde descansaba entre algodones en la lontananza. Las golondrinas piaban y revoloteaban sobre nuestras cabezas, era el principio del verano, yo era feliz... Cogidos de la mano bajamos de aquellas peñas, me dió pena que tan pronto llegara la luna, otras veces tan querida, pero es que era señal de que pronto nos separaríamos, tenía que ir pronto a casa. Tú me dabas un beso en la frente al llegar a casa después de aquellos otros abrasadores que me dieras en el monte.

¡Qué larga era la noche sin ti! Cuando amanecía otro día ya estaba pensando en la hora en que vendrías a buscarme, y al contacto de tu mano un escalofrío recorría mi cuerpo y volvía a sentir la vergüenza de tu mirada tan querida. ¡Qué ojos tan bonitos tenías!... Tienes, porque no creo que se los hayas dado a la tierra. Tengo celos, unos celos enormes de...

Ambrosio, te dejo porque voy a enloquecer.


14 junio 1981

Ambrosio, desde que tú te fuiste mis manos están heladas porque no tienen tus manos. Desde que tú te fuiste me falta algo, no sé si es el aire, no sé, pero yo soy otra.

Ambrosio, cariño mío, ¿por qué ha tenido que ser así? ¿Por qué? Yo te quería, tú me querías, nuestros hijos nos necesitaban. Yo no puedo vivir sin ti. Esto es vivir por vivir y así no se puede vivir y el mundo sigue igual o peor y sin ti, ¿qué será de nosotros? Tú lo solucionabas todo, quizá llegué a confiar demasiado en ti y ahora, ¿qué será de nosotros? Ángel tiene problemas, quiere montar una caseta en Berria este verano y todo son trabas. Si tú estuvieses aquí...

Amor de mi vida, llega otro verano. Yo iré a Santoña y te esperaré los sábados sentada en San Antonio donde Herrería o en el Buciero. Llegarán otros maridos a pasar el fin de semana con sus mujeres e hijos y tú no llegarás, pero yo te estaré esperando porque aunque no te vea nadie yo te espero y tú llegas y me acompañas. Lloro más esos días pero no importa, amor mío, lo hago por ti.


Septiembre 81

He vuelto de Santoña, ¡qué verano, Ambrosio! Estuve en la sombra sin ti y mis manos se quedaron frías en el calor de las tuyas. Anduve errante, como ida, buscaba compañía, compañía que era no sé... Estoy sola, ya lo sabes tú, Ambrosio. Pero, ¿es verdad?

Ambrosio, aún no ha venido Leticia. La espero como agua de mayo pero luego que llega me doy cuenta de que sigo sola.

En la cama tuya duerme María. ¡Qué cara tan linda tiene! Quiere con su serenidad darme ánimos y la pobretuca no sabe que ella ocupa el lugar del que yo quería más en este mundo. 

Ambrosio, Ambrosio, Ambrosio, ¿me escuchas? Soy como una sombra triste que busca la luz, esa luz que no llegará nunca. ¿Por qué fuiste tan bueno conmigo? ¿Para que ahora te añore tanto?

Cada día que pasa lo veo más claroTú no volverás y yo te querré más y más y más y no sé qué poner este pulpo que tengo en el pecho me oprime cada vez más y no me lo pudo arrancar. Nadie me comprende, creen que ya pasó suficiente tiempo y que te estoy olvidando. No tienen ni idea, Ambrosio amor mío.


21 de septiembre 1981

Hoy hace dos años y seis meses que te fuiste y quiero recordar, por si se me olvidasen, todas las sensaciones que he sentido desde que no te veo. Desde aquel triste día 21 de marzo 79 al principio no me acordaba de ti, no sabía cómo era tu cara, tu cuerpo. Miraba la habitación donde habías muerto y no te veía, era terrible para mí. Me estrujaba los sesos y nada. No te veía, no me acordaba de cómo eras. Tenía que mirar tu fotografía. Eso me dolió mucho, ¡no sabes cuánto! pues pensé que sería para siempre y yo pensaba en todo momento en ti. Me hablaban y yo escuchaba pero de fondo tenía un "Ambrosio, Ambrosio, Ambrosio" un eco o una música de fondo. Cuando volví a Madrid todo, todo, me recordaba a ti pero seguía sin distinguir tu figura. Iba en autobús y me pasaba de estación. Lloraba en los autobuses y no me importaba que me mirasen. Eso tiene de bueno Madrid, que nadie conoce a nadie. Si en aquella época no me pilló un coche creo que ya no me pillará; iba como sonada por la calle. Más tarde te empecé a recordar pero no en relieve como yo quería y, con más serenidad, pensaba: "Igual que hoy, un día iba yo con Ambrosio". "Igual que aquel coche era el nuestro". "Cuando iba a este restaurant con Ambrosio comeríamos esto y aquello". "Cuando iba con Ambrosio en el coche los barrenderos regaban las flores igual que ahora, y aquellos pájaros... ¿serán los mismos?" pero qué feo me parecía todo.

Ahora ya me distraigo con las conversaciones y me río y he cantado pero siempre, siempre "Ambrosio, Ambrosio, Ambrosio".

No soñaba nunca contigo y eso me traía loca. Luego empecé a soñar pero era peor: Tú no me conocías. Si me conocías me presentabas como una amiga a otra. Ibas con unas y otras. No eran celos lo que sentía, era rabia de que te diera igual. Yo no era nadie para ti. Incluso llegué a soñar que vivías y te escondías en Manzanedo en casa de tus padres y que ellos sabían que yo iba de luto y lloraba y no me lo decían que tú vivías y estabas allí. Lloré mucho en aquellos sueños. 

Ahora ya te veo en relieve y sueño contigo y eres cariñoso conmigo. Un día soñé que estábamos en Santoña y nos dieron la noticia de que se habían matado tres hijos nuestros. Yo estaba al borde de la locura y tú me consolabas y tenías que venirte a Madrid y yo te decía: "Por favor, Ambrosio, llévame contigo. No me dejes sola" y tú me decías: "Veré qué puedo hacer y te llevaré conmigo". Me desperté y ¡qué alegría sentí! María y Leticia dormían a mi lado y me levanté enseguida a ver si Vicente estaba en la cama, y estaba, pero cuando ya volvía hacia mi cama me di cuenta de que quien faltaba eras tú... y para siempre... Me quise morir. ¿Por qué no me morí aquel día? Sigo pensando que sin ti... ¿qué pinto en esta vida? Mis hijos me necesitan pero por egoísmo y yo, por lo mismo, me quiero ir contigo.


22 de diciembre

Ambrosio, ayer nació un nieto nuestro. Un niño Ambrosio. ¡Qué contento estarías al ver que tu apellido continuaba! 

Quieren que vayamos a Burgos a pasar la Navidad, pero el 24 no quiero marcharme de aquí. Tú estarás con nosotros. Ellos no se dan cuenta de que tú estás aquí.

Ambrosio, ha nacido tu nieto en Burgos, pero para el bautizo le llevaremos a Santoña donde te bautizaron a ti y a mí y a nuestros hijos y a tus nietas. Sé que esto te gusta.


13 de enero 82

Ya estoy aquí, Ambrosio. Ya pasó otra Navidad. He visto a nuestro nieto. Es guapo, Ambrosio, ¡Cómo te gustaría verlo!

Paso la Navidad y vendrán otras y tú no estarás conmigo; pero yo estaré contigo. 

No sé si sabías que se llamará Ambrosio, Ambrosio Herrería. Quizá tú soñaste un día con esto, pues se ha cumplido. Ya tienes sucesor, aunque ya lo tenías en tu hijo. El viento, las calles, los mares, los días, los años oirán tu nombre y el eco resonará en las montañas y otra mujer feliz dirá "Ambrosio, amor mío".


15 de enero

Son las 6:30 de la mañana. Me he despertado y ya no me puedo dormir. Estaba pensando en ti, en nosotros, en nuestras cosas, en nuestro amor, en nuestras peleas, en lo bueno que eras conmigo, en que sin amor no se puede vivir y yo vivo aunque me siento muerta por dentro... y vieja. ¿Qué es la vida sin ti? Un continuo enloquecer.

Ambrosio, estoy en la mesa de tu despacho sentada en tu sillón, tengo tu bata puesta y miro tu retrato. Me miras sonriente. ¿Te ríes de mi pena?

Está amaneciendo, se encienden las luces de las casas, la gente se levanta para ir al trabajo. Yo no sé qué haré. En otros tiempos te llevaría el desayuno y luego nos besaríamos y quizá me volviese a meter en la cama, -en la tuya- y no te dejaría leer, ¿te acuerdas?

Vicente se ha ido a Paracuellos a trabajar. Le he puesto el desayuno. Y a María. ¡Qué guapa está María! Ambrosio, ¿la ves? Se está haciendo una mujer. ¡Cómo crece! Por un lado de me da pena pues cuando sea mayor y presuma tenga novio me querrá menos, seré menos imprescindible para ella.

Ambrosio, hoy no me apetece escribir; solo pensar, pensar y pensar en ti y en lo sola que me encuentro. Son ya las 9:00 de la mañana y ya estoy sola. Todos se han ido. Ángel aún no ha venido de Biarritz que se fue con una amiga.

¿Qué haré hoy? Tengo que ir al Colegio de Abogados. Primero llamar por teléfono para no perder el viaje. Luego haré la compra y luego otra vez en casa y no sé cuándo volveré a salir aunque debiera hacerlo –pasear–, pues estoy muy gorda y necesito andar.


19 de enero 1982

Hoy he amanecido triste, muy triste con ganas de llorar, llorar gritando. ¡Ay, Ambrosio! ¿dónde estás? ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué tuvo que ser así? y he recordado una carta que te escribí al cielo al poco de irte.

Ambrosio de mi alma: quiero que me escuches, te quiero vida mía. Quiero abrazarte muy fuerte, muy fuerte. Solo eso, Ambrosio, abrazarte. Solo abrazarte. Dios mío, ayúdame. Ambrosio, amor mío, ¿por qué te fuiste? ¿por qué estoy sola? Porque yo te quería, amor de mi vida y tú te fuiste dejándome sola. ¿Dónde estás, amor mío? ¿Dónde, que no te veo? No puedo más. Ven Ambrosio, ven, por favor.

Perdóname, Ambrosio, perdóname por reñir contigo, solo era amor ¡qué amor! era mi manera de amar. Te quiero amor de mi vida. Vida, ¿qué voy a hacer ahora? Dime algo, Ambrosio, dime que me quieres, amor mío. Dímelo por favor, ayúdame. Dime que me estás mirando. Cada día noto más tu falta, cada día te necesito más. Esto no es justo, no es justo. Te has ido y decías que me querías. Dios mío, llévame con él. Quiero irme contigo, no permitas que me aferre a este mundo sin ti. ¡Qué suerte la mía!

Ambrosio, ¿no te doy pena? Dile a Dios que me ayude, que me perdone y que nos veamos pronto. Que cuide Él de nuestros hijos. Creo que fuimos algo especial para Dios. Nos enseñó la vida bonita del amor, de la belleza del bien. Quizás yo fuese la peor y me ha dejado para sufrir recordando aquel Paraíso que no supe apreciar.

Ambrosio, ¡qué bien se está contigo! ¡Qué paz a tu lado! ¡Qué bueno eras conmigo y con todos!

Ambrosio, Ambrosio, me duele el alma. No puedo más.


21 de enero 82

Ambrosio, la pena se ha hecho amiga mía y no me deja ni de día ni de noche. Ver una película de televisión y relacionarla contigo es algo cotidiano. Hoy era emotivo el tema y he llorado pensando en ti. Estoy sola, pensaba marcharme para distraerme, pero he pensado que es día 21 y no me quiero ir de casa, de tu lado, de tus recuerdos y los míos.

Me dicen que acordarme de tus recuerdos debiera ponerme alegre por lo feliz que fue y no es así. Lloro como un niño que le quitaron algo muy querido por él.

Hace mucho que no cuento nuestro noviazgo y, francamente –aunque en algunos trozos me emocionaba y lloraba– sí, es verdad, lo pasaba bien. Voy a continuar, ¿te parece bien?

Voy a recordar un sueño que tuve y que luego te lo contaría y a ti te gustaría tanto.

Soñé que estábamos bailando juntos muy abrazados como siempre lo hacíamos sintiéndonos el uno junto al otro y casi latir nuestros corazones a la vez. Era de noche, tocaba en el templete una banda maravillosa. Estábamos solos, tocaban para nosotros solos. El cielo estaba cubierto de estrellas. Una noche de cielo negro y relucientes estrellas.

Bailábamos un vals. Todo era hermoso aquella noche, yo me sentía feliz. Tú y yo solos. La música interpretaba el vals de las olas, danzábamos por la plaza de San Antonio solos; nadie nos veía. Yo era feliz y tú también. 

Me parece poco lo que escribo de este sueño, pues a mí me parecía tan grandioso que creí que al contarlo me iba a extender más. Recordaré otra cosa.

Un día pasábamos por la escollera junto a la Machina. Unas mujeres cosían redes en el secadero. Tú ibas por la orilla, yo por adentro. Hiciste un movimiento como que te caías, yo te cogí del brazo, me llevé un susto. Eran las 12 del mediodía un día soleado de invierno. Tú me comentaste que lo habías hecho para ver mi reacción, que un día lo hiciste con Trini y ella ni se inmutó.

Me molesta poner en nuestros recuerdos ese nombre, procuraré no hacerlo más si es posible. Luego una de aquellas mujeres fue donde mi madre y se lo contó. ¡Qué pecado! y cuando llegué a casa me castigaron. Esto me ha traído a la memoria cuando Miguel Ángel García también nos acusó de vernos en Berria juntos.

Nos dieron un recado en mi casa para doña Leonor Villegas. Había que ir a Santa Ana a decirlo. Mi madre y me mandó que fuese en bicicleta. Era una tarde de primavera, serían las tres de la tarde cuando iba por donde el cine de Cuca Monagica veníais por la acera Quini, tú y no sé qué otro. Ibais para el casino a jugar la partida. Me viste y corriste a mi lado.

–¿Dónde vas?– me dijiste. –A Santa Ana, a llevar un recado–. –Voy contigo. Quini, ¿tienes una bici?–

Quini y se volvió a su tienda, abrió y te dejó una bici. ¡Qué felicidad! Un paseo que iba a ser monótono y aburrido de repente se volvió maravilloso y feliz. 

Corríamos hasta subir la cuesta de Vella que no podíamos. Luego otra vez el viento nos acariciaba la cara y llegamos a la finca y dimos el recado. Luego yo pensaba volver, no pedía más, era feliz. Tú me dijiste –¿Nos sentamos en el balneario?–. Había unas escaleras desvencijadas por el tiempo, daba el sol de la tarde que ya se metía por el Gromo y cogiste margaritas y las deshojamos. No sé cómo te las arreglabas, pero siempre decían "sí".

Alguien nos vio desde el chalet de Albo que estaban construyendo, era Miguel García. Se molestó en bajar y llamar por teléfono a mi padre que estaba en el casino y mi padre llamó a mi madre y el lío ya estaba armado. Cuando entraba en casa con unas clavelinas de Berria que tú me habías cogido mi madre me dió una bofetada. Ahí terminó mi tarde feliz.

Hoy voy a escribir más del sueño y bailar juntos, muy juntos me ha traído a la memoria otros bailes. 

Bailábamos esta vez de verdad, no de sueño. Bailábamos juntos, muy juntos; me llevaste cerca del templete. Por allí no solíamos bailar, siempre junto a nuestros amigos en la estrella, en la farola, pero esta vez me alejaste un poco. Yo me había arreglado para ti, como siempre desde que te conociera. Llevaba un collar de bolas rojas de madera sobre una blusa blanca y falda roja. Me apretabas tanto que me hacías daño con el collar en el pecho, además me daba vergüenza que me apretaras tanto. Te dije que me hacías daño. Tú te separaste, me quitaste el collar, lo metiste en tu bolsillo del pantalón y volviste a abrazar como antes. Me quedé de una pieza. –¡Qué cara Ambrosio!– Yo te lo decía también porque me daba vergüenza, pero era feliz, esa es la verdad. Era feliz de que me apretaras tanto.

En otro baile, también me acuerdo, yo estuve por la tarde con José Antonio "el Sevi", ¿te acuerdas? ¿Aquel oficial que era un sevillano muy bueno pero muy soso y que yo le hacía tilín? Luego me preguntó si saldría por la noche a la verbena. Yo le dije que quizás no me dejarían en mi casa. Era porque no quería estar con él, no sabía bailar y a mí no me gustaba, solo me daba pena. Yo pensaba en la posibilidad de que tú me sacases a bailar.

Salía de casa con un clavel en el pelo tan repeinada y perfumada pensando en ti y en la esquina de Cándido allí estaba "el Sevi" esperándome. No había ido ni a cenar. Le dijo a sus compañeros que le hiciesen la guardia del comedor pues le tocaba a él.–¡Qué aburrimiento!–, pensé. Nos pusimos en la estrella a ver bailar. Yo con la mirada puesta en todas las parejas por si te veía. Tú me viste y viniste a mi encuentro. –¿Bailas?– me dijiste como si estuviese sola. No querías que estuviese con él. Yo accedí y nos fuimos lejos junto al templete, pero por el otro lado. Nunca había bailado por allí. Cuando terminó la pieza que estábamos bailando, que me acuerdo que era "Dos arbolitos", te dije –Me voy con "el Sevi"– y tú no me dejaste. Fue una falta de educación, pero aún ahora me siento feliz de que me quedé contigo toda la noche. 

Ya está cayendo la tarde y vendrá María del colegio y a la pobre la tendré que reñir y decir que estudie. ¡Qué rollo, madre mía! Pero no queda más remedio. Me gustaría hablar un poco con ella y que no tuviésemos prisa porque el tiempo pasa y tiene que estudiar. ella le gustaría ver la televisión.


4 de febrero 1982

Se acerca nuestra fecha y aún no sé si podré ir a verte. Ambrosio, En estos días sé que estás triste. Han pasado muchas cosas y me vienen a la memoria los versos que te puse en tu recordatorio: "y cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar".

¡Que tranquilos están los muertos! Yo me quisiera morir. No pensé que algún día mis hijos se portarían así. Nunca pensé lo que pasa a un padre y una madre cuando un hijo se casa en esas condiciones y con prisa. Ambrosio, Ambrosio ¿por eso te fuiste? No querías ver esas cosas.

Ambrosio, ¡estoy tan triste! Cada día dicen que se muere un poco y yo me estoy muriendo a pedazos grandes. Claro que no voy a ser distinta a los demás y sé que hay gente que sufre, que llora y que se muere a pedazos. Que Dios no me castigue más o que me dé fuerzas para soportarlo todo, amén.


8 de febrero 1982

Ambrosio de mi alma: Si una persona hay triste en el mundo, esa soy yo –¡Qué mal me he debido de portar con los demás!– y me encuentro sola. Solo María me besa y me quiere desinteresadamente pero porque aún su alma es pura y me quiere como madre y no me ve aún defectos.

Ambrosio, ¿por qué no aprendí de ti a ser mejor madre? Bueno, madre madre creo que sido buena, pero no buena amiga de mis hijos y sobre manera de mi hija Leticia. No me perdona movimiento mal hecho.


14 de febrero 1982

Estoy en la cama escribiendo. Hoy hace 29 años que nos casamos. No pensaba ir a Santoña, no me sentía bien y, además, veía muchos problemas para ir pero sabía que iba a pasar un mal día sin ir a estar contigo en este día feliz para los dos.

Le telefoneé a MaÍsa para que te llevara flores en mi nombre pero me llamó Teti y me animó. Yo necesitaba poco para que me animasen y me iré esta tarde a las 3 y 20. Ahora me voy a misa y luego compraré unas flores para ponerte aquí en casa pues no tengo vela para encenderte. Te quiero Ambrosio, te quiero con toda mi alma. Hasta que vuelva aquí con nuestros recuerdos ahora voy a estar contigo y rezar a nuestra Virgen en este día que nos vio unidos para siempre.

29 marzo 82

Ambrosio, hace mucho que no hablo largo y tendido contigo sólo a ratos y sólo para decir ¡Ambrosio, ayúdame!

Han pasado tantas cosas... Ambrosio, estoy segura de que tú ya lo sabes pero quiero contártelo. Vicente, nuestro hijo Vicente se ha casado. No con la chica que tú conocías, no, con otra; Dios quiera que sean felices.

Ambrosio, Ángel no tiene trabajo. ¿No puedes hacer algo por él? Tú estás cerca de Dios, estoy segura. Díselo. Díselo, a ti te hará caso. Pide por tus hijos que no nos deje de su mano.

Ambrosio, vida mía: Me parece imposible que sea yo, Lines, la que escribe esto y que tú no estés a mi lado.

Estuve en Santoña el 21 de marzo y estuve contigo tres años después casi a la misma hora. Estuve con Vicentete llevé una rosa, –sólo una rosa– y te recé un Padre Nuestro. Fue solo un rito; me hubiese gustado estar sola y hablar contigo. Pasó San José y hasta pensé que besaría tu tumba –56 besos– pero estaba muy fría. Tenía miedo de que me viesen y se riesen de mí.

Ambrosio, ¡Cuánto te amaba! ¡Cuánto! Sólo Dios lo sabe.

Ambrosio, Quisiera escribirte alegrías, solo alegrías. Pero es egoísmo pues sería señal de que todo iba bien y de que yo no pasaba privaciones y que a nuestros hijos les iba bien. Pero, ¿cómo iba yo a estar contenta si tú no estarías a mi lado?

¿Sabes lo del pleito con la de Rey? No te quería hablar de ello. Yo con pleitos y abogados cuando tú eras mi mejor abogado. Ayúdame, Ambrosio, Ambrosio, Ambrosio.


20 de abril del 82

Ambrosio, ¡cuánto hace que no hablamos, que no te cuento cosas! 

Sabrás que guardo todas tus cosas tan preciadas para mí. Un pañuelo tuyo y tu última cajetilla de tabaco, tu pipa, tu boquilla, el último frasco de masaje después del afeitado, la venda de la cachaba, el peitero con que te daba de beber, tu aparato del oído, tu monedero, tu cartera, tu camisa de cuadros, tu boina, tus tirantes, tus cartas... Sí, guardo las cartas que me escribiste cuando estabas en Madrid y yo sola en Santoña con nuestros hijos. Y las leo, las releo y las vuelvo a leer y parece que te escucho. ¿Sabes que escribías como hablabas? 

Ambrosio, pienso y pienso en ti. ¿Sabes que aunque esté rodeada de gente estoy sola? ¿Me siento sola? ¡Qué terrible me parece! Sola para siempre. No concibo la vida sin ti y, sin embargo, vivo...

Ambrosio, vida mía. Ambrosio, de mi alma:

Te veo sentado en la butaca verde leyendo un libro con una pierna sobre otra acariciándote la barba. yo a tu lado haciendo punto. ¿Por qué? ¿por qué no puede ser así? ¡Qué tristeza, Dios mío! Pero, ¿por qué? si íbamos a envejecer juntos, si estaba segura... Pero, ¿por qué? 

Hace tiempo que no sueño contigo.


27 de abril 1982

Hoy he recorrido Madrid llorando. Mis lágrimas caían en el asfalto. Nadie se daba cuenta; creo yo que nadie me vio y sé que tú tampoco. Ya me viste muchas veces llorar. Dios te ha librado de esa pena, esa angustia de verme llorar, a veces sin motivo pero que yo esperaba tu consuelo y tus caricias. 

Sí, lloraba con desconsuelo mi soledad y mi caminar sin compañía y con tristes pensamientos. Es un día de primavera, lucía el sol pero se me antojaba feo. Sí, Madrid estaba feo.

Nadie lo sabe, nadie.
Nadie sabe que tengo frío,
que tengo hambre,
nadie lo sabe.
Y tengo frío, y tengo hambre
desde que se fue él.
Desde que se fue tengo frío,
sí, mis manos tienen frío
porque sus cálidas manos
no cogen las mías,
y nadie lo sabe.
Y camino por la vida
con sed, con frío, con hambre
y nadie lo sabe.
Y estoy triste, y lloro,
y nadie lo sabe.
Solo él lo ve, solo él lo sabe.

29 de abril 82

Ambrosio de mi alma, hoy ha venido José Luis García Beltrán a verme. Ha sido una gran sorpresa. Ha dicho, entre otras muchas cosas, que eras un "gran hombre". Te quería, Ambrosio, te quería. Todos los que te conocieron te querían. No te podrán olvidar. A un hombre como tú no se le puede olvidar. ¿Te he dicho alguna vez que eres adorable? Pues sí, Ambrosio, eras lo mejor del mundo; cariñoso, romántico, paternal, familiar, entrañable, paciente, suave, pacífico, elegante, inteligente, culto, guapo, sencillo... Todo, todo lo bueno del mundo, católico practicante... 

No sé, no sé qué más decir. ¿Qué más puede ser un hombre para que una mujer le adore? Ambrosio, vida mía, ¡Qué triste estoy sin ti! A veces siento una angustia enorme, casi inaguantable. Seguiré en este mundo hasta que Dios quiera.

Ambrosio, amor de mi vida: he recordado el otro día otro pasaje de nuestra vida y me daba cuenta de que tú también pensabas constantemente en mí.

Ya lo sé, pero es que pienso algunas veces que yo pensaba más en ti que tú en mí, pero este recuerdo me ha demostrado que yo ese día pensaba en ti en todo momento aunque no tenía muchas esperanzas de que tú me quisieras ni que siquiera pensases en mí. 

Yo salía de mi casa un domingo por la tarde a eso de las 3 y media para ir a buscar a Maísa y luego a Manoli y luego a Isabelita Criado y, cuando cruzaba por la farmacia de Fragua hacia la plaza la casa de Maísa, tú estabas jadeando aún por la corrida que habías dado para alcanzarme. Luego me contaría Marcelo Diego que estuviste en un banco en San Antonio con él, pero mirando hacia mi casa esperando a que yo saliera pues sabías –no sé cómo– que yo saldría para ir a buscar a mis amigas para luego ir al fútbol. ¡Qué alegría me diste! Yo pensaba: "Toda la mañana paseando por San Antonio, otro día aburrido y triste sin él. No me mira, no se acuerda de mí". 

Mirar sí que nos miraríamos, pero creí que no te interesaba, y ahora pienso que te enterarías de qué pensábamos hacer y correrías de prisa por ir a buscarme. Luego Maísa nos mandó que fuésemos hasta casa de Isabel que vivía lejos –en Santoñuca–, que ella iría a buscar a Manoli y en el campo nos veríamos y así lo hicimos. No me pareció lejos Santoñuca en tu compañía y me iba feliz, como flotando.


15 de mayo de 1982

Hoy cuando he despertado y vi que tronaba y llovía he recordado, Ambrosio mío, que hacía 12 años cuando María contaba ocho meses nos fuimos a pasar este día de San Isidro a Santoña con Curro y Esperanza y que entraron ellos llevando a María en su silluca sentada y mi madre, al verla, exclamó: ¡Una niña más guapa que ésta tengo yo en Madrid, una nieta". Nosotros esperábamos en la puerta de la tienda su reacción y su cara se iluminó al vernos y comprobar que aquella niña preciosa era su nieta María.

Ambrosio, un pensamiento ha venido de pronto a mi mente y no sé si se lo he oído a alguien antes pero mi corazón piensa así –si es que los corazones piensan o sienten así–: 

Cien años juntos, Ambrosio es... "como decía ayer", o sea, es ya pasado.

Ahora luce el sol y también pienso que después de esta pena tan grande y tan negra... ¿Lucirá el sol? pero la contestación no se ha hecho esperar demasiado. Otra vez se ha ocultado el sol y es que pasan nubes. Y luce y se esconde como mis penas y mis alegrías desde que te fuiste. 

Son las 12 y media del mediodía y aún no me he levantado y vendrán tus hijos del colegio, de hacer gimnasia y yo no he hecho nada. Ni la casa, ni las camas, ni la comida. Se me ha ido la mañana pensando en ti y llorando por ti. 

No sé si cuando lloro es de pena; pena porque porque te quise y te quiero y te querré o es de alegría; alegría porque te quise, te quiero y te querré. 

Adiós, amor mío, adiós.


17 de may 1982

Ayer recordábamos en la finca de mi hermano... él había estado en Santoña el día 8 de mayo, día de San Migueluco que se celebra en el Dueso. ¿Te acuerdas Ambrosio? Y viniendo para casa recordé mi vida en Santoña recién casada cuando subíamos a merendar en un prado del Dueso ese día de su fiesta. Subía todo Santoña. Llevábamos nuestra tortilla, bocartes, ensalada (típico en esos días) y una "cámbara" o centollo solíamos llevar nosotros, ¿verdad, Ambrosio? 

Y recordaba que el primer año de casados, 1953, subí embarazada de Josechu, nuestro primer hijo, y con tu sobrino Gabrielín; tengo una foto de recuerdo. 

En 1954 subí también embarazada, unos días más tarde abortaría.

1955 embarazada de Ángel nuestro segundo hijo y en 1956 ya había nacido Vicente, nuestro tercer hijo, pero ese día 8 de mayo, día de San Migueluco, le bautizaríamos.

En 1957 subí libre pero en 1958 subí embarazada de Leticia, nuestra cuarta hija, y en 1959 subí libre otra vez pero ya para abril de 1960 ya había tenido un hijo que nació muerto y por eso también subí libre ese año y en el 61 también libre y en el 62 subí embarazada de una niña que también nació muerta.

Cuando ya no subí más a San Miguel embarazada fue con María, 7 años más tarde, en 1969 pues ya vivíamos en Madrid y todo cambió. 


19 de mayo 1982

Poco a poco me voy acercando a ti... Ayer te he recordado con tal intensidad que creí volverme loca de dolor y de pena. Lloré, lloré a gritos y a gritos te llamé. Y al mirar el cuadro del despacho me pareció que me mirabas con dureza y tuve miedo. ¿Es que no te parecía normal que llorara por ti? ¿Es que te parecía exagerado? ¿Es que crees que ya es tiempo de que lo tome con calma? ¿O es que no puede mi pena retroceder y ver toda la claridad de la verdad? Mi soledad, mi pena, mi angustia, mi dolor sin ti. Déjame llorar y gritar, nadie me oía. No me mires así, amor mío, yo no estoy viendo a Dios como tú. Yo estoy sola en este mundo sin ti. Sola sí, sola, porque los demás no me interesan, Dios me perdone. 

Me siento feliz ahora aunque estoy llorando. ¡Qué complicada soy! ¿verdad? Soy feliz porque aunque pase el tiempo lloro y sufro por ti como si fuera el primer día. Aunque pase el tiempo te querré, Ambrosio, y esto me confirma que te quería de verdad, que nuestro amor era verdadero. Nuestra unión fue un --ito. Nuestros sufrimientos fueron un aprendizaje perfecto que nos unió más y más. Amor mío, bendito sea Dios que te puso en mi camino.


20 de mayo de 1982

Ambrosio amado mío: ¡Cuántas cosas se agolpan en mi mente y que yo quisiera contarte! He leído Pablo y Virginia o, mejor, he releído pues tú me lo regalaste cuando éramos novios. He leído cómo Pablo se muere de pena y de dolor cuando muere Virginia y he sentido envidia. ¿Por qué no he muerto yo cuando tú te fuiste? Sólo encuentro la contestación en que Dios no ha querido darme esa satisfacción; quiere que me quede aquí a llorar mi pena y a purgar mis culpas, que son muchas.

Mis obligaciones me empujan a seguir viviendo pero, ¿no es mayor mi amor por ti y mi dolor en tu ausencia para dejarlo todo?

Pienso, amor mío, que Dios me pide más y más y que yo quiero estar siempre contigo y este es el modo de estar siempre a tu lado. Por donde quiera que tú estuviste queda tu huella y tu luz y tus manos y tu olor. Aún estás conmigo. En cualquier momento llegarás o, mejor... ¡Si no te has ido! La casa está igual. Aún estoy en la ciudad de siempre, en el mismo lugar y con la misma gente... Así dice la canción y cuando la oigo me parece que está escrita para mí. ¿O digo todo esto porque le temo a la muerte? Ambrosio, Ambrosio, ven y llévame contigo. Contigo no tendré miedo de partir tan lejos y estaremos juntos amor mío, amor mío, amor mío... ven.


23 de mayo 1982

Ambrosio, hoy cumplo 54 años. ¡Cómo echo de menos tus 54 besos! A María se lo he dicho y me ha dado 10 la pobre con su buena intención. Dice que luego me dará más. ¡Qué distinto, amor mío! 

Hoy luce el sol sin esperanza como todos los días desde que te fuiste y como todas las mañanas mis manos buscan las tuyas. Leticia me ha regalado una invitación para ir a cenar con ella y con María en una cena en que se reúnen los padres y las niñas en el INEF todas las de gimnasia rítmica.

Luego vendrán a comer Aleja y Vicente. Tú no la conoces, Ambrosio, pero la verás; y me llamará Josechu y Ángel no sé si se acordará, creo que sí. 

¿Cuántos cumpliré sin ti?


1 de junio 82

Ambrosio, la pena y la angustia son mis compañeras, no me dejan ni un minuto. A veces me parece insoportable y aún cuando me doy cuenta le doy gracias a Dios pues tengo unos nietos preciosos y tus hijos con salud y María que es preciosa y tengo casa y comodidades y... te tuve a ti.

Pero la depresión no entiende de estas cosas y me angustio con frecuencia y creo que no voy a poder con esta pena que me acompaña día y noche. Ambrosio, Ambrosio, contigo todo sería diferente. 

Ayer vine de Burgos donde he pasado dos días. Fui con ilusión, pero enseguida estaba deseando volver. A veces no sé ni lo que quiero y además sufro porque los que no sienten esta angustia como la mayoría de los que me rodean o si tienen penas bastante tienen con lo suyo. Temo cansarles y esto me agobia más y más.

Quiero a veces reír y cantar y como que no me pasa nada, además lo hago para quitarme esta pena que me resulta insoportable a veces y no sé si lo llego a conseguir enseguida la pena me puede. No sé si volver al médico y contárselo. No sé si debo aguantar o es perjudicial, quisiera emborracharme o hacer algo parecido, o dormir todo el día. No sé, no sé. Hasta quisiera no volver a escribirlo ni contártelo. Tú ya lo ves, tú ya lo sabes.


12 de junio 1982

Ambrosio, han pasado en casa unos días Josechu con Cristina los niños, un jaleo enorme, pero se han ido y la soledad me aplasta. También se ha ido Leticia a estudiar a casa de unas amigas y mañana se va a Valladolid. Nos hemos quedado solas María y yo. María tiene que estudiar.

He llamado a Vicente y no sé a qué. No quería estar sola.

He comido no sé cuántas cosas, tengo el estómago lleno y asqueado. Como sin sentido.

Ambrosio, vida mía, ¿por qué no estás conmigo? ¿por qué? pero, ¿qué voy a hacer?

Son las 9 y media de la noche y aún es de día pero está gris y triste a mí ya se me pasó el mal rato y lo veo mejor ya sé que son muchos los días que los pasaré sola.

Josechu ha llamado para decir que ha llegado sin novedad y que los niños hicieron casi todo el viaje dormidos.


15 de junio 1982

Ambrosio de mi alma: hoy quitando el polvo a unos libros que me regalaste cuando novios y que hacía mucho no había leído sus dedicatorias pues cada vez que venías de Oviedo me traías algún libro de regalo. Todos ellos bonitos pero más bonitas eran las ha dedicatorias como la de "Grandes Esperanzas" de Charles Dickens. Me ponías en la primera página: 

"La cajiga gigante de Polanco murió azotada por las tormentas y mi alma muere y resucita y vuelve a morir".

Te amo, Lines mía. No hagas que muera para siempre. 

                                         Eternamente tuyo

                                                       Ambrosio

                                                   18 de junio 1950

Este libro me lo llevaste a Polanco cuando hacía un curso de arte cultura y agricultura.

"La perfecta casada" me lo regalaste en la Semana Santa del 49 

"A la que quisiera fuese mi mujer" 

Con todo mi amor

              Ambrosio

Por detrás subrayaste lo que más te interesaba que yo leyese y aprendiese.

"Para mi mujer con todo el cariño que es capaz de sentir mi corazón"

                                                            Ambrosio

en el verano del 51 "Jack" de Alphonse Daudet


De Mark Twain "Huckleberry Finn" en noviembre del 51 

"Linn, (en esa época me llamabas así) la aventura de amor contigo es la más maravillosa de esta vida".

                          Te amo

                               Ambrosio


"María" de Jorge Isaacs

            Ambrosio y Lines

                4-III-50


El que me leíste y te gustó mucho y subrayaste lo que más te gustó 

                 "A Lines, mi único y gran amor",

                                       Ambrosio


¿"Pablo y Virginia"?

Oviedo: octubre de 1949 y al final me ponías 

"Ámame como Virginia a Pablo, aparta de tu vista a los demás y espérame".

                             Eternamente tuyo

                                           Ambrosio 


Y otros muchos regalos y otros tantas dedicatorias cada vez más bonitas y amorosas.

Ya pronto nos vamos a Santoña e iré a verte y te contaré muchas cosas. Leticia se va a Londres y yo me quedaré en Santoña con María. Pasaré el mes de julio con Josechu y los niños en Berria en los apartamentos de Pitín y por las tardes iré a verte y llevaré cada día un nieto para que veas qué guapos son.

Ambrosio, ahora son los mundiales del 82 en España. ¡Cómo me gustaría que los vieses! Parece que veo tu cara atenta al televisor y con el pie –como solías hacer– empujabas para que metieran un gol como si les ayudases. Yo lo veré por ti.


19 de agosto 1982

Ambrosio querido, ya he venido de Santoña ya me despedí de ti hasta noviembre. Vuelvo a la lucha y tengo que seguir hasta que Dios quiera. Están Vicente y Aleja en casa, esperan un niño. María está estudiando para los exámenes de septiembre y espero a Leticia que vuelva de Londres. Ángel no escribe, trataré de enterarme de sus señas.

Ambrosio, parece que no puedo seguir y sigo y sigo en esta vida. Escúchame, Ambrosio y ayúdame. Yo, a cambio, rezaré; te lo prometo. Ya sé que no suelo rezar, sólo hablo con Dios y siempre pido y pido. Prometo rezar y no pedir. Dios sabe lo que me conviene o lo que cada cual tenemos destinado. Fui feliz y protestaba por todo. Dios me ha querido demostrar que aún me puede castigar más, más aún. ¡Dios mío, apiádate de mí y de todos los que sufren! Ambrosio, Ambrosio, amor mío, creo que me ayudas pero sin ti esto no tiene sentido, tiene que haber algo más.


8 de septiembre 1982

Ambrosio, amor de mi vida, hoy es el día de la Virgen del Puerto. No he ido a misa –como pensaba– con María pues hemos madrugado poco y luego nos hemos ido a la piscina como regalo de su santo. Lo ha pasado bien, se ha bañado con unas amigas, ahora está cansadísima. Iremos mañana a misa.

Cuando tomaba el sol en la piscina eran las 6 de la tarde y pensé en Santoña, en ti, en que estaríamos en los toros si no te hubieses ido y pensé en ti con todas mis fuerzas y en que por la noche echaríamos un baile en San Antonio o en el casino y las lágrimas salieron a mis ojos... Eso ya no sucederá nunca, nunca más, nunca... y yo sola tumbada en el césped de una piscina en Madrid hoy día de nuestra Virgen del Puerto y otro año de nuestras fiestas sin ti.

¿Por qué no nos han mentalizado de que aquí todo acaba y que no nos veremos más? Ambrosio, no sé lo que digo pero quiero estar contigo aunque sean muerta. 

Vicente tiene un hijo y le llamarán Vicente Herrería ¡Qué contento estarías! Ya tienes descendencia Ambrosio Herrería y Vicente Herrería. ¡Qué contento, Ambrosio! Te estoy viendo a la cara.


22 de septiembre 1982

Ambrosio de mi alma, ¡qué sola estoy! Siento un vacío en el alma que me invade todo el cuerpo. Siento como si la casa no tuviese muebles, siento una soledad inmensa y siento frío en el alma. 

Camino sola en la vida y siento miedo. Contigo a mi lado todo era distinto. Yo siento que soy otra, que no soy la que se sentía segura cogida de tu brazo, cogidos de la mano. Entonces yo no tenía miedo a nada.

En el silencio de la noche la soledad se hace más grande. Cierro los ojos y te imagino a mi lado. Cuando venía el otro día en el tren sola, tan sola que no creo que pueda haber soledad tan grande, miraba por la ventanilla las nubes. Unas blancas, otras muy negras, el arcoíris, el sol que se ponía. Sentí miedo, cerré los ojos y pensé: "Ambrosio está mi lado. ¿Me cogería de la mano? Casi seguro que sí". Pero yo no sentía mano alguna... y las lágrimas acudieron a mis ojos y la congoja atenazaba mi garganta y sentí miedo, frío, pena, dolor, soledad...

Ambrosio, casi no me atrevo a contarte lo de la de Rey. Tengo miedo. No me gusta esta inseguridad. No me gustan los problemas y los juicios y los juramentos. Esto no me va. Me gustan las cosas más sencillas. Ayúdame.


13 de octubre del 82

Ambrosio mío, ¡qué triste queda el mundo cuando uno se muere! pero siento que poco a poco me voy a acercando a ti. Ya son 3 años y 6 meses que te fuiste. Ya me falta menos para estar juntos o, por lo menos, para no estar ninguno de los dos el uno sin el otro, sino juntos en el cementerio de Santoña bajo una lápida que diga

             Ambrosio  y  Lines

* 19 - III - 26 + 21 – III - 79    * 23 - V - 28 +  -  - de 199    

Hemos estado en Santoña este puente del Pilar Leticia, María y yo. Estuve a verte. No hablé contigo como me hubiese gustado pero estuve presente y eso sé que te gustó. 

Ambrosio de mi alma, estuvimos en peligro con el coche en varias ocasiones. La Virgen del Pilar y tú nos ayudasteis. Temía por Elvira y María y Leticia. Yo llegué a pensar en algún momento que pronto estaría contigo.

Llueve en esta tarde de otoño y el día está oscuro y triste como mi alma. No sé lo que siento. Miro tu fotografía aquí en el despacho y pienso que es verdad que ha ocurrido y que estaré sola en este mundo donde no existía nadie más que tú para mí y yo para ti. Todo me parece mentira, ya no tiene sentido a la vida. ¡Qué pocos ratos alegres tengo! Siempre pienso en ti y al pensar así... ¿Por qué no me pongo alegre de pensar lo feliz que fui contigo y de que quizás tú seas feliz ahora? Pero yo no. Yo no soy feliz. No puedo serlo. No podré ya ser feliz nunca sin ti.


15 de octubre 1982

Ambrosio, amor de mi vida, estoy en la cama y, como un día cualquiera, estoy pensando en ti. Y pensaba que si volvieras (que, a veces, pienso no es imposible) si volvieras, amor mío, quisiera que tu coche estuviese donde lo dejaste -pero lo tiene Josechu, tú se lo diste y está ya viejo y sucio-, que en la casa nada cambiase -pero hemos cambiado algunos papeles de las paredes y las plantas son casi todas nuevas-, pero tu despacho está igual y casi todo, amor mío ¿Por qué no vuelves? ¿Quién te quería más que nadie, más que nada en este mundo? ¿Quién te despertaba con caricias todas las mañanas? ¿Quién te esperaba con impaciencia todos los días? ¿Quién cogía cariñosa tu mano siempre que estábamos juntos? ¿Quién te decía lo guapísimo que eras sin reserva ni vergüenza? ¿Quién te admiraba? ¿Quién te idolatraba? ¿Quién te amaba? Pero ahora lo que ha cambiado es que estoy vieja y fea y gorda. Pero tú me recuerdas como antes, ¿verdad Ambrosio?

¿Por qué otros están juntos y son felices? ¿Qué significa esto? ¿Dios tiene parte en esto? ¿La suerte? ¿Por qué? ¿Por qué, Dios mío? ¿Por qué? 

Pienso que debimos envejecer juntos. Sería hermoso que yo te cuidara, que tú me ayudaras a subir la acera, a bajar las escaleras. Me dan envidia los matrimonios viejos.

Pienso que si de verdad te quiero es mejor que tú te fueses antes que yo pues tú estarías sufriendo mucho si yo fuese la que me hubiese ido pero no sé, no sé... Pero, ¿por qué no morir juntos? Juntos en la eternidad.

Ambrosio mío, ¿verdad que me querías? Dímelo otra vez. La última, de verdad.

¡Ay, Dios mío! ¡Cómo me has castigado o probado! Dicen que castigas a los que amas. Dios mío, dime si luego estaremos juntos ante Ti.

Estoy llorando, estoy triste, angustiada, no puedo ni respirar. Pero, ¿hasta cuándo te amaré con esta fuerza? A veces pienso que siempre, hasta que sea una anciana o, mejor, hasta que muera. ¿Cómo iba a dejar de amarte? Y cuando llegara a ti, ¿qué sentiría? Me volvería a enamorar. ¿Sabes, Ambrosio que muchas mujeres te amaban en silencio? Sí, te amaban. Incluso muy jóvenes, chiquillas. Te admiraban, te veían guapo, arrogante y bueno. Sí, bueno, y eso salía fuera y te querían. Les gustaba que nos quisiéramos -me han dicho- y yo estoy orgullosa. 

Miro las ventanas de las casas de enfrente y pienso que tú también las mirabas cuando te despertabas.

Ambrosio, ¿fuiste feliz en este mundo? A veces me lo pregunto y no siempre me contesto favorablemente. Tenías una mujer que te amaba, tenías hijos que adorabas pero, ¿te dimos mucha satisfacciones? Eras tan introvertido, tan sufrido...

Ambrosio, te quiero.

Sigo en la cama y recordándote y llorando he releído una carta tuya de cuando éramos novios, del 48, y al final me pones "No me olvides".

¡Quién te iba a decir que 34 años más tarde no te he olvidado sino que te recordaré toda mi vida! que quisiera fuese larga para amarte más tiempo y que quisiera fuese corta para estar siempre contigo.


13 de noviembre del 82

Ambrosio querido: ya sabes que no fui a verte a Santoña por Todos los Santos.

Venía el Papa a Madrid y a ti te gustaba más que yo viese al papa pues viene una vez en la vida a España.

Ha sido muy bonito, ¡emocionante! ¡Cómo te hubiera gustado verlo, amor mío! Por eso me quedé a verlo.

No me estoy disculpando, sabes que prefiero ir a verte a ti que a él. Te lo conté cuando fui por el Pilar a Santoña.

Cuando fue a Sevilla, Barcelona, Ávila, Salamanca, Santiago, Valencia, Alba de Tormes, Navarra y Zaragoza lo vi por televisión. Todo fue precioso. La gente se volcó en las calles. Creo que se ha ido muy contento y muy cansado.

Y ahora quisiera ir a Santoña a verte pues hasta febrero se me va a hacer muy largo. 

Ambrosio, amado mío, ya hace 4 años que te operaron. Estaba en Burgos con tus nietos ese día. Era domingo, 7 de noviembre. Una fecha que nunca olvidaré tampoco. Fue muy raro pues me pareció de repente que hacía muy poco tiempo, que 4 años no es nada (no sé lo que significa esto de parecerme poco).

Ambrosio, el niño de Vicente está precioso, ¡como disfrutarías con él! Te lo traerían los domingos cuando estuvieses en la cama y jugarías con él. Te querría mucho, estoy segura. 

Está lloviendo. Estoy en la cama. Las niñas están en el colegio, es sábado y tienen gimnasia. 

¿Te he dicho, Ambrosio, que Ángel se casa en enero? Sí, creo que el 8 de enero. Está navegando. Ahora estará en Brasil. Ya solo somos las tres mujeres en casa... y solo han pasado 4 años...


17 de noviembre 1982

Amor de mi vida: mi pena es como un pozo sin fondo, cada día lo veo más profundo, todos los días me digo "ya estoy mucho mejor, ya no lloro tanto, ya no tengo esa angustia que sentía antes, ya parece que le cojo gusto a la vida", pero no eso mismo, a todas horas es como si me quisiera convencer de que ya no sufro por tu ausencia que cada día se me hace más pesada. Creo que me estoy acostumbrando a sufrir y me creo que es así la vida, así de triste, así de negra. Cuando recuerdo pasajes de nuestra vida y en medio de mis tinieblas veo un rayo de luz me doy cuenta de que estoy a oscuras, que tú no estás.

¿Qué? ¿Qué ha pasado? Que estoy triste, que estoy sola... Amor mío ¿Y tú no estás triste? ¿Tú eres feliz? Tú nos ayudas. Todo marcha bien -todo lo bien que en este mundo pueden ir las cosas-, pero la vida no tiene sentido para mí. Ya llegó el final del camino.

Ambrosio, ¿no te he contado que en estas elecciones han ganado los socialistas? Sí, nuestra España es socialista. 

El domingo iré con Leticia y María y Pinel a Rosales que es el día que nos reunimos los que pensamos igual, los que queremos a España, los que amamos a nuestra bandera.

Ambrosio, a veces te llamo fuerte cuando estoy sola en casa. Grito y grito "¡Ambrosio, Ambrosio!" y creo que me oyes, que estás en casa… Y no me oyes y no estás en casa. Lloro y lloro y tú no venías a consolarme, a pasar tus adorables manos por mis ojos, a besar mi frente, a besar mis ojos, a besar mi boca. 

Amor mío, eso era lo que hacías cuando lloraba y yo era feliz. Cierro los ojos para ver si te acercas sin que yo te vea y no te veo, no te veo porque las lágrimas no me dejan. 

Se han ido María al colegio y Leticia al INEF. Me han dejado en la cama leyendo pero no saben que luego me levanto y hablo contigo y escribo en este cuaderno.

Somos casi felices, Ambrosio. Hablo con ellas, les cuento chistes y cosas. Nos reímos. Estamos solas, estamos juntas que te complaces viéndonos en paz juntas y felices riendo y hablando y contándonos nuestras cosas. 

Ayer fui con el niño de Vicente a enseñárselo a Pitín y a Nici. Creo que les pareció hermoso y guapo. Es moreno y muy bueno.


23 de noviembre 1982

Ambrosio, amor mío,

abrázame, amor, abrázame. Que todo mi mundo eres tú. Así dice una canción que acabo de oír y siento esa necesidad de que me abraces. Amor, abrázame fuerte. Te siento cerca, Ambrosio, ¿dónde están esos brazos tuyos largos, fuertes? ¿Te acuerdas de cuando te decía cuando me abrazabas muy fuerte a llegar a casa "Ambrosio, me vas a partir la columna vertebral"? ¿Te acuerdas? Ahora no me abraza nadie. Nadie, Ambrosio. Aunque pienso que no sería ni siquiera parecido a tus abrazos ¡Cuánto te necesito, Ambrosio mío! ¡Cuánto!..


1 de diciembre 1982

Ambrosio de mi alma, ayer fui para hacerme socia de la casa de Cantabria, creo que tú te hubieras hecho también socio y por eso me he hecho yo.

Fui con Manoli y Maru.

Si de algún modo pudieras decirme que estás de acuerdo... Yo estoy contenta de haberlo hecho y esto me parece positivo y que a ti te guste.


Ambrosio, ayer cumplió Josechu 29 años y el día anterior Leticia 24. ¡Qué mayores son ya!


Estas Navidades volveremos a Burgos después de pasar aquí contigo el día 24 y 25 y también por Ángel pues llegará en esos días y cenaremos juntos, pero cada vez somos menos.

Este año no estará Vicente pues se va a Orense con su mujer y su hijo a casa de los suegros.


Ambrosio, si te tuviese a ti esto no me importaría nada menos que a ti. Tú lo eres todo para mí. Te amo, Ambrosio. He nacido para amarte y te amaré hasta después de la muerte. Desde que nací se preveía que te conocería y te amaría pues hasta que te conocí no era nadie, no significaba nada en este mundo. Cuando te conocí empecé a estar en este mundo y desde ese instante te amé.


3 de diciembre 82

Estoy triste, amor mío. ¡Qué soledad más profunda!.. ¡Qué oscuridad tan inmensa!.. ¡Qué frío tan grande! ¡Qué miedo tan terrible! y ¡Qué angustia tan enorme! Sí, eso es lo que siento sin ti porque tú eras mi compañero, tú eras mi luz, tú calentabas mis manos, mi cuerpo... Tú cuidabas de mí, de nosotros. Tú mitigabas mis penas. Yo ando sola por la vida dando tumbos con bastón de ciego, con la pena en el alma, con el frío en las manos y en el alma. Tengo miedo a equivocarme, a no hacerlo bien.


Contigo tenía seguridad, pisaba firme. Es de noche, Ambrosio, muy tarde y te necesito. Siempre, siempre, siempre.

Ángel vendrá un día de éstos para arreglar las cosas para casarse. Otro hijo que se va. Tenía ganas de que encontrase a alguien que le quisiera y mirarse por él. Dios quiera que tenga suerte. ¿Tú qué piensas, Ambrosio? Mira por él, por favor. Dile a Dios que le ayude, es su oportunidad.


Amor mío, sé que eres feliz pero, ¿no quisieras cogerme de la mano todos los días un rato cuando estoy sola? Nadie te vería, amor mío ¿Porque Dios no te deja? Aunque seas muy feliz, ¿no te haría feliz haciendo esto por esta pobre que aún está aquí esperando? Amor de mi vida, ¿ya no me quieres? ¿no sientes por mí algo especial? ¿algo distinto a los demás? ¿desde allá arriba se ve todo distinto? ¿ya no soy nada para ti? ¿ni tus hijos? ¿nada de nada? No lo puedo creer alma mía, amor de mi vida. Las lágrimas corren por mi cara y caen en mi boca, saben amargas... Me quisiera morir.

Estoy en tu despacho, es la una y media de la madrugada y no me puedo dormir, te estoy esperando. Dime algo para que me vaya a dormir. ¿Por qué no sueño contigo? ¿Será porque todo el día te tengo en el pensamiento que no cabe verte en sueños? ¿También eso se me está prohibido? Quisiera llamarte a gritos pero es tarde y las niñas duermen, les daría un susto enorme. 

Ambrosio, amor mío, ¿te acuerdas de aquella tarde en San Carlos? ¡Cuántas veces me besaste! Por cada barco que entraba, y eran muchos pues volvían todos juntos y uno nos dijo no sé que desde el barco. Las gaviotas los seguían. Algunas al vernos se paraban al mirarnos. El sol se ponía por Montehano y la tarde se acababa y teníamos que regresar. Me prometiste que acabarías la carrera aquel año -serían dos años en uno- y me apretaste fuerte contra tu pecho, un escalofrío recorrió mi cuerpo y te miré a los ojos, ¡qué bellos eran!, amor mío, ¡qué bellos! aún ahora los recuerdo y cómo se iluminaban cuando me mirabas. 

Ambrosio, siempre que volvías de viaje me decías "Pues no eres tan fea como yo creía". Creo que era que tenías una idea metida en la cabeza y que al mirarme me veías guapa y te sorprendías. Gracias, amor mío. Ahora estoy más vieja, si vinieses te sorprenderías pero tú me veías siempre con buenos ojos y no te importaría, y al recordar todas estas cosas nuestras me vienen a la cabeza unos versos de Antonio Machado

         y al volver la vista atrás

         se ve la senda que nunca

         se ha de volver a pisar

Pero yo recordando nuestras cosas me parece que por unos instantes "piso" nuestro pasado, nuestros ratos felices y los vuelvo a vivir. 

Y este llanto me consuela pues de otro modo siento que el corazón se me va a partir de dolor.

                                                                                

7 de diciembre 1982

Hoy es tu santo, amor mío. Voy a felicitar a Josechu y a nuestro nieto que llevan tu nombre.

El alma se entristece y las fuerzas me fallan, siento un no-sé-qué que me ahoga, ¿qué estoy escribiendo? ¿que es tu santo? ¿que tú no estás aquí? ¿que te has ido? ¿que no volverás?

Cuando te viniste a Madrid a vivir y yo me quedé con nuestros hijos en Santoña creí que no lo resistiría y me pareció eterno aquel año hasta que encontraste casa y nos vinimos todos. Y ahora ya son tres años y nueve meses casi y sigo sin ti. Y sigo, y sigo... ¿hasta cuándo? ¿cómo es posible que viva sin ti? Vivir sin esperanza es no vivir.

Ambrosio, amado mío. Estoy sola en esta tarde de otoño frío, oscuro, triste y sin ti y vendrán otras muchas tardes oscuras y tristes y sin ti. Parece que todo se desplomase encima de mí y sin embargo estoy serena, silenciosa, pienso incluso que estoy enferma, siento algo extraño.

Tengo ganas de escribirte y contarte cosas alegres y que tú estés contento y yo y que piense en ti con alegría. Tengo ganas, amor mío. Hoy creo que he soñado contigo, que estabas enfermo, no lo recuerdo muy claro. No sé por qué no sueño más contigo, creo que estoy llena de ti. Pienso con intensidad en ti y no hay cabida para sueños.


8 de diciembre 82

Ambrosio, vida mía. ¿Oyes? En la soledad de la noche, en el silencio de la noche, ¿oyes mi voz cuando te llamo? Escucha mi voz, Ambrosio, escucha tu nombre y mi llanto. Quiero seguir tu camino y llegar donde tú estés, seguiré en la estela que dejó tu barco al partir.


14 de diciembre 82

Ambrosio, amado mío. Por fin anoche soñé que me querías, soñé cosas agradables después de tres años y medio que te fuiste.

Éramos jóvenes y tú tenías barba. Yo coqueteaba y otro chico y tú tratabais de acercaros a besarme. Yo esquivé al otro que no conocía y me daba asco y por esquivarle a él me acerqué más a ti y tú pasaste tus labios y tu barba por mi boca. Fue una sensación agradable, como en aquellos tiempos, pero puse cara de extrañeza y confusión. Tú te reías abiertamente, escandalosamente, agradablemente y nos miramos complacidos. Fue clarísimo, aún lo recuerdo. ¿Por qué no suceden cosas así o parecidas todas las noches? Ambrosio, Ambrosio mío, con bien poco me conformo, con solo caminar juntos, cogernos de la mano. Con que tú me mirases yo sería feliz. 

Tu risa se ha borrado del recuerdo en mis oídos pero cierro los ojos y lo puedo recordar.

Ambrosio, ayer dejé de hablar contigo. Hoy sigo pensando que Dios te llevó y estoy pesarosa pues creo que he perdido la fe. Estoy enfadada con Dios.


24 de diciembre 82

Ambrosio de mi alma, es la tarde de Navidad. Tú estás en la cocina haciendo las tostadas y el besugo está en el horno. Luego nos dirás que nos pongamos guapos para sentarnos a la mesa. Leticia está poniendo mantel de hilo, flores de colores y con todo detalle pone las copas y la vajilla nueva. María, impaciente, espera los regalos que tengo empaquetados con sus lazos y los nombres de cada cual.

Todo va bien. Nuestros hijos vendrán luego cuando dejen a sus amigos. Luego tocarán las guitarras y cantaremos todos villancicos y otras cosas. Los turrones resaltan en la bandeja redonda y el espumillón brilla en la lámpara.

¡Ay, Ambrosio! ¿Por qué siempre que estoy triste te escribo y te cuento mis penas? Hoy es un día especialmente triste, nada es como antes. La noche se viene y la vida se va. 

Se va para siempre. "Siempre" es mucho tiempo.


26 de diciembre 1982

Ambrosio, pasó la Navidad. Otra Navidad sin ti. Han pasado muchas cosas estos días, ya te lo contaré otro día. No puedo, no tengo fuerzas.

19 de enero 1983

Vengo de Burgos, amor mío. Hemos pasado 15 días María y yo con nuestros nietos. Estoy cansada, cansada y gorda pues no he hecho más que comer; era en cierto modo mi evasión. Ahora me parecen más largas las noches de invierno.

Créeme, Ambrosio, no me creo que tú no vuelvas a estar con nosotros otras Navidades, pero tu ausencia me parece muy larga. 

Ángel ya no se casa, casi me atrevería a decirte gracias, gracias, Ambrosio, por tu intervención. No te cuento más, tú lo sabes todo. 

Estoy esperando a Leticia, se fue a Suiza a la nieve y aún no ha vuelto. No sé si era por ocho días o por diez, entonces llegará mañana.

Ambrosio, amor de mi vida, ¿qué tal lo hago todo? Regular, ¿no? Ayúdame, por favor, ayúdame.

Me voy a la cama. Quiero descansar para emprender otra vez la rutina y trabajo para llevar la casa y a María en su andadura por la vida del estudio para que se defienda algún día sin ayuda de nadie; bueno, siempre con la ayuda de Dios y tuya.

¡Qué bien se está en casa! ¿Te acuerdas cuando lo decías al volver de algún viaje o de estar en la casa de otros? Creo que esta casa es distinta a otras. Aún se te ve detrás de algún cuadro, en el papel de las paredes, en el mueble que hiciste, en la repisa que hiciste en Boñar, en cada clavo que clavaste, en tus libros... Incluso diría que aún huele a ti. Siento tus pisadas por el pasillo y el ruido de tus llaves al salir del ascensor. Tengo que poner mucha atención pues el tintineo suena muy lejano.

Amor mío, amor mío, quiero soñar contigo y caminar por nuestros sitios de Santoña donde tanto nos quisimos y que también nos recuerdan: Los árboles del pasaje, las rocas de la playa, las olas del mar y las margaritas del parque.


13 de enero 1983

Amor mío, yo nunca pensé en la soledad. No con la intensidad que pienso ahora y es que antes te tenía a ti. Ahora se me hace inaguantable. Más triste, más amarga, más pesada. Triste, en fin, más soledad. 

Y van pasando las horas, los días, las noches, los meses y los años. Uno a uno se van contando y sucediendo. Yo sigo sin ti, voy sola por la vida. ¡Qué torpe soy para aprender que a ti te tocó marchar primero y que yo iré después! Mirándolo así me parece muy largo el camino. Y cuando íbamos juntos... ¡qué corto! Ya, ya llegaste tú.

Quiero llenar mis días con trabajos, con ilusiones pero estos enseguida se vienen abajo; no tienen sentido. Yo me siento otra. Desde que te fuiste creo que soy otra persona. 

Cuando pienso en Santoña, en nuestro noviazgo, en nuestro caminar juntos de la mano sé que todos nos miraban y todos sabían que nos queríamos. Amor mío, todos. Hasta las piedras, hasta los bancos que fueron testigos de nuestros besos. Los montes, las olas y las margaritas de detrás de la plaza de toros, los barcos, todos. Todos lo sabían y nos miraban algunos con envidia. ¡Cómo me sorprendió -y tú fuiste testigo– cuando un chico ya casado y con hijos pero que tenía diez o quince años menos que nosotros nos confesó que de niño no seguía porque le gustaba cómo nos queríamos! Yo casi me ruboricé pues quizá nos sorprendió en algún beso.


18 de enero 1983

Ambrosio, amor de mi vida. Siento que tu amor me acompañará toda mi vida, en todo momento pienso en lo bueno que fuiste conmigo y que me enseñaste a amar, no solo a nosotros mismos, sino a todas las cosas. A querer a una flor, a una piedra de la escollera, a las golondrinas que tenían sus nidos en el alero en la iglesia de los Catequistas y que aquellas tardes de junio, cuando las tardes se alargan y son cada vez más cálidas, y por la plaza de San Antonio trinaban hasta enloquecer y solo oía su trino y tu amor.

Sé que acabó una etapa de mi vida, la etapa más bella y que al recordarla me siento feliz y siento nostalgia. A ti te lo debo todo. Tú me enseñaste a ver la parte linda de la vida y además me diste 5 hijos. ¿Qué más le puedo pedir a la vida? Casi es pecado pedir más de lo que tengo y mi penitencia es no tenerte a ti.

Tengo celos del más allá, de donde te fuiste. Tengo celos de la tierra que te cubre, del murmullo de las olas en Berria junto al cementerio. Tengo celos de todos los que te acompañan día y noche. Tengo celos del monte que al amanecer te da sombra y te protege del nordeste. En fin, tengo celos, y es una sensación extraña e incomprensible. Parece a veces que no tiene razón de ser pero… Tengo celos.

También me enseñaste a amar a las estrellas y ellas -las estrellas- dos, una más brillante que la otra pero siempre juntas; ellas, en cambio, tuvieron celos de los dos.

Ambrosio, fuiste el mejor de los maestros, paciente con mi ignorancia.

Tú que tenías una vida interior hermosa, amabas la música –me decías que la música era el canto del alma– con todas sus matices. Amabas todo lo bello y no sé qué viste en mí que amabas tanto. Me decías que era dulce y no creo que sea dulce; decías que era cariñosa y no lo soy, sino creo que peco de "cardo"; decías que era ingenua, eso sí lo era, y mucho. Decías que era romántica, a eso me enseñaste tú, que fue fácil pues me gustaba todo lo romántico rayando en cursi. Llevábamos 26 años casados y aún nos cogíamos de las manos y nos mirábamos a los ojos y nos acordábamos en una noche estrellada de nuestras estrellas y cuando me besabas después de tantos años sentí un no-sé-que en todo el cuerpo y sentía vergüenza si me mirabas a los ojos.


21 de enero 1983

Ambrosio de mi alma, hoy es tu día. Saldré a comprarte flores y encenderé la lamparilla delante de tu fotografía e iré a misa a San Jerónimo el Real pues me han mandado una invitación. Es una misa concierto oficiada por el Rvdo. P. José Luis Montes actuará la Orquesta Nacional de España. Rezaré por ti y por nuestro amor.

Voy a copiarte una carta que escribí el día que hacía dos meses que te habías ido, el 21 de mayo de 79. Estaba desesperada.

          Al cielo

Ambrosio de mi alma:

quiero que me escuches, te quiero vida mía. Quiero abrazarte muy fuerte muy fuerte solo eso, Ambrosio, abrazarte, solo abrazarte. Dios mío, ayúdame; Ambrosio, amor mío, ¿por qué te fuiste? ¿Por qué estoy sola? ¿Por qué? Yo te quería, amor de mi vida y te fuiste dejándome sola. ¿Dónde estás amor mío? ¿Dónde, que no te veo? No puedo más. Ven, Ambrosio. Ven, por favor. Perdóname, Ambrosio, perdóname por reñir contigo. Solo era amor, ¡que amor! ¿Eh? Era mi manera de amar. Te quiero amor de mi vida. ¿Qué voy a hacer ahora? Dime algo, Ambrosio. Dime que me quieres amor mío. Dímelo por favor, ayúdame. Dime que me estás mirando. Cada día me acuerdo más de ti, cada día noto más tu falta, cada día te necesito más. Esto no es justo, no es justo; te has ido y decías que me querías. Dios mío, llévame con él.

Esto lo decía llorando desesperadamente. Ahora estoy serena cuando lo copio pero siento que ello me salió del alma y siento que era hermoso y que ahora siento lo mismo y los pelos se me ponen de punta, que eso le escribí a dos meses solo de tu ausencia.


10 febrero 83

Ambrosio, amor mío. Mañana o pasado iré a verte a Santoña. 30 años que nos casamos y en este momento un conjunto musical canta una canción que quisiera hacer mía

Desde que tú te has ido 

desde que te has marchado 

mis manos tienen frío 

por no tener tus manos 

desde que tú te has ido 

desde que me has dejado 

yo solo soy la sombra 

de aquella que has amado 

y en mi jardín pequeño de sueños y esperanzas

hay un rumor e invierno, amor

sin ti no tengo nada

hay un rumor e invierno, amor

sin ti no tengo nada

Desde que tú te has ido

Desde que me he quedado 

en esta casa nuestra 

es que me falta algo 

no sé si es el aire

no sé si es la luz

pero cuando miro, amor

sé que me faltas tú

Me parece bonita y hecha para mí, para nosotros y porque hay momentos que no vuelven y sólo queda el soñar con los momentos que se fueron. 

Si de tus labios tiernos

bebí todo mi canto

ahora y en silencio, amor

quiero llorar mi llanto

¡Qué triste y qué cansada estoy! Tengo el alma triste y cansada. No puedo seguir adelante.


11 de febrero 83

Ambrosio, amor de mi vida. Hoy he leído después de desayunar en la cama un artículo de un señor que, viendo en Lourdes tanta miseria humana, pensó que sus penas y desgracias no tenían tanta importancia y prometió a la Virgen que no volvería a quejarse de las penas y pesares. Yo hoy pienso lo mismo y quisiera no volverme a quejar de mi dolor por tu ausencia. La verdad es que no me puedo quejar de lo que Dios me castiga pues también me dio cosas hermosas como tu amor. No sé si otro día he puesto en este libro los versos de Pemán que tantas veces dijimos los dos

Bendito seas, Señor
por tu infinita bondad,
porque pones con amor
sobre espinas de dolor
rosas de conformidad.
Y por eso, 
porque lo mandas y quieres
bendita sea, Señor
la mano con que me hieres.

Quisiera no volverme a quejar y ofender a Dios. Pasaré los días, uno a uno, con las penas y alegrías hasta que llegue el día del último viaje. Y llegue, Dios lo quiera, donde tú estás, amor mío. Y si, después, fuesen llegando nuestros hijos y nuestros nietos mucho mejor. 

Si tú puedes, Ambrosio, dile a la Virgen –que será más fácil llegar a ella– que nos cuide, nos ayude a llegar al final de nuestros días donde ella está. Amén.

21 de febrero 83

Solo falta un mes, amor mío, sólo un mes para que haga 4 años que te fuiste y con mis ocupaciones –ahora tengo a Raquel aquí pues estuvo enferma y se está reponiendo poco a poco con nuestros cuidados–, y estas ocupaciones me hacen sentir culpable de que tu recuerdo se borre de mi memoria y, sin embargo, desde que te fuiste siento dentro de mí que yo no tengo un mañana y hago cosas que creo tú harías o verías con agrado que yo hiciera. No sé si es así y la vida sigue… Sigue igual. 

Amor mío, cuando te fui a ver a Santoña, ¡qué bonito estaba el cementerio! Todo blanco, no de lápidas, sino de nieve que cubría las losas; y el mar embravecido rugía en la playa y su rumor hacía olvidar el frío que hacía porque era un gran frío el que hacía, y como una tonta sentí pena de ti, del frío que estarías pasando, no lo puede remediar el tener ese pensamiento. Adiós, amor mío, me voy a la cama y seguiré pensando en ti.

Ambrosio, ¿sabes que aún te estoy esperando? Vuelve Ambrosio, vuelve. ¿Me estás oyendo?


9 de marzo del 83

Ambrosio, querido mío. ¡Qué cansada estoy! Me cansa todo, me siento enferma. Ya no sé distinguir una pena de una depresión. Respiro hondo por ver si se escapa esta angustia que me atenaza el alma. 

La tarde se cubre de sombras, sombras tristes. Llega la primavera pero yo no la siento, es otra primavera más. Iré pronto a Santoña y hablaré contigo, te contaré cosas y las lágrimas rodarán por mi cara. Quisiera ir sola. No sé si este año te dirán un funeral, aún no he encargado las esquelas; no tengo ganas de nada. Se me amontonan las cosas que tengo que hacer y a ti te dejo el último. Esto no marcha bien, no estoy contenta. Para mí solo tú importas. Tengo un lío en la cabeza: si iré sola, si me llevarán, tú sin funeral, iré a misa, te llevaré flores, ¿qué haré ese día? Creo que es así como se olvidan de los muertos. Yo no quiero que esto suceda. Quiero seguir tu recuerdo día día hasta que muera, pero todo se me vuelve. No tengo que contar con nadie. Tendré que ir sola.

El diecinueve, dentro de diez días, cumples 57 años. Yo ya soy más vieja que tú cuando te marchaste.

Adiós, Ambrosio, hasta otro rato.


11 de marzo 83

Ambrosio, amor mío. 

Es una tarde de viernes, estoy sola. Vendrán tarde tus hijas, después de gimnasia irán a clase de guitarra pero prefiero estar a solas contigo y, por si vienes, no te verá nadie. Ven, amor mío, ven...

Ambrosio, tengo problemas para ir a verte para San José pero sé que iré, bien sabe Dios que iré. Quiero ir. ¿Por qué tratan de quitarme la idea? De que tú lo comprenderás, de que es mucho gasto. ¿Y si fuese el primer aniversario? ¿Les parecería bien? Pero ya hace 4 años, te están olvidando.

Ambrosio, te estamos olvidando. Ya sé que hay circunstancias en la vida pero para mí tú eres lo único importante, amor de mi vida. No sé qué hacer. Dejemos pasar el tiempo y los acontecimientos lo irán diciendo, pero sé que si no voy me pondré mala –que es lo que más a mano tengo–, ya no digo loca, ni me moriré. ¿Por qué no suceden estas cosas cuando uno quiere? Pero sufriré, lloraré y me pondré enferma en el mejor de los casos.

Es tu cumpleaños y tu aniversario ¡¡Tengo que ir!!

Esta tarde en la película de la tele Joan Fontaine decía a su marido porque se iba a la guerra: "No podré vivir sin ti". ¿Y que diré yo, amor mío que no volverás nunca? "Nunca" es mucho tiempo. Yo sí que noto que no podré seguir adelante. Te necesito, Ambrosio, te necesito. Te necesitan tus hijostu hija María, todos.

Me faltan las fuerzas.

Recordaba el otro día… Cuando íbamos a la playa y en la arena ponías: te quiero, te amo y luego yo lo borraba. No quería que nadie lo pisase, que nadie lo supiese, que las olas lo borrasen. ¿Te he dicho alguna vez que también sentí celos de las olas? Sí, mi amor, cuando te metías en el agua levantabas los brazos y caminabas lentamente, lentamente, como esperando a tu amada y ellas te abrazaban y yo me ponía celosa.

Este pensamiento no te lo dije, quizá sea uno de los pocos pensamientos que no te dije, amor mío, porque yo te lo decía todo, hasta lo malo que había en mí y que alguna vez temí me interpretaras mal y dejaras de quererme pero tú eras bueno y justo hasta la saciedad y muy inteligente y casi me atrevo a decir que era tanto lo que me querías que pasase lo que pasase tú y yo seguiríamos siendo eso, 

        Lines y Ambrosio

He tenido que dar la luz y secarme las lágrimas y los mocos se me caían. Es casi de noche y no veía qué guapo eras, amor mío. Nadie encuentro mejor que tú. Alto, delgado, fuerte, guapo, elegante, inteligente, bueno y hasta católico cien por cien. ¡Qué suerte, amor mío, que Dios te pusiese en mi camino! 

Ahora y en silencio, amor

quiero llorar mi llanto 


12 de marzo 83

Ambrosio, otra vez estoy sola. Es sábado por la noche y María ha ido de fin de semana con los scouts y Leticia se ha ido con unas amigas. En el fondo lo prefiero, creo que en este silencio estoy más cerca de ti, amor mío. 

¡Que desesperanza siento, Ambrosio! Cuando estas heridas se curen y yo te hable con más serenidad, tú estarás más contento también, yo seré ya muy mayor y los mayores ya no sienten con esa intensidad. Piensan en la vida con otra filosofía más tranquila, están de vuelta en el camino del dolor y de las ilusiones.

He tomado una pastilla para dormir pronto y dejar de pensar y pensar y, acaso, de sufrir… Si soñara contigo, amor mío, pero no como suelo hacerlo, –que sufro muchísimo– pues no me quieres como me querías. Quisiera soñar con pasajes de nuestra vida pasada, de cuando los niños eran pequeños; entonces también éramos felices.

Estoy en el despacho con el flexo encendido y el cuarto de estar está en tinieblas. Tú estás en la habitación con la luz encendida leyendo, esperando que yo llegue. Ya voy, amor de mi vida, ya voy...


22 de marzo 83

Fui a estar contigo, amor mío. Fui como te prometí a poner flores frescas en tu tumba me suena esto muy mal. ¡Qué bonito estaba todo! Empezaba la primavera y estaba rodeado de margaritas, pero esta belleza parecía que no era para mí y, no sé por qué, me dio rabia y alegría. El campo también quería celebrar tu 57 aniversario.

Siento satisfacción de hacer lo que a ti creo que te gustaría que hiciese. Iré, amor mío, siempre que pueda y, en mi interior, sentiré cómo te doy tantos besos como años cumples. Eso no me lo puede quitar nadie.  

Te di 57 besos, uno a uno, como hacíamos, ¿te acuerdas? En la frente, en un ojo, en otro ojo, en la nariz, en una mejilla y en la otra y, por último, en la boca y vuelta a empezar. Y en el pelo y en las orejas. ¡Cuánto nos reíamos! Amor mío, amor mío.

Creo que volveré para Semana Santa. Iré, Ambrosio, iré a estar un rato contigo. Si hace bueno te llevaré a Vicentetu nieto más pequeño que aún no lo conoces, aunque es el pequeño por poco tiempo pues Cristina espera otro para dentro de unos días.

Ya tenemos cuatro nietos, cinco dentro de poco. ElviraRaquelAmbrosioVicente y Francisco.


9 de abril 83

Amor de mi vida, hace 4 días que vine de Santoña y estuve contigo un corto tiempo, pero tranquilo. Estuve en Burgos y vi a nuestro nuevo nieto Francisco, es muy majo.

Ambrosio, quería, desde que llegué, hablar contigo pero mis sentimientos son raros y contradictorios a veces y necesito estar muy tranquila, muy apenada para hablar contigo y estos días eran raros y sin tiempo para estar contigo. Ahora estoy tranquila. 

Estuve viendo el piso de Manzanedo. Te gustaría, Ambrosio. Aunque sé que recordarías y preferirías el viejo; en el que tú guardabas tantos recuerdos de tu infancia.

Aunque los problemas no cesan vamos caminando, así es la vida y creo firmemente que tú me ayudas. Que las viudas estamos solas pero no de Dios.

Sígueme ayudando, Ambrosio. Cuida a tu hijo Ángel y aconséjale, que lo necesita. Yo no soy convincente para él. Todos, todos necesitamos de tu ayuda.

Ambrosio, vida mía, te quiero.

Ahora y en silencio, amor, quiero llorar mi llanto.


20 de abril 83

Hoy hace o, mejor dicho, mañana, 4 años y un mes que te fuiste. He tenido estos días unos pesares inmensos. Dirás ¡qué tarde me acuerdo de ello! No es tarde, pues ya lo pensé desde el principio y lloré y me quejé y me consolaban diciendo que era una bobada, que la muerte viene y no es como en las novelas o películas, pero estos días lo he pensado en profundidad y me reprocho y creo que yo no te perdonaría que en el momento más crucial, más triste, más solo de mi vida me dejases sola y eso es lo que hice yo. Dejarte solo y estar comiendo. ¿Cómo no supe que aquellos quejidos eran los últimos? ¿Cómo te dejes solo? ¿Cómo no cogí tu mano para darte ánimos en el viaje final? ¿Cómo no me fui contigo?.. 

Amor de mi vida, yo no sé qué pasa por mi mente en esta mañana de primavera lluviosa y triste. Yo sentada en tu mesa de despacho hablando contigo. Contigo que ya no estás. 

Cada día va cambiando todo. Un día rompo un papel que escribiste tú, otro cambiamos los papeles de la pared, otro se rompe algo que tú usaste, que tú tuviste en tus manos y así con los días, con los años se borra tu recuerdo en las cosas. Eso me pone triste, aunque pienso que fueron tantas cosas, tantas y tan profundas que dejaste en nosotros, en tus hijos y en mí y hasta en tus amigos que pase el tiempo o no, te seguiremos recordando y, estate seguro, Ambrosio, yo no te olvidaré.

No pasa una hora de mi vida sin pensar en ti, de comparar, de igualar, de recordar, de llorar en silencio. Y dentro de mí hay una espera... que espero, no sé si es a ti, aquellos días, aquellos años juntos, aquella felicidad.

Para el 1 de mayo iremos a Santoña a bautizar a tus nietos. Al de Vicente y al de JosechuFrancisco y Vicente, Vicente Herrería y Josechu tiene un Ambrosio Herrería. ¡Qué contento estarías!, amor de mi vida.


9 de mayo del 83

Amor de mi vida, tengo una pena que me mata. Siento la muerte en el alma y creo definitivamente que este pensamiento me acompaña siempre. Siempre estarás en mi recuerdo. Es que no me puedo expresar mejor: Tú eres el centro de todo; de mis penas, de mis alegrías, de mis recuerdos, de mis pesares. Cuando me ocurre algo bueno tú me has ayudado, cuando me ocurre algo malo te pido que me ayudes. No me puedo desprender de tu recuerdo, sigues siendo mi faro en la vida.

Ambrosio, han pasado varios días desde que hablé contigo por última vez y han pasado algunas cosas importantes. Fuimos a Santoña y bautizamos a tus nietos. No fui a verte, ahora lo pienso. Estos hijos y estos nietos me ocupan todo el tiempo que es tuyo, amor mío.

Ayer fueron las elecciones municipales y han ganado los socialistas pero en Santander no, ni en Burgos, ni en Palencia, ni en Orense, ni en Pontevedra, ni en Lugo, ni en otros sitios ni en los españoles que somos españoles de verdad. ¿Tú qué opinas?

Ambrosio, otra vez Ángel piensa en casarse el 28 de este mes, ayúdale. Él quiere que yo le ayude monetariamente, claro y yo por ahora no puedo, no estoy para ayudar a nadie. Tengo miedo de que no me llegue a mí o, mejor, a María que aún lo necesita. Tiene que tener paciencia y sí quisiera ayudarle pero es que Vicente también lo necesita.

26 de mayo 83

Amor mío, Ambrosio de mi alma, si tú no estás conmigo yo no podré seguir sola.

Ya no quiero lamentarme más, tú lo ves todo, Ambrosio, sé que lo estás viendo y, a veces, pienso que me has abandonado y pienso que lo estoy haciendo todo tan mal. Pero te sigo necesitando y dile a Dios que nos ayude, que olvide nuestros pecados, que nos perdone y que nos ayude a no pecar más y a llevar esta vida tan difícil.

Ambrosio, ¿cómo puedes consentir tales cosas? Tú que eres mejor que yo, más inteligente, todo, todo mejor que yo. ¿Es que ya no puedes hacer nada por nosotros porque estás muy alto? ¿Ya no te interesan las cosas terrenales? ¿Es una estupidez lo que estoy diciendo? Pero, Dios mío, si tienes contigo eso es hombre tan bueno que fue padre y esposo y que nos quiso tanto, escúchele, Señor. Y perdóname, Ambrosio, por dudar de que no sigues queriendo y culparte lo malos que somos nosotros, o inconscientes. Muéstrame, Ambrosio, el camino que tenemos que seguir y no nos dejes de la mano.

Veintiséis años llevaste tú el timón y yo iba en tu barca tranquila y ahora le tengo que llevar yo, y yo no sé.

9 de junio 83

Ambrosio de mi alma, vino tu amigo Guillermo y su mujer a la boda de nuestro hijo Ángel.


25 de junio del 83

Ambrosio, vida mía, hoy nos iremos a Burgos para estar con nuestros nietosElvira hace 4 añucos, es preciosa y listísima. Luego iremos a Santoña a pasar el verano otro año más sin ti, sin que al llegar agosto... "llega mi marido me voy a la peluquería para que me vea guapa". Ambrosio, iré a pasar ratos contigo y a contarte mis cuitas.

Son las ocho de la mañana y estoy desde las 6 despierta. Cuando tengo que ir de viaje siempre me pasa igual.

Tengo una foto en mis manos de nuestra boda saliendo de la iglesia. ¡Qué cara de felicidad tenemos los dos! ¡Qué felices éramos! Por fin habíamos logrado nuestra meta, empezábamos otra fase de nuestras vidas que duraría 26 años.

Ambrosio, este verano ya podremos vivir en la casa de Manzanedo. Tengo una gran tarea para montarla. ¡Cuánto te voy a echar de menos! Tú me ayudarías a ponerlo todo en su sitio y clavarías muchos clavos.

Leticia me va a ayudar pero no es lo mismo, la pobre hace lo que puede pero usar el taladro es duro para una chica. 

¡Cómo hubieras disfrutado!.. No sé si lo pondré a tu gusto. Del dinero que me dieron cuando te fuiste lo voy a emplear parte en gastos de la casa y otra parte se la dejo a Luis Valero con un tanto por ciento. Primero lo tuvo Pinel y luego Josechu.


14 de septiembre 83

Ambrosio de mi alma, estoy de vuelta del verano, otro curso más y han pasado cosas. Tú mejor que nadie las sabes y tú mejor que nadie sabes cómo me siento.

Fuimos a Londres 15 días con Josechu y ElviraMaríaLeticia y yo. Lo pasamos bien. La casa era preciosa y Londres me gustó. Leticia nos la enseñó y fue nuestra intérprete pues ella estuvo dos años allí. ¡Cuánto me acordé de ti!

Te traje unas semillas de unas flores que me gustaron para ponértelas en Santoña a tus pies; espero que salgan y que se conserven y así tengas flores esta primavera.

Ambrosio, amor mío, la casa de Manzanedo ya está montada y allí hemos pasado unos días.

Ángel está enfermo, creo que es hepatitis. Mañana se hará análisis y después se lo confirmarán. Dios quiera que sea benigna y se cure pronto.

Ambrosio, el otro día fui a ver cantar a Julio Iglesias. Me gustó. Estaba sola en medio de 8.000 personas y el cielo lleno de estrellas y estaban las nuestras también cerca de la luna. Nunca las vi tan cerca de la luna y… pensé en ti y en nuestro amor.

Ayúdame, Ambrosio, que tu recuerdo me ayude luchar firme en mi puesto de madre y de todo a la vez. Cada día me sucede algo que me disgusta pero pienso que saldré airosa de todo o de casi todo, tú me animarás. Ya a nada temo sino a la muerte y a tu ausencia, pero me enseñaste tantas cosas y todas buenas. Fuiste mi maestro y ¡con qué firmeza afrontabas todo lo duro que nos dio la vida y cuántas cosas las sufrías solo porque yo no supiera! 

Gracias, Ambrosio. Aunque creo me perjudicaste pues ahora el aprendizaje es más duro y triste sin ti y vuelvo a quejarme… ¿Cuándo te contaré cosas alegres? Y es que cuando lo paso bien no es que no me acuerde de ti, que nunca te dejo del pensamiento, pero lo bueno nos sabe a poco y no nos lamentamos con nadie.

Ambrosio, amor mío, te quiero.


29 de septiembre

Ambrosio de mi alma, ¡Qué triste es la vida sin tu amor! La oscuridad entra por la ventana y es una oscuridad triste. Todo está así porque faltas tú. 

Ambrosio, ¡Qué larga es tu ausencia! Ya son cuatro años y seis meses y así hasta que Dios quiera que nos reunamos. Ayúdame para ser fiel a nuestros principios y así un día estar juntos contemplando la luz de la vista de Dios.

Ángel ya va mejor si no hay complicaciones. Creo que pronto estará bien.


18 de octubre del 83

Ambrosio, esta noche he soñado contigo, un sueño raro como todos los sueños pero me he sentido abrazada por ti. Yo iba en camisón por la calle, no encontraba mi bata para ponérmela.

Ambrosio, yo me quisiera abrazar a ti con fuerza y sería feliz, pero esto me está prohibido. 

Como a un faro en medio del mar con miedo a zozobrar me abrazaría ti y me sentiría segura. Tengo miedo, Ambrosio. Cada día tengo más miedo. Estoy llorando, Ambrosio. Estoy llorando y no tengo consuelo. Quiero llorar sobre tu hombro y que tú me abraces y me consueles. Yo sola resolviendo lo que cada día me sorprende y tengo que vivir alerta sin descanso. Bien sé que la vida no es fácil para nadie pero se me antoja que para mí es peor. 

Ambrosio mío, no sé por qué pero hoy me siento desfallecer y me parece tu ausencia muy larga. No me hago a la idea ni quiero hacérmela tampoco de que así será siempre y será larga tu ausencia y mi soledad. 

Cada año tenemos un nieto y, aunque me gustan, me siento cansada, desbordada sin tiempo para nosotros, sin tiempo para mi hija María que aún es mía y para cuando yo me dé cuenta ya es mayor y ya no será mía y me daré cuenta de que no he disfrutado de ella y sentiré desconsuelo y ya no tendrá remedio. Se me escapa de las manos y esa idea me atormenta.

Ambrosio, ¿qué piensas de mí? que soy débil, ¿verdad? Pero creo que voy mejorando y, a veces, me sorprendo con una fuerza y firmeza rara en mí pero enseguida desfallezco y lloro y tengo que volver a la lucha ¿y así hasta cuándo? Hasta que Dios quiera darme un respiro y aún pienso que pudiera ser peor, que quizá sea feliz en medio de tantas desventuras y no me dé cuenta hasta que me ocurra algo peor, algo irreparable y entonces ya será tarde. Yo me quejaba de tonterías cuando me tenía que sentir feliz pero yo no lo veía claro y Dios bien lo sabe. ¿Por qué quiere ahora enseñarme a no protestar? Creo que lo está consiguiendo. Ya paso de casi todo y estoy aprendiendo a espantar las penas.


8 de noviembre 1983

Ayer hizo 5 años que te operaron, cinco años que empezó mi tristeza porque desde entonces me di cuenta de que ya nada sería como antes, pero así y todo yo me volvería a aquellos días. Sé que soy egoísta y que tú ya no eras feliz y ahora dicen que, que si lo eres.

Ambrosio, amor de mi vida, las sombras llenan el cuarto de estar y el despacho. Cristina estudia en su cuarto y sólo se oyen los ruidos de la calle y del piso de arriba y silenciosas caen las lágrimas por mi cara. Cuántas penas hay en el mundo y me cuesta creer que nadie sea feliz. 

Ambrosio de mi alma, tengo momentos de depresión pero no me hagas caso. 

Fui a Santoña el 1 de noviembre. Fui a verte. La playa estaba bonita con las olas muy enfadadas. No me gustó el ramo que te llevé, me gustan más las plantas. Había mucha gente de visita a sus seres queridos. Ya no sé cuándo volveré pues sabes que otras obligaciones me retendrán aquí.

Está tan oscuro que no veo tu cara en la foto de encima de la mesa del despacho, tengo que encender la luz.


9 de noviembre 83

Ambrosio, como una cosa lejana recuerdo tu risa aunque a veces la siento cerca y pienso que nada ha pasado, pero no puedo sentir nada, me siento vacía.

Pasan las horas, los días, los años pasan y yo no seré aquella que esperaba tu regreso con impaciencia y oía el tintineo de tus llaves y la puerta del ascensor, atusaba mis cabellos y continuaba mi labor como si no te esperase y te esperaba, como si no te quisiera y te quería, como si no te deseara y te amaba apasionadamente.

Tú besabas mi boca y una paz inmensa recorría mi cuerpo. Ya no temía a nada ni a nadie, ya estaba segura; y estos recuerdos nos unen pero el silencio de la eternidad nos separa.

Y ahora no siento tus llaves, no oigo la puerta, no escucho tu risa, ya no estoy segura y tengo que estarlo para los míos que a veces sienten miedo. Ahora estoy sola con María y Cristina.

Ambrosio, ¿Por qué tuvo que ser así? ¿Por qué nos separaron tan bruscamente? ¿Por qué a nosotros? y… ¿Por qué no? 

Mañana despertaré angustiada y será otro día sin ti.


17 noviembre 83

Ambrosio de mi alma, hoy ha sido un día de acordarme de ti con añoranza verdadera. Te necesitaba. Necesitaba tu cariño, tenerte cerca. He estado releyendo tus cartas de cuando éramos novios, de cuando tú estabas aquí solo en Madrid y yo en Santoña, de cuando fuiste un verano a Santoña solo unos días y yo me quedé en Madrid con nuestros hijos castigados por las malas notas y releyendo tus cartas me vuelto a vivir aquellos días, tan lejanos como queridos. Me ha gustado leer cuando me decías: "Querida mujer mía... Te quiero, Lines. Te querré siempre. Tuyo eternamente".

En ese momento vivías en mi recuerdo como vivirás siempre porque esto no lo matará nadie y así será hasta que yo me muera. 

Ambrosio, Ambrosio mío, esta mañana te llamé otra vez en voz alta. Lo necesitaba y en algún momento me sonó raro tu nombre, como si nunca lo hubiese oído y lo repetí, lo repetí una y otra vez hasta que en mi recuerdo llegó el de otros tiempos felices. Ambrosio, Ambrosio.


19 de noviembre 83


21 de noviembre 83

Mi vida entera eres tú, Ambrosio de mi alma. Hoy hace 4 años y 8 meses que te fuiste. Nadie fue más feliz que yo lo fui a tu lado. Ahora estoy en la cama, tú estarías leyendo la biblia u otro libro¡que hubiese salido nuevo, o el periódico y yo quizás haciendo el crucigrama y enseguida te diría: "Apaga la luz que no puedo dormir".

Ambrosio, quisiera saber decirte todo lo que pienso, todo lo que siento, todos mis recuerdos que viven en mi memoria, Ambrosio vida mía, por donde miro veo tu obra, veo tus libros, tus cuadros, las paredes empapeladas por ti, tus retratos, todo, todo menos a ti. ¿Te veré algún día? Esa es la incógnita. Creo que no y esto es terrible Ambrosio… 

Ambrosio, te necesito, te necesitan tus hijos MaríaLeticia, todos. ¡Cuánto te gustaría jugar con tus nietos! y así un rosario de recuerdos pasan por mi mente y te seguiré recordando y seguirás vivo en mí y te amaré hasta la muerte.

El otro día decían que el amor acaba con la muerte pero, ¿con la muerte de quién? ¿de los dos o de uno solo? Creo que aún me amas como yo te amo a ti. Pronto llegará la Navidad y otro año sin ti y contigo.


7 de diciembre 83

Ambrosio de mi alma, mi soledad está llena de ti. Si no, ¿qué sería de mí?


9 de diciembre 83

Ambrosio vida mía, hoy hace 5 años estábamos en Santoña. Se había casado Josechu y… estábamos juntos.

¡Cuánto te quiero, Ambrosio y cuánto nos hemos querido!

Esta noche particularmente me acuerdo de ti. ¡Cuántas cosas me están sucediendo! Tú lo sabes. Vicentesu mujer y el niño se fueron esta tarde a Canarias. María y yo estamos solas. Ella se ha ido a la cama, yo quiero hablar contigo ahora a solas en el silencio de la noche.

Ambrosio, me suceden tantas cosas que hay días que de tanto recordarte te tengo olvidado. No lo entiendes, ¿verdad? Pero creo que es así y esto me duele.

Oigo una canción que parece se hizo para mí y en este momento

Ya no estás más a mi lado,

corazón

y en el alma solo siento/tengo soledad

y si ya no puedo verte

¿por qué Dios me hizo quererte

para hacerme sufrir más?

Siempre fuiste la razón de mi existir

Adorarte, para mí, fue religión

en tus besos yo encontraba

el calor que me brindaba el amor y la pasión

Es la historia de un amor

como no hay nada/otro igual

que me hizo comprender

todo el bien, todo el mal

que le dio luz a mi vida

apagándola después

¡Ay, qué vida tan oscura!

Sin tu amor no viviré

¿Por qué me enseñaste a querer de esta manera? ¿Para que cuando tú te fueses yo sufriera más? Ambrosio, Ambrosio amor mío, ya se está apagando el recuerdo de tus pasos y el tintineo de tus llaves. Tu imagen se desdibuja en mi recuerdo y, sin embargo, te quiero, te quiero, te quiero, cada vez con más fuerza y con menos fuerza puedo llorar pues estoy descorazonada y sin esperanzas y triste y llorosa y sola… 

Y, sin embargo, pienso que quizá sea feliz porque mañana me sucederán más cosas.

16 diciembre 83

Ambrosio, estoy sola y María no llegará a las seis del colegio como otras tardes, se ha ido a casa de una amiga y no vendrá hasta mañana.

Ambrosio, miro los libros de tu despacho y busco no sé que entre ellos. El otro día les limpiaba el polvo y me ponía nerviosa, esperaba encontrar entre sus hojas no sé, pero algo. Algo, como alguna carta tuya o algo muy íntimo que me quisieras decir o algo que pensaste decirme y lo dejaste escrito para que yo algún día lo encontrase y lo leyese, o los últimos días de tu vida me quisieras dejar algún mensaje. Sé que tú no eras de esos. Que si quisieras decirme algo me lo dirías de palabra pero no sé, busco y busco y quiero descubrir algo.

Llegan las Navidades y no sé dónde las pasaremos ni con quién. Lo que sí se es que tú no estarás, aunque sí sé que todos pensaremos en ti y más de una vez te nombraremos y saldrán a relucir tus deliciosas tostadas que ya nunca comeremos.

Me doy cuenta que siempre digo "ya nunca más"... "tú no estás"... "no estarás"... "estoy sola"... y esto no es verdad. Tú estás conmigo. Todo lo que hago pienso si te gustaría o te parecerá mal y todo es un recuerdo tuyo. 


18 de diciembre 83

Ambrosio de mi alma, cuando las sombras de la tarde entran por la ventana y miro a mi alrededor, aún no he encendido la luz y casi no veo, (miro en mi alrededor) y todo me recuerda tu presencia aquí, y para no sufrir pienso que más tarde llegarás y encenderás la luz; esa luz que dejaste apagada cuando te fuiste.

También llueve y suenan muy tristes las gotas al caer. Pondré la televisión para apagar estos ruidos que se me antojan depresivos. Espero que tengamos algo interesante y no algo monótono que sirva para mayor pesimismo. Espero tu regreso.

Hoy es 19 y amanece un día precioso, el cielo está azul y en las ventanas de las casas brilla el sol. Tú no estás porque has ido al juzgado o no sé a qué otro sitio y yo me quedo en casa haciendo las tareas de todos los días.

Así es mejor y menos triste y se siente menos soledad. Y es que cuando se ha amado tanto y se tienen buenos recuerdos se desea que se reproduzcan durante toda la vida, pues es mejor querer y después perder que nunca haber querido.

Creo que quiero la soledad y la necesito y por eso me abrazo a ella.

20 de diciembre del 83

Ambrosio, ya no puedo más. Tu bien lo sabes. Quisiera tirar la toalla y marcharme pero, ¿a dónde? Siento ganas de gritar, llorar aunque no me escuche nadie porque estoy sola. Miro por todos lados y esas paredes que sostienen esos cuadros, esos retratos tan queridos antes y que con tanta ilusión los colgamos, ahora me parecen bobadas sin importancia y una pérdida de tiempo y quisiera tumbarme a dormir y esperar la muerte.

Tú no te olvides de mí…


3 de enero 84

Ambrosio, ya pasaron las Navidades. Han sido extrañas y no muy tristes. He procurado estar alegre. He reído mucho para que Leticia y María lo pasaran bien. Creo que tenía que ser así. 

Cenaron el 24 Ángel y Sophie con nosotras y el 31 estuvimos solas pero no faltó la sidra achampanada y el marisco, turrones y con los de la televisión nos reimos. Recordamos tus tostadas que ya nunca las comeremos iguales y no llegué a pensar que tú no estarías más. En tu sitio en la mesa pusimos una flor de Pascua y una vela encendida. Tu espíritu estuvo presente y rezamos por ti, amor mío. 

María se ha ido con una amiga del colegio a un pueblo de Torrelodones a pasar tres días.

Estamos Leticia y yo con nuestro nieto Francisco. Está comiendo pues queremos irnos de compras de Reyes. 

Adiós Ambrosio, hoy no estoy muy triste.

9 de enero del 84

Ambrosio, amor mío. Yo me pregunto si aún te acordarás de mí. No sé si tan lejos… O tan cerca seré algo para ti. Sé que sí, aunque algunos se rían y no tengan fe, aunque por tener fe se rían. Yo si me acuerdo de ti y no te olvidaré mientras viva. Esta frase me da la contestación a la pregunta: "Mientras viva"... ¿Es que ya no te acuerdas de mí? Quiero creer que sí. Si, Ambrosio, me ves, me quieres y no me olvidaras jamás, nunca, me amaras siempre y siempre es mucho tiempo.

Paso a paso, pena apenas se van pasando los días que me van acercando a ti. También tengo alegrías, pero se me antoja que las penas sean más y más largas y más negras.

Estas citas son como un rosario de penas y sé que este es el camino que me llevará a ti. Algunas son penas que tú también pasaste y que no me lo decías, los sufrías a solas, querías que no estuviese triste. Cuando mis ojos se quedaban tristes enseguida me preguntabas ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? y me daba rabia que me preguntases y ahora quisiera oír esa pregunta. Nadie me pregunta, nadie se da cuenta, no es que quiera que se den cuenta pues trato de que no se den cuenta.


4 de febrero del 84

Ambrosio, ha nacido nuestro sexto nieto. Nació el 10 de enero pero he andado muy ocupada.

Ambrosio, no estés triste. Yo no lo estoy y me avergüenzo de haberme avergonzado. ¡Es tan tierno y dulce! ¡Es tan inocente! Tiene una carita de buena persona. ¿A qué mundo ha venido?

Ambrosio, ¿qué quieres que te diga? No lo sé. No sé nada. Las fuerzas se van a veces y pasará todo y pasarán los días y pasarán las penas… Y vendrán otras, Dios nos ayude. Pero tú siempre estarás en mi corazón.


19 de febrero 84

Ambrosio, vida mía. Pasó el 31 aniversario de nuestra boda. Nunca pasó por mi cabeza que a partir de los 26 años juntos seguiría "sola" celebrando aniversarios de boda.

Leticia me regaló una planta ciclamen blanco, María un ramo de flores del Campo y Vicente subió una tarta. No estuve triste por no estar contigo en Santoña. Creo que no tuve ni tiempo de estar triste. Además creo que voy a aceptando la vida y las cosas como vienen. Solo cuando me deprimo lo veo todo peor y me entristece cualquier cosa.

Pero sabes que yo sería más feliz pasando el día contigo sentada en el campo junto a ti y contándote mis mis cuitas.

Ya no dependo de mí, ni mis impulsos. Tengo otras obligaciones y me conformo. ¿Qué más puedo hacer? Las cosas me vienen y me agobian y paso –como dicen los jóvenes– paso de todo. En el fondo sólo deseo que pasen las horas, los días, que pase el tiempo y no sé para qué. Cada vez me suceden nuevas cosas que me van separando de ti. No puedo vivir como yo quisiera, sólo para ti y para mis penas, para mis recuerdos. Ya no me dejan ni recordar…

Ahora, por ejemplo, llora tu nieto y estoy sola. Se supone que le tengo que coger y no tengo ganas y su llanto me pone nerviosa. 

Ha llegado María con las notas, no son muy malas, pero podían ser mejores. Ella viene triste.

Ambrosio, te voy a dejar pues no tengo ni pulso para escribir.


19 de marzo del 84

Cinco años, cinco que te fuiste pero siempre estarás en mi corazón. 

Decían por la radio hace un momento: "Felicidades Pepe", "Felicidades, Pepita", "Felicidades, papá" y me he puesto a llorar.

Cumplirías 58 años y no podré darte tantos besos como años pero si derramar muchas, muchas lágrimas y tu presencia se hará de verdad y de soledad. 

Iré a Santoña si Dios quiere. 

Te quiero, Ambrosio y te querré siempre, siempre, siempre. 

Ambrosio, Ambrosio, ¡qué quieres que te diga! Ahora lloraría sobre tu pecho y te abrazaría fuerte y tú me abrazarías hasta hacerme daño pero qué feliz era y no me daba cuenta. Bueno, sí me daba cuenta pero ahora lo añoro.

Adiós, Ambrosio, estoy triste. 

¿Sabías, Ambrosio, que desde que te conocí no he dejado un momento de llevarte en mi corazón?


21 de marzo del 84

Ambrosio de mi alma, hoy, esta tarde a las tres y 1/4 te fuiste hace 5 años y desde entonces estoy sola. 

Yo, que no podía pasar ni cinco días sin verte, sin besarte, sin estar contigo, ahora son cinco largos años, cinco. Una eternidad. Aunque a veces me parece que fue ayer, pues aún siento tu presencia en esta casa. 

¡Qué tristeza, Dios mío, qué tristeza! ¡y qué soledad tan grande! y cuántas, cuántas cosas han sucedido y tú sin estar a mi lado para consolarme.

Ambrosio, ¡cuánto te quiero, cuánto te he querido y cuánto te querré!

Esta tarde iré a misa y rezaré por ti.

Te quiero, vida mía y adoro tu recuerdo y sé que cuando te fuiste parte de mí se fue contigo.


11 de abril 84

Ambrosio de mi alma, ¡qué sola estoy, Dios mío! 

Estuve contigo en tu 58 cumpleaños aquella mañana de sol en el cementerio de Santoña. Al fondo la playa con la marea baja, la playa inmensa, como inmensa era mi soledad, como la inmensidad que me separa de ti.

Lloré aquella mañana como pocas veces lloro cuando voy a estar contigo. LLoré y lloré con desconsuelo y mentalmente pero moviendo los labios en silencio te bese 58 veces, en los ojos, en la frente, en la nariz, en la cara, en la boca, en la boca una y otra vez hasta cumplir con nuestro rito. Cuando sólo eran 25 y luego 26 y luego 27 y luego 28 y así hasta 53 y luego...

Ambrosio, como ves no me puedo olvidar de ti ni de nuestras cosas y hay veces que lo vivo intensamente. Esta tarde estoy extraña y triste. Tú no te canses de escucharme, Ambrosio, amor mío.


30 de mayo 84

Ambrosio, hoy más que nunca me quisiera morir. Llévame contigo. Dile a Dios que no me dé más penas. Yo no me encuentro capaz de llevar más peso.

Ambrosio, ¿tú me veías tan mala como me ven tus hijos? ¿yo merezco tantas y tantas cosas como me están sucediendo? 

No sé qué pensar. Estoy rabiosa conmigo misma. ¿Por qué he sido tan imbécil con todos? ¿Por qué? ¿Para recibir este pago? ¡Qué suerte tuviste al partir tan pronto! Yo no puedo hacer otra cosa que esperar, esperar. ¿A qué espero? ¿A que me maten estos hijos tuyos? Porque sólo queda eso, que me maten. Quizás me harán un favor.


26 de junio del 84

Ambrosio, vida mía. Es tan grande el amor que te tuve que no olvidaré nunca tu recuerdo. Podré olvidar tus ojos… Podré olvidar tu boca… Podré olvidar tu cuerpo… Pero tus manos, tus manos no las olvidaré nunca. 

Aunque vi mil atardeceres en tus ojos, aunque muchos fueron tus besos, pero tus manos… Creo que tus manos acariciaban sin tocar y calentaban mis pesares.

Transmitían valor y daban ... avieno y... pedían perdón, cuando querían.

Ambrosio, Ambrosio. ¡Tantas, tantas cosas me suceden! ¡Tantas pasan por mi mente! ¡Tantos y tantos recuerdos! que a veces tu presencia se hace real.

A veces pienso que volverás. Que un buen día llamarás a la puerta porque se te han olvidado las llaves (como te fuiste desnudo) y yo abriré la puerta y tú con tu risa tan perfecta -no sé, esa no es la palabra-... arqueando las cejas me dirías aquí estoy, vengo a buscarte, vámonos juntos, y yo me iré… 

Hoy cumple nuestra nieta Elvira 5 años. Está en Santander. Ambrosio, es preciosa nuestra nieta.

23 de septiembre del 84

Ambrosio de mi alma, ya está contigo un amigo. Ya vamos poco a poco todos, ahora Agustín Solana. Ya tengo una amiga que me comprende; una amiga con quien compartir mis penas y mis recuerdos y algunos en común.

Ambrosio, pasó el verano. Estuvimos todos juntos y nos hicimos una foto el día del bautizo de Álvaro. Solo faltó la mujer de Ángel y tres hijos de mi hermana y el hijo de Tonio. Estuvo tía Ceci y tía Tonia y Maruja

He pasado un verano bastante bueno y tranquilo, sobre todo de ánimo, aunque movido de trabajo pero feliz. Solo faltabas tú...

Ambrosio, fui a verte varias veces y ya te conté mis cuitas. 

Fui a la procesión de la Virgen del Puerto por el mar. Fui en el mismo barco de la Virgen con el obispo que bendecía los barcos a medida que iban pasando. Hacía 6 años que no veía la procesión y me emocionó. Pensé en ti todo el tiempo. ¡Cuánto te hubiese gustado! Creo que cada año es más bonito y más emocionante. Estuve con ¡mis! nietas Elvira Herrería Raquel que les gustó mucho y con tía Ceci. Luego llegaron Leticia Cristina con Álvaro.

Empezamos otro curso. María creo que está más estudiosa que nunca o, mejor, más responsable. Este verano lo ha pasado muy bien pues le prometí que se aprobaba le dejaría salir a las verbenas.

Ambrosio, hay veces que creo que estás muy lejos de nosotros pues ya estás integrado en ese otro sitio o cielo, viendo a Dios quizás. Otras te siento más cerca. De todas formas, Ambrosio, no nos abandones y pide a Dios por nosotros. Aún te necesitamos. Te necesitaremos siempre. Ayúdame a cuidar a nuestros hijos y dile a nuestra Virgen del Puerto que les dé salud de cuerpo y alma.


19 de octubre 84

Ambrosio de mi alma, ¡qué poco te escribo últimamente! No tengo casi ni tiempo desde que nació Álvaro. Me ocupa todo mi tiempo y cuando duerme aprovecho para hacer las cosas de la casa. Ambrosio, el otro día escuchando la televisión en un programa novelesco la protagonista estaba triste, deprimida. Había perdido a su novio, había muerto en la guerra y decía que no tenía futuro... Que sólo vivía el día, el momento… Y me sentí identificada con sus sentimientos. Yo lo vengo diciendo muchas veces y hace tiempo, –desde que te fuiste, amor mío– yo no tengo futuro y desde que te fuiste se acabó mi vida, mi meta. En definitiva mi futuro, mis ilusiones. 

Ahora sólo vivo, eso, sólo vivo, respiro, tengo sueño y duermo, tengo hambre y como, estoy cansada y descanso… Pero sólo eso. Y estoy aprendiendo, cuando tengo un problema, a no preocuparme demasiado y pensar… "Mañana lo veré de otra forma". "Mañana el problema no será tan grande". "Mañana será otro día"… Y sufrir cuanto menos. Tú me decías algo parecido y me recordabas aquel proverbio chino "Si hay remedio, ¿por qué te apuras? y si no lo hay, ¿por qué te apuras? ¡Tengo tantas y tantas cosas en qué pensar, tantos y tantos problemas! que no tengo capacidad para sufrir tanto. No puedo con más… Y me descargo del peso y Dios me ayudará a llevarlo y llegaré hasta donde quiera Dios y que Dios me dé lo que me merezco y lo que no me merezco. Bueno y malo. 

Créeme, Ambrosio mío, que igual me da. Mejor quisiera que todo me saliera medio bien, pero tendré que tener de todo, como todo el mundo. Lo que pasa es que tengo que ir aprendiendo a no preocuparme demasiado. No sé si he envejecido muy rápidamente… Pero hay días que lo veo muy negro… 

Amor de mi vida, a veces pienso –y lo he pensado con frecuencia desde que te fuiste– que volverás. Verás, ahora pienso que tengo la casa muy desastrada y sucia. Quisiera aprovechar que está Ángel aquí y sin trabajo para que me ayude a pintar techos y empapelar algo y sigo pensando, como te decía, que algún día volverás y encuentres la casa demasiado cambiada y no la conozcas y te vuelvas a marchar.

El 21 de este mes estaré en Burgos. Nos vamos esta noche y no podré encenderte la lamparilla y la encenderé hoy. Dentro de doce días iré a verte a Santoña y después de todos estos pensamientos sigo pensando que desde que te fuiste vivo una noche interminable.


24 de octubre del 84

Ambrosio, ¡cómo pasan los días sin ti! ¿Cómo es posible? Yo que siempre pensé que si tú me faltases no podría vivir, que eras como el oxígeno para respirar para mí. ¿Será que estoy muerta? ¿Es que tiene que ser así? ¿Otros nacen y la vida sigue? y yo, ¿dónde estoy? ¿entre los que siguen o entre los que se han ido?

¡Cuántas vueltas le doy a este asunto! y quizás tú te estás riendo de mí ¿te acuerdas?... "¿De quién te ríes, Consuelo, te ríes de mí?" 

Ahora más que nunca quisiera ser lista para ver con claridad o tener fe y ver sin claridad o ser conformista y pensar que siempre es así...

Pero sé que seguiré cogida a tu brazo para caminar segura, que miraré con tus ojos y que te querré siempre, siempre, amor mío, y así hasta que te encuentre de nuevo.

8 de noviembre 1984

Ambrosio de mi alma, estuve en Santoña y volví a pasar unas horas amargas que no esperaba. Volví a recordar aquel día lejos y cerca… Aquel 21 de marzo, el día que te fuiste o, mejor, el 22 en que te dejé en el cementerio junto al mar.

Ambrosio, ¡qué a disgusto estoy de cómo dejé tu tumba; de cómo la dejaron rota y así hasta que pueda solucionarlo.

Me dicen que no me preocupe, que allí no hay nada. Pero yo amo lo que allí quede, amo todo lo que sea tuyo. Sigo amándote. Amo tu recuerdo, lo amo todo y no quiero que nadie te toque. Sólo yo o tus hijos, ellos eso no lo comprenden.

Además no quiero verlo de otra manera. Soy feliz creyéndolo así. 

Pronto creo te dejaré en un sitio tranquilo donde yo iré a estar contigo cuando Dios quiera, que a veces deseo con todas mis fuerzas. Ahora creo que le hago falta a Leticia para criar a su hijo y María aún me necesita, aunque se arreglarán lo mismo sin mí.

No sé si es egoísmo o cobardía pero contigo, junto a ti y junto a Dios, no sufriría.

Creo que aún tengo mucho que sufrir en este mundo, tengo mucho que purgar en esta vida. Pero las horas son largas pero los años cortos y cuando menos lo espere estaré contigo.


2 de diciembre del 84

Ambrosio querido, estoy releyendo las cartas y telegramas que me enviaron nuestros amigos cuando tú te fuiste y he vuelto a llorar viendo como te querían todos. Se ve a través de sus letras que te querían de verdad. Dejaste una fuerte huella dentro de sus corazones y sentían el hondo vacío que dejaste en mi vida que cada día se hace mayor.

Ambrosio, vida mía, te quiero. Te quiero y te querré siempre. Siempre estarás en mi recuerdo y nunca te lloraré bastante. Eres lo único que tuve en mi vida que merecía la pena. ¡Qué suerte tuve al conocerte y al vivir 26 años juntos! Nuestro noviazgo fue el más romántico, cariñoso y adorable de todo el mundo. Sí, lo digo y lo afirmo.


23 de diciembre 84

Ambrosio, hoy preguntaban en la televisión que qué era para nosotros la Navidad. ¿Qué es, Ambrosio? ¿Qué es para mí sin ti la Navidad? Creo que para mucha gente es tiempo de recuerdos y de penas y de soledades. Los recuerdos –casi todos–, felices,

las penas, grandes y la soledad tremenda...

Iremos a Burgos el 24. Es la primera vez que no estoy en esta casa en este día pero suceden las cosas así y cada vez tengo menos fuerza para decir: "No, yo me quedo que Ambrosio puede llegar en cualquier momento". Y no estoy loca. Porque tú estás en esta casa, en cada rincón. Sentado en la butaca verde, en la mesa del despacho, en nuestra habitación, entrando por la puerta. Ya no oigo el tintineo de las llaves, ya el eco se cansó de sonar en mis oídos.

Cantaremos villancicos, recibirán regalos tus nietos y tus hijos y tú, ¿qué recibirás? En silencio pensaré en ti y rezaré un Padre Nuestro que estás en los Cielos…

Ambrosio, vida mía, aquí estoy, está amaneciendo. Tus hijas se han ido al Palacio de Deportes. María se viste de chulapa madrileña para entregar medallas en el campeonato de España. Leticia está en la mesa con la Presidenta, es vocal del Comité. Saldrán en la televisión.

Yo iré con Álvaro a verlas, tengo que bañarle y arreglarnos así que te dejo ya. Tengo ganas de que pasen estos días.

17 de enero del 85

Ambrosio, vida mía. Ya estoy otra vez en casa, ya pasó la Navidad y otra vez sin ti. Este invierno hace mucho frío, mucho. Y está nevando. Y en Santoña, y en Santander. En todo el norte nieva y nieva. Todo está helado como mis penas.

Ambrosio, estos Reyes se han portado muy bien conmigo. Me han regalado muchas cosas y buenas y bonitas y pensé, "¿Qué le hubiésemos comprado a papá este año?" y no tuve respuesta pues creo que ya no regalaríamos calcetines y esas cosas como antes, aunque a Josechu sí le regalaron calcetines y otras cosas y me acordé de ti, de tus corbatas tan difíciles de comprar pues tú tenías mejor gusto que yo aunque ya iba entendiendo un poco. De tus libros y de tu perfume… Ambrosio, otro año, 1985. Ya casi seis años, seis años menos para estar junto a ti. Todo el mundo al tomar las uvas o a los Reyes les piden cosas: paz, salud, trabajo, suerte… Yo ya no pido nada, o, pido que apruebe María, que encuentre trabajo Ángel o que Leticia el niño no enfermen y pienso que, en definitiva, es igual pero ya no pido que Dios me lleve contigo pues no me escucha. Además creo que era egoísmo y tengo que estar aquí hasta que Dios quiera y ver y sufrir lo que me mande y purgar en esta tierra para luego estar contigo para siempre.

30 de enero 85

Ambrosio, amor de mi vida. Es claro el día y con sol radiante da gusto mirar al cielo y verlo azul después de tantos días grises y fríos.

Ya estamos terminando de pintar, empapelar, etc. etc. 

Ambrosio, te quiero. Te querré siempre y te recordaré toda la vida. Para nuestro aniversario no podré ir a estar contigo y ya son dos años que no puedo ir. Leticia tiene un examen y además tenemos que estar en Burgos el 15 pues Josechu y Cristina quieren ir a Santoña a los Carnavales. Les diré que vayan a verte y te lleven unas flores. Te gustará que sean ellos quienes estén en ese día contigo (quiero pensar que te gustará más que prefieres que fuese yo) Iré para San José si Dios quiere.

Para San José 59 años pero como te fuiste cuando tenías 53 recién cumplidos te recuerdo joven, más joven que yo ahora que tengo 56. No me gustaría que me vieses ahora gorda y vieja. Recuérdame con 50 años que tenía cuando te fuiste y yo me sentía joven como si tuviese treinta por lo menos.

Ambrosio, empieza la tarea del día y te dejo de escribir pero tus recuerdos me acompañarán...


14 de febrero 85     –     14-2-53

Ambrosio de mi alma, hoy a estas horas, en estos momentos, me estaría poniendo mi vestido blanco y mi velo de "tul ilusión" para luego en la iglesia delante de nuestra Virgen del Puerto unirme a ti para siempre. Para siempre y eso es lo que siento. Para siempre en mi corazón y en mi recuerdo. Hoy hace 32 años pero sólo son 26 los que estuvimos juntos, mejor, 25 de felicidad pues el último fue de martirio y de pena.

Ambrosio, hoy sin embargo estoy trabajando. Lavando ropa, tendiendo, haciendo la comida y por mi mente te recuerdo y me angustio por no estar contigo en este día.

He escuchado la cinta de las Navidades del 78, tus últimas Navidades. Creo que hoy la he escuchado con más claridad, no por mi estado de ánimo, sino por el radio cassette.

Ambrosio, aún no me ha llamado Josechu y lo estoy esperando. María me dio un beso esta mañana y Leticia también. La he mandado comprarme un ramo de flores para ponértelas a ti y ya te he encendido la vela.

Ya está todo puesto ¿y qué? si ya no estás conmigo. Iríamos a cenar angulas y luego al cine ¿que pondrán en los cines que nos guste? Cogeríamos la cartelera, quizás fuésemos a los carnavales a Santoña pues ahora se celebran mucho. ¿De qué iríamos disfrazados? 

Y todo se queda en una interrogación. Pero lo que sí es cierto es que te quiero con toda mi alma y no te olvidaré nunca, ni olvidaré este día jamás.


16 de marzo

Ambrosio de mi alma. Y sigo contando años. Años sin ti y todo sigue igual… Y sigo sola. Cada día más sola.

Mañana iré a Burgos para el día de San José ir a Santoña a pasar el día contigo. 59 años, Ambrosio y 59 besos que te daré. Creo que tú necesitarías mejor 59 Padres Nuestros y Aves María y yo solo sé contarte mis penas, pedirte favores –que tú estás cerca de Dios– y llorar y llorar y besarte y quererte y recordarte…

Ambrosio, vida mía, hay días que no soporto el dolor, la pena, las injusticias, el pesar, el olvido, la separación, la incomprensión de los demás. Creo que entrego mucho y recibo poco y ellos pensarán lo mismo.

Y es que en estos días vivo los días en que tu sufrías, estabas en coma y luego saliste del coma y volviste a caer para no volver más y te fuiste. 

Ambrosio, otro conocido tuyo se ha ido contigo, Luis Hervella

Ambrosio, vida mía. Cada vez me encuentro como desparejada, como impar, como alejada y desintegrada de un todo y voy y vengo y hablo y río y canto y lloro y juego con tus nietos y recuerdo… Y en mis pensamientos y recuerdos estás tú, siempre tú. A veces me atormenta el pensar "siempre, siempre Ambrosio" pero en el fondo estoy orgullosa de tenerte tan dentro de mí. 


Tengo que hacer la maleta pues esta tarde nos vamos. Hoy ya es 17 de marzo. Te dejo, Ambrosio hasta pasado mañana.


12 de abril del 85

Ambrosio de mi alma. Ya pasó San José y estuve contigo. Me llevó Leticia. Estuvimos con Elvira también dos días en Santoña y Raquel, –se me olvidaba– tus dos nietas fueron también para felicitarte pero llovía y se quedaron en el coche.

Ambrosio, creo que estoy empezando a encontrar la conformidad y la tranquilidad pero eso sí, sigo sintiendo lo que siente una parte cuando le falta la otra y me falta. Me faltas tú y se siente un vacío que, en algunos momentos, se hace insostenible pero ya empiezo a conformarme y a comprender que Dios lo ha querido así, que alguna vez tenía que suceder que los dos nos separásemos y llegó. Y llego pronto y aún me toca esperar y esperar sola e ir y venir a verte y soportar las penas yo sola y volar sin ayuda ninguna, sin sostén ninguno y estoy aprendiendo. ¡Pero qué duro es…!

Y veo en el cuarto de estar... (yo estoy sobre la mesa de tu despacho) veo el último rayo de sol de la tarde, de esta tarde de primavera. Brilla sin fuerza pero brilla. Como brilla mi fe y mi esperanza que brilla pero sin fuerza, pero brilla. 

Ambrosio mío, pero a pesar de esta conformidad ¿qué daría yo por que tus manos calentaran las mías? 

Me levanto sola, me acuesto sola, soluciono todo sola, vivo sola, paseo sola, pero ya hay algún día que lo encuentro natural. Pero otros…


21 de abril 85

Ambrosio querido. Hoy está lloviendo y parece que en este día de primavera y 21 llueve como queriendo llorar al recordarte. Otras te recuerda con sol y alegría porque también te recordamos con alegría por tus ratos buenos y aún recuerdo tu sonrisa franca.

Ambrosio, amor mío. Cuando iba con Leticia a Segovia recordaba otras veces que fui contigo por esa carretera y te vi en un recuerdo con intensidad casi real y el dolor fue mayor al ver que eso no ocurrirá más y que tu presencia cálida a mi lado no estará jamás.

Y seguimos el camino y sigue todo y mi vida ha cambiado total y un niño me acompaña siempre. Y cuando me quedo triste él se ríe para que yo olvide mi dolor.

Ambrosio, ¿y será muy larga esta espera? ¿y cómo nos veremos más tarde? 

Mis hermanos han ido a Estados Unidos, ya llevan allí un mes. Creo que llegan el 30 de este mes y vendrán contando cosas que han visto y cosas de Maruja y Natalia que está allí.


15 de mayo 85

Querido Ambrosio. Hoy iríamos a Santoña o, quizás, como un año en que estaba aquí tía Carmen que fuimos a la Iglesia de San Isidro a ver al Santo Patrono de Madrid. Hoy creo que iremos, no hemos podido ir por la mañana porque trabaja LeticiaIremos por la tarde y en el aire estará tu recuerdo flotando y un adiós amor...

Ambrosio, aquí estoy un poco sentimental en este día gris.

Unos días te recuerdo con serenidad y otros con pesar pero todos con mucho amor y buenos recuerdos. Es curioso que sólo recuerdo con cariño y amor los buenos recuerdos y gratos momentos y los malos, quizás cosa natural, apenas los recuerdo y si los recuerdo deseo que aunque fuesen malos y difíciles los volvería a pasar… ahora mismo. 

Josechu y toda su familia vendrán para el 25 a una comunión de una prima de Cristina. Tengo ganas de verlos. Desde San José no los hemos visto.


11 de junio 85

Ambrosio, amor mío. Yo quisiera que llegase el día y te dijera: "Adiós amor, adiós. Hasta que nos veamos más allá. Adiós para siempre… Mi vida sigue". Pero no puedo Ambrosio, no puedo. Te quiero, te quiero, te querré mientras tenga un hilo de vida. Estás en el centro de mi corazón.

Ambrosio, ¿cómo pueden decir que todo pasa? Yo te siento igual que siempre. Si fuiste todo para mí, ¿cómo te voy a olvidar ni tan siquiera conformar? Lo que sí noto es que poco a poco me voy acostumbrando a esta pena que vive conmigo y que ya me parece que la conozco de siempre y que yo no puedo vivir sin ella.

Ambrosio, yo no sé si tú quieres que yo esté así, pero es que la vida y los acontecimientos no me dejan estar de otra manera y hasta a veces estoy contenta con mi pena a cuestas. Lo que siento que esta pena alcanza a María que es muy joven. Yo de esa edad no sabía de las penas ni de la soledad.

Leticia es feliz con su niño, pero sé que el fondo de su alma hay una pena y una soledad. Tus otros hijos tienen también tu falta. Ángel no digamos, Ambrosio, no le olvides. Ayúdale.

Hay días que te siento a mi lado en silencio. Un silencio muy profundo casi, casi lo palpo. Es un silencio denso. Denso y negro según el día y el recuerdo.

Pronto iremos a Santoña. Sé que este verano me espera una prueba muy dura que sin embargo la espero con impaciencia. No quiero pensar…


23 de junio del 85

Ambrosio mío. Te quedaste tan dentro de mí que aún se palpa el recuerdo. Todo me habla de ti, todo está lleno de tu presencia. Eras de los que dejan estela como el barco en que ibas a la mar.

Ayer te recordaba con la vecina. Ella también perdió a su marido. Te recordábamos como ella también recordaba a su marido: "Si ellos estuvieran aquí no nos sucedería lo que nos está pasando con el piso y sus problemas de subida de renta".

Ya queda menos para ir a Santoña. Tú estarías impaciente por llegar y dejamos para luego ir a vInos. Esto fue el verano del 78, el último. Y llegaste con el problema de tu enfermedad. 

Lo voy a dejar. Lo tengo todo tan recordado y es tan cruel lo que pasó que mejor dejarlo.


1 de julio 85

Ambrosio de mi alma. ¿Sabes por qué tengo ganas de ir a Santoña este verano? He notado de repente y después de seis años de que aquí en Madrid no veo "nuestras estrellas". La polución no deja verlas con claridad, solo en Santoña las veo con gusto. Creo que así son más auténticas. 

Amor mío, ¿te veré este verano? Tú ya sabes...

Ambrosio, de repente he pensado que gracias a Dios que estás muy lejos y allí ves las cosas de otra forma y no puedes sufrir por las cosas de este mundo y he sentido alivio y alegría porque tú no sufras viéndome pasar tantas penas por todas las cosas que nos pasan y que yo la sufro por todos y porque no te tengo a ti.

Pero hoy tengo una noticia muy agradable. María ha sacado el curso entero con media de bien, 1º de B.U.P. y diploma en "Informática". Estoy muy contenta. 


27 de septiembre del 85

Ambrosio querido. Ya estamos otra vez más empezando la lucha de la casa, del curso de los hijos y ahora la crianza del nieto.

Pasó el verano y no pasó nada de lo que tú sabes. Será el verano que viene si Dios quiere.

Ambrosio, ya sabes lo del susto de este verano de mi hermana y Fernando y sus hijas cuando volcó la canoa en que iban con Toñín Viadero (Valle).

Tu hijo Ángel los sacó exponiendo su vida. Yo lo veía desde el barco donde iba la Virgen del Puerto. Era el 7 de septiembre y mientras el obispo daba su bendición a todas las embarcaciones sucedió todo. A nuestro hijo le han propuesto una medalla por salvar a 4 personas. La última era Carla, fue un susto enorme.

María va con un chaval de Santander, estoy preocupada aunque también pienso que quedará en nada, es muy joven ahora. Sólo tiene que pensar en estudiar. Cuídala, Ambrosio, cuídala.


12 de octubre 85

Ambrosio, mi amor. Hoy estaríamos en Santoña. Casi siempre íbamos a pasar esta fiesta. Cualquier disculpa era buena para ir a Santoña, tu Santoñuca del alma.

Hoy están tus hijas en Valladolid a los mundiales de rítmica. A ti también te gustaría verlo y también fuiste a muchas competiciones, la última en Basel (Suiza) ¿Te acuerdas?

Ambrosio, vida mía. Ahora estoy sola en tu despacho. Ángel ha bajado al niño a los jardines y cuando me quedo sola es cuando me apetece más hablar contigo. Sólo se oye el ruido de la lavadora y el sol se ve en las ventanas de los vecinos. Es un día precioso y en la televisión están televisando la ofrenda floral a la Virgen del Pilar en Zaragoza.

Ambrosio, ¿por qué no estás en la butaca del cuarto de estar leyendo el periódico mientras yo me arreglo para ir a misa? ¿Es que has bajado a esperarme por abajo? Así lo quiero creer para no llorar de dolor. 

Ambrosio, vida mía. Me gusta estar sola, creo que es porque es cuando más siento tu presencia pues el ruido de los demás la enturbian. Ahora siento la soledad de estar sin ti. Te amo, Ambrosio, te quiero. Te querré siempre

Ambrosio, he leído algunas de las cartas que te escribo en este cuaderno y he llorado y tengo las gafas con lágrimas y no veo. 


21 de noviembre 85

Ambrosio de mi alma. Son las seis de la mañana, me ha despertado nuestro nieto Álvaro y ya no he podido dormir y, claro, me he puesto a pensar en ti…

Estuve en Santoña por Todos los Santos y estuve contigo, pero no fue un encuentro como los que a mí me gustan. Primero deprisa deposité las flores porque me esperaban tu prima Charito y tu hermana para bajarme a Santoña y al día siguiente con tanta gente ya sabes que así no me gusta. Quiero estar a solas contigo y contarte mis cosas.

Ambrosio, una vez más nuestro hijo Ángel me ha dado otro disgusto. Tú lo ves, no te quiero contar y si lo ves, Ambrosio, por favor y por todo el amor que nos tuvimos, cuida de él y no le dejes de tu mano. Sé que aunque yo no te lo pida si tú puedes lo haces.

Ambrosio, aún es de noche cerrada, no clarea, pues con eso del cambio de hora creo que es como si fuesen las cuatro de la madrugada. Estoy en el despacho y con luz encendida. La casa está en silencio absoluto y yo espero que aún pueda dormir por lo menos un par de horas pero en este momento no tengo sueño.

Ambrosio.


6 de diciembre 85

Ambrosio de mi alma, mañana será tu santo y yo sin comprar nada para regalarte. Te regalaré un recuerdo nuevo y una sonrisa para ti. Felicitaré a Josechu, tu hijo y Chechu, tu nieto que se llaman como tú y les daré un beso y un abrazo muy fuerte pero serán para ti ese beso y ese abrazo. Ellos no lo notarán. Dirán: ¡Cuánto me quiere mi madre o mi abuela! y no es que no les quiera pero ese beso es para ti… 

Ambrosio, en estas fechas son más lacerantes los recuerdos. Nunca como en estas fechas son más abiertas las sonrisas de los hijos y de los nietos. Con la llegada de la Navidad y diciembre agonizante la sensibilidad se agudiza con la realidad de los contrastes.

Ambrosio vida mía, esta sería otra fecha en que a mí me gustaría quedarme en Santoña y llevarte una flor de Pascua por ejemplo. 

Recuerdo que los tres o cuatro años primeros desde que te fuiste y hasta que perdí toda esperanza de verte jamás... Antes digo que tenía un sentimiento como de no saber dónde querría estar... (ycreía haber encontrado un lugar, colgado en el cielo, en una oración de la luz o del teléfono. Ni aquí ni allí.


19 de diciembre

Ambrosio, el silencio entre nosotros es inmenso, muy grande y de repente siento que te necesito, que necesito que me hables, que me digas cosas y este silencio se hace insoportable. 


22 de diciembre

Ambrosio, otras Navidades sin ti. ¿Qué haría yo para no pensar en otras Navidades más felices? ¿Qué haría yo para no estar triste? Estaré con los nietos y cantaré villancicos, sobre todos "Los peces en el río" que tanto le gusta a Alvaruco "mi niño", como él dice.

Ambrosio, vida mía, ¿y por qué tiene que ser así?.. 

Y tengo que estar contenta porque todos estamos bien y no nos falta lo necesario pero para mí lo necesario eras tú… para yo ser feliz.

Hoy es un día triste de por sí, plomizo, llueve y Leticia está en Cádiz. Es que hoy ya es 22 de diciembre. Que Dios no me castigue por mi disconformidad pero no puedo, Dios mío, no puedo.


6 de enero del 86

La primera vez que pongo esa fecha del 86. Hoy es un día malo para mí. Día de Reyes, ¿Recuerdas? Siempre era un día malo para mí y no sé por qué pero desde mi más tierna infancia. Y hoy es malo y triste y para colmo de males esta noche he tenido un sueño contigo muy triste y malo para mí. No te lo cuento. Además quiero olvidarlo. Esta mañana, o mejor, hace una hora o así que te he llamado a gritos ¡Ambrosio! como al principio, cuando te fuiste.

Estas Navidades han sido especiales o algo raras y un poco tristes.

Ángel no ha estado con nosotros. Ni Vicente, Vicentuco y Aleja. Valencia.

La Nochevieja hemos estado solas en Burgos MaríaLeticia y los niñosJosechu se fue a Sevilla con Cristina.

Por Reyes no he salido de compras por primera vez en muchos años.

No he ido a misa hace tiempo ni he visto un Belén, ni al niño en misa, ni la iluminación de Madrid. Nada. Ni he felicitado a nadie. Además de no poder, no tengo ganas.

Telefoneé a Cholo Fragua y me pidió que le enviara tu carta de cuando la publicaste en El Imparcial y se la voy a mandar. Tengo que hacer una fotocopia, pues aunque tengo una pegada en tu álbum no quiero quedarme sin el original.

            Ambrosio, te quiero


31 de enero del 86

Ambrosio de mi alma. No te veo, pero sé que estás aquí y si mi voz te llamara… Pero te llamaré, te llamaré otro día… Pero estás aquí cerca, a mi lado.

La mañana está fría, amor mío y donde estás también hace frío. Estará todo blanco y el mar se oye más que otros días. Guarda esa blancura para mis ojos cuando vaya a verte.

Ambrosio, cada vez falta menos. No, no estoy triste hoy y por eso te digo eso. Es que es verdad, cada vez falta menos para que tú y yo estemos juntos.

Voy hacer un ejercicio de la "tele".

Ya estoy aquí, vamos a cambiar la cocina. ¿Te acuerdas de cuando fuimos a la ferretería Europa para comprar la cocina y los armarios? Tengo que sacar la cuenta pues todo lo relacionado desde que te fuiste me parece a veces muy lejano y otras veces que fue ayer.

¡Cómo me gustaría que lo vieses! Hemos cambiado muchas cosas pero lo esencial no ha cambiado y aún se sienten tus pasos por la casa.


4 de febrero 86

Ambrosio, vida mía. Amanece y he estado leyendo estas cartas, estas conversaciones contigo y he llorado y me alegro… Es señal de que tu recuerdo aún está vivo en mí. 

Ambrosio, se me olvidó decirte el otro día que tienes a otro amigo contigo en el cielo, José Luis Vinagrero. Se fue de repente, en silencio, como era él. Bueno, tú ya lo sabes pues estará cerca de ti.

María está estudiando pues tiene un examen de latín pero ya se va al colegio y el día ha llegado y empiezan las faenas de la casa, que hago pero cada vez con menos ganas. Creo que ya soy vieja con 57 años. Para los que tienen 70 soy aún joven pero estoy cansada. Cansada de luchar sola, sin ti. 


7 de febrero 86

Ambrosio, aunque tu nieto Álvaro me tiene todo el día entretenida desde que nació, me quito esta preocupación, ese run rún de "Ambrosio, Ambrosio, Ambrosio" pero cuando me concentro y estoy sola te siento, estás conmigo y hasta te diría que te veo. Por eso ahora son las ocho de la mañana, todos duermen y yo cada mañana tengo una cita contigo. Ahora en el silencio y en la penumbra te siento. Unas veces me miras sonriente con las manos en los bolsillos arqueando las cejas, otras veces silencioso te veo sentado en el cuarto de estar leyendo un libro, otras quisiera me cogieses las manos que están frías desde que te fuiste. Frías y solas y…


14 de febrero 86

Ambrosio de mi alma, treinta y tres años que nos casamos y veintiséis de recuerdos agradables y amorosos. Si me dijesen "¿te gustaría encontrar otro amor, otra ilusión? ¿Para qué? Además de imposible –pues no lo busco–, imposible encontrarlo, ¿Para qué? Tengo para vivir otros treinta años de recuerdos y entonces ya ¿para qué? si ya estaré contigo y quizás mucho antes.

Tengo recuerdos felices, casi diría yo que estando un mes todo el día hablando y hablando de nuestro amor, de nuestras cosas aún no podría recordarlo todo. Así que un poco cada día y te recuerdo constantemente. Todo tiene relación contigo. Mire para donde mire. ¿Al cielo? Pues sí, al cielo. Cielos como los de hoy vimos muchos juntos. Miro los cuadros del cuarto de estar y todos los hiciste tú aunque los cambiemos de posición. Tenemos en el despacho dos lámparas nuevas. Una de pie, otra sobre la mesa. Te gustaría verlas. 

Josechu me ha llamado para felicitarme hoy; me alegro de que se acuerden. Fueron tantos años celebrando este día... Ellos también participaban cuando celebrábamos estas fechas.

Y también ellos quieren estar con sus mujeresCristina viene hoy de Sevilla para pasar aunque sea esta noche y el fin de semana. Aleja también viene de Valencia y con Ángel he ido hoy al dentista y me ofrecía comprarme flores y no le he dejado, tiene poco dinero.

Álvaro me ha traído un ramo de margaritas y yo te compré ayer dos rosas rojas y tengo hoy todo el día la lamparilla encendida. Adiós, amor mío.


17 de febrero 86

Ambrosio de mi alma, acabo de oír en la televisión que hoy hace 150 años que nació Adolfo Bécquer y de repente he pensado en nosotros, en las veces que hemos leído y releído sus poesías. "Pero aquellas que aprendieron a decir Lines y Ambrosio, aquellas no volverán…" "Silenciosa y cubierta de polvo veíase el arpa…" y tantas y tantas tan bonitas. Creo que para los enamorados es como el catecismo para los cristianos y cuando pienso que hay novios que ni saben quién fue Adolfo Bécquer no lo entiendo. 

Tú también me hacías poesías que cuando las leo aún me viene la idea de que era imposible que fuesen para mí. Que quizás pensabas en otra y no sé por qué pienso eso.

Estoy sola en casa. Natalia y José se han llevado al niño. Aún tengo sobre la mesa del despacho los ramos de margaritas que me han regalado el 14 de este mes tus hijos. Ambrosio, tengo tus lámparas encendidas y reflejan su luz en el techo y, sin embargo, estoy a oscuras por dentro.


23 de febrero

Ambrosio mío, me gusta estar sola y pensar, pensar y pensar en nosotros. Por ejemplo hoy me ha venido el pensar cuando nos hicimos novios.

Fue un 10 del 2 de 1948 y que te conozco quizás desde el año 1945 o 46; o sea que ya hace 40 años y tengo 57, quiere decir que casi toda una vida.

1945 te conocí no sé por qué siendo de Santoña no me fijé antes en ti. Yo conocía a toda tu familia menos a ti.

Casi desde el principio me gustaste y te empecé a querer enseguida. Me hiciste algunas trastadas al principio pero cuando viste que otros se fijaban en mí entonces me reñiste y me dijiste que eras mi novio y esto fue en 1948.

Nos casamos en 1953    14 - 2 - 53
tenemos un hijo        30 - 11 - 53 
tenemos otro "          31 - 5- 55 

       "            "     "          1 - 5 - 56 
       "            "     "          29 - 11 - 58
                +                     1 - 4 - 60
                +                     28 - 5 - 62
tenemos una hija       12 - 9 - 69
Vinimos a vivir a Madrid 1967 después de una separación con finales de semana juntos 1965 - 1967


2 del marzo 1986

Ambrosio de mi alma, es domingo y luce el sol. Todos duermen y yo siento la necesidad de escribirte. Últimamente no te escribo cuando estoy angustiada y me alegro, ya me dolía estar siempre como rabiosa y poco conforme con mi suerte sin ti.

Pero sé que tu recuerdo sigue vivo en mí y lo paso bien recordando nuestros recuerdos, no sé si esto está bien dicho así pero eso es lo que quiero decir.

Miro todo lo de la casa y todo me trae recuerdos tuyos pero no te veo, Ambrosio, no estás físicamente. Pero estás, estarás siempre para mí y para tus hijos. Eras un hombre de los que dejan huella. Es una frase que no es mía pero que me viene bien y así es y por eso la digo y quizás a pocos hombres se les puede aplicar y una huella para bien y para añorarla y no una huella para odiarla.

Ambrosio, vida mía. ¿Hoy a dónde iríamos? Quizás no saldríamos de casa pues aunque luce el sol debe de hacer frío. Las montañas tienen nieve y como hace viento…

¡Qué bueno eras, Ambrosio! Creo que esto ya te lo he dicho otras veces pero es que no es suficiente. Me decías (y parece que fue una profecía) "Cuando me muera te darás cuenta de que no soy tan malo como tú te crees".

Yo quizás estaba rabiosa porque no me salían las cosas como yo quería. Además eras tan humilde que no llegabas a decir la verdad: "Cuando yo me muera te darás cuenta de lo buenísimo que soy y de lo muchísimo que me vas a recordar".


19 de marzo 1986

Ambrosio de mi alma, hoy es San José y cumples 60 años. Sesenta besos amor mío… Y estoy en Madrid. Mañana me iré para estar contigo el 21. Estamos con la obra de la cocina y no he podido irme antes, tengo que dejar el niño en Burgos pues Leticia se va a Sevilla a dar un curso de jueces.

Ya estoy nerviosa, quisiera ya estar ahí mañana. Me iré a Burgos, dejo al niño y el 21 por la tarde estaré contigo. Hoy habrá ido mucha gente a llevar flores a los padres y a los Pepes, pero piensa que yo también estoy ahí con el pensamiento y con toda mi alma. 

Ambrosio, hemos puesto la cocina muy bonita. ¿Te acuerdas de cuando tú la pusiste también muy bonita? y con tu esfuerzo, no con dinero.


3 de abril del 86

Ambrosio de mi alma, ya estamos de vuelta de Semana Santa. Yo estuve en Santoña desde el 21 a las 2 1/2 en el Cementerio. Bueno, tú ya lo sabes. Quise estar a las 3 de la tarde que fue el día y la hora en que te fuiste... y me vine para Burgos 25 Martes Santo pues Josechu se fue a Sevilla con Elvira y Raquel y Álvaro y recogió a María en Madrid. Leticia ya estaba allí trabajando y Cristina. Yo me quedé en Burgos con Chechu y Francisco.

Ambrosio, Ángel ha empezado hoy, 3 del 4 del 86, unas clases para preparar unas oposiciones. Ambrosio, creo que te he pedido de todo en esta vida y mucho más desde que te fuiste pero, Ambrosio mío, hoy te pido, te ruego, te suplico. Ambrosio, dile a Dios –tú que estás más cerca–, que Ángel apruebe estas oposiciones que quizás sean la última oportunidad de su vida y lo necesita de verdad –tú lo sabes–, no tanto por lo económico como por lo moral. Ambrosio, dile a Dios y a nuestra Virgen del Puerto que me ayuden a prometerles que desde hoy cumpliré como mejor pueda como cristiana y para con la iglesia. Pero también necesito ayuda para que no me falle la voluntad. Y te rezaré, Ambrosio, un Padre Nuestro y un Ave María y sigue ayudándonos, sobre todo en la salud de cuerpo y de alma que yo le pedí a nuestra Virgen del Puerto el día que les llevé a bautizar al pie de su altar. Y, ¿por qué no? trabajo, que es importante. El dinero en abundancia creo que es peligroso para el alma.

Ambrosio mío, ayúdame. Ya sé que tú quieres y que piensas que Dios crees que diría que no nos lo merecemos, ya lo sé. Pero tú inténtalo y casi estoy segura que nos lo concederá, pues de verdad que no me puedo quejar. Solo me parece injusto que te llevara a ti.


26 de abril del 86

Ambrosio de mi alma, otro amigo más está contigo. Juanchu se fue. Si tú estuvieses aquí estarías triste pero como estáis juntos estarás bien.

Esta noche he soñado contigo, pero no ha sido un sueño feliz como casi ninguno pero así y con todo quisiera soñar. Por lo menos te veré y estaré contigo entre sueños, Aún tengo el eco de la pena de estar sin ti… 

Ambrosio, no sé si iré el miércoles a Santoña. Si voy te iré a visitar y te contaré muchas cosas y tú me aconsejarás.

Se han ido a Villalba LeticiaMaría y Álvaro. Estoy sola con Natalia pero ella duerme. Luego vendrá Ángel a estudiar, pero estoy sola y cuando me encuentro sola siento la necesidad de estar contigo, de hablar contigo, amor mío.

Ayer mataron a 5 guardias civiles y vi llorar a sus mujeres y sabes que nadie mejor que yo sé lo que sentían y también a las madres.

Ambrosio, de repente me viene a la cabeza la pena y la razón da que... ¿Por que estoy sola?, ¿por qué?. ¿Por qué tuve tan mala suerte?

Acabo de hablar con Puerto, la mujer de Juancho y está triste –como yo–, sin su marido y eso que no era tan bueno como tú conmigo.


6 de mayo 1986

Ambrosio de mi alma, el domingo, o mejor dicho, el sábado fui al cine sola a ver "Memorias de África". Me gustó. Fui sola como hacía cuando me enfadaba contigo y, no sé si fue la película o qué pasó por mí, que salí triste. Pensé que vendrían a buscarme. Sentí la necesidad de estar con alguien que me quisiera y pensé que tú hubieses venido a buscarme y, no sé cómo, te encontraría afuera esperando y… cogidos de la mano nos uniríamos a la gente como unos enamorados más. Pero la realidad es que fui sola y volví sola a casa y sola recorrí las calles que, aunque bulliciosas, me parecían desiertas.

Ambrosio, se casa Manuel con esa chica "Geles" –que tú ya conocías– en el Escorial. Irá toda tu familia menos tú.


21 de may 1986

Amor de mi vida, hoy es 21 de mayo. ¿Y qué es el 23 de mayo? Feria en Solares. Ambrosio, te amaré siempre, todos los días de mi vida… Miro cada rincón de esta casa y no te veo. ¿Por qué voy a decir que te veo si no te veo? ¿Por qué no estás en el sillón del despacho? ¿Por qué no me besas? ¿Por qué?.. ¿Por qué esta casa está sin ti? Si una casa, esta casa tiene una madre… una esposa… una mujer que no tiene marido. Tus hijos no tienen padre y esto no es un hogar feliz. Falta lo más importante, lo principal… Faltas tú… Ambrosio Herrería Aramburu, el padre de Josechu, de Ángel, de Vicente y Leticia. De María. Mi marido, mi amante, mi padre, mi compañero, mi todo porque eso eras tú; el todo de nuestra casa, de nuestras vidas.

Ambrosio vida mía, quisiera que se hubiese parado el tiempo, por ejemplo en 1978, antes de irme de veraneo a Santoña en julio de 1978. Aún éramos felices, aún no sabíamos nada de enfermedades, aún teníamos la vida por delante.

El 23 de mayo cumpliré 58 años, ya tengo 5 más de los que tenías tú cuando te fuiste.

Adiós, amor mío.


8 de junio del 86

Amor de mi vida, ayer se casó tu sobrino Manuel con la novia que tú conociste en Berria aquel verano. Fue mucha gente, fue mucha familia, vino tu hermano y su mujer y su hijaSolo faltabas tú… 

Todos llevaban sus mejores galas pero ni así llegaban a ser todo lo guapo, lo elegante, lo distinguido que eras tú y lo comentamos con los más allegados. Cuca tu prima, por ejemplo, que tanto te admiraba y también se lo comentó a tus hijos

Tus nietas Elvira y Raquel eran las niñas más guapas de la fiesta y más elegantes también. Llevaban unos vestidos preciosos. 

María se quedó en casa pues tenía que estudiar.

Vinieron amigos de Manuel de Santoña y también tuvo un recuerdo para ti un hijo de Solana

Ya pasó el día. Tu nieta me dió un ramo de las flores que adornaban la mesa y yo te lo traje aquí para ponértelo en la mesa del despacho. 

Adiós, amor mío.


18 de junio 86

Ambrosio mío, hoy me he levantado temprano. María estaba estudiando en el cuarto de estar. Eran las 6 y 1/2 de la mañana y el cielo era azul. 

He tomado un café y le he preparado otro a ella y luego en silencio me he tumbado en el sofá y ha pasado una larga historia por mi frente mirando al cielo que, como te digo, era azul y también he mirado las antenas de las televisiones de todos los vecinos –que son muchas– y por ellas vagaban mis pensamientos. Vi escenas de cariño (por no decir amor por si se interpretan de otra forma y mi intención es otra).

Recordaba cuando venías de Oviedo y me encontrabas guapa, cuando tú tenías en tu mente que no era tan guapa como me veías en ese momento. Escenas de celos infundados pues jamás me diste ocasión. Solo era mi imaginación la que me hacía sufrir… He recordado tu sonrisa y tu cara de satisfacción cuando me veías llegar cuando estabas un rato sin verme o después de un enfado y me veías llegar contenta y tú estabas con tus amigos.

En fin, una larga historia de momentos vividos junto a ti…

Hoy voy al dentista, me sacarán una muela. Ya me han sacado otra y un diente, pero me hacía falta. Últimamente tengo muchos dolores.

Ya llega el verano y los exámenes, las preocupaciones, el dónde iré. Iré a Sevilla 15 días con Josechu y los niños (a pasar calor). Luego a Santoña. Ya iré a pasar algunos ratos contigo y te llevaré alguna flor como recuerdo.

Ambrosio, este verano te prometo que empezaremos las obras del panteón. Me lo voy a proponer. Dame fuerzas para enfrentarme.


21 de junio 86

Ambrosio de mi alma, hoy empieza el verano, se fue la primavera, como se fue la primavera de mi vida contigo. Te llevaste en mis últimos años, mis últimos besos y me quedé con mi inmensa soledad inmensa… Y solo me quedaron tus recuerdos que son muchos y preciosos y preciados. Te adoro, vida mía.

Hoy han rodado lágrimas por mis ojos en esta mañana luminosa pero triste. Llega otro verano, otras vacaciones… Y tú no estás conmigo. Amor mío, ¿dónde estás?


26 de junio del 86

Ambrosio, vida mía. ¿Sabes que la bahía que tú tanto quisiste también te está esperando? Y las gaviotas y aquellos atardeceres en el muelle viejo junto a la plaza de toros y, mirando por Montehano, el sol rojo que se escondía después de contemplar nuestro amor… También te están esperando… Y tú no atiendes sus súplicas, tampoco atiendes las mías. ¿Será que estás mejor allá arriba?.. Quizás.

¿Puede ser algo tan importante para ti y ahora tan insignificante para todo y para todos?

Me duele el alma, Ambrosio y soy rara para todos ¿o es que soy vieja quizás? ¿O es que me falta el amor, tu amor? 

¿Sabes que sigo enamorada?


25 de septiembre 86

Ambrosio de mi alma, sigue mi soledad sin ti y la vida sigue y sigue.

Ambrosio, siguen sucediendo cosas. Se fue Silvia donde tú estás. Tú la conociste y sabes lo buena persona que era. La recordaremos siempre.

Se fue Sophiela mujer de tu hijo Ángel. A esta no la conocías pero llegó a ser parte de nuestra familia aunque le hizo mucho daño a nuestro hijo, pero se siente. Era joven, 26 años.

Una nuera de Lituca también dio fin a su vida por su voluntad pero bueno Ambrosio, tú ya lo sabes.

Se pasó el verano, Ambrosio. Lo he pasado bastante tranquila pero esta tranquilidad hace sentirme culpable. Culpable porque si te recordase a todas horas –horas tan tristes–, pues yo estaría triste recordándote. Pero la vida me enseña a vivir sin ti, pero no sin tu recuerdo ni tus gratos recuerdos.

Menchu recuerda a Agustín y yo a ti y nos lo contamos, casi nos quitamos las palabras, pues las dos queremos contar lo buenos que erais con nosotras y lo mucho que os necesitamos.

La pena es siempre la misma. Que todo se acaba antes que la vida una vez y otra. Y sientes de pronto que el mundo se termina. Que de alguna manera se termina y solo existirá ya el presente, sin temor, sin proyecto: y te quedas aterido cuando el amor se va.


30 de septiembre 86

Ambrosio mío, hoy no sé qué recuerdo. Acaso un amor que tuve y se fue como decía aquella canción que oímos juntos y que sabemos que no volverá hoy. Yo cuando escribo esta página siento casi un perfume desvaído que, insegura, me esfuerzo en percibir.

La soledad es como una viuda de ojos tristes y secos que mira por donde su amor se fue y ha llegado el crepúsculo y ya no ve nada.

Ambrosio, hoy ha llamado Vicente y quiere que vayamos a Valencia a pasar unos días con ellos, con nuestro nieto Vicentuco. A mí me gustaría, pero gastaremos dinero y ahora estamos pasando unos días difíciles pues tenemos muchos gastos pero tengo esperanzas.


4 de noviembre 86

Amor de mi vida, no me siento morir. Sencillamente he dejado de sentirme… Esto es lo que pensé este año cuando fui a Santoña por Todos los Santos y te llevé unas flores.

Otros años pensaba: "Pero soy yo la que viene año tras año en este día, ¿por qué? ¡Ambrosio, Ambrosio! mi marido está aquí". Y ahora creo que me estoy acostumbrando y mis ojos están secos y mi alma como muerta. El día era precioso.

Fui con ÁngelLeticia y María al revés que otros años que voy sola. Álvaro se bañó. Le bajó Leticia a la playa. Desde la capilla se veía gente en el agua. "El mundo sigue ahí", pensé… y seguí con mis recuerdos y dejaste tantos y tan buenos que ni aun la muerte detendrá tu vuelo.

Estuve con las de Castañeda que han tenido otra nueva desgracia. A Pedro y su mujer les aplastó un camión en su coche parado, pero ellas repartían flores a sus sirvientas y fueron donde Miliuca Rubio y yo no lo sabía. Te cogí una flor a ti se la llevé a ella. La puse sobre su tumba. Murió este verano, ya tenía 91 años.

Ambrosio, amor mío. Éramos como un árbol con dos quimas y ahora crece el árbol viejo y feo con una sola quima desgajado y triste.


15 de noviembre 86

Amor de mi vida. Perdóname, Ambrosio, por quererte tanto. Por amarte más allá de la muerte, por sentirme sola sin tu amor, por adorar tu recuerdo, por recordarte tanto y tanto… 

No sé qué decirte, solamente eso, que te quiero y te querré mientras viva y que quisiera (vivir) descansar junto a ti para siempre, amén.


16 de noviembre 86

Ambrosio, acabo de oír testimonios en la televisión después de la misa. Testimonios de gente que tiene fe y que Dios les ha hecho ver después de una desgracia, después de la ausencia de un ser querido, sentir que no se han muerto y que viven y en la resurrección.

Yo siempre y, sobre todo cuando tú te fuiste, lo que sentí fue un gran vacío y una gran pena y una gran desesperación.

Y hoy he pensado de repente, "esta gente miente" y es lo que he dicho entre sollozos cuando les oía "Mentiramentira".

Y luego… ¿Por qué Dios no hace ese milagro en mí? ¿por qué no me da esa fe? Y más tarde, poco a poco, he pensado "yo siempre estoy pensando en Ambrosio", pensando en ti amor mío, constantemente y a veces te siento. Noto tu presencia, incluso escucho tus consejos y hasta siento paz. Y pensé "Ambrosio no ha muerto para mí, vive en mi recuerdo y en el de mis hijos y en el recuerdo de los que le quisieron y le recuerdan".

Yo ya sabía que no resucitan y viven como antes pero están vivos en nuestra fe y hay veces que incluso le veo y después de estos pensamientos he llorado amargamente.


15 de diciembre del 86

Ambrosio mío, desde que te fuiste, desde que no te tengo, sé que no soy la que fui. No tengo futuro, vivo de recuerdos. Solo pienso en lo feliz que fui y no me di cuenta. Y las cosas y los días se van sucediendo. Solo tengo preocupaciones con nuestros hijos.

Iba a decir con tus hijos y me he dado cuenta de que no te gustaba que dijera tus hijos sino nuestros hijos.

Tengo muchas preocupaciones y luego no te quito del pensamiento. Ahora he oído cantar a un cantante en la televisión y su canción me parecía hecha para mí y por eso te he empezado tu carta con "desde que te fuiste y desde que no te tengo" no soy la que fui... y me encuentro vieja, gorda, fea. ¡Menos mal que no me ves con los ojos del cuerpo!

Ambrosio, esta Navidad nos iremos a Sevilla si Dios quiere, pero tengo un problema. No sé qué hacer con Ángel que está aquí en casa sin trabajo y pesimista, muy pesimista, –depresivo diría yo–, y no sé qué hacer. Casi, casi me gustaría quedarme con él aunque sé que lo pasaría mejor en Sevilla con mis nietos y por cambiar de ambiente en esta casa sin ti…

Esto me tiene preocupada y no le encuentro solución. Es que ya somos cuatro los que vamos con Josechu. Si Vicente se quisiera llevar a su hermano unos días con ellos, pero ellos irán con los padres de Aleja. En fin, no sé. No encuentro solución.


13 de enero del 87

Ambrosio mío, es curioso. He pensado escribirte hace un rato y he pensado cómo empezar y qué contarte, cuáles eran mis sentimientos hacia ti en estos momentos y he pensado: "Empezaré… Ambrosio mío", y el resto también era igual, igual al del 15 de diciembre. Suelo leer antes de escribirte lo que he puesto el día anterior pues casi siempre pienso lo mismo. Que te amo, que no puedo vivir sin ti y que te recordaré con amor hasta que me muera. Te adoro, vida mía. 

En Sevilla lo he pasado bien. La gente es muy divertida. El tiempo ha sido buenísimo. Sólo a ratos pensaba en Ángel y me entristecía y cuando pensaba en ti no he sentido esa angustia de otras veces. Pensaba que si tú estuvieras también lo pasarías bien he incluso he visto tu sonrisa. Cuando pienso en tu sonrisa recuerdo tus dientes, pero, cuando tenías uno de oro que luego te quitaste pues no se llevaba y era feísimo lucir oro en la boca. O sea, que recuerdo tu sonrisa de hace por lo menos veinte años atrás y no sé por qué tengo esa imagen en mi mente.

Está lloviendo, Ambrosio y hace mucho frío afuera. Ángel y Álvaro duermen calientes en la cama aunque son ya las diez y media de la mañana y yo aprovecho para hablar contigo y pensar en nosotros, en que si estuvieras aquí trabajando en el despacho y yo viendo la tele y haciendo punto, tú me pedirías un cafetuco caliente o una copa de jerez o un caldo para entrar en calor.

Aún no calienta la calefacción pero solo siento el frío de tu ausencia, vida mía, y estos ratos y estas sensaciones, ¿por qué me los ha negado Dios? No sé si es egoísmo pero aunque a otros les sucede da igual y peor, yo pienso en mí, en lo que me falta a mí, a mi vida y no es mucho lo que le pedía a Dios… Tu compañía.

En Sevilla me llevó Cucatu prima, a ver la Macarena. Creo que me miró. Sí, me miró y me escuchó. Le pedí por Pitín que acababan de operarla del cuello y por mi hijo ÁngelLo de Pitín parece que va bien y no es tan malo como se pensaba. De Ángel, de su trabajo aún no sabemos nada pero tengo esperanzas aunque no muchas Ilusiones. Temo a la desilusión.


5 de febrero 87

Ambrosio, creo que lo de Ángel se va arreglando si no sucede lo peor. El lunes se irá a Valencia para allí embarcar y empezar a trabajar. El barco se llama Socorrito.

Te lo cuento a ti el primero porque sé que te alegrarás tanto como yo.

Se lo pedí a la Virgen del Puerto, se lo pedía a Dios, se lo pedí a la Macarena en Sevilla y te lo pedía a ti que también habrás puesto tu grano de arena y no sé decir gracias porque es algo más lo que siento. ¿Sabes, Ambrosio, que en vez de estar contenta siento como una angustia que no me deja ser feliz? Después de tres años esperando este día.

Me he parado a pensar, he leído unas pocas páginas de estos recuerdos anios y he tenido que llorar, llamarte y decir "Ambrosio vida mía" y, mirando los cuadros del cuarto de estar, he dicho –me ha salido del alma–, "¡Cuántos recuerdos en estas paredes!"


8 de febrero 1987

Ambrosio mío, ya se fue Ángel antes de lo que te dije. Se fue el viernes y no a Valencia. Se fue a Tarragona. Iba contento pero triste. Yo impaciente como si lo tomara con calma se nos iría escapar pero luego cuando se fue pasé un día fatal. En vez de estar contenta después de tres años de angustia y de espera creí que me pondría a dar saltos de alegría pero no. Me dolía de todo, me entró una angustia y una depresión… Menos mal que Leticia no trabajaba por la tarde y por lo menos se lo podía contar. Tomé de todo. Tila, bicarbonato... En fin, ya pasó. Ya sabes que me solía pasar después de una gran tensión.

Ambrosio dentro de cuatro días, el 14 de este mes hará 34 años que nos casamos y 8 que lo celebro yo sola y lo celebro pensando en ti y llorando y poniéndome triste y, sobre todo, pensando en ti y en aquel día y en lo felices que éramos. 

En este día no podré ir. Cada vez se me hace más difícil. Leticia se ha ido a la nieve a esquiar con sus niñas de La Moraleja y no vuelve hasta el domingo 15. Ya no me importa, desde aquí te recordaré lo mismo y poco a poco me voy a acostumbrando a que me tengo que conformar solo con tus recuerdos felices de otros tiempos porque tú sabes que no tengo futuro. Estos días está conmigo Vicentuco, el hijo de nuestro hijo Vicente, él se ha ido con su mujer a Santoña. Hoy volverá. Se fue el viernes así que estoy con ÁlvaroVicentucoMaría y entre los tres me vuelven medio loca, pero sin ellos estaría muy sola.


14 de febrero 87

Ambrosio, hoy hace 34 años. Un recuerdo especial para ti        Lines


15 febrero 87

Ambrosio de mi alma, ayer fue un día raro para mí. Después de estar pensando en este día un mes antes y otros muchos días al año ayer me levanté y no pensé en nada. Estaba esperando a Leticia que venía de la nieve –de Cerler–, que hacía ocho días que se fue y quizás esto me hizo olvidarme por completo, y al oír por televisión repetir insistentemente en el día de los enamorados no me daba por aludida. Eso no iba para mí. A la hora de comer María me felicitó. Por la tarde me llamó ÁngelLeticia cuando llegó. Josechu y Vicente se olvidaron aunque sé que en algún momento se acordaron.

Pero yo sé que sigo enamorada de ti, pero me doy cuenta que ya estoy asumiendo mi estado de soledad y de que tú ya no estás a mi lado pero te amo, vida mía, y por la noche en la cama tuve un recuerdo para ti y recé...


21 de febrero 87

Alma mía, siento como si nuestro amor fuese imposible como cuando éramos jóvenes y no nos dejaban que nos viésemos y nos escribíamos cartas y tú por la noche me tirabas a la ventana, en vez de piedrecitas, caramelos al salir de la confitería que tenías en aquella época y yo casi dormida me daba un vuelco el corazón y me asomaba. Te veía, me tirabas un beso y luego, feliz, me dormía otra vez. Anoche he soñado contigo. Casi diría toda la noche pues me despertaba y me volvía a dormir. Era un sueño feliz, como a mí me gustan. También soñé que tu madre nos escribía una carta y vi que su letra era irregular y pensé que como era ya muy mayor ya la letra le salía mal. Nosotros éramos jóvenes aunque no adolescentes, estábamos casados ya y ella nos mandaba algún regalo.

Ambrosio, hoy es 21 y se cumplen meses. Solo falta uno para los ocho años. Aunque aún me parezca que fue ayer cuando te fuiste pues tan fuertes son los recuerdos. Hoy es sábado y estarías en la cama leyendo después de que yo te llevase el desayuno y nuestros hijos deambulaban por la casa y nosotros ajenos y solo pensando en que nos queríamos y en qué haríamos hoy. Y hoy, ¿qué haré yo sin ti? La verdad es que ya me voy a acostumbrando a estar sin ti, sin tus caricias y hasta sin nuestras peleas y pasan los días insulsos y tristes, a ratos alegres con las cosas de nuestros nietos.

Álvaro me está diciendo –viendo tu fotografía– que te quiere muchísimo. Le gustas más sin barba pues con la barba dice que estás enfadoso, te ve más serio y eso no le gusta.


24 de febrero 87

Ambrosio de mi alma, estoy sola en casa. Es un día gris. Creo que va a nevar y mi ánimo también está gris. Leticia está trabajando. María y Álvaro en el colegio y yo no he salido por el día que hace y por no tener dinero ni para coger un autobús. Tengo que bajar al banco.

He puesto en el cassette una cinta de las últimas Navidades. He escuchado tu voz y he recordado aquel día y una larga historia..

Tu voz sonaba serena y grave, la de Vicente y mía chillona y fuerte, la de Josechu tranquila, María mimosa, Leticia reconciliadora y hasta el ladrido de Kira o "Fierosa" como la llamaba Vicente. El enfado de Ángel, la timidez de Cristina y el fondo de voz del Papa y los cantos litúrgicos. No olvidaré cada uno de los regalos de aquel día.

Yo presentía que serían las últimas Navidades y quería mostrarme tan tranquila. Creo que me porté bien y tú... ¿Tú qué pensarías? Tendrías esperanzas y temores y no nos lo podíamos comunicar. Yo si hubiese sido la enferma tú me consolarías porque yo me quejaría pero tú, tú no te quejabas…


27 de febrero 87

Ambrosio, cada vez estoy más nerviosa y deprimida, amor mío, pero tú no sufras… Ya sé que lo ves de otra manera desde allá arriba. No sé qué me pasa, si estaré enferma o quizás es que el viacrucis de tu enfermedad lo revivo una y mil veces pero ya está cerca el final.

Ambrosio, he estado escuchando al conjunto Mocedades una canción que ya creo te lo he contado otra vez

y ahora en silencio, amor.
quiero llorar mi llanto. 

Hoy vienen a verme Fernando Durante y su mujer Mary. Hace mucho que no venían, quisiera no entristecerlos con mis problemas y les contaré justo lo que me pregunten y quieran saber de nosotros.


28 - 2 - 87

Ambrosio, hoy hace 63 años se casaron mis padres. Es un día especial.


6 de marzo 87

Ambrosio mío, perdóname, por favor, perdóname. He mirado tu foto con barba que te hicieron en Oviedo y de repente –bueno, de repente no– primero me he sentido mal, luego triste y por último te he mirado y he pensado que te fuiste para castigarme, para que estuviese sola sin ti y me muriese de pena. 

Estoy sola, amor mío, me encuentro como el primer día que te fuiste. Sola. Sola, muy sola y angustiada.


23 de marzo

Ambrosio, anoche llegué de Santoña después de estar contigo. La tarde estaba soleada y el cielo azul. Te di los 61 besos de rigor. Te besé en los ojos, en la frente, en la boca, en la cabeza y otra vez en los ojos y así hasta 61. Te puse flores que encontré al pie de las paredes de la finca de Valla y otras margaritas que cogí en el cementerio y otra vez acudía nuestra cita. 

Luego el 21 llovió y –cosa curiosa que no pensaba sucediese pues casi ya me iba a Santander el sábado 21– pero tuve que ir a enseñar la casa de Juan de la Cosa a unos vascos y a las tres en punto llegué. A la misma hora y mismo día que en aquella casa me dejaste sola… 

No sé cuándo dejaré de pensar en ti con esta fuerza y este amor que nos tuvimos, creo que nunca.

Aunque a veces piense con serenidad pero al otro día retrocedo y sufro, lloro y me angustio. Creo que soy débil y no me sé dominar.

Ambrosio, sé que tú me miras y me quieres como se quiere desde allá.


30 de marzo 87

Ambrosio, vida mía. Ayer llegue con María de Zaragoza. Se casó tu sobrina Carmelina, estuvimos casi toda la familia juntos y todo resultó bien. Vicente y Aleja también estuvieron.

Ambrosio, si solo se vive el tiempo que se ama, yo también estoy muerta. 

Y cuando pedían en la misa de los desposados por los que sufren enfermedades... por los que buscan casa... por los esposos separados por su trabajo... pensé en nuestros hijos y cuando pidieron por los que no tienen quien los ame pensé en mí y en mi vida sin amor…

Amé mucho, señor, y muchas horas. Mas sufrí por más tiempo todavía.


7 de abril del 87

Ambrosio mío, la música me pone triste. Las canciones me traen recuerdos… Ahora acabo de escuchar una canción de tus preferidas como me dijiste un día… Recuerdo que íbamos en coche con el radio cassette y una cinta de María Dolores Pradera

y el tiempo que te quede libre 
si te es posible 
dedícalo a mí 
no importa que sean dos minutos 
aunque sea uno solo dedícalo a mí 

Yo te dedico todos los minutos del día pues ni uno solo me pertenece, todo gira alrededor de tu memoria y llenas todas mis horas vacías.

No tengo nada más que cerrar los ojos y veo tu imagen y si quiero que no sea triste te imagino sentado frente a mí, cierro los ojos y te veo con la mano izquierda mesándote la barba, con la derecha sosteniendo un libro y tu cara serena leyendo y leyendo. Era tu pose preferida y de vez en cuando levantar la mirada, mirarme y levantar la ceja y sonreír. Eran momentos felices. 

Hoy se ha ido Álvaro llorando al colegio y me ha dejado triste. Añora a su madre pero si yo estoy con él llega a olvidar a su madre o por lo menos lo amortiguamos.

Estoy con las chaquetas de tus nietas y ya llegamos al final. Se las llevaré el lunes cuando me lleve Josechu para pasar la Semana Santa a Sevilla. No llegaré para que las estrenen el domingo de Ramos.


9 de abril del 87

Ambrosio mío, acabo de oír cantar a Rocío Jurado una canción que me ha hecho recordar otros días, otros momentos 

abrázame con la misma fuerza
de la primera vez 

más o menos es así y yo he pensado con lágrimas en los ojos, Ambrosio te veo con los ojos del alma y he sentido con fuerza y con dolor que no era verdad que me abrazabas pero yo lo sentía o lo deseaba con fuerza. Abrázame, Ambrosio, solo abrázame, –solo eso– con fuerza, como cuando venías de viaje o llegabas a casa después del trabajo y me abrazabas que casi me hacías daño.

Abrázame, Ambrosio, como si fuese la primera vez… 

Ya sé que hay cosas que se van y no vuelven, que hay momentos que no se repiten jamás, pero para eso están nuestros recuerdos y, a veces, recordar es volver a vivir.

No tener a nadie que te quiera, que te escuche, que te abrace es como vivir sola en un desierto sin más testigos que el cielo y tu soledad inmensa.


24 de abril 87

Ambrosio mío, pasado mañana me voy a Italia. Voy con Manoli y Maru y mucha gente, Es una excursión. Estoy impaciente por ir, es una nación a la que me gustaba ir y como no es un sitio en el que había estado contigo no tengo ningún recuerdo. Cuando fuimos a Francia, Alemania, Suiza y Austria se nos quedó en el camino Italia pero eran ya muchos días y tenías que trabajar. ¡Cuánto me acuerdo de aquel viaje! Resultó todo bien. Veremos cómo será éste. Creo que también nos llevan a Milán. Veré a San Ambrosio. Sé que me acordaré todo el tiempo de ti, amor mío.


10 de mayo del 87

Ambrosio querido, ya he vuelto de Italia y para qué decirte que no te separaste de mí ni un minuto. ¡Cuánto te hubiera gustado verlo! ¡Todo era tan bonito! En Milán llegué tarde y no abrían hasta por la tarde y por la tarde continuábamos viaje. No quise pararme a pensar en la pena o rabia que me dio después de ir tan lejos y que seguramente no volveré más.

Todo resultó bien, tú lo sabes porque estuviste conmigo y cuando subíamos a aquel hotel en Montecatini y pasé tanto miedo yo te rogué que nos cuidases y así fue. Gracias, amor mío. Y no es que no quisiera irme contigo –que sabes que lo deseo–, pero pienso en Álvaro que es muy chico y no tiene padre y se iba a quedar muy solo y sin mis caricias.


6 de junio del 87

Ambrosio de mi alma, amanece un día precioso. Parece que todo está contento y yo sigo envuelta en las sombras. Sigo sin ti, sigo sin verte con los ojos que siguen en la sombra. Yo sigo sin tu amor. 

Ambrosio, no tengas pena por lo que te digo. A veces es porque me he puesto las gafas negras. Tú ya sabes que todo es del color con que se mira. Pero estoy mejor, me estoy acostumbrando a verlo todo mejor. Me estoy acostumbrando a estar sin ti aunque hay días que retrocedo con mis recuerdos y casi, casi te veo y te toco y entonces es como si partiéramos de cero en mis recuerdos.

Te adoro, vida mía. Adoro tu recuerdo que me hizo tan feliz. Te adoro a ti.

Llegan otras votaciones y tengo otra vez que ir sola y sin tus consejos, pero sé que lo que voy a hacer es lo que tú harías.

Ambrosio, vida mía, llega otro verano, ya son 9 veranos sin ti. 

Ahora iré hacia el 12 o 13 y pasaré unos días limpiando las casas pues la de Juan de la Cosa la he alquilado.


23 junio del 87

Ambrosio de mi alma, tu recuerdo vive conmigo y caminamos juntos…

Ambrosio, tus hermanos forman una parte de mis recuerdos que me unen a ti y Pitín está mal. Ayer fui a verla y me quedé muy triste. Su aspecto no era muy bueno, no quiero pensar más. 

             Adiós, amor mío.


11 de septiembre del 87

Ambrosio mío, aquí estoy otra vez para contarte mis cosas. Te decía que Pitín no estaba muy bien pero ahora tengo que darte una alegría, Pitín va mejor, gracias a Dios.

Ambrosio, María se fue a América. Allí cumplirá los 18 años lejos de nosotros. Dios quiera le vaya bien y venga con todos sus sueños y los míos cumplidos, cuídala tú también.

Vicente tuvo un accidente el otro día de moto pero gracias a Dios no pasó lo peor. Creo que tú y la Virgen del Puerto cuidasteis de él. Hoy ha pasado Josechu por aquí camino de Sevilla. Creo que ya no pasará muchas veces pues piensa pronto irse definitivamente. Me alegro por él y por los niños pero nosotros le veremos menos. Pasó el verano, Ambrosio, no ha sido mal verano. Todos lo hemos pasado bien y tranquilos en lo que cabe.

En Santoña ahora están en las fiestas de la Virgen del Puerto. Yo me vine antes por el viaje de María que se fue el 5 de septiembre. Creo que iré para el 12 de octubre que habrá una gran fiesta en Santoña con la llegada de María Galante.


24 de septiembre 87

Ambrosio mío, nunca amaré a nadie como te amo a ti. Nunca podré querer a nadie como te quise a ti y nunca necesitaré a nadie como te necesito a ti y nunca moriré de pena como se murió mi ilusión y mi futuro cuando te fuiste.

Ambrosio, vida mía. 

Pensar que no te tengo; sentir que te he perdido.


29 de septiembre 1987

Ambrosio de mi alma, aunque yo te quisiera olvidar no podría. No puedo renunciar a tus caricias, no puedo dejar de oír tu voz cálida y serena y no podría olvidar unos ojos como los tuyos, de triste mirar pero tranquilizadores como ninguno, amorosos y tiernos.

Ambrosio, no puedo olvidarte ni dejar de recordarte una y otra vez durante el día y durante años más allá de la vida.

Dejaste una huella tan honda en mi alma que te recordaré siempre, siempre…



Ambrosio, hoy no pongo fecha porque es un sentimiento de todos los días de mi vida desde que te fuiste.

Ven, Ambrosio, ven un poquito cerca de mí. Déjame coger tu mano siempre cálida y déjame recostar mi cabeza en tu pecho, déjame… Ambrosio déjame y que mis ojos dejen correr muchas, muchas lágrimas y que caigan y empapen tu camisa como las que ahora me caen y no me dejan ver lo que estoy escribiendo. Y tú, bésame en la cabeza como hacías… Ambrosio, vida mía y si no los días no tienen final.


7 de noviembre 87

Ambrosio de mi alma, estuve en Santoña por Todos los Santos. Te llevé unas margaritas como las que deshojábamos por cerca de la plaza de toros, pero no deshoje ninguna ¿Para qué? ¿Qué me iban a decir que yo no supiese…?

Ambrosio, estoy pensando… ¿Qué fuimos nosotros? ¿Quiénes éramos cuando vivimos juntos? ¡Vivimos juntos alguna vez? ¿Por qué? ¿Era verdad aquello? ¿Fuimos felices? ¿Tú me querías? ¿Yo te adoraba? ¿Eras de verdad? ¿0 todo fue un sueño? ¿Quién soy yo? y... ¿Dónde estás tú?


24 de noviembre del 87

Ambrosio mío, ¡Para qué decirte lo mucho que pensé en ti el día 22 que estuve en Santoña!

Llegó la "María Galante" y no estabas tú. Yo lo vi por los dos. Fue muy bonito –por no decir grandioso– y pensé que por qué tú no podías ver aquello que tú más que nadie lo disfrutarías. Vi tus ojos risueños y húmedos. ¿Quedan muchas cosas bonitas por ver? Pienso que fue hermoso lo que pasamos juntos más que lo que tiene que venir…

Fue el santo de tía Ceci y también celebramos sus 80 años. Está muy bien de salud, de humor, de todo. ¡Quién estuviera así a esa edad!

Fuimos 13 sobrinos de los 15 que ella tiene y sus mujeres y maridos y algún sobrino nieto. En total treinta y seis o treinta y ocho, no lo sé seguro.

Fue un día completísimo. De esta casa sólo estuvimos Ángel y yo y tú en nuestra mente pues sé seguro que Ángel también se acordó de ti.


14 de diciembre 1987

Queridísimo Ambrosio, como muchas tardes, cuando las sombras de la noche entran por la ventana y las paredes se visten de luto –y mi alma también– hoy siento estas sombras dentro de mí… pensando en la Navidad que se acerca. ¿Qué Navidad será ésta todo separados? Tú te fuiste y no fui capaz de que todos nos reuniésemos en esta casa, que todo siguiese igual como cuando tú estabas pero sentí miedo y me fui… ¡Qué pena Ambrosio! Mi alma se entristece, se llena de sombras y no sé si es por falta de casa grande, o quizás de dinero para poder hacer regalos a todos o si es por falta de calor… de amor… No sé, pero me gustaría estar todos juntos, pero estoy cansada. Creo que necesito salir de este ambiente y además tengo que hacer un poco lo que las circunstancias mandan.

Ambrosio, es que a veces no me dices nada, no me aconsejas, no siento tu pensamiento. ¿O es que es esto lo que debo hacer? ¿Tú vendrás conmigo? Me quisiera morir y ya sé que esto que siento es una cobardía y de que debo seguir hasta donde Dios quiera.


11 de enero del 88

Ambrosio mío, otro Año Nuevo, que escribo sola sin ti… Fuiste mi compañero inseparable durante 26 años de casados y cinco de novios y siempre pensamos que envejeceríamos juntos. Ya, ya sé que esto te lo he puesto en otra carta y de que ya no hay remedio. Es que quiero contártelo otra vez, pues creo que cada vez es diferente. Fuiste mi compañero, mi amante, mi marido, mi amigo, mi consejero, al que se le puede contar todo. Para ti tenía el pecho de cristal y no es una frase. Tú lo sabes muy bien, no teníamos secretos el uno para el otro aunque a veces recelásemos. Creo que era porque nos queríamos demasiado y no queríamos compartir nuestro amor con nadie. 

Ambrosio, pasé la Navidad en Sevilla. Lo pasé bastante tranquila aunque con la pena de no tener a María ni a Leticia y sobre todo a Alvaruco. No sé si él se habrá acordado de mí aunque seguro que no tanto como yo de él. Si supieses que son sus besos y sus abrazos los únicos que me alientan para seguir y seguir por esta vida. Ahora está en EEUU. Mañana llega y me abrazará fuerte, muy fuerte. Casi me hace daño como me hacías tú y que yo te decía Ambrosio, que me vas a partir la espalda…

Llamo Navidad a estos días porque todo el mundo lo dice.

Ambrosio, todos estos pensamientos, que aunque sé que tu cuerpo no está con nosotros tu recuerdo es tan fuerte que aún se encuentra entre nosotros vivo, como la vida misma y hay veces que pienso que vas a volver. Si no, ¿como iba a seguir viviendo...? Sin tu presencia, si no física, tus recuerdos lo llenan todo.


6 de febrero 88

Ambrosio, te sigo escribiendo porque quiero seguir de algún modo cerca de ti aunque tú ya no te acuerdes de mí ni de tus hijos. Es duro, pero antes nos ayudabas más. No sé si es que ya no merecemos que hagas nada por nosotros o si Dios se cansó de escucharte o de escucharnos pues solo sabemos pedir y pedir y de ofrecer algo a cambio... de eso no entendemos mucho y, claro, es justo y me doy cuenta. Vuestra paciencia –aunque sé que la de Dios es infinita– y no me puedo quejar... y pedirte por tu hijo Ángel ¿Crees (que sería pedirte también por mi tranquilidad) y qué sería egoísmo? y si yo no merezco esa paz y tranquilidad, ¿qué culpa tiene él?


15 de febrero del 88

Ayer, Ambrosio mío, no te escribí nada pero fue nuestro 35 aniversario y te contaré cómo pasó el día: Después de desayunar puse la televisión y empezaba la misa. Pensé en que hace 35 años yo estaría nerviosa. Miré el reloj. No, todavía no me estaría arreglando, poniéndome en mi vestido blanco que lo tenía colgado en la lámpara del cuarto de mis padres que luego sería el nuestro durante el primer año de casados hasta que nos fuimos a nuestra casa. 

Y, de repente, pensé "Voy a encender una vela… Bajaré a por flores. No voy a esperar a que me las regalen, quizás no se les ocurra o no se acuerden".

Bajé y pensé en una planta con flores que tanto me gustan pero fui egoísta y luego pensé en ti, en que un ramo de flores te podría llevar con el pensamiento pues nos separan 400 kilómetros. Pensé en rosas, pregunté el precio –pues los claveles no me gustan mucho–, no llevaba suficiente dinero pero para seis rosas sí. Al final no sé qué me pasó y dije que claveles. No sabía si blancos por el día de nuestra boda o rojos por nuestro amor y compré mitad y mitad. Me regalaron una rosa roja y la puse aparte en otro florero para ti y los claveles para los dos. 

Pasé el día sola pues se fue Leticia el niño porque vino una amiga japonesa y tenía que enseñarla Madrid.

Fui a misa de 2 a nuestra parroquia de los peces. Recé por ti, recé por los dos. Fue un día –más que triste– angustioso. No se pasan las penas. A solas creo que sufro más. Cogí nuestro álbum de fotos y recordé cada una de ellas, cuándo nos las hicimos y pasó una larga historia por mi cabeza pero fui feliz porque felices eran los recuerdos. Al salir de misa me compré unos croasans y agujas de ternera para comer, no tenía ganas de guisar, y así ya sabes que los nervios me dan por comer. Luego por la tarde me llamó Ángel el primero. Luego María desde EEUU y hablamos mucho. Ella le había recomendado a una amiga aquí en España que me mandase flores pero la amiga llamó por la noche que se había hecho un lío pues María le encargó jazmines y no había y, al final, no me mandó nada pero la intención vale. Por la noche llamó Josechu a Vicente no sé. No llamó o él me contará qué pasó.

Y así pasó un día que mirando las fotos pensé: "¿Quién me iba a decir que 35 años después yo sola... en una habitación de una casa en Madrid recordaría un día que fue tan feliz para los dos? y sentí un vacío que no puedo explicarlo. Me gusta que mis hijos se acuerdan de este día, pero cuando me dicen "Felicidades, mamá" no sé lo que siento. Ellos sé que también les suena raro decirme "felicidades" cuando saben que no soy feliz ni lo seré nunca ya sin ti.


25 – 2 – 88

Ambrosio, vida mía. Ya no puedo más. Te necesito, Ambrosio. Cada día te necesito más. Necesito tenerte a mi lado, me haces falta. Tú remediarías todos mis problemas. Me siento sola, sola, una soledad inmensa. Estoy llorando desconsoladamente, estoy angustiada. Casi me siento enferma. Ayer me pasó igual, por la tarde fui al cine pero ya en el autobús de vuelta me di cuenta de que solo estuve distraída unos pocos minutos, que sigo tan sola como antes, como hace nueve años. Después de haberte querido tanto me encuentre tan sola como me encuentro yo en un rincón del alma donde guardo la pena de estar sin ti.


5 de marzo del 88

Los días avanzan y se alejan.

Pienso que esto quiere decir que tú estás cada vez más cerca de mí. Ambrosio… Pero ¿es verdad que un día estuviste en esta casa, estuviste conmigo sentado donde estoy sentada yo y que tú me querías y tú me mirabas y luego me cogías de la mano y no estábamos un beso? Todo eso fue verdad en un tiempo que ya se fue. Se fue para dejarme sola, muy sola...

Ambrosio, ya están casi todos a los que tú quisiste en este mundo. Ya se fue Luis Herrería y Luisa estará sola, muy sola. Triste, muy triste y para siempre. 

Déjame llorar, mi amor, y déjame recordar y llorar con mis recuerdos. Sé que desde que te fuiste mi vida cambió. Tú estarás feliz junto a los justos. Déjame compartir tu alegría y tu felicidad.


16 de marzo del 88

Ambrosio de mi alma, me duele todo. La cabeza, el cuerpo, hasta el alma. Esta noche he soñado contigo y he sufrido mucho. No me querías, te era indiferente y ya sé que los sueños sueños son pero estos días estoy depresiva y triste, muy triste. Iré a Santoña como cada año por estas fechas porque es tu cumpleaños. Cumple 62 años. Ahora sí que vamos para viejos, Ambrosio.

Pero estoy triste porque allí me espera un hijo impaciente para que de algún modo yo le solucione su vida que está rota de alguna manera. Él no tiene trabajo, él está solo. A él no le quieren en este momento como él quisiera que le quisieran y que le amasen. A él todo le está saliendo mal y me necesita. Y yo… no quiero más problemas y no quiero más penas. Que egoísmo por mi parte y creo que necesito solo que me quieran a mí, que me ayuden a mí.


12 de abril del 88

Ambrosio querido, fui a Santoña y te puse unas margaritas que cogí por el campo y te besé. Sí, te bese 62 veces. Cerré los ojos y vi tu boca, tus ojos, tu cara, tus manos y los besé y besé tu boca y tus ojos y tu cara, tu frente, tu pelo. No lloré como otro día de tu santo que mis lágrimas no me dejaban ver tu cara, tu recuerdo… 

Ambrosio, me traje a Ángel para Madrid y luego se fue a Las Palmas de Gran Canaria y allí está. Tiene trabajo. Dios le ayude, lo necesita. 

Estuve en Sevilla esta Semana Santa. Estuvieron también Vicente y Aleja con sus hijos y digo con sus hijos y es porque tienen otro. Se llama José y está muy rico. Ya tienes 7 nietos.

¡Ay, Ambrosio! ¡Cómo la gozarías con verlos, con besarlos! Yo los suelo dar dos besos cuando los beso y uno es tuyo. Es injusto que tú no lo puedas hacer, tú los querrías muchísimo.

Ya sólo faltan dos meses para que llegue María y ahora sí que se me está haciendo muy largo. Me gustaría ver la graduación pero cuesta mucho dinero y por ahora no tengo ni intención, solo esperanza. 

Ambrosio, ¿tú crees que disfruto de esta vida como si tú estuvieras conmigo? ¡Ay, amor mío! Déjame repetir como en el tren expreso de Campoamor. Amé mucho Señor, y muchas horas, mas sufrí por más tiempo todavía.


5 - 5 - 88

Ambrosio de mi alma, cada día que pasa, cada minuto sé que te amo más y más y que no tengo más recuerdos que los tuyos. De lo bueno que fuiste conmigo, la paz que sentía a tu lado y la tranquilidad, tu protección y ahora me siento… Creo yo como un niño al nacer a la vida. Desprotegido, solo, con frío y se consuela cuando su madre le abraza y lo besa. Yo no puedo sentir esto último. 

Tengo solo a nuestros hijos que sólo siento que los recuerdos tuyos se hacen realidad pero sigo sintiendo desprotección. Sigo sintiendo frío... sigo estando sola...


12 de mayo del 88

Ambrosio mío, probablemente ya de mí te has olvidado y sin embargo yo te seguiré esperando. No me he querido ir para ver si algún día que tú quieras volver me encuentres todavía. Por eso aún estoy en el lugar de siempre, en la misma ciudad y con la misma gente, para que tú al volver... me encuentres todavía. Para que tú al volver no encuentres nada extraño y sea como ayer, y nunca más dejarnos. Probablemente estoy pidiendo demasiado, se me olvidó otra vez que sólo yo te quise...


19 de mayo 1988

Ambrosio de mi alma, ¿Cómo pueden decir que ya hace 9 años que te fuiste? ¿Cómo pueden decirlo? Si a mí me parece que fue ayer cuando te fuiste, cuando me dejaste tan sola. ¿Quizás no te querían tanto como yo? ¿Quizás ya no te necesitan? ¿Quizás se han dado cuenta de que ya no volverás? ¿No tienen suficientes recuerdos queridos y agradables para seguir queriéndote? ¿Seguir recordándote? ¿Seguir necesitándote? ¿Seguir esperándote? Algún día, estoy segura, estaremos todos juntos y con nuestros nietos somos más. Ambrosio, somos más y seremos felices algún día. 

Solo sé que no sé nada, que si yo estoy equivocada, si debo olvidarte, si debo vivir sin recuerdos o si debo morirme, no lo sé. Pero quiero seguir, mi amor, quiero seguir amándote más allá de la muerte. Quiero seguir recordándote. Tus recuerdos me ayudan a seguir viviendo con penas o sin ellas pero hasta el fin. Hasta que nos reunamos en el cielo.

 Y cogidos de la mano, corazón, en un rincón del cielo.


27 de mayo 88

Querido Ambrosio, se acaba mayo.

Mañana iré a Santoña. Iré a estar contigo, con tus recuerdos, con nuestros recuerdos. Mayo era un mes hermoso para nosotros. Las margaritas estaban pletóricas y nos decían que sí… 

Tengo en la ventana un rosal que me ha dado una rosa roja como la que pedía la chica del cuento de Oscar Wilde "El ruiseñor y la rosa" que tú me leyeras aquellos atardeceres de junio en la cantera de piedra roja donde los depósitos cerca del Hospitalillo y que nunca olvidaré. La meteré en estas páginas para ti, amor mío. 

Mi hermana celebra su 25 aniversario. Que lo disfrute hasta que le lleguen las de oro, que a nosotros poco nos duró, 9.400 días. Y cuando el 21 de marzo empezaba la primavera te fuiste. 

                      Adiós, amor mío,… Adiós.

 

4 de junio del 88

Ambrosio de mi alma, cada día que vivo es un día menos que me acerca a la muerte y me acerca a ti. Te quiero, Ambrosio. Te quiero.

Hoy he sentido arrepentimiento de no cuidarte tan bien como yo quisiera ahora pero ya es tarde y mi alma se muere de dolor.

Ambrosio mío, no importa que que tú no estés aquí; tú estás donde está mi pensamiento y es constante mi pensamiento como constante es mi amor.

La noche se ha colado por la ventana, estoy sola y así, escribiéndote, estoy más cerca de ti y te cuento a mis cuitas. Te quiero, amor mío. Estoy muy sola aunque sé que estás conmigo. La casa no ha cambiado demasiado desde que te fuiste. Solo ha aumentado la familia. Ya son 7 nietos, Ambrosio. ¿Quieres que te los nombre? Elvira es la mayor, nuestra primera nieta. Tú casi, casi la conociste. Ellos te nombran algunas veces. ¿Si te conociesen? Ambrosio, te querrían más que a mí pues tú eras paciente con todos y cariñoso. Yo soy más brusca aunque también sé querer. Es preciosa, Ambrosio y muy lista. Raquel, la segunda, es como una flor delicada. Ella me decía un día que te fuiste porque fumabas mucho, seguramente lo oyó a los mayores. Ambrosio José (Chechu) es muy mimoso, me gusta su carácter, creo que aunque tenga muchos años seguirá siendo un niño grande. Vicente (Vicentuco) tiene unos ojos negros como los tuyos, es ingenuo y cariñoso. A Francisco le gusta jugar solo, se entretiene solo, disfruta con cualquier juguete, es el pequeño de la casa y es mimosón. Álvaro es casi como mi hijo, es despierto y adorable. José es el más pequeño. Todos le hemos acogido con cariño. Hacía cuatro años que no teníamos un bebé entre las manos. Se ríe mucho y mueve sus manos como moviendo una batuta; como te gustaba hacer a ti cuando íbamos en coche y sonaba una música clásica y soltabas el volante, ¿te acuerdas?

Y llegarán más. No sé si los conoceré a todos, pero ya sé lo que es un beso de un nieto y cuando me abrazan fuerte, muy fuerte y como si me abrazases tú.


7 de junio 88

Ambrosio de mi alma, quiero que vuelvas, quiero que estés aquí conmigo, quiero tenerte, tener novio. Recuerdo aquellos días y los necesito con fuerza. Quiero tener marido. No olvido aquellos años tan felices. Te necesito con fuerza. Te quiero, te amo, te deseo. Ven, por favor. Esta casa ya no es lo mismo. Quizás tus hijos sean los beneficiados o quizás los perjudicados. Digo los beneficiados porque creo que ahora me dedico más a ellos y digo los perjudicados porque ellos te necesitan, también con fuerza, como yo. Te necesitan, Ambrosio. Aunque a veces no se den cuenta pero su vida sería otra. Sería mejor.

tus nietos tendrían un abuelo adorable, tierno, cariñoso, paciente y todos seríamos más felices.


20 de octubre 1988

Amor de mi vida, hace mucho que no te cuento cosas y eso es señal de que todo ha ido bien, que mi ánimo ha estado más o menos tranquilo, pues creo que soy egoísta y sigo como cuando te tenía a mi lado, queriendo que me consueles cuando sufro, que me escuches cuando te hablo, que me quieras cuando necesito cariño y que me comprendas cuando necesito comprensión. No me siento un bicho raro por ello. Todos somos un poco así pero yo tuve la suerte de tener todas estas cosas durante un tiempo largo pero que ahora se me antoja que fue corto, que aún te quisiera tener a mi lado y hoy precisamente te quisiera tener a mi lado para contarte no solo penas o problemas. 

Anoche vi una cosa muy curiosa. Estaba tendiendo ropa, eran las once y media de la noche. De repente oí graznar de patos y no me dio tiempo a reaccionar. Miré hacia las ventanas de los vecinos y luego al cielo que era desde donde venían esos ruidos casi ensordecedores. Iban bastante bajos por encima del tejado. Iban en forma de "V", como van siempre que van muchos juntos, como cuando se van a sitios más cálidos a pasar el invierno. Pero estaban muy bajos y los veía grandes, de un color canela claro luminoso. Me emocionó verlos por ese trozo pequeño de cielo que se ve por nuestro patio de la cocina y quizás por ello me parecieron grandes y porque iban muy bajos y porque graznaban mucho y fuerte. Recuerdo que repetí varias veces en alto: "¿qué estoy viendo? ¿qué estoy viendo?" y corrí a contárselo a María que estaba en su cuarto estudiando. Luego volví y no sé por qué volví a mirar el mismo trozo de cielo y aún me sorprendió más. El cielo estaba totalmente negro y pensé que sería difícil ver algún pájaro volar y por qué vi tan bien a los patos como si un foco los iluminara, no sé. Tú me lo explicarías bien...


30 de octubre 88

Querido mío, mañana voy a Santoña para estar contigo, te llevaré unas flores.

Ambrosio, es nuestra cita rigurosa y fija y así quiero que sea; aunque me gusta más cuando voy cualquier día sola, sin gente. 

Ambrosio, pienso que soy una de las muchas viudas e hijos que tienen allí a su marido que se fue y las dejó solas. Y de sus padres que un día fueron una familia feliz y no sé si eso me consuela o me pone más triste. 

Ambrosio, Ambrosio, hoy han liberado a Emiliano Revilla después de 8 meses de secuestro. ¡Qué feliz estará su mujer! ¡Qué suerte tiene! –es lo que he pensado–. 8 meses sin verle y ahora le tiene otra vez. ¿Te veré yo algún día?..


30 de noviembre 88

Ambrosio de mi alma, si perdiera el arco iris su belleza, si las flores su perfume y su color no sería tan inmensa mi tristeza como aquella de quedarme sin tu amor… Ambrosio, siempre pensé que no me quedaría sin tu amor cuando bailábamos y cantaban esta canción. Estaba segura de que nunca perdería tu amor, tenía seguridad absoluta. ¡Qué inocente era! No sabía que Dios podía quitarme tu amor, pero creo que no me doy cuenta de que aún tengo que estar contenta porque te sigo amando, porque, si no me moriría.


17 de diciembre 88

Ambrosio de mi alma, hoy me voy a Sevilla para pasar estos días de Navidad. Voy a ilusionada por pasar unos días con mis nietos y con Josechu… 

Ambrosio, no me quiero parar a pensar como otros años en que tú no vas a estar. Estos días para mí siempre serán tristes, pero, aunque ahora estoy llorando, no quiero pensar en que iré sola en el tren, sola con mis pensamientos y con nuestros recuerdos; unos buenos, otros no tan buenos. 

Recordaré que un 23 de diciembre se fue mi madre para siempre y que tú solo estás en nuestros pensamientos y que te recordaré en todos los segundos en mi vida. Tú míranos desde allá arriba. En Sevilla veré nuestras estrellas y me imaginaré que tú estás en una de ellas viéndonos. Ángel está lejos, muy lejos. Se fue el 12 de diciembre al Perú y no sé aún nada de élPor favor, Ambrosio, por no sé cuántas veces te lo he pedido por favor, intercede por él a Dios y a nuestra Virgen del Puerto. Por lo menos que tenga salud de cuerpo y de alma y que no le abandones jamás…


19 de enero 89

Ambrosio de mi alma, 

Llegué de Sevilla el día 10. Era el cumpleaños de Álvaro, ya tiene 5 años. Me recibió con cariño y alegría, es adorable. Creo que me quiere de verdad y me necesita… Aunque veo ya llegar el final de una madre que era imprescindible. Ya no lo soy tanto y siento pena. Sólo me anima que eso quiere decir que cada día falta menos, amor mío, para estar contigo…

Ahora estoy sola; es por la tarde y como es invierno llegan pronto las sombras y en el silencio escucha mejor tus recuerdos y hasta diría que oigo mejor tu voz.

Ambrosio, ¿por qué sigo persiguiendo la felicidad si ya no existe para mí desde que te fuiste?

Ahora cifro la felicidad en el dinero para dárselo a mis hijos y, claro, yo me conformo con poco pero ellos necesitan más.


2 de febrero 1989

Ambrosio mío,  la vida tiene días tristes y hoy es uno de ellos. Se ha matado con un cable que estaba muy bajo en la pista de esquí y bajando esquiando se tropezó con él el Duque de Cádiz. Yo le tenía cariño y no sé por qué, quizás porque veía que era un ser triste y marcado por las penas.

Ayer fui al Convento de las Descalzas Reales por si nos dejaban verle y le recé un "Padre Nuestro" pero llegaban y llegaban personalidades y los que fuimos a ver no vimos nada de lo que –por lo menos a mí– me hubiese gustado ver.

Y te digo que hay días tristes y cada día alguien sufre, y mucho, como su hijo y su madre y otros. Pero a mí también me ha puesto triste.

Ambrosio, el otro día tuve carta de Ángel desde el Ecuador, Quito. Lago amargo. Lloré y lloré a leer su carta y pensé contártelo pero no sé por qué lo he ido posponiendo, creo que porque sé que tú ya lo sabes. Te lo pedí a ti una vez más y de inmediato pensé que esta vez Dios te atendió tu ruego. Aún no he ido a la iglesia a dar gracias porque él está bien y contento y, al parecer, con buena gente.

La verdad es que estoy sin gafas que se me rompieron y aún no me las han hecho y estoy como ciega y por eso creo que no te lo he contado. Quiera Dios que dure o, por lo menos, que le sirva para algo bueno.


21 de febrero 89

Ambrosio de mi alma, falta solo un mes para que esté contigo y mi mirada se pose sobre ese paisaje tan nuestro donde tú posaste tu mirada cálida y yo quiero mirar las olas, mirar las gaviotas, mirar el cielo, mirar al monte; todo lo que tú miraste con esos ojos negros, tristes a veces, brillantes otras y dulces y tiernos siempre.

Ahora estoy esperando a María que llegará de su viaje a Ceuta.

Yo he llegado el domingo de Valencia porque a Vicente le han operado en la muñeca. Le han puesto un huesecillo que le han quitado de la cadera. Ya está mejor, pero tendrá que estar escayolado 3 meses. 

Ambrosio, se murió el hijo de Juanchu, un chaval de 25 años. Su madre está destrozada. ¡Cuántas penas hay en el mundo!..

Ya ha llegado María, viene contenta de todo lo que ha visto y lo bien que lo ha pasado.


25 de febrero 89

Ambrosio de mi alma, a mí me duele tu recuerdo… 

Están cantando una canción que hace llorar el alma: "¿Dónde estás corazón?, no oigo tu palpitar... es tan grande el dolor que no puedo llorar, yo quisiera llorar y no tengo más llanto, te quería yo tanto...


29 de marzo 1989

Ambrosio de mi alma, estuve en Santoña para tu cumpleaños. Ya tendrías 63 y también el 21 tuviste tu funeral por el 10 aniversario de que te fuiste. 

Ambrosio, Don Santiago dijo cosas bonitas de ti como "Quiso morir en Santoña" y habló de tu preocupación por los hijos y de la alegría y de cómo se te iluminaba la cara cuando te llevaba la Comunión. 

Yo recordaba otras cosas agradables para no llorar. Recordé que un año por tu cumpleaños paseábamos por el parque pues fuimos a nuestro arbolito (que, por cierto, está feísimo y viejo) y recordé cómo la luna besaba tu sombra y la mía. 

Ambrosio, no te di los 63 besos y te lo digo avergonzada. No sé si al estar nerviosa pensando en que aún no tenía puestas todas las escuelas o quizás por otras cosas y muy cansada se me olvidó. Esa es la verdad. Y no quiero que pienses que te quiero menos y te los pienso dar, pero tengo que estar solo pensando en ti y ahora –ya sabes como soy–, que hago muchas cosas a la vez. Me he levantado, desde que te estoy escribiendo, dos veces pues se ha ido la luz y se ha parado la lavadora y otra vez, ¡cómo no!, a coger una manzana para comerla.

Ambrosio, fueron Miguel y Mary Valle al funeral, y Pinina y Charo, la mujer de Mary y una interina que tuvimos en Berria un verano cuando María era pequeña. Amigas de tía Cecitía ToniaMaríaElviraIsabelita Ibáñez y otros más. Unos treinta poco más o menos. MarichuTinitoConsuelín y otros que no recuerdo de sus nombres.

Otro día fui a la playa de San Martín el mar estaba bravo, como enfadado. Las gaviotas volaban en su empeño por seguir los barcos y... la playa se vestía de amargura.


22 de abril 89

Ambrosio mío, no te he dado nunca las gracias por acompañarme siempre que iba al médico o dentista, por cogerme de la mano cuando me dolía algo, por preguntarme una y mil veces "¿qué te pasa?" "¿te he hecho algo"? "¿por qué tienes esa mirada triste?", por callar cuando yo gritaba enfadada –aunque tus silencios me enfadaban más–, pero sé que eso cuesta. Y cuando me animabas en mis horas bajas y me ofrecías una copa de Jerez o me sacabas al cine, o a cenar, o a pasear… 

Gracias, Ambrosio, gracias. Dios te lo tiene que estar premiando. Esto te lo debía haber dicho hace mucho cuando estabas conmigo.

Te adoro, vida mía. Adoro tu recuerdo y tu paciencia para conmigo.

El 4 de mayo tengo hora para el ginecólogo y no sé qué me dirá. Tengo alguna molestia. María Luisa se ha ofrecido a acompañarme, ya veremos.


2 de octubre 1989

Querido Ambrosio, ¡cuánto hace que no hablo contigo! En mayo me fui a Sevilla a la comunión de nuestra nieta Elvira. Fue el 18 y luego el 24 pensaba volver pero Josechu me dijo que el 30 más o menos ellos me traerían. Tenían una cena en Madrid con unos amigos y me quedé. 

Y el 30 estando sola con Josechu en El Madroño, después de jugar unas partidas de canasta, él se acordó de que en la higuera que teníamos frente a nosotros tenía una breva madura –la primera del año– y quiso que yo la probara. Se subió a una silla y me dijo que le sujetase. Me apoyé en la silla, la quima se rompió, perdió el equilibrio y cayó sobre mí... En un principio nos reímos pero luego nos fijamos en mi pierna y nos quedamos asustados. Estaba rota por el tobillo y ahí empezó mi problema de operación etc, etc. que me retuvo en Sevilla 2 meses y aún estoy un poco coja.

Para qué decirte lo mucho que te recordé y te necesité... y lloré tu recuerdo y pensé que contigo el dolor sería menos.

Ya pasó y espero que todo siga bien. Luego me fui a Santoña el 28 de julio y he venido el 21 de septiembre. Total cinco meses desde que hablé contigo pero no he dejado de pensar en ti, en nosotros, ni un solo día. 

Ambrosio, Ángel sigue en Quito (Ecuador) y sigue contento y he tenido como seis cartas y está contento con todo lo que hace allí y yo estoy contenta. Tú sigue pidiendo a Dios y a nuestra Virgen del Puerto que le ayude.

Se fue Manolín el 19 de julio, yo estaba en Sevilla. Yo le visité en el hospital aquí en Madrid a primeros de mayo. No pude estar en Santoña en esa fecha por estar en Sevilla con lo de la pierna. Pitín está regular y sé que esto te pone triste. Tengo que ir a verla. 

Se fue también Miguel Orense, tú le apreciabas también.


17 de octubre 89

Ambrosio querido, estoy como la tarde; triste como el cielo gris de este atardecer. Se cuela la noche por las ventanas y en este silencio (pues estoy sola) se despiertan los sentimientos y tu recuerdo se hace mayor y te quiero, Ambrosio, te quiero y adoro tu recuerdo. Se ahoga tu recuerdo en mi garganta y… se pasa un día más y pienso… Hasta el próximo atardecer que el recuerdo de Ambrosio estará conmigo y no temo la oscuridad porque el recuerdo es claro como la luz.

Tengo que empezar a salir por mi cuenta y distraerme un poco. No quiero caer en la melancolía. Siempre en Madrid mi ánimo decae y me angustio. En Santoña me distraigo más y mi ánimo se relaja, coge como unas vacaciones.

He llamado para preguntar por Curro que está regular y dicen que sigue mejor.


14 de noviembre 1989

Ambrosio de mi alma, estoy sola.

Siempre te digo igual y es que aunque esté con gente estoy sola.

Hace días desde que llegué de Santoña, que fui a estar contigo por Todos los Santos. Estoy enferma. Hoy estoy mejor y Vicente y Aleja me esperan en Valencia. Quieren que vaya para coser unas cortinas y para que conozca su nueva casa.

Solo tu comprendías mis penas, mis alegrías, mis pesares, mis manías, mis defectos. Tú me querías y, por encima de todo, me querías y tenías paciencia conmigo y éramos felices aunque yo a veces le pedía más a la vida. ¡Qué manía con querer más cuando se tiene todo! y yo contigo lo tenía todo.

Si pudieras volver, Ambrosio… Para dar valor a lo que tenía contigo. Dios me castigó, sí, Dios me castigó. Me dio una lección… Pero creo que fue demasiado.

Presiento que tú estás en esa estrella, la veo desde mi ventana.


12 de diciembre 89

Ambrosio querido, 

vengo de Valencia con Vicente. He pasado 11 días en su nueva casa pues se han comprado un chalet muy bonito y están muy ilusionados. Tus nietos están guapísimos. José está en lo mejor de su vida.

Ambrosio, cómo me hubiese gustado que tú estuvieses conmigo y disfrutases de estas cosas. Son cosas agradables de nuestros hijos.

Todo lo que veían de nuevo mis ojos con el pensamiento te lo brindaban mi pensamiento. Los naranjos llenos de naranjas...

Me gusta estar en nuestra casa. Es casi de noche y pienso en ti. Cuántas cosas me quedé por decirte…

Te quiero, vida mía. Y te querré siempre.


22 de diciembre 89

Ambrosio de mi alma, lucho y lucho y sigo y sigo en esta vida que no sé a dónde va y a veces me suena a nada; no me dice nada.

Se acerca Navidad y como te digo siempre no sé dónde quisiera estar. Allá en las estrellas… 

Nos quedamos aquí hasta el 26 que iremos a Sevilla.

Aún no he ido a la compra. No sé lo que cenaremos. A ti te gustaba días antes saber qué haríamos. Si cuando tú estabas me daba pereza, ahora sin ilusión no te digo. 

Ambrosio, Dios me perdone pero ¿qué importan estas fechas? Ya nada. Dios me perdone.

22 de enero 1990

Ambrosio querido, empieza otra década sin ti. Hoy es San Vicente, tengo que felicitar a nuestro hijo y nuestro nietoLos nietos hablan de ti y no te conocieron. No saben lo bueno que eras. ¡Cuánto te querrían! aunque ellos no lo saben yo les digo que eras mejor que yo. 

                                                                                                                      José pasó aquí                                                                                                                                      10 días. Tenía dos años


2 de febrero 1990

Ambrosio, ¡Cuánto me acuerdo de ti! Están ocurriendo cosas importantes en España y en el mundo entero y tú lo seguirías con interés. La caída del telón de acero… Y luchas entre el PSOE y el PP en el Congreso de los Diputados sobre el hermano de Alfonso Guerra, sobre su hermano Juan Guerra por el tráfico de influencias piden su dimisión.

Separación de camas


14 del 2 del 90

Ambrosio de mi alma, hoy hace 37 años que nos unimos para siempre y, aunque tú no estés presente, estás en mi corazón.

Aquí en Madrid es un día soleado y aquel día nevaba en Santoña. ¿Era un día feliz? Yo, como con todas las cosas importantes que me ocurren, andaba flotando y sí, creo que era feliz, pero sin esa conciencia cierta de lo que te está ocurriendo y de que me llevaba un hombre maravilloso en todos los sentidos.

Pasamos 26 años juntos y fui feliz y no me daba cuenta de que era feliz. Creo que esto le sucede a casi todo el mundo y no porque tiempos pasados han sido mejores ni porque cuando pierdes a un ser querido lo ves idealizado, no. Creo que aunque yo haya perdido la juventud y parte de la salud yo sería feliz y tú me seguirías queriendo. Siempre tuviste mucha paciencia conmigo. Eras educado, culto, inteligente y, ¿por qué no repetirlo? nos amábamos, nos queríamos con todo el alma como se quiere solo una vez.

Me gustaría estar hoy contigo y piensa que lo estoy aunque no físicamente, estoy con el alma y el corazón.

Ya estarán las margaritas en los campos y te llevaré a 37 por los años que llevamos casados, 5 por los hijos que tuvimos, 7 por los nietos que tenemos. Ambrosio, creo que cada vez me cuesta más agacharme a coger margaritas...


14 del 2 del 90

Ambrosio de mi alma, estuve en Santoña y te puse cinco margaritas, 5, por los cinco hijos que tuvimos. HEra una tarde soleada para este mes soleada y casi calurosa.

Mañana me voy a Palma de Mallorca y volveré el 12 de marzo y luego casi está San José y volveré a estar contigo.

Estoy escuchando a Julio Iglesias una canción que me gusta y te la dedico

Cuando tú te hayas ido
me envolverán las sombras
cuando tú te hayas ido
con mi dolor a solas
evocaré delirios
de las azules horas
Cuando tú te hayas ido
y en los tristes momentos
me envolverán las sombras
cuando mi alma te añora
evocaré recuerdo de inolvidables horas
te buscarán mis brazos
te buscará mi boca
y aspiraré en el aire como un olor a rosas

Cuando tú te hayas ido me envolverán las sombras...


Adiós, Ambrosio de mi vida

                                         Lines


15 de marzo 1990

Ambrosio de mi alma, ayer me llamó Ángel que llega el domingo. Al principio me quedé sorprendida y quizás él me lo noto y le noté triste. Tengo miedo a que llegue con problemas. Dios quiera que no sean importantes... pero tengo unas ganas inmensas de verle y abrazarle.

Hoy se ha muerto un personaje importante, Juan Antonio Vallejo Nájera, de cáncer de páncreas en pocos meses Y con 62 años y siempre me viene a la memoria que tú te fuiste con 53 años recién cumplidos. No sé si podré ir a Santoña en estas fechas, espero que sí, pues con la llegada de Ángel lo tengo algo complicado.


17 de marzo de 90

Ambrosio de mi alma, no sé si podré ir en este tu día 19 en que naciste y el 21 en que te fuiste. ¿Sabes que el 21 llegó la primavera aunque a mi alma llegó el frío del invierno?

Las margaritas ya están en el campo y en mi alma tu recuerdo siempre vivo y sin deshojar. Mi dolor es más sereno pero no por eso deja de ser dolor al recordar que me dejaste sola; como solo estás tú cerca del ruido de las olas del mar de Berria y cerca al abrigo del monte Buciero y esperándome… Te quiero Ambrosio, te quiero... Iré, iré, espérame. Acudiré a la cita.


10 de mayo 90

Ambrosio querido, no fui… y aún lo estoy pasando mal, pienso que te he fallado.

Ambrosio, ¿qué voy a hacer con tus recuerdos? Siento que penetra una pena en mi alma y pienso, de repente, ¿es verdad lo que sucedió aquel 21 de marzo a las 3 de la tarde cuando te fuiste y aquí quedé yo esperando a que me llames? pero se me antoja a veces que tardas, otras que aquí quieres que esté con nuestros hijos y nietos y con tus recuerdos…

Estoy oyendo a Lucho Gatica y canta ¡reloj! ¿te acuerdas cuando en el Casino por fiestas o carnavales la orquesta Copacabana...? Tú te acercabas para pedir ese bolero pues sabías que a mí me gustaba. Yo sin tu amor no soy nada… o detén el tiempo en tus manos, haz esta noche perpetua para que nunca se aleje de mí, para que nunca amanezca… ¿Sabes que vino a mi mente este recuerdo la última noche que estuviste en casa en Juan de la Cosa en Santoña?


25 de mayo 1990

Ambrosio, he soñado contigo esta noche. Ha sido un sueño bonito y luego yo comentaba con Carmeluchi cómo es que nadie se extraña de que Ambrosio esté conmigo, que esté vivo, como se quedan como si fuese lo más normal de que se vuelva del más allá; pero yo estaba feliz.

Ambrosio, el 2 de junio hace nuestra nieta Raquel la primera comunión. Iré a Sevilla con Álvaro pues Leticia se va a Bulgaria a una competición. Estarás con nosotros pues te recordaremos.

El 23 fue mi cumpleaños, estuvo VicenteÁngelLeticia y María y yo hice una tarta con una vela y me cantaron "Feliz, feliz en tu día..." y nos reímos un rato. Leticia me regaló una planta, María y los demás me trajeron una medalla del 5º Centenario de América pero yo ya la tenía y la cambié por un monedero y una funda de gafas de Christian Dior, creo que para toda mi vida. Son bonitas.

La otra tarde fuimos a casa de Rosita y Gonzalo a merendar. Josefina, Curro y EsperanzaCharo PascualC Munay y Manolo y yo lo pasamos bien y nos acordamos de ti. Fue un bonito recuerdo.


29 de mayo 90

Ambrosio de mi alma, está la noche clara y serena. Antes de bajar la persiana de mi cuarto he visto las estrellas. He visto tus ojos asomados a las estrellas y te he dicho adiós, amor mío. Hasta mañana.

Y sigo sola, ¿sabes? Ahora me da por comprarme ropa. Creo que me estoy pasando y pienso que es un escape a los problemas. No lo sé.

Ambrosio querido, no te veo pero quiero pensar que estás conmigo, que seguimos juntos, que me ves, que apruebas y desapruebas mis defectos, que me sigues ayudando.


16 de junio del 90

Ambrosio de mi alma, es una tarde de sábado aburrida. Estoy sola. Ángel acaba de llegar y está durmiendo pues a las diez tiene que ir a trabajar. Trabaja de noche de guarda jurado. María está con un amigo estudiando. Ya está terminando 2º de derecho. Veremos la suerte que tiene. Estarás contento y dándole consejos.

Te digo que es una tarde aburrida pero el día es alegre y luminoso. El sol se cuela entre las rendijas de la persiana y yo me acuerdo de ti, que tú quizás me dirías "¿te parece que vayamos a la finca de Tonio?" o "vamos a merendar al Pardo" o algo parecido y no me acuerdo de ti porque esté aburrida pues tú estás siempre conmigo en un rincón del alma donde te llevo escondido pero pienso que ya no te tengo para pasar contigo esta tarde larga y aburrida y te añoro, vida mía.

Quisiera sacar un poco de alegría esta vida que, desde que te fuiste y, cada día me pesa más. Yo trato de sacar la cabeza, pero no sé si también influyen los años… Pero yo sé que no veo la vida como antes. ¿Para qué quiero el futuro, si solo vivo del pasado?

Mañana viene Vicente otra vez con José pues están sin chica otra vez y él tiene que trabajar en Paracuellos. Aleja espera otro hijo. Dios quiera que sea una niña.


29 de octubre del 90

Ambrosio, querido, pasó el verano, pasaron muchas cosas. Pitín se fue, tú bien lo sabes, la familia tuya se ha quedado reducida a TitoCarmelina y yo, tus hijos y sobrinos.

Ambrosio, se fue también Ángel Zubieta y aquí quedamos los que os quisimos tanto. Ángelnuestro hijo, está ahora en Andorra trabajando. No le dejes de tu mano, ya ves que cambia cada poco de rumbo. Ya no sé qué pensar.

Ambrosio, cada día me despierto con la soledad inmensa de no tenerte y solo pienso en que pasen las horas para dormir y me despierto temprano para que pase el día. No sé a qué vienen estas prisas. Quizás quiera estar pronto contigo, aunque ahora noto que me aferro más a la vida, quizás más ilusión por ver cosas, por saber cosas, Pero en el fondo estás tú y siempre tú. No puedo desprenderme de tu recuerdo y ¿cómo lo voy a hacer? si sería como desprenderme de alguna parte de mi cuerpo, de mi alma y de mis convicciones. 

La herencia de mis padres aún no está repartida y ando mal de dinero y lo necesito para sacar a María adelante.


17 de diciembre 1990

Amor de mi vida, estoy llorando porque recuerdo que te perdí y sé ahora lo que perdí. Y porque me encuentro sola y veo que a eso no me voy a acostumbrar nunca.

Sí, tengo salud, hijos sanos, nietos sanos y buenos. No tengo queja pero quisiera más; quisiera tenerte a ti. 

Desde que tú te fuiste todo es distinto, mis ojos lo ven todo muy distinto.

Otra Navidad… Y vuelven las dudas. ¿Dónde voy?, ¿dónde me quedo? ¿Qué hago?


23 de diciembre de 90

Ambrosio de mi alma, tal día como hoy murió mi madre. Quedarse sin madre es duro, muy duro, y en estas fechas se quedarán en mi alma para siempre. ¡Qué días tan alegres para unos y tan tristes para otros! y tan extraños. 

Ambrosio, tengo preparados algunos regalos para los nietos, no valen mucho pero se los llevo con mucho amor. Creo que a ellos les gustarán. Lo que pasa es que en estos días tienen tantas cosas que a lo mío no le pondrán mucha atención.

Te recordaremos, Ambrosio, te lo pasarías bien en Sevilla o quizás quisieras ir a Santoña y discutiríamos.


1 de febrero del 91

Ambrosio de mi alma, son las seis de la tarde, ya entran las sombras en mi habitación y con ellas mi soledad, mi pena. Es una tarde triste y te necesito tanto… A veces me creo que lo tengo todo superado, que sé andar sola por la vida y no, no sé. Y paso miedo y estoy angustiada y no sé qué hacer y me vuelven los recuerdos felices y ya nunca volveré a vivir. ¿Qué daría yo por vivir aunque fuesen cinco minutos? de los de hace 13 años, por ejemplo, ¿Qué daría yo, Dios mío? ¿Por qué me le quitastes? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Ambrosio, ¿me oyes? ¿me estás viendo? Yo hay veces que creo que estás en casa en el despacho y voy y nada. Te has ido…

Te quiero, vida mía. Te quiero y te querré siempre, siempre.

Ambrosio, mi amor, mi vida. Ambrosio, ¿sabes que tenemos otra nieta? Aún no la conozco, quizás tú sí. Desde donde estás se ven las cosas más pronto.


28 de febrero 91

Ambrosio querido, 

me fui a Valencia a conocer a la nietuca, se llama Leticia. Es muy guapa, te gustaría mucho.

Ambrosio, allí estuve el 14 de febrero y te recordé. Te nombré delante de Aleja y le dije "hoy hace 38 años que me casé" y luego, en silencio, pasó una larga historia por mi mente pero con serenidad. Recordé momentos que ya no volverán. 

Ambrosio, aún no te he contado que tengo en tratos la casa de Juan de la Cosa. Tengo que ir a Santoña para arreglarlo todo. Me hacía falta dinero –tú bien lo sabes– que andaba muy justa y con los estudios de María y que la vida cada vez está más cara. No sé si te gustará que venda el piso, Ambrosio. Sé que tú eres muy bueno conmigo y que pensarás "tuyo es, puedes hacer lo que quieras. No está mal, los hijos no lo necesitan tanto como tú". Yo, por lo menos, eso he pensado.


14 de marzo del 91

Ambrosio de mi alma, ya falta poco para ir a estar contigo. Cumplirás 65 años y te querrías jubilar y yo diría que hace mucho me gustaría hacerlo. Son muchos los besos que te tengo que dar y muchas las margaritas que tengo que coger.

Ambrosio, vida mía, aún cuando me despierto por las mañanas pienso en ti lo primero y le digo al nuevo día –como diría Sagan– "Buenos días, tristeza". Y según el día o los acontecimientos me deprimo o añado en mis noches negras... tú vas a ser mi aurora y tus recuerdos distraen mi pena.


26 de marzo del 91

Ambrosio, vida mía, fui a Santoña el día de San José. Estuve a verte y estar contigo. Recogí 65 margaritas y te las dejé. Con mi pensamiento te di 65 besos en los ojos, en la frente, en las manos, en la boca…… No lloré como otras veces. Sentía un vacío muy grande y una tristeza infinita… Hacía un día hermoso, lleno de sol, el cielo azul y los campos llenos de margaritas querían alegrarme con su hermosura pero mi corazón no quería saber nada de aquella alegría de la primavera y solo pensaba y pensaba y pensaba y los recuerdos se agolpaban en cada espacio de mi soledad.

Me vine pronto porque hacía muy mal tiempo y no quise quedarme para la Semana Santa. Además María llegó de su viaje del paso del Ecuador. Fue a París, a Bruselas, a Holanda. Casi llegamos al mismo tiempo a casa y me contó todas sus peripecias del viaje. Venía contenta. Me quería traer una benditera pues sabes que hago colección, pero decía que eran muy caras y me ha traído un queso de Holanda. 

A Santoña tendré que volver.


14 de mayo del 91

Ambrosio de mi alma, vengo de Valencia. 

Se fueron Vicente y Aleja a París unos días y después a la boda de la hija de PepinucoMarta. No sé si te he contado que Pepinuco se fue el 8 de marzo y quizás ya os visteis en el cielo. Fui a La Encina, estuvieron casi todos los primos. Fue un día triste, los recuerdos me abrumaban y ver a Tita y a sus hijos me recordó el día que tú te fuiste. 

Quiero pintar la casa y estoy esperando presupuestos. Me llegan días trabajosos y pintaré el despacho que aún esta pintado de verde... Tú lo pintaste hace 17 años; no sé qué sablazo me meterán.


1 de junio del 91

Ambrosio de mi alma, son las tres y media de madrugada. Es sábado ya. María se fue con unos amigos y aún no ha vuelto. Me he despertado y estoy nerviosa y espero que después de que hable un poco contigo me dormiré otra vez. 

Siempre que me despierto en la noche o tengo preocupaciones, me viene tu recuerdo tan cariñoso. Hablaban en la radio gente que tenía recuerdos de sus abuelos y he recordado a los míos y he pensado que tú serías un buen abuelo, que tus nietos te recordarían con cariño y yo quisiera ser una buena abuela pero a veces pierdo la paciencia con las trastadas y luego pienso que son cosas de niños y en el fondo son majos.

Creo que me voy a vestir y bajar al perro y así espero a María para ver con quién viene y a qué hora llega. Ya te digo, estoy nerviosa.


16 de junio del 91

Ambrosio de mi alma, son las siete y media de la mañana. Me he despertado hace rato y tu pensamiento me ha puesto triste. 

Estoy pintando la casa y tu despacho que lo pintaste de verde, ¿te acuerdas? y el pasillo que lo empapelaste tú. Pasó Mª Luisala vecina, a verlo y le dije que me daba pena quitar lo último que quedaba en la casa de tu obra y me animó diciendo que aún ellos el otro día lloraban viendo recuerdos de su hijo Fernando pero que había que seguir adelante. Pero pienso que es distinto. Sí, era su hijo, pero aún le quedan 9 hijos y tú... Tú lo eras todo para mí. Gracias, Ambrosio, que me dejaste un recuerdo tan bueno y tan fuerte que es casi como si te tuviera, pero estoy triste por estar sola con tus recuerdos. A veces me río y lo paso bien con recuerdos y me los cuento o como si se los contase a alguien y otras me hacen llorar como ahora. Es domingo y los pintores han quedado en venir a terminar pero, no sé por qué, me temo que no volverán hasta el lunes. Solo queda tu despacho que María quiere que lo pinte otra vez verde, pero no. Todo iría blanco. Queda nuestro cuarto y el de Leticia; ahora de María.



24 de junio del 91

Ambrosio, querido, estoy escuchando a María Dolores Pradera que sé que te gustaban sus canciones y hoy canta junto a Alberto Cortez y he pensado que cantaban a mis sentimientos y a mis recuerdos; que nos cantaban a nosotros "En un rincón del alma donde yo guardo la pena que me dejó tu amor"...

Me estás haciendo falta, mucha falta.

Pronto me iré a Santoña para pasar el verano. Iré a alguna tarde para estar contigo, aunque siempre… estás conmigo.


29 de septiembre del 91

Ambrosio querido, son las siete de la mañana. Estaba harta de estar en la cama porque hoy es el cambio de hora y una hora más en la cama, y sin sueño, no lo aguantaba.

Álvaro ha dormido en la otra cama al lado mío. Le pedí la mano antes de dormir, ¡qué pequeñuca!… y me acordé de ti. Él sigue durmiendo cargando pilas –como yo le suelo decir– para luego tener más marcha. Es un niño terriblemente inquieto con mucha vitalidad. El otro día me dijo que él quisiera tener abuelos como Vicentuco y Chechu pero no como Ambrosio, "que no le veo". Yo siempre le digo que tú le querrías mucho, que eras muy bueno, que lo pasaría muy bien contigo.

Ambrosio, no era de esto de lo que quería contarte. Me he despertado con un tema que me tiene preocupada pero veo que al escribirte es igual que antes. Tus recuerdos son los mismos. Te escribo y sé que cuando lo hago tú lo oyes, me escuchas y, complacido, me consuelas. Te sonríes y piensas "pobretuca si yo estoy aquí y ahora mejor que con ella en ese mundo de paso para la eternidad".

Ambrosio, ya sabes por qué tengo estos pensamientos. Este verano ocurrió lo que tenía que ocurrir y debía de estar contenta, pues me temía que yo podía morirme antes de saber dónde descansarías definitivamente y para siempre y saber dónde probablemente me pondrán a mí contigo, pero hay algo en mí que no sé si es en el alma, en el corazón, en la mente, en mis recuerdos, no lo sé, pero en el montaje de mi imaginación algo ha pasado.

Ambrosio, ya pasó, no te preocupes. Es otro acontecimiento en mi vida, en nuestras cosas, nunca se acaba de ver, de saber, de penar, de reír, de esperar…

Ambrosio, y ahora una cosa de aquí de la casa: Aún no la tengo recogida. Ya sabes que pinté en junio y ahora tienen que acuchillar y barnizar. Aún me queda faena. Ya te contaré.


8 de octubre del 91

Ambrosio de mi alma, ¡que triste soledad siento! Estoy sola, la habitación está oscura, ha llegado el otoño y te siento lejos, ya sabes que no me gustaba estar por mucho tiempo separados.

Estoy contemplando un ramo de violetas africanas –creo que se llaman–, tengo un tiesto encima de la mesita redonda que tú compraste, he encendido la luz de la lámpara de mesa, y me siento más acompañada.

Estoy esperando a María, se fue a las cuatro y media y son las ocho y no ha vuelto. Se fue a casa de un amigo a ver una película de vídeo "El expreso de medianoche", creo que fue la última película que vimos juntos con Vicente y Conchín, ¿te acuerdas...?


2 de noviembre 91

Ambrosio querido, hoy tenía que estar en Santoña contigo pero no he ido. Iré la semana que viene para colocarte en el sitio que descansarás para siempre y cuando yo me vaya tú me estarás esperando y estaremos juntos para siempre.

He pasado el día limpiando y limpiando pues me han barnizado el suelo y he tenido un lío tremendo pero ya lo tengo dominado. He comenzado más de cuatro veces a rezar por ti pero no acabé nada; solo pensaba en ti.

Ambrosio, estoy sola. Sola con mis pensamientos. Estoy tranquila, María ha salido con un amigo, ahora me voy a la cama. Son las once, estoy cansada de televisión, de trabajar, de todo. Me voy a la cama. Oiré a la radio e intentaré dormir y mañana será otro día. Quisiera ir a misa y por estirar las piernas y comprar el ABC, leer un rato y seguir con la limpieza. Tengo que meterme con el despacho y con tanto libro y no sé cómo empezar. 

Adiós, Ambrosio de mi alma, y si soñara contigo... pero que no me haga llorar, algo bonito, que me coges de la mano por ejemplo, que me dices que me quieres o algo así…


18 de noviembre 1991

Ambrosio, ya estuve en Santoña… Fui con María. Era una tarde gris, triste, serena y así mismo me encontraba yo, triste y serena, como ausente y no sé qué más contarte.

Ambrosio, me siento tranquila, que es lo que yo esperaba hace tiempo sobre este tema que me hacía sufrir.

Ambrosio, es tan vivo tu recuerdo que vives en mi corazón con tan fuerza que quiero que siga así y que nada me lo borre de mi memoria y quiero olvidar lo que no me gusta recordar y creo que lo voy a conseguir. 

Ese día triste, el 8 de noviembre de 1991, esta página no la volveré a leer.

Adiós, Ambrosio. Volveré la hoja y te escribiré otra vez.
                                                                                                            Lines


18 de noviembre 1991

Ambrosio, querido, son las seis de la mañana lunes. Te escribo desde la cama, me he desvelado y te escribo para distraer mis pensamientos. Vicente estuvo aquí unos días, pues a un hijo de Pepinuco le operaban. Luego vino Aleja a verle y hoy esperaba a Marisa, la madre de Aleja, pues venía también a pasar unos días con Tita y el sobrino y no ha venido, por lo menos aquí a casa. No sé si se quedará donde una cuñada suya. El viernes viene Josechu a comer, pues viene a Madrid por solo un día a unas conferencias, así que llevo unos días liada y entretenida.


8 de enero de 1992


Ambrosio de mi alma, llegué ayer de Sevilla. He pasado las Navidades como siempre, un poco más distraída y contenta. Me han regalado muchas cosas.

Nuestros nietos están muy grandes y son buenos estudiantes.

Estuvimos juntos la Nochebuena JosechuÁngelCristinaMaría y yo con todos los niños. A Vicente y Leticia los llamamos por teléfono.

Otra Navidad sin ti… Recé en la mesa un Padre Nuestro por ti y por todos los que ya no están con nosotros. Aunque tú si estás conmigo; estás en todos mis recuerdos –que son muchos y muy buenos–. Ya no soy yo la que compra los regalos, he pasado a segundo término. Tengo poco dinero y los niños tienen tantas cosas que no dan importancia a nada.

Ambrosio, siento la necesidad de abrazarte. Quiero abrazarte, por favor. Quiero abrazarte, abrazarte, abrazarte… Te quiero, te quiero, te amo. Te quiero, amor mío. Te quiero, te quiero mucho. Mucho, muchísimo, mucho, mucho, mi amor, mucho.

Ambrosio, por favor, sé que no puedes venir, que no me puedes abrazar, pero déjame decírtelo. Te necesito, necesito que me consueles, que me abraces, que me digas que me quieres, que me quieres mucho, que todo se pasará, que rece que dentro de un poco lo veré de otra manera. Sí, lo sé, lo sé, pero estoy pasándolo fatal. Quisiera gritar y llamarte. Llamarte a gritos por si me oyeses mejor y para echar esta pena que tengo dentro.

Pero fíjate, estoy contenta porque siento esta pena que me parece que me une más a ti y que nos tiene más juntos.


11 de enero del 92

Ambrosio, mi amor. Estoy llorando como una loca. Estoy leyendo un libro de Miguel Delibes. Él cuenta la enfermedad y muerte de su mujer que tuvo un tumor cerebral, igual que tú, y muchas cosas que él pasó las he pasado yo y las has pasado tú: 

Lo de la fecha de operación... también a ella la operaron el 7 de noviembre. Siento tal congoja que casi me ahoga. Lo de la miga de pan en la comisura de los labios, igual que a ti… Lo del corte de pelo me recordó esa escena: yo pensé en que te iban a poner en la silla eléctrica y él pensó que la iban a decapitar... Cuando confesó y comulgó antes de la operación, igual que tú… Cuando hicieron el amor por última vez pensé en nuestra última vez.

Pero ya le he terminado y siento alivio al pensar que no solo yo he pasado por esos terribles trances. Él también pensó como yo cuando (ella) ha llorado y sufrido.

¿Era, tal vez, esto último el motivo de mi angustia? ¿De quién me compadecía entonces, de él o de mí?


17 de enero del 92

Ambrosio, acabo de escuchar por la radio a una viuda que aún tiene a su marido, quiero decir que aún no le han enterrado. ¡Qué mal me suena! Mejor, sepultado. Me sigue sonando mal. Le han matado ayer en Valencia. Era un catedrático. Hablaba muy serena, creo que aún no se da cuenta de lo que le ha pasado, de lo que ha perdido, aunque ha dicho "noto que me han arrancado algo de mí"... y me acordaba de lo que yo sentía cuando tú te fuiste. Yo me sentía como muerta, yo era como algo tuyo y tú mío y si tú te habías ido... ¿dónde estaba yo? Sentía que había envejecido, que yo era otra. Que sí, que vivía, comía, dormía, respiraba, lloraba y he llegado a cantar y contar chistes y reír a carcajadas, ¿y qué? Si yo estoy muerta por dentro, si yo no tengo futuro… 


27 de enero del 92

Ambrosio de mi alma, no sé si esto lo he pensado alguna vez y si te lo he contado ya. Estoy sola, son las siete de la tarde, estoy esperando a nuestro hijo Vicente que venga de Torrejón de trabajar. Estoy sola y ¡cómo no! pensaba en ti y, de pronto, un pensamiento –o mejor– un recuerdo agradable y he sonreído al recordarlo. 

Cuando éramos novios y yo ya me iba para mi casa por ser tarde y pensando que mi madre me reñiría, tú me decías para que no me fuese y estuviéramos un ratuco más juntos, "Cuando fume otro cigarro"… Y empezabas por partir un trozo a lo largo del papel de fumar, echar un poco de tabaco, quitar alguna broza que no te gustara, encenderle y lentamente se consumía y tú me dabas otro beso y muchos más y con una mirada que quería decir muchas cosas como ¡qué largo se hace el tiempo hasta mañana que nos volvamos a ver!..


9 de febrero 92

Ambrosio de mi alma, siempre por esta época me siento peor. Estoy triste, deprimida, angustiada. Unas veces pienso que es porque te fuiste, porque estoy sola y triste. Otras que tengo depresión. Otras por algún disgusto, mucho por soledad y porque no salgo y pienso. En fin... Todo es un círculo vicioso. No sé si es que se acerca la primavera los problemas me angustian. Quisiera pasarlo sin angustiar a nadie o no sé si será peor para mi mente.

Ahora son las seis de la mañana. Me he despertado a las cinco. He tomado leche caliente con miel y aspirina y sé que poco a poco y a medida que llegue el día lo veré todo más claro con los ojos del cuerpo y del alma. Lo sé, lo sé, pero se pasa mal, y sé también que si tú estuvieras conmigo me pasaría igual pero distinto. ¿No lo crees tú?

14 de febrero del 92

Ambrosio, mi amor, mi vida entera. 

Mi vestido está colgado de la lámpara del cuarto de mis padres, lo miro y no siento nada. ¿Ha llegado el día tan soñado? Yo era feliz siendo novios y así hubiera seguido siempre, no deseaba más. Tú me querías, deseabas cada minuto estar conmigo… Yo, yo no era nada sin ti, te soñaba despierta, te soñaba dormida… Te amaba, Ambrosio, como nadie amó a su novio, yo así lo creía. ¡Qué bonita era la vida! ¡Qué bonito era todo a tu lado! Aún ahora lo veo, te veo. Te veo en la esquina esperándome y yo poniéndome guapa para ti. Luego de la mano, casi siempre íbamos hacia el muelle General Salinas adelante por donde se pone el sol.

Son las doce y media entre el día 13 y el 14. Aún no nos hemos casado. El día está frío, ha nevado, el vestido se mancha el dobladillo, mi cuerpo tiembla y no es de frío. Tú me coges la mano, te has peinado demasiado y no estás tan guapo como otras veces. Yo no sé cómo me ves. Dicen que las novias siempre están guapas. Yo creo que los novios más que guapos es que irradian felicidad.

Y otra vez, como otro año y en este día han cantado los de Mocedades. 

Yo le quería con todo el alma
como se quiere solo una vez...
¿Dónde estás corazón?
no oigo tu palpitar 
es tan grande el dolor
que no puedo llorar
yo quisiera llorar
y no tengo más llanto
le quería yo tanto y se fue
para nunca, jamás, volver


16 de marzo del 92

Ambrosio querido, ya llega la primavera. Ya hace calor, el sol luce alto y hay hojas nuevas en los árboles, pero yo me siento cansada, muy cansada y he pensado que quizás esto quiera decir que pronto estaremos juntos… 

He venido el viernes de Valencia. He cuidado a nuestros nietos mientras Vicente y Aleja se han ido unos días a Puerto Rico, a "mi viejo San Juan". Han venido morenos pues allí era verano, 30°. Ya sabes que también se fueron Quiqui Quintana y Pepín Orlando.


24 de marzo 92

Ambrosio de mi alma, estuve en Santoña y fui a estar contigo. Te llevé margaritas y unos lirios que encontré subiendo la cuesta de Vella.

Ambrosio, es un rito que yo no sé distinguir si fue este año o el pasado o el anterior, siempre cojo margaritas a la sombra del muro del penal. Este año han sido 14. Cinco hijos y ocho nietos y yo.

Ambrosio, era la primera vez que estaba contigo en un sitio diferente desde que te fuiste. Me resultó raro, me quedé como algunas veces sin sentir nada. Ni pena, ni dolor. Nada. Solo recuerdos corrían por mi mente y, serena, los contemplaba. Y, ¿qué es la vida? Nada. pensé. Y ¿qué fue de aquellos besos y de aquella mano tibia que me cogía? ¿Qué fue de aquel amor, de aquellos días que nos contemplaron pasar? ¿Qué fue de todo aquello? Nada, nada...


5 de abril del 92

Ambrosio de mi alma, hoy es domingo y no he ido a misa. No pongas mala cara, no he salido de casa. He ordenado los libros del mueble del cuarto de estar, me ha ayudado un rato María.

10 de abril del 92

Ambrosio querido, me voy a ir a la feria de Sevilla con Maruja y a la Expo 92. Sé que lo pasaré bien pero algo me dice dentro de mí que está mal que por unos días no pensaré en ti. Solo estuve una vez en Sevilla contigo, ¿te acuerdas? A la boda de un hermano de Carmeluchi pero siempre que paso por una plaza de Sevilla, cerca de la calle Asunción, recuerdo que estuvimos sentados en aquella terraza y en casa de Cuca, tu prima, recuerdo en el cuarto donde pasamos la noche.

Tengo tantos recuerdos tuyos… Pero hay días negros que se me rompen los recuerdos y pienso que ¿para que existe el recuerdo si no sirve nada más que para sufrir?

Tengo puesta una cinta de Julio Iglesias y parece que está dentro de mí, que sabe lo que me pasa y dice

Cuando tú te hayas ido
me envolverán la sombras
cuando tú te hayas ido
con mi dolor a solas
y en los tristes momentos
cuando mi alma te añora
evocaré el momento
de inolvidables horas
te buscarán mis brazos
te buscará mi boca
y aspiraré en el aire
como un olor a rosas
evocará el idilio
en las azules horas 

Ya no estás más a mi lado corazón y en el alma solo siento soledad y si ya no puedo verte ¿qué poder me hizo quererte para hacerme sufrir más? Siempre fuiste la razón de mi existir, adorarte para mí era obsesión y en tus besos yo encontraba el calor que me inundaban el amor y la pasión. Es la historia de un amor como no hay otro igual que me hizo comprender todo el bien, todo el mal que le dio luz a mi vida apagándola después. ¡Ay, qué vida tan oscura! Sin tu amor no viviré. Ya no estás más a mi lado, corazón, en el alma solo tengo soledad. Y si ya no puedo verte ¿qué poder me hizo quererte para hacerme sufrir más?


15 de mayo del 92

Ambrosio de mi alma, todo me recuerda a ti. Si miro al cielo azul, si canta un pájaro, si miro una flor, si el día está triste... Hasta la soledad es bella si me recuerda a ti. Y si lloro por ti también tiene su belleza. Gracias, Ambrosio, por dejarme tantos recuerdos…

Fui a Sevilla a la Expo 92. Me gustó mucho. Te recordé y pensé que tú estabas conmigo y en lo que hubiésemos hecho. Qué me gustaría a mí, qué te gustaría a ti.

Han sido días muy cansados pero tenía que ser así si quería ver muchas cosas. Fui con Maruja, que era muy distinto.

Ahora estoy sola. Leticia y Álvaro están en Sevilla también para ver la Expo. Es el puente de San Isidro. María se ha ido a Santoña.

Hoy he ido a la misa de San Isidro. Ofició el Cardenal Suquía. Me ha gustado y, al salir, me di cuenta de que no recé por ti. Recé porque llueva, hace mucha falta; pero te quiero, te quiero, te amo. 

El amor sublimado por la muerte, el amor que no fenece en la tumba.


14 de junio del 92

Ambrosio querido, ayer fue San Antonio y estuvimos en la finca de Tonio.

Hoy llueve, es domingo y quiero ir a misa pero tengo unas horas tristes como el día.

He ido a misa, he comprado el ABC y... pasaré el día leyéndole y viendo la televisión aburrida y –como único aliciente– pensando en ti, que es lo que más me gusta; pero en tono normal, como si lo estuviese viviendo, recordando algún pasaje de nuestra vida en común con nuestros hijos.

Ya pasó el día, hoy ya es 15 y el día sigue tristón. Voy a ir de compra a Continente.

Álvaro está conmigo pues está malo y Leticia aún tiene que ir al colegio. Son los últimos días de exámenes.


18 de junio de 92

Ambrosio de mi alma, por fin anoche he soñado contigo. Sin amargura, sin tristezas, sin pesares. Fue un sueño agradable. Viví unos instantes otros tiempos pasados que ya había perdido la esperanza de volver a vivir y este recuerdo me acompañará una temporada y quiera Dios que sea por mucho tiempo o que vengan otros sueños para hacerme soñar que estoy contigo.

Ambrosio, hay veces que hasta hablo en alto contigo. Te cuento cosas, creo que lo necesito, y no solo con el pensamiento. María me suele preguntar "¿Con quién hablas, mamá?" y yo le contesto que conmigo misma. Es que hablo contigo pero me lo cuento a mí, a mi pena, a mis alegrías, lo que mi alma quisiera hablar contigo y yo sé que tú me escuchas pero prefieres estar callado y a veces levantas las cejas y sonríes y eso me basta.


24 de junio 92

Ambrosio de mi alma, acabo de hablar con Carmelina pues ayer hizo dos meses que se fue tu hermano Tito, no sé cómo no te lo he contado antes. Ya sé que tú lo sabías, que ya estáis toda la familia juntos y estáis contentos en un sitio con el que siempre soñamos y del que a veces tenemos miedo. Ambrosio no estés triste, Carmelina está tranquila y su hijasu yerno y su nieto. Tú no los conociste.

Ambrosio, ya sabemos que cuando venimos a este mundo es para sufrir, gozar, padecer, disfrutar. Pero los días tristes parecen más que los alegres. Ya sabemos que esta vida es un puro batallar.

Ya queda poco para ir a Santoña y contemplaré el mar en silencio y pensaré en ti y tu recuerdo me acompañará. Guardo tu recuerdo para poder vivir. Siempre estarás conmigo.

        Adiós, vida mía


11 de julio

Ambrosio de mi alma, María está en Sevilla. Ha ido a la Expo 92 y no volverá hasta el 17 o 18. Leticia y el niño se han ido a Orlando –a Disney– y lo están pasando muy bien. Yo estoy sola recogiendo la casa para irnos a Santoña.


18 de julio

Ya vino Leticia, y Álvaro se quedó anoche a dormir conmigo, y al irnos a la cama recordando lo que acabamos viendo de ver en la tele me dio por bailar en la habitación y Álvaro se moría de risa y yo me reí muchísimo. 
Hoy se lo recordaré y querrá que baile como anoche, estoy segura. 

Creo que nos vamos el martes 21. María vendrá mañana. 
Natalia se casa el 31 y aún tengo que preparar el vestido. 

Hoy hemos ido a Puente del Arzobispo a pasar el día. Ahora son las 2 de la madrugada y no me puedo dormir y estoy pensando en ti y guardo tu recuerdo, amor, para poder vivir.

Estoy escuchando canciones de una cinta y todas me parecen que son escritas y cantadas para nosotros...

Y siempre estarás conmigo, amor, aunque no estés aquí.


19 de septiembre del 92

Ambrosio, de mi alma, he vuelto de Santoña el 12, cumpleaños de María, que estaba aquí estudiando. Ya tiene 23 años. ¡Cómo pasa el tiempo! Pasa el tiempo y van sucediendo cosas.

Ambrosio, ya estáis toda la familia juntos. Pasé a Chechu y está contigo. Y Pitín y Cucatu padretu madre y tus cuñados Manolín y Gabriel están a tu lado y, como es algo que tenemos que hacer, tú estás contento. Y que descanséis en paz ya para siempre aunque estéis vivos en mi corazón.

Me voy el lunes a Sevilla con María ocho días para seguir viendo la Expo. Dirás que no paro de un lado para otro y es verdad, pero no siempre voy con ganas ni siempre lo paso bien. Ahora tengo ganas. Aquí solo pienso en limpiar la casa y me tengo que organizar mejor, dejando unas horas para pasear. Tengo que caminar –me vendrá bien– y un día por semana visitar a mis amigas y otro ir al cine y una mañana a recados. Uno al mes a comprar a Continente. Veremos si lo cumplo.


1 de octubre del 92

Ambrosio querido, ¿sabes que te escribo cuando mi alma ya no puede con tanto silencio dentro? ¿Con tanta pregunta sin nadie que me responda? ¿Sabes que te quiero y tu recuerdo me persigue como en un día de sol, mi sombra? Y yo no me quiero separar de esos recuerdos. Entra el silencio y la oscuridad en el cuarto de estar y tu presencia se difumina y mi mente te recuerda para no perderte.

Te quiero, vida mía y soy feliz en medio de mi soledad porque te conocí un día y Dios quiso que fuéramos el uno para el otro, algo que no se puede separar.

Ambrosio, te confieso que a veces desmayo y no sé seguir la vida; como en este momento. Voy a salir a caminar, lo he pensado de repente. Sí, creo que es mejor. Quizás tú me lo acabas de decir.

Gracias, vida mía.


9 de octubre del 92

Ambrosio de mi alma, estoy llorando. ¡Qué raro!, ¿verdad? En un momento una canción me ha hecho retroceder 13 años atrás: La última noche que estuviste en casa y yo con el pensamiento canté aquella canción que bailamos tanto y que tanto  nos gustaba "Reloj" y aquella noche la canté. "Detén el tiempo en tus manos, haz esta noche perpetua, para que nunca se vaya de mí, para que nunca amanezca".

La he cantado muchas veces hasta en voz alta desde que te fuiste y siempre lo he recordado con amor, y hoy no sé qué me ha pasado que he llorado, me he angustiado, me he sentido francamente mal. Ha vuelto el dolor de aquel día, lo he visto claro, lo he vivido con intenso dolor y aún ahora, escribiendo, la angustia me atenaza y las lágrimas corren por mi cara. Pero ya sabes que me gusta llorar y morir de dolor por ti, y noto que mle viene bien a mi mente, a mi espíritu y hasta a mi cuerpo. Necesitaba llorar por ti, amor de mi vida.

Hoy está el cielo gris. El día está triste como triste está mi alma.


23 de octubre del 92

Ambrosio, no sé si estás contento o triste con la muerte de Gonzalo, pero ya está ahí, en Santoña, con Curro y contigo y Juanchu y José Mary Vázquez. Creo que de lo que estás contento es de que a Gonzalo hayan decidido llevarlo a Santoña.

Algo se muere en el alma cuando un amigo se va.


5 de noviembre del 92

Ambrosio, amor mío. Amanece y me despierto, y sin abrir los ojos siento una pena muy grande. Yo sé que no estás… Paseo por las calles de Madrid y quiero encontrarte en cada esquina, y es que hay algo dentro de mí que no lo cree, que ya nunca me cojas las manos, levantes las cejas y metas las manos en los bolsillos y me sonrías. Ya nunca más, ya no para siempre.

¿Por qué no se puede volver a vivir aquellos días preciosos de primavera cuando, aprovechando cualquier puente en tus estudios, te escapabas para estar juntos? ¿Por qué?… Y en los balcones hay macetas con flor y alguien levanta su persiana y mira al cielo y lo ve azul, ¿por qué? y todo se renueva menos nuestro amor, ¿por qué? y tengo que recordarte con fuerza y con amor para poder vivir.

Por ti miro el sol desde mi ventana, por ti el viento y las flores, por ti los sueños y sentimientos, por ti la luna y las estrellas, por ti el mar y la arena, por ti… Y sigo viviendo.


2 de diciembre del 92

Ambrosio, me gusta el mes de junio porque sus tardes son largas, porque las golondrinas revolotean bajas y el sol rojo se esconde por Montehano. Me gusta el mes de junio porque te anuncia el verano y el verano está cerca, pero no es verano. Aún hay futuro, aún está por llegar. El calor, la playa, los amigos, los saludos, los recuerdos… Las tardes en el pasaje mirando a los barcos salir a la mar y las gaviotas. Aún está todo por estrenar.

Y así eras tú. Tú llegabas y todo se iluminaba, mis penas se desvanecían, empezaba la tarde para mí con promesas de salir a pasear, con futuro de placer por las noches.

Y ya todo eso es recuerdo, recuerdo agradable, pero recuerdo al fin. 

Ambrosio, estamos con los problemas de las casas de Manzanedo. Ya creo que este año –antes de que acabe este año 92– estará solucionado. Hemos tenido incertidumbre incierta durante 9 años. 9 o 10 ya no sé cuánto.

29 de enero de 93


Ambrosio, vida mía. No te he contado mis cosas desde hace tiempo. Han pasado las Navidades. Fui a Valencia a pasarloas con Vicente y Aleja y los niños. Hacía mucho que no las pasaba con Vicente. Luego fuimos Vicente y yo a Santoña para lo de las casas de Manzanedo, y creo que al fin todo salió bien. Ayer se fue otra vez a Santoña para el toque final. Le estoy esperando.

Mi silencio de estos días atrás ha tenido su porqué. Estuve un poco deprimida, lo de siempre, incluído engordar. No me apetecía salir. Solo la cama y comer.

Ahora estoy pintando con con Ángel un poco la cocina y radiadores.


13 de febrero del 93

Ambrosio, de mi alma, cuarenta años y mis recuerdos están vivos y recuerdo cada minuto de aquel día.

Ambrosio, estoy rara. Me comporto mal con María y creo que es ella la que se comporta mal conmigo. ¿Tú cómo lo ves? Yo quiero que se comporte con respeto, con cariño. Ella es exigente conmigo y está enamorada. No piensa nada más que en él. Dios quiera que no me equivoque y que todo lae vaya bien pero creo –y creo no equivocarme– que lo nuestro era diferente.

Ambrosio, iré si Dios quiere, para San José. Ya cumples 67 años.

Son ahora a las ocho y media de la tarde. De repente pensé en aquellos días de inmensa tristeza y he vuelto a leer tarjetas, cartas, telegramas, tu carta al Imparcial y las de Vicente a ti. He pasado un mal rato; un rato largo pues estoy desde las seis más o menos y ha pasado una triste historia por mi mente. La pena me atenazaba la garganta y mis lágrimas esquivas asomaban a mis ojos y luego he ido al cuarto de baño y en el espejo he visto el dolor asomado a mis ojos y pienso que es un pequeño homenaje a tu recuerdo.

Te quiero, Ambrosio, te quiero. Pero yo quisiera abrazarte muy fuerte y darte un beso muy largo. Adiós, vida mía. Adiós amor de mi vida, adiós. Siento que la pena me abrasa.


8 de marzo de 1993

Amor de mi vida, somos novios, nos queremos... Adoro la tarde que nos vimos, adoro el beso que nos dimos… Yo te adoro, vida mía. Tenía ganas de decirte esto y te lo he dicho y así lo siento. Yo te adoro, vida mía. Creo que siempre fuimos novios.

He pensado esta tarde, de repente, que hacía mucho que no soñaba contigo y no me daba cuenta. ¿Por qué he dejado de soñar contigo? Solo unas pocas veces he soñado cosas agradables. Las más he sufrido en los sueños y ahora no sueño contigo.

Estoy sola, me he quedado sola desde que te fuiste. A veces lo paso bien con mis amigas, pero en el fondo de mi alma estás tú y lo estarás siempre. No necesité decírtelo pues tu bien lo sabes.

Estuve contigo en Santoña y con Ángel y Vicente el día que enterrábamos a tía María. Era un día gris y lluvioso y el camino de Madrid a Santoña nevado. Me llevó Vicente en su Mercedes.

Ambrosio, te veo sonreír.


23 de marzo de 1993

Ambrosio, estuve en Santoña y estuve contigo y con Ángel que me acompañó. Te cogimos margaritas y unas flores por el camino de la finca de Vella y volví el día de San José y el 21 que hacía 14 años que te fuiste, pero fue distinto que otras veces. En el panteón nuevo aún no me acostumbro a pensar que estás ahí y me siento rara. Espero que me acostumbraré.

Ambosio, ya se arregló lo de la casa de Manzanedo y ahora tenemos 3 garajes que tenemos que vender.

Ya tendrías 67 años y otra vez no te los he dado. Con mi mente, con mis recuerdos, con mi alma, con mi corazón sí...

Ambrosio, amor mío, te quiero, te adoro. Te quiero ver, te quiero tocar, sentirte a mi lado, contarte cosas y que tú me escuches y me aconsejes.

Aún está Ángel aquí desde antes de Navidad. Tengo que conseguir de que es hora de trabajar y que yo me quede tranquila y él se conciencie de que tiene que vivir su vida.


2 de abril del 93

Ambrosio de mi alma, ayer se murió el padre del rey Juan Carlos, Don Juan. Hoy he ido al Palacio de Oriente para ver llegar el féretro y he firmado dando el pésame y ayer también, 1 de abril, perdimos un hijo y tuve un cariñoso recuerdo para él.

Ambrosio, ahora lo he vuelto a ver en la televisión y cuando a Doña María, la esposa de don Juan, le acercó su hijo con la silla de ruedas y ella se besó la mano y la puso sobre el féretro, sentí un estremecimiento y mis ojos se llenaron de lágrimas. Me imaginaba lo que ella estaría pensando "Adiós, Juan" y yo me acordé de ti… Ambrosio, el 7 me voy a Ibiza, ¿cómo lo ves? ¿Te alegras o piensas que soy una corretona? Voy con Maru, la hermana de Manoli. Es barato, vamos por medio del inserso 24.000 mil 15 días. Te veo que sonríes porque pongo tantas disculpas pero en el fondo te alegras de que coja unas vacaciones, ¿o no?

Estoy esperando a Vicente y Aleja que vienen con los niños; van a Valladolid a una boda de un hijo de PepinucoLuis. A los niños los dejan aquí con Gimo, es una chica que han traído de Tánger.


6 de abril 93

Ambrosio, amor de mi vida, mañana me voy a Ibiza.

Estaba pensando ahora que yo nunca había soñado con hacer viajes ni tener dinero y poder y fama. Yo solo soñé que quería casarme contigo, tener hijos tuyos –muchos hijos–, una casita, bonita y cómoda, que tú me quisieras como cuando éramos novios y que nuestros hijos fuesen los más guapos, los más altos, los más listos e inteligentes, los más buenos y los más sanos. Que tuvieran las mejores carreras y tener nietos, llegar a viejos y disfrutar de eso que nos había concedido Dios y casi, casi lo consigo.

Me casé contigo, nos quisimos, tuvimos 5 hijos. Menos Ángel, estudiaron todosVicente se quedó en el camino pero le va bien.

Se casaron, tengo nietos, tienen salud. Su aspecto es casi perfecto, creo que son buenos personas. No llegamos a tener una casita bonita pero si una casa. Pero... no estás tú y yo sigo porque así lo quiere Dios. Yo sigo viviendo y como decía Santa Teresa

        "Vivo sin vivir en mí"

y vivo sin ti, que es como no vivir. Aunque parezca que voy y vengo y río y canto pero no tengo futuro, no tengo meta y vivo sin ti, que es como no vivir.

Me llamó Tonio esta mañana y me dijo que se fue Pepita Castañeda y Juan Collado y quedamos cada vez menos de aquellos días de aquellos recuerdos.


24 de abril del 93

Ambrosio de mi alma, ya he vuelto de Ibiza. Lo he pasado bien aunque no vi playas bonitas –y pensé como "Berria" no hay ninguna–, bonitas calas y unas casitas blancas muy blancas. Pasé a Formentera en un barco grande como un Ferrisy. He tomado el sol y he descansado 15 días. Cuando iba en el barco subí a popa y veía al mar y las gaviotas y pensé en ti, en que me cogieras por el hombro y lo viésemos juntos y gozáramos juntos de aquellas vistas. Ibiza al fondo, con su parte de casas viejas rodeando a aquel castillo que un día conquistó el obispo Guillermo para Jaime I, el Conquistador.

Cuando por las noches la gente de nuestra época cantaba o bailaba, como por ejemplo nuestra canción "Reloj", mi corazón se iba entristeciendo y prefería irme a dormir y a ver si por lo menos soñaba contigo.

Ahora estoy algo acatarrada, me molesta un poco la garganta.

Para el siete de mayo vendrán todos los hijos y nietos pues hace Álvaro la Primera Comunión. No sé si estará Ángel pues creo que se va esta semana.


6 de junio del 93

Hoy hemos ido a votar y estoy algo disgustada por el resultado pues, aunque en Madrid sigue ganando el PP, pero en toda España sigue el PESOE. En el gobierno ha bajado un poco y el PP sube bastante pero no lo suficiente. Otra vez será.

Es la una y media de la madrugada y estoy cansada y lo voy a dejar pues no aguanto ya más ni a mí misma.


28 de junio de 1993

Ambrosio de mi alma, este fin de semana fui con Vicente a Valencia y Leticia y el niño iban en otro coche. Lo hemos pasado bien, nos hemos bañado en la piscina de su casa, anoche llegué. Me trajoeron Leticia y Carlos.

María se prepara para su último examen y luego nos iremos a Santoña a pasar el verano y pasaré ratos contigo y te contaré cosas.

Aún me parece extraño estar sin ti, que me lleven y me traigan otros que no seas tú. Estar allí cada cual con su pareja y a mí me ha tocado estar sin ti. ¿Qué sería de mí si no tuviera recuerdos tuyos? No estás presente pero yo aunque no te veo siento tu presencia y te veo en cada cosa que miro, pero a veces necesito, te necesito a ti… Quiero que me mires a los ojos, que me cojas mis manos y me preguntes ¿qué quieres? ¿qué te pasa? o simplemente que me mires. Sentirte cerca, decir ¿nos vamos ya? Eso quiere decir "nos vamos juntos" y así hasta que Dios quiera.

Quién me iba a decir que algún día todos esos recuerdos tuyos que yo iba guardando en mi corazón los iba a necesitar para poder vivir, para llenar mis soledades, para que sea distinto a las cosas que veo y no me gustan y para pensar que un día no muy lejano fui feliz; tuve un marido, un amante, un amigo y fuimos felices. ¿Por qué reñíamos? y no aprovechamos todos los minutos para querernos, para estar tranquilos? Tú así lo deseabas y yo, creyendo que estaríamos eternamente juntos, que nos sobraban días de felicidad, desperdicié algunos ratos de felicidad.

Esta es una tarde de verano y es bonita, podríamos ir un rato a pasear y luego nos sentaríamos en una terraza a tomar una caña y unos cacahuetes. Qué cosa tan sencilla que tú lo verás tan vano y tan humano a la vez. Tú lo ves con otros ojos y, quizás, me veas a mí y a Vicente y sus hijos en Valencia y a Josechu en Sevilla, a Ángel en Barcelona... a todos. Como estás tan alto lo ves todo y nos estás diciendo que seamos buenos y felices, que nos queramos y que nos esperas.


6 de julio de 1993

Ambrosio querido, he leído más cartas tuyas de cuando tú estabas aquí en Madrid viviendo solo y yo en Santoña con los niños, esperando encontrar trabajo y piso para vivir todos juntos y que pasasen aquellos sufrimientos que ahora me parecen sencillos y de buena gana volvería a vivirlos pues sería señal de que tú vivías aún entre nosotros.

Lo he pasado bien pues por instantes me parecía que tú estabas en Madrid y yo en Santoña y que tú me habías escrito y de pronto… no era verdad.

Las leo de vez en cuando y me vuelvo a aquellos tiempos más felices y estoy pensando ¿cómo puedo estar sin Ambrosio? ¿Cómo? y en que la vida sigue. Ambrosio, ¡cuánto te necesito! Los amigos no son amigos de verdad. Sólo tú fuiste mi mejor amigo.


10 de julio del 93

Ambrosio de mi alma, siento la necesidad de decirte que te amo. Amo tu recuerdo, ¡menos mal! pues si no me moriría. ¿Qué haría yo sin tus recuerdos? Recuerdos adorables. Tú eras adorable, vida mía. No sé si existirá otra persona mejor que tú. Pocos se dieron cuenta de lo buena persona que eras. Nunca te oí hablar mal de nadie y eso es un mérito que sólo Dios sabe apreciarlo. Eras amigo de tus amigos, eras lo mejor del mundo y lo sé, aunque no te quisiera como te quiero. No se necesita saber mucho o tratarte mucho para darse cuenta de cómo eras. Quiero a tus padres por traerte al mundo y a Dios por ponerte en mi camino. Te quiero, Ambrosio y no te olvidaré jamás y mi vida la vivo por ti.

Estoy mirando nuestras estrellas y presiento que tú estás en esa estrella.


24 de septiembre del 93

Ambrosio, de mi alma, ¡qué felicidad aquellos días! Amanecía para mí al abrir los ojos. ¡Qué felicidad! ¡qué bonitos días! ¡qué largas las horas! A las once vendrá Ambrosio a buscarme y pasearemos por el pasaje cogidos por la mano o por el hombro y el sol brillaba en la bahía y nos cegaba y, sin hablar, nos mirábamos a los ojos y la sangre corría con fuerza por nuestras venas. ¿Hay algo mejor en el mundo? ¿No existía nada más que nosotros?

Hay algo tan bello y con tanto futuro, todo era bonito, todo bello, todo alegre, todo era felicidad. Sólo existíamos nosotros y tú tratabas de encontrar el momento para besarme, todo era nuevo cada día. Cada día estrenábamos un beso diferente. Nuevo, hermoso, caliente y feliz, ¿Hay algo más bonito e inocente?

Esto pienso y me hace feliz el recuerdo y siento que algo corre por mi cuerpo y sueño que en cualquier momento tú me llamarás y yo iré, amor mío. La vida para nada me sirve sin ti.

Contigo aprendí a ser feliz, ver el lado bueno de la vida. Contigo aprendí a valorar la
belleza de las cosas y el valor de la amistad.


11 de octubre del 93

Querido mío, el 17 me voy a Lloret de Mar con mis amigas con la 3ª edad y volveré el 30. Espero pasarlo bien.

Me he hecho socia del club el Canoe para ir a nadar y pasar algún rato con mis amigas.

¿Qué te parece? ¿Te parece que estoy loca en mis años este cambio?


3 de noviembre del 93

Ambrosio de mi alma, ya estoy otra vez en nuestra casa. Lo he pasado bien, o mejor, he visto muchas cosas que no conocía de la región de Cataluña. Recordé cuando estuvimos en Gerona, en Rosas, en San Clemente Sasebas, cuando la jura de bandera de nuestro hijo Vicente. Pero he conocido mejor Barcelona y subí otra vez en a la torre de Colón y fui a Montserrat y al museo de Dalí.

¡Cuánto te recordé y cuánto me hubiese gustado verlo todo contigo!

Ambrosio, cada vez te recuerdo con más amor y pienso que contigo todo, todo era distinto; que sólo contigo era feliz en todos los sentidos: en tu comprensión, en tu educación, en tu fidelidad, en la palabra y en los consejos.

En la amistad no he tenido suerte. ¡Cuánto recelo! ¡cuanta envidia! ¡cuanta desconfianza! Tú solo me comprendías y cada vez valoro más que no te gustara el cotilleo y con pies de plomo hay que hablar cuando quien te escucha no es como tú y no me comprenden y me malinterpretan mi sinceridad y mis recuerdos y no me perdonan el tenerte como marido y de la familia que tengo y de mis padres y los tuyos.

Creo que me lo tengo que plantear de otra manera mis amistades.


6 de diciembre del 93

Querido Ambrosio, he ido a Santiago de Compostela, es año Jacobeo. Tú fuiste con Monsieur Potett hace 40 años justos. Yo estaba embarazada de Josechu, era el año 1953 y como el 25 de julio era Santiago y caía en domingo (me he enterado ahora) si coincide que caiga en domingo, es año Jacobeo. Y fuiste en moto con el francés pues él venía con mucha ilusión de ir a ganar el jubileo, el día que salisteis de Santoña en agosto era un día que amaneció con nubes negras, oscurísimo. Daba miedo de la oscuridad dentro de las casas. Eran las 10 de la mañana y mi madre encendió la luz de la tienda. Yo me quedé con ella pues al no estar tú yo me sentía muy sola. Ahora he ido yo con ManoliMaru y Josefina. Lo hemos pasado bien en Santiago. He conocido las Rías Bajas. El tiempo no ha sido bueno, claro que en Galicia ya se sabe.

No pude ver las estrellas por la noche –nuestras estrellas– y me acordé de cuando me decías en tus cartas –mira las estrellas todos los días y verás en ellas mis ojos llorosos suplicando "no me olvides"– ¡Qué cosas me decías! Si aunque quisiera no puedo olvidarte, es sería como olvidarme de respirar.

Entramos en Santiago por el Monte del Gozo. Tú no entrarías por ahí, pues tú venías del este y nosotras por el sur, de Madrid. El pueblo en que nos quedamos se llama Sanjenjo. Luego entramos en la catedral por la Puerta del Perdón: tocamos unas cruces que hay en la puerta de piedra en la entrada. Guardamos una cola enorme para abrazar al Santo. Luego oímos misa. Confesé y comulgué. Vi funcionar al "botafumeiro", luego puse la mano en la columna de mármol desgastada y tres golpes con mi cabeza en el Santo y pedí tres cosas. Salud de cuerpo y alma para mí y mis hijos y por Ángel y María y por nuestros nietos.

Llovía muchísimo, como si fuese imprescindible que tuviera que llover en Santiago. Tiene fama de llover mucho me compré el báculo de peregrino con la concha

                       y te recordé, te recordé mucho.


15 de diciembre del 93

Ambrosio de mi alma, hoy estoy especialmente triste, son las seis de la tarde y estoy sola. La noche entra por la ventana del despacho y del cuarto de estar. Estas fechas me entristecen. He llorado, te he llamado a gritos y tú no me contestabas. ¿Por qué te fuistes? ¿Por qué estoy sola? ¿Por qué tengo que ir de un lado a otro? ¿a de una casa de un hijo a otra casa? Quiero ser fuerte, quedarme aquí y si quieren venir que vengan, o si no, sola. Meterme en la cama y llorar, llorar y llorar o pedir perdón a Dios por quejarme tanto. Tengo hijosnietos, salud (estos días temía por mi salud, no sé por qué) y tengo tu recuerdo… ¿Qué más quiero tener?

Pasado mañana me iré con Vicente a Valencia y veré a nuestros nietos VicentucoJosé y Leticia. No tengas pena por mí, allí pasaré bien.


17 de enero del 94


Ambrosio querido, estrenamos un Año Nuevo. Las cosas de la política y la economía andan mal en España y en Europa. Los bancos "Banesto" con Mario Conde a la cabeza. Esto te interesa poco, ya sé.

Estas Navidades estuve en Valencia, lo pasé bien, bueno, bien... Tú sabes cómo lo pasé pero, ¿qué esperaba?

Ambrosio, ¿por qué? ¿por qué acabó tan pronto el estar juntos, felices? Mis recuerdos son hermosos. A veces lo estropea cuando recuerdo que te reñía y ¿por qué reñíamos? A veces hasta me cuesta recordar las cosas tan tontas por las que discutía y me avergüenzo de mí manera de ser. Veo a matrimonios que no se parecen a nosotros ni a nuestro matrimonio ni por asomo y a ti ni por casualidad.

Miro todas las cosas en la casa. Tu cuadro, tus libros, la ventana, la lámpara (la balanza que tú hiciste lámpara) y es todo igual y... tú no estás y es más, no estarás nunca más y todo el tiempo que yo siga en este mundo y tú sigas en mis recuerdos nunca podré tocarte, nunca te besaré…


14 de febrero del 94

Ambrosio mío, hoy 41 años. Nevaba, yo no tenía frío, el traje se me manchaba, tu muy peinado me esperabas. A los dos nos temblaba el cuerpo y no de frío.

Y hoy, sola en mi habitación lo recuerdo todo y es como si recordase algo que nunca ocurrió y mi mirada mira sin ver por la ventana y el mundo está callado. ¿Será un sueño?

Estuve en Santoña y fui a verte y estar contigo. Te cogí unas margaritas, había pocas en el campo, era el uno de febrero.

No sé si te he contado que voy a un club, "el Canoe" y voy dos o tres días por semana a bañarme a la piscina cubierta. El agua está caliente, creo que es bueno para los huesos que ya se me están poniendo viejos. Van también Manoli y Esperanza.

Dejo pasar los días que me quedan para estar contigo. Dile a Dios que me ayude.

Ambrosio, hace mucho que no te ruego que cuides a tu hijo Ángel. Hace 6 meses que no hablo con él, si pudieras en este momento decirle "llama a tu madre, que hoy es nuestro aniversario"... Sé que se está acordando pero le da pereza llamarme.

Te llevo en el recuerdo y en mi corazón.


25 de febrero del 94

Ambrosio de mi alma, fuiste el gran amor de mi vida. ¿qué digo fuiste?, eres; eres el gran amor de mi vida y lo seguirás siendo mientras yo vea la luz del cielo y las estrellas a la noche.

Veo mi cuerpo viejo ya pero mi recuerdo está joven como cuando éramos novios y a veces se confunden los recuerdos de entonces, los de después cuando vivíamos juntos y los de ahora y no logro separarlos. Sólo la gente lo separa y me resulta difícil hablar de ti en pasado pues siempre estás en mi recuerdo, en mi mente, en mi presente y en mi futuro, aunque a veces desfallezco de no verte y no tocarte hasta que el recuerdo entra en mi vida y pienso que fuimos tan felices que el dolor que ahora siento es un trozo de aquella felicidad.

Son las cinco menos cuarto de la madrugada y oyendo por la radio cosas que dicen sobre el amor mujeres que aman o han amado, he querido contártelo a ti.

Ambrosio, ¿me estás viendo con los ojos del alma? Sé que lo haces y, aunque sea distinto por la distancia y por el tiempo y porque estás con Dios y tu familia, me miras complacido y triste al ver que sufro; que no sé separar este amor terrenal y, no creas, yo también te veo con los ojos del alma y con los del amor que te tuve y con el amor en el recuerdo, amor de mi vida. Te amo, Ambrosio, ¿no comprendes que sin amor no se puede vivir? 

Ayúdame, que ando dando bandazos y golpes de ciego y me caigo muchas veces.


10 de marzo del 94

Ambrosio, vida mía. Me he despertado. Son las cuatro y media de la madrugada y mi pensamiento se posó en tu recuerdo.

Perdóname, vida mía. Perdóname, mi compañero. Fuiste todo para mí. Me quisiste tanto, fui tan egoísta que te quería solo para mí. Quería ser tu dueña y tú mi dueño. No te quería compartir con nadie. Perdóname, mi compañero, si te hice daño alguna vez, perdóname...

Te sigo queriendo, te sigo necesitando. Nunca me cansaré de decir que eras muy bueno, nunca me cansaré de decir que eras paciente conmigo y con los hijos. Que eras piadoso, que eras callado y sufrido. ¡Qué lástima!, Ambrosio mío, ¡qué lástima que sea demasiado tarde!..

Un día se unieron los crepúsculos del día y de la noche y te fuiste…


18 de marzo del 94

Ambrosio mío, son las seis de la mañana y escuchando la radio me he sentido sola, desamparada, sin ti.

Me voy a Santoña a las ocho y media. Ya tengo la maleta frente a mí. Voy a verte, amor mío, a estar unos ratos contigo.

Mañana cumples 68 añazos ya, vamos para viejos. Yo, a veces, me siento cansada, sola, desamparada y triste. Dime algo, Ambrosio.

Además noto que los hijos como que no me necesitan poco a poco y eso me hace sentir que me quieren menos y, entonces, te necesito más a ti…

De Ángel no sé nada. Haz que me llame a Santoña. Él se imaginará que estoy allí contigo, necesito hablar con él, quiero oír su voz. A veces tengo malos pensamientos, creo que le está sucediendo algo malo.

Ayúdale, Ambrosio. Ayúdale y así me ayudas a mí.

María se queda sola aquí y la noto triste y cansada de estudiar.


 13 de abril de 1994

Ambrosio, de mi alma, los días y los años pasan y yo sigo aquí sola. Sola, sin ti, y doy gracias a Dios porque tú dejaste llena mi vida con cinco hijos, pero a veces se me antoja que aun con su presencia estoy sola, muy sola. Las paredes de la casa se estrechan, me agobian. Se empequeñece mi mundo, mi vida. Solo queda sitio para mis recuerdos.

Ambrosio, ya he tenido noticias de Ángel. Está otra vez navegando. Le ha mandado una pintura para Álvaro. Es un caballo, está hecho a lápiz. A mí me pone unas líneas. Ya sabes que el él, cuando está en la mar, llena sus días –sus horas libres– escribiendo o pintando que sabes no se le da mal. Tiene intención de dejar de fumar y de ahorrar dinero. Tiene planes que no sé cuáles son.

Parece que me has escuchado, y Dios, y la Virgen del Puerto y Santiago. Todos me habéis escuchado mi ruego. Seguid cuidando de él. Es un ser que necesita protección, consejos y amor.

Son las seis de la mañana y me encuentra llorando tu recuerdo, escuchaba la radio y hoy hablaban de la soledad y han llamado muchas viudas y me he unido a ellas a sus sentimientos y he recordado lo que tú amabas a Santoña a la mar, a las gaviotas, a los barcos, al cielo azul, a nuestra bahía y a mí que era de ese puerto, donde el cielo es cielo y el aire es aire. Y donde el amor es sincero y de verdad. 

Voy a copiarte una carta que escribió tu hijo Vicente en el periódico, y que cada vez que la leo lloro sin consuelo, pero es un llanto que descarga toda la tristeza que hay en mí.

                                                              A los santoñeses

Hace apenas unos meses un santoñés –de los de pura cepa– escribía desde su cama hospitalaria una carta a un diario madrileño en la que, en resumidas cuentas, decía sentirse orgulloso de ser español.

Hoy día agoniza en su Santoñuca del alma. Mucho antes de que se sometiera a la operación que así le tiene, decía que, si tenía que morir, había de ser en Santoña. Solamente Dios sabe cuánto quiere él a este trozo de tierra.

Dentro de poco subirá allá, a los ámbitos de la perpetua serenidad y desde allí es desde donde se distingue la pequeñez y la miseria. Quizá cuando esta carta salga a la luz del día ya se habrá reunido con el Padre Celestial al que tantas y tantas veces rezó desde esta iglesia de Santa María del Puerto.

Muchos de los marineros de Santoña saben de su afición a la mar. El otro día me contaba que le iban a hacer "marinero honorario", que habían venido a verle unos marineros que se lo habían prometido pero luego me confesaba –un poco avergonzado– que, en realidad, había sido él quien había propuesto la idea.

Si alguien que lea esta carta se cree tan humilde como para reconocer un "pecadillo" de vanidad como éste, le felicito.

Aquí, en Santoña, donde el mar es mar y el aire es aire y el cielo es cielo, es donde él quería decir su último adiós a esta vida. Aquí, en Santoña, donde tantas veces soñó con tener un barcuco para ir a pescar jibiones. Aquí, en Santoña, donde tantas veces soñó con una casuca en el monte. Aquí, en Santoña, donde tantas ilusiones tenía es donde agoniza este hombre que si pecaba de algo era de bondad y paciencia.

Yo os digo que ese hombre que decía sentirse orgulloso de ser español, era también un miniregionalista (valga la expresión), ya que pocos como él sentían un orgullo tan profundo de ser santoñés y yo, que apenas viví los primeros diez años de mi vida en este nuestro pueblo, os digo que me siento orgulloso de ser español, santoñés e hijo de Ambrosio Herrería. 

Vicente Herrería de la Lastra


8 de mayo 1994

Hoy es San Migueluco en el Dueso.

Recuerdo aquellos días de romería recién casada. Embarazada de mi primer hijo y el siguiente también embarazada y feliz. Y el siguiente, y el siguienteBauticé un hijo ese día y así hasta siete. Luego con María ya estaba en Madrid pero lo recordaríamos.

Siempre te recordaré y estés donde estés estarás conmigo...


4 de julio del 94

Ambrosio de mi alma, no sé qué pensar. Antes creía que pedías a Dios por mí y por nuestros hijos y así también se lo pedía a nuestra Virgen del Puerto. No sé qué pensar. Quiero seguir creyendo que Dios no nos abandona, que yo no soy tan mala o que solo me castigue a mí pero no a mis hijos. ¿Crees que servirá para algo mi dolor y su castigo? Si es así, bendito sea Dios, pero ¿qué siento dentro de mí con esta nueva prueba? ¿qué dolor sienten mis otros hijos ante esta sorpresa siempre temida y siempre esperada? Ambrosio, por favor, por Dios, por nuestro amor, por nuestros hijos. Ayúdalos. Avísales del peligro y a mí ayúdame, Dios mío, a ser mejor y enséñame a ayudar yo a los míos.


11 de octubre del 94

Amor de mi vida, hace mucho que no te cuento cosas y hoy –¡cómo no!– estoy desvelada. Son las seis de la mañana. He escuchado desde las cuatro la radio y ahora me he levantado a tomar leche caliente y espero otra vez el sueño pensando en ti. Este verano cuando iba a misa y cantaban una canción que me recordaba más a ti –si eso es posible pues aún te llevo en mi pensamiento y en mi corazón– y esa canción me ponía al borde del llanto "Si me falta el amor, no tengo nada" "Si me falta el amor nada soy..."

Ambrosio, no te he contado que Álvaro estuvo en EEUU en un campamento pero una mañana a las 5 llamaron a Leticia que le tenían que operar de apendicitis. El susto fue, ¡imagínate! Todo salió bien gracias a Dios. Leticia fue y estuvo con él diez días. Si vieras (que sé que le ves) qué guapo es, qué listo y Dios quiera que siga así y llegue ser un hombre bueno y cabal. Algunos dicen se parece a ti. Él me pregunta por ti y yo les digo que eras más bueno que yo. Muy guapo, muy alto. Que se ha perdido un abuelo que tenía muchas cualidades buenas, y que jugarías con él y que tenías más paciencia que yo y creo que te añora.

Ambrosio de mi alma, ¡qué triste es la vida sin ti! aunque últimamente lo paso más distraída yendo al club de "El Canoe". Voy a nadar y si me encuentro con mis amigas jugamos a la canasta y al continental y lo paso bien.



3 de noviembre del 94

Ambrosio querido, esta tarde te añoro. Te necesito. Veo la televisión y pienso "¿cuál sería tu comentario?" "¿qué programas te gustarían más?" Sé que cuando no te gustaría lo que me gusta a mí tú te pondrías a leer –que era la pasión de tu vida– y no tendríamos por qué discutir.

Ayer fui al Pardo, al cementerio, y vi la tumba de Carrero Blanco y otros personajes ilustres y conocidos. 


Sigo hoy día 9 de noviembre, día de la Almudena patrona de Madrid.

He hablado por la radio para decir públicamente que también como a nuestra Virgen del Puerto es nuestra virgen morena, nuestra madre, nuestra madre como todos la llamamos y que cuide de Madrid y de toda la juventud que tanto lo necesita. 

No fui a Santoña estos días que he estado yendo desde que te fuiste. Perdóname Ambrosio, me dio pereza ponerme de viaje, el autobús... No sé si me estoy volviendo vieja. Además pensé que tendría que ir en esos días por otros asuntos y te iría a hacer compañía. Te encendí una vela al pie de tu cuadro del despacho y una maceta con violetas.

Estoy oyendo llover en el alféizar de la ventana de nuestro cuarto y son las cinco de la mañana. Hoy iré con Leticia y Álvaro a la radio de Luis del Olmo pues, como es la Almudena, el niño no tiene clase y le hace ilusión conocer la radio por dentro. Espero que lo dejen entrar.

Estoy triste en estos días y pienso que serás ceniza mas tendrá sentido. Polvo serás, mas polvo enamorado.

Amigo, el que yo más quería. Venid al alba del día.

26 de enero del 95

Ambrosio, amigo amado: cada vez que te escribo siento algo; como que no soy yo la que lo hace. Yo, Lines, la mujer de Ambrosio, su novia querida, la madre de sus hijos, y que ya no te verá nunca más a su lado y cogida a tu mano. Soy como otra persona. Y cuando estoy con mis amigas las quisiera decir: "Yo no soy esta que está con vosotras, riendo, contando cosas o jugando a la canasta. Yo soy Lines, la mujer de Ambrosio, madre de cinco hijos y abuela de ocho nietos y con mis problemas y mis recuerdos" que a ellas no les interesan. Ellas son solteras y de hijos y nietos saben poco y no saben que muchas veces estoy con ellas y mi pensamiento está contigo, con mis cosas, con mis problemas.


14 de febrero del 95

Ambrosio de mi alma, te quise tanto que ahora que tú no estás ya no sé si te quise mucho, no sé si te he querido, no sé si me quisistes, lo que sí sé es que jamás volveré a amar así.

Me pondría a gritar… Quisiera llorar y pienso que siempre ponerlo en este libro no puede ser. ¿Qué siente mi alma? Yo te quiero, Ambrosio, desde siempre –diría yo–, pero calculo que hace unos 50 años (entre 42 de que nos casamos, 5 de noviazgo y dos antes que ya te quería muchísimo).

Yo no sé cómo será lo que otros quieren o aman, no se puede medir. Ni si tú me querías más que yo a ti. Y si fue así ¡qué suerte tuve! Pero creo que yo también te quise tanto y te sigo queriendo.

Yo te quería con toda el alma como se quiere solo una vez.

Quisiera gritar, ¡Te quiero, Ambrosio! ¡Te quiero, te amo, te amaré mientras viva, te amaré hasta después de la muerte! Te quiero, te necesito. ¿Dónde estás? ¿Me oyes? ¿Me oyes dónde estás?.. y que el eco me contestara... Te amo, te amo, te quierooo…... o


23 de marzo 1995

Amor de mi vida, Ambrosio, querido, no fui a nuestra cita este año (16 años) y me siento rara, como si me faltara algo, como si hubiera cometido un pecado.

Desde que vine de Santoña del verano no he vuelto y siento la necesidad y mis ojos se llenan de lágrimas y en mi pecho un nudo que me atenaza… Pero mi pensamiento está contigo, amor mío…

Estuve en Sevilla el día de tu santo y el 21 venía para Madrid en el AVE. El 19 era domingo y fui a misa y comulgué por ti y me acordé de los 69 besos, ¡Qué viejos somos, Ambrosio! Aquí encendí la vela debajo de tu cuadro y te di un beso. 

Fui a Sevilla porque se casó la hija de rey de España, la infanta Elena y fue todo muy bonito. Vi a gente importante, Rainiero de Mónaco, le di la mano a Farah Diba, vi a la reina de Holanda... en fin, a muchos.

Me acordé de ti, de todo lo que veo sin ti y que me gustaría que lo hubieses visto. Hacía un tiempo buenísimo, ya es primavera.

Son ahora a las 6 de la mañana y me estoy quedando fría, me calentaré un vaso de leche con miel y trataré de dormir un rato.


20 de mayo del 95

Ambrosio, querido, fui a Santoña unos días y fui a estar un rato contigo. Te llevé unas flores del campo que cogí en el Dueso. Fuimos LeticiaÁlvaroCarlos y yo pues celebraban la vuelta del Santo: San Migueluco. Recordé aquellos años que íbamos desde el embarazo de Josechu hasta que nos vinimos a Madrid y cuántas veces desde aquí querías ir y me lo proponías; pero o caía en martes y los niños iban al colegio, en fin, no podía ir pero tú lo intentabas por si aún me daba la locura el ir. ¡Qué día aquellos!

Ahora es distinto todos es distinto. Tanto que no se parecen en nada. Si no fuese por mis recuerdos parecía que aquello no pasó. Pero sí, si pasó y fuimos muy felices. Tú eras capaz de hacer que una simple romería y merienda en el campo fuera inolvidable y adorable su recuerdo.

Hoy he tenido carta de Ángel y me felicita porque el martes cumplo 67 años y tú no me darás un beso. Pero no te preocupes, sé que llegaré a sentir cómo me besas.


1 de julio del 95

Ambrosio, de mi alma, miro a la luna que está sola en el cielo y siento su soledad. Ella también está sola como yo, ella espera la llegada del sol y cuando ve a su amado se recoge. Yo estoy sola con mis recuerdos y espero y espero y mi Amado no llega…

Hoy viene Josechu con sus hijos menos Chechu que se queda con Cristina en Sevilla porque tiene que nadar. Ellos vendrán el 12 que es cuando tiene vacaciones CristinaVicentuco llega en avión hoy a las 11. Va a ir Leticia a buscarle a Barajas. Comeremos en casa de Leticia y luego ellos se irán para Selaya. Nosotros nos iremos el 7 o el 8 de julio.


26 de septiembre del 95

Ambrosio, mi amor, anoche me llamaron de Santoña (Teti) que Guco, mi primo ya está contigo. Lo esperábamos hace tiempo pero no por esto es menos triste. Dicen que era joven para irse, tenía 60 años. Y yo me digo "¿y dejar de estar con los suyos a los 52 qué es?"

Ambrosio, llegué el domingo por la noche, ya hacía muy regular en Santoña y María estaba sola todo el verano y tenía ganas de verla y que me contara todas sus cosas y sus proyectos, que son muchos.

A lo de Guco no voy porque acabo de llegar y tengo muchas cosas pendientes que hacer. Los mandaré un telegrama.

Ambrosio, fui con Teti y Fernando a Portugal, Zamora, Toro, Medina de Ríoseco, Aguilar de Campoo. Fuimos al final del verano. Para qué decirte que pensé en ti y qué bien si fuésemos los cuatro. Que por qué no estás tú con nosotros, lo injusta que es la vida.

Veía tus ojos serenos mirarme, esos ojos que tenían su alma en la mirada y que yo tanto amé.

Estos días me vienen llenos de cosas por hacer después de dos meses y medio de vacaciones. Creo que en eso tengo suerte y en tener salud y en tener cinco hijos tuyos y ocho nietos guapos, listos y sanos ¿Qué más le puedo pedir a la vida?


29 de octubre del 95

Ambrosio de mi alma, son las siete y media de la mañana. He dormido bien pero me despierto temprano y escucho canciones que me recuerdan otros momentos contigo. ¿Te acuerdas? En Laredo bailamos "Ansiedad de tenerte en mis brazos musitando palabras de amor…"  "El eco de la pena de estar sin ti".

Dejé esta carta para ti porque las lágrimas no me dejaban ver, pero ahora la sigo. Me voy a ir a Continente a comprar y Leticia me irá a buscar a las 4 1/2 y me llevará a una galerías a verlas en la Moraleja mientras compramos o mejor esperamos a Álvaro que sale del colegio los martes y jueves más tarde.

Ambrosio, el jueves viene Aleja a pasar tres días a un Congreso o algo así y me parece una culpa el no ir a Santoña estos días de Todos los Santos y Leticia tampoco tiene puente para llevarme y sé que me quedo triste. Ella se podría quedar con María pero yo me acojo a esta disculpa.


17 de diciembre del 95

Querido amor de mi vida, ¿te he contado alguna vez en esta especie de cartas al cielo que la noche del día que te fuiste canté? Sí, canté. ¿Tú no has cantado nunca con la mente? Canté y ahora me resulta raro e inexplicable que ante tu cuerpo que ya no estaba entre nosotros yo te canté "Reloj". ¿Te acuerdas? tú se la pedías a los músicos "Copacabana" que tocaban por la Virgen del Puerto en el casino. Detén el tiempo en tus manos, haz esta noche perpetua para que nunca se aleje de mi, para que nunca amanezca.

Si, eso hice y a veces me parece hermoso y raro a la vez y me quiero imaginar los besos de mis labios sin los tuyos. Eso es más raro aún...


28 de diciembre del 95

Ambrosio mío, estoy pasando unos días raros, malos, tristes. No sé cómo son y qué es lo que pasa por mi mente.

Desde que te fuiste estas fechas no las he pasado aquí nunca y menos sola. Estoy sola, Ambrosio, sola con tus recuerdos. No he ido ni a Sevilla ni a Valencia. La Navidad y Nochebuena fuimos a casa de Leticia María y yo. Esta Nochevieja creo que estaré sola, pero no creas, no es lo peor, pues como te digo estoy con tus recuerdos. Pero es raro, es distinto. Esa soledad se agranda en estas fechas, pero no te preocupes, esto le pasa a mucha gente. Es que no estamos preparados para estas cosas.

Y aquel hijo allá… Él solo y yo… ¡Qué cosas nos toca vivir!, ¡qué cosas nos guarda la vida!

  

9 de enero de 1996

Ambrosio querido, es el primer día de otros muchos (creo yo) de este Año Nuevo 1996. ¡Qué sucederá en este año? Creo que muchas cosas. Unas buenas y otras no muy buenas. Espero que ganen las primeras a la segundas.

Ya pasaron estos días. Que no pasen cosas peores, Ambrosio. Si estás cerca de Dios, dile que nos ayude, que ayude a tus hijos y de este modo me ayuda a mí. Sobre todo que tengan salud y que ayuda a la humanidad y a España el trabajo para todos. En fin, son tantas cosas... Pero, Ambrosio, dile a nuestra Virgen del Puerto –que te atenderá mejor que a mí– que cuide de nuestros hijos, yo no sé hacerlo bien.

Solo tengo prisa de que pasen los días y no sé para qué. Debe de ser para estar más cerca de ti. Me levanto temprano aunque tenga sueño y como si quisiera acelerar las cosas y total para no hacer muchas cosas; pero escucho la radio, desayuno temprano, hago labor, ganchillo. ¿No te he contado que ahora hago cuentas? Divisiones. Es para ejercitar la memoria. Como verás me sobra tiempo, eso es lo que nos sobra a los mayores. Tiempo.

Ambrosio, Mary Valle está un poco enfermo. Esto me pone triste. Que Dios le ayude que sea lo mejor para él. Me gustaba en verano hablar con él cuando le encontraba. ¡Cuánto te quise Ambrosio! ¡Cuánto te quiero!


13 de enero del 96

Ambrosio de mi alma, es la una de la noche y no puedo dormir. Estoy escuchando canciones españolas, coplas de España y de amores y todos te evocan a ti. Yo siento que va por ti y me pongo triste. Te quiero, Ambrosio, te quiero. No me digas que tú no me amas a mí. No lo creo. Sé que me estás mirando con los ojos del alma y quizás estés diciendo "Pobretuca, no sabe que aquí estoy mejor que con ella, estoy con Dios".

Pero yo, Ambrosio, estoy aquí, en este mundo lleno de miserias y yo solo pienso en ti y con estos ojos no te puedo ver pero tu recuerdo es tan grande que te veo con claridad y siento tu recuerdo que me sigue allá donde voy y le protege de todo mal a mi alma, pero no a mi cuerpo, a mis ojos que lloran porque te quieren ver y tocar y que me quieras, que me aconsejes, que me digas en todo momento "Lines, duérmete, no llores. Reza y mañana lo verás de otra manera".

Ambrosio, te quiero más de lo que las palabras quieren decir.

Yo tenía 18  años en el año  46               te empiezo a querer

                19                               47                te quería en silencio
                20                              48                nos hicimos novios
                21                               49                novios
                22                              50                novios
                23                              51                 novios
                24    14 del 2 – 53    52                novios
                25    nos casamos  53                Nació Josechu
                26     un aborto      54                    ➕
                27                               55                Ángel
                28                               56                Vicente
                29      ––––––––         57                –––––––
                30                               58                Leticia
                31                                59                –––––––
                32  un hijo muerto  60                    
                33      ––––––––         61                 –––––––
                34  un hijo muerto  62                    
                35                               63                –––––––
                 36                               64                –––––––
                37                                65                –––––––
                38                               66                –––––––
                39                               67                –––––––
                40                               68                –––––––
                41                               69                 María
                42                               70                –––––––
                43                               71                –––––––
                44                               72                –––––––
                45                               73                –––––––
                46                               74                –––––––
                47                               75                –––––––
                48                               76                –––––––
                49                               77                –––––––
                50                               78               Bodas de Plata
                51                                79                
                              
                                FIN   Después del amor
                                          la soledad


20 de enero de 1996

Ambrosio: se fue Mary Valle contigo. Se fue el día 13. Yo sabía que le quería, pero no tanto. Cuando me llamó Tonio para decírmelo lloré y lloré con pena, con dolor. Cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no se puede llenar con la llegada de otro amigo… Ambrosio, aún lloro al recordarlo. No sé qué tenía que se dejaba querer, sé que tú estarías triste. Charo estará llorando y llorará muchos días. Sé que le quería mucho y sé cómo se pasa. Te dejo Ambrosio, no se me ocurre nada, estoy llorando. Se fue y aquí nos quedamos las mujeres, llorando solas y desconsoladas.

¿Cómo puede ser, Ambrosio de mi alma? ¿Cómo puede ser que yo esté aquí sola y que tú no estés conmigo? ¿y que sea para siempre, para siempre? Yo te necesito, Ambrosio. Te necesitamos sobre todo tu hijo Ángel y tu hija María que aún no están en el camino de la vida. Ambrosio, no nos olvides. Dile a Dios que nos ayude un poquito más. Virgen del Puerto, no nos dejes de tu mano, sobre todo a mis hijos.


10 de febrero de 1996

Amor de mi vida, de pronto sentido que era joven, que necesitaba tu amor. Que me dijeses cosas tiernas y bonitas, que te acordaras de mí, que necesitaras mi presencia como yo necesito la tuya, que no pudieras estar sin mí como a mí muchas veces se me hace imposible estar sin ti…

Y he ido a coger unas cartas tuyas que guardo con cariño infinito y he leído una de cuando éramos novios, de cuando me decías cosas tiernas, cariñosas, llenas de amor y quiero copiarla aquí para leerla y tenerla más a mano y si algún día se perdiera la tendría aquí copiada.

Es de cuando estabas en Zaragoza.

14 de abril de 1948

Queridísima Lines:

Estoy en mi antiguo "catre". Son las once y media de la noche y acabo de llegar de Bilbao después de un viaje de doce horas.

Amor mío,¿ tú sabes lo que es estar sin hablar la mitad de un día y pensando continuamente en una misma cosa? Yo sí. No te quitaba de la imaginación. Recordaba todos los lugares donde hemos estado juntos y nos hemos querido. Me hacía la ilusión en que estuvieses sentada a mi lado cogiéndome del brazo. He soñado mucho… despierto.

Por no sé qué sitio vi un castillo arriba de una colina, arrogante y dominador y recordé la Atalaya de mi pueblo y también los fuertes con sus crueles recuerdos… añorados.

Cuando el velo de la noche se extendió sobre la tierra, oí el croar de las ranas en las charcas cenagosas y me puse muy triste pero cuando el cachito de luna iluminó los olivos y las cepas vides y los cipreses y los sauces que se bañan en el Ebro y cuando ahogué un grito de alegría al ver nuestras estrellas tranquilas en el cielo, di gracias a Dios y me quitó gran parte de mi tristeza infundiéndome ánimos hasta el día que vuelva a abrazarte y a decirte muchas veces: te quiero Lines, te quiero.

Ahora los dos luceros hacen guardia en mi ventana y… en la tuya.

Mañana seguiré esta carta, tengo mucho sueño.

Mañana ha llegado, amanece muy temprano en Zaragoza. Me ha despertado el ruido que hacen los muleros al restallar sus látigos arreando a las pobres bestias.

Frente a mi casa hay una huertuca pequeña, paraíso de unos pocos gorriones que gorgean. Allá en el fondo, donde abarca mi vista, se recortan las siluetas de los gigantescos pinos y robles del parque y la estatua –también colosal– de Alfonso el Batallador. Está preciosa la mañana.

Por la ventana abierta una golondrina se ha metido en mi cuarto y me ha rozado la cara con su alas envidiosas. La he llamado con cariño y amargura, suplicando me llevara un instante donde tú estás y se ha reído de mí y no me ha hecho caso y se ha marchado dando su más agudo trino.

Lines, ¿qué haces y qué piensas? ¿te has acordado mucho de mí?

Vida mía, ahora me doy cuenta de lo mucho que te quiero y de lo triste que estoy sin ti. ¿No te ocurre lo mismo? 

Mira las estrellas todos los días y verás en ellas mis ojos llorosos suplicando "no me olvides".

Aún no he visto nada de aquí. Lines, mañana te contaré más cosas que vea.

Haré todo lo posible por no acordarme de ti. Tú haz lo imposible por pensar en mí. 

              Te quiero, Ambrosio



14 de febrero del 96

Ambrosio de mi alma, hoy es nuestro día. Encendí la vela bajo tu cuadro, recé un Padre Nuestro y suspiré "¡Ay Ambrosio!" No salía más de mi boca pero pasó una larga historia por mi cabeza. Leí un telegrama que me enviaste desde Madrid y yo estaba en Santoña de nuestra época de separación cuando buscabas trabajo y casa en esta ciudad. "Te recuerdo hoy con todo mi cariño, Ambrosio" Eso ponía en tu telegrama y lo leo y me creo por un instante que le he recibido hoy y leo una carta de cuando éramos novios y así me consuelo.

Ambrosio, querido, solo 26 años estuvimos juntos y cinco de novios. Yo quiero que tú vengas, que estés conmigo, que me cojas de la mano, que me digas "¿te acuerdas, Lines, de aquel día cuando íbamos en tren para Bilbao?" ¿Te acuerdas cuando en el Hotel Arena nos mandaron para el España y nos daban una habitación de dos camas y tú les decías "No, no. Nosotros estamos acostumbrados a dormir juntos" Yo me moría de vergüenza y miré para otro lado. ¿Qué pensarían ellos al ver que no salimos de la habitación en 2 días? Creíamos que seríamos felices por muchos, muchos años y me parecen pocos 26. Y tengo envidia cuando veo matrimonios que llevan 40 y hasta 50 y 60 años juntos. ¿Y por qué yo no?

Ya no estás más a mi lado corazón
y en el alma solo tengo soledad… 


25 de febrero del 96

Ambrosio, me he despertado a las 5 y media y unas canciones de la radio sobre las madres me han hecho llorar. Pensé en mi madre… Y pensé en mis hijos, que si algún día cuando yo no esté ya con ellos y las oigan una lágrima asomará a sus ojos, un recuerdo de mí les llenará algún momento de su vida… Y con ello me conformo. Recuerdo que un día ante la tumba de mi madre le dije llorando "¡Cuánto te he querido, madre!" y lloré desconsoladamente y pensé "si un día se lo hubiera dicho cuando estaba en este mundo...?"

Después he pensado en ti, que eres el centro de todos mis pensamientos, también cantaban una canción "Digamos que hablo de Madrid" y una frase de que las estrellas a veces no se ven por la polución y he pensado "Es verdad, aquí veo poco "nuestras estrellas"" y he mirado un poco por la ventana a través de los cristales y he visto una y eso que ya eran las 6 de la mañana y cuando en tus cartas me decías que hacen guardia en tu ventana nuestras estrellas te recordé con más intensidad y las lágrimas no me dejaban verla… Digo verla porque solo era una la que veía y miraba, miraba y no veía la otra, pues se me antojaba que fueran las nuestras y hasta me puse las gafas para verlas mejor.

Ambrosio, ahora estamos de votaciones y Dios quiera que gane el PP, pues estamos ya cansados del PSOE. Son muchos años y esto va mal, bueno, todo el mundo va mal. No sé qué va a pasar y que será de nuestros hijos y más de nuestros nietos. Ambrosio, si puedes, pide un poco por los españoles a Dios y que tengamos suerte el 3 de marzo.

Ayer fui con Manoli a una misa rociera por la plaza del Cascorro en el rastro y me gustó mucho cómo quieren a la Virgen.


2 de marzo del 96

Ambrosio de mi alma, me duelen los ojos de mirar sin verte. Se puede amar sin estar cerca, tenerte sin tocarte, sufrir sin saber por qué. Te amo, Ambrosio, aunque tú no lo sepas, aunque tú no lo quieras. Te amo y te amaré más allá de la muerte y sé que muero un poco cada día y cada día estoy más cerca de ti. Es mi amor incombustible y seré cada día más vieja y cada día te querré más, más y no sé cuál será mi fin; pero yo, estate seguro que estaré allí, acudiré a la cita y, hasta el fin de los siglos, nuestras almas pasearán los cielos cogidos de las manos sin que éstas se vean, pero tú y yo sí las veremos y diremos a quien lo quiera oír "Ambrosio, por fin, juntos hasta la eternidad…"

Ambrosio, el amor no muere ni la distancia lo mata. Sigue ahí hasta después de la muerte.


21 de marzo 1996

Ambrosio, querido, 70 años y 17 que te fuiste, te adelantaste en el viaje final. No cogí margaritas este día porque no fui a Santoña. Te debo dos o tres fechas, pero mi corazón sí fue y deshojó las margaritas. La vela lució bajo tu retrato, y mi pensamiento fue para ti.

                                                     ––––––––––––––––––––––––––

4 de mayo de 1996

Ambrosio de mi alma, tenemos nuevo presidente: José María Aznar. ¡Cómo te echo de menos, mi amor! Yo quisiera comentar contigo estos acontecimientos y que tú me explicases las cosas. Estarías contento, como lo estoy yo. De ahora en adelante espero que todo vaya mejor.

Ambrosio, fui con mis amigas a Matalascañas, lo pasé bien. Conocí esta parte de la costa y fui a la Rábida –que tenía ganas de verlo–, el lugar de donde salió Juan de la cosa para descubrir a otras tierras. Ya estamos de vuelta.

Ambrosio, ¿no te he contado que María está preparando unas oposiciones para controlador y que solo le falta la entrevista? ¿y que sólo le quedan dos asignaturas para terminar la carrera de derecho? ¡Quién te lo iba a decir! Veo tu cara de satisfacción. Clavas las cejas, me miras, metes las manos en los bolsillos del pantalón.

Ambrosio, contándote estas cosas vacío mi alma de amargura y de recuerdos y sigo un poco más en este caminar día día, sin saber adonde nos lleva la sorpresa de los acontecimientos, unos buenos y otros menos buenos.


19 de mayo del 96

Ambrosio querido, estoy preparando un paquete para mandarle a Ángel. El lunes iré a Correos.

Ambrosio, dile que tenga paciencia, que pronto nos veremos.

¡Qué injusta es la vida o qué ingratos somos nosotros con la vida que nos ha dado tanto y que tanto le exigimos y otros tienen tan poco!

Dios que lo ve todo sabe que en el fondo estamos agradecidos pero queremos más y más. Ambrosio, tú que ahora lo ves todo con más serenidad y que estás más cerca de Dios ayúdanos, no nos dejes. Sé que no lo haces pues ¿qué sería de nosotros si tú nos dejases? Quizás fue mejor así aunque mi corazón sufra sin tu presencia. A veces hasta me conformo de no verte y me conformo con recordarte...


26 de mayo del 96

Ambrosio de mi alma: pasó mi cumpleaños y me quedé sin tus besos…

Son las cuatro de la mañana de mayo y escucho poesías por la radio y todas me vienen bien para recordarte, para recordar nuestro amor. Te quise tanto y te quiero que ni el paso de los años te quitó del pensamiento y pienso al mirar al cielo "¿será esta luna y este cielo el mismo que nos vio pasar y nos vio amar y la luna será la misma? que hasta parecía triste cuando nos despedíamos "hasta mañana mi amor..." y ¡qué decir de nuestras estrellas! que también hacen guardia en mi ventana y a veces presiento que tú estás en esa estrella.

3 de julio del 96

Amor de mi vida, otro amanecer que no puedo dormir y he puesto canciones y me han hecho llorar, tu recuerdo me pone triste. A veces me da ánimos. Ambrosio, ¿por qué tiene que ser así? ¿que tú ya no estés conmigo? Ahora pienso que sabría quererte más o, mejor dicho, sabría decirte cosas bonitas y reñir menos. Yo te adoro, vida mía. ¡Ay, Ambrosio!, mi amor, mi vida entera, quisiera gritar "¡Ambrosio, te amo, te quiero, llévame contigo!"

El día 10 estaré en Santoña. Iré a estar contigo y contarte muchas cosas. Creo que tengo una buena racha de noticias buenas. Ya te contaré o te confirmaré porque te voy a adelantar algo: Creo que lo de Ángel se arregla pronto; que a María la admitan como controladora; han venido a verme del Colegio de Abogados y creo me suben un poco la paga. Dios mío, un poco de tranquilidad.

Álvaro está en Canadá y


16 de septiembre del 96

Ambrosio de mi alma, ya hace ocho días que llegué de Santoña. Este verano no ha sido muy bueno pero no lo he pasado mal. Ir a la playa, ir a estar contigo. Tuve a todos los nietos en casa; un poco cansada pero contenta. De salud no estoy muy bien pero es un poco culpa mía. Me tengo que cuidar, comer menos y pasear más y comer sin sal. Ya empiezan las goteras, ya tengo 68 años, Ambrosio. ¡Qué vieja soy! Si estuvieras tú pasearíamos juntos y comeríamos la comida con poca sal y seríamos felices. La familia toda va bien gracias a Dios. Leticia tuvo un accidente y gracias a Dios salió bien y con esto es bastante para dar gracias a Dios.

Ambrosio, ayer no terminé mi carta y hoy he amanecido triste y pesimista, ya se me pasará y lo veré de otra manera. Te lo cuento siempre a ti porque tú siempre me escuchaste y me hacías comprender que rezando a Dios y descansando un rato luego se ve todo mejor y siempre me consolabas. Me sacabas a cenar o al cine. Incluso me dabas una copita de jerez.

¡Ay, Ambrosio! ¡Cómo te quiero y cómo te necesito!


27 de septiembre del 96

Ambrosio, vida mía: ha llegado el otoño, otro otoño sin ti. ¡Qué bonitos eran cuando tú estabas a mi lado! Cuando estudiabas te ibas a Oviedo y yo me quedaba triste, pero tus cartas tan queridas me llenaban de ilusión cada día. Cada día llegaba tu amor en forma de letras cariñosas y llenas de caricias, pues tus palabras eran caricias para mi alma, que a veces se sentía tan sola. Pero luego llegabas y nos dábamos largos paseos y nos contábamos nuestras cuitas. ¡Qué atardeceres por la plaza de toros y ver llegar los barcos llenos de pesca y la alegría de los marineros! Ambrosio, no sé si te he contado que ya está Ángel aquí.


10 de octubre del 96

Ambrosio de mi alma: es que a veces, cuando te escribo, me parece raro. Me parece imposible que yo te escriba y no te lo diga de palabra. Sé que hasta lo sabes antes de que te lo cuente.

Si tú eres mi hombre y yo soy tu mujer allá donde estés no habrá muerte que pueda matar nuestro amor.

Te quiero, vida mía. Cuando salgo con mis amigas y vuelvo a casa y no te encuentro para contarte lo que hemos hecho. Por ejemplo ayer fuimos a la Casa de Cantabria con ManoliMaruCarolina (ésta es una amiga de Manoli). Nos enseñaban a jugar al mus. ¿Te acuerdas cuando tú intentaste enseñarme y yo no supe aprender o, mejor, enseguida se me metió en la cabeza que era difícil y que no me gustaba? Me parecía un juego de hombres.

Vete con Dios mi vida. Vete con Dios, mi amor. Siempre estarás conmigo, amor, aunque no estés aquí y guardo tu recuerdo para poder vivir.


27 de octubre del 96

Amor de mi vida, quisiera ir esta semana a Santoña a estar contigo… y ver el mar… ¿Te acuerdas? 
           Mirando al mar soñé 
           que estabas junto a mí
           mirando al mar yo no sé qué sentí 
           acordándome de ti lloré
           la dicha que sentí / perdí
           yo sé que has de tornar y sé que ha de volver a mí
          cuando yo esté mirando al mar 
Esto te cantaré cuando esté contigo y sé que te va a gustar y pensarás "Menos mal que piensa en mí y no en vanos temores y está contenta".


7 de noviembre del 96
18 años que te operaron

Ambrosio, de mi alma, estuve en Santoña. Hice tantas cosas… Fui al cementerio y te llevé 2 rosas rojas. Recé y vi a Charo y hablamos y regresé otro día a limpiar la lápida de mi madre. ¡Qué cosas te cuento! ¡Qué raro me suena todo! Hice otras muchas cosas en casa y recados que tenía pendientes: lo del garaje y ver a Tori. Se murió Miguel Ruiz su marido, tenía 83 años y6y han vivido juntos como 47. ¡Qué distinto a nosotros! No te conté nada porque nada sentí, fue algo mecánico. Lo único las dos rosas rojas. Me gustó llevarte eso.

Yo lo que siento es que mi vida es... no sé cómo llamarla siento tu ausencia constantemente y hasta me parece raro que tú no estés y que yo te cuente estas cosas; como que hablo de dos extraños. Mi mente y mi futuro estaba contigo, junto a ti, que ni la muerte se atrevería a separarnos. No pensaba en Dios en esos momentos, sino en algo que solo dependía de nosotros y… Luego no fue así.

Quisiera morirme de amor.


30 de noviembre 1996

Ambrosio de mi alma, empiezo pensando en cosas que me han venido a la cabeza de pronto pero que hace mucho me rondaban. Una, hablar de este día que fue, sin lugar a dudas, el más feliz de nuestras vidas. Sin que tú me lo digas lo sé. Nació nuestro primer hijo y fue varón como los dos lo deseábamos. Tú más que yo, digo –aunque yo tenía muy arraigado que el primogénito debe de ser varón– a mí así me lo parece, pero sé que como madre después de verlo y tenerlo en mis brazos en un instante me daría igual si fuera una niña. A ti te costaría más conformarte, pues pensabas en tu apellido y su continuación pues son los únicos "Herrerías" pues, cuando nació Josechu, aún tu hermano no tenía hijos a pesar de llevar seis o siete años casado y luego de nueve años –cuando nosotros ya teníamos 3 hijos varones– tuvo una niña y ya no tuvo más. Voy a leer (y ver las fechas) si te escribí algún 30 de noviembre. Lo he buscado y no lo veo, pero sé que sí, que en alguna ocasión te lo he comentado y escrito.

Ambrosio, de repente he pensado, pues no sabía de qué día, de qué momento partía nuestro amor y es que siempre que veo algo negro y oscuro pienso: "Parece la cueva del Merino". Entonces me acuerdo de que fuimos una tarde con algunas amigas y amigos y estaba todo muy oscuro y había un charco de agua pues goteaba del techo de la cueva y se me mojaron los zapatos y, en consecuencia, los pies y entonces tú te quitastes los calcetines para que me los pusiera y me pareció que era una atención hacia mí cariñosa y tenías verdadero interés de en que no me sentase mal la mojadura de los pies y siempre lo he recordado.

En Santoña se suele decir cuando algo negro y oscuro se ve se dice "Parece la cueva del Merino" y ya en ese momento que recuerdo me parece pensar que ya tenías acciones cariñosas hacia mí aunque quizás lo las hubieses tenido hacia otra amiga en las mismas circunstancias, pero a mí era el primer día que se te interesabas cariñosamente por mi salud.


5 de diciembre del 96

Ambrosio querido, otra vez te escribo de madrugada. Estoy despierta desde las 3 y media y son las cuatro y media. Sigo unida a tu recuerdo y siempre que me siento sola y como suspendida en el aire me acojo a ti, a tu recuerdo, y a tu poder de consolarme y acompañarme a pasar estas horas de insomnio como una cosa mágica que no se ha roto entre nosotros y te siento y hasta oigo que me dices: "Lines, ten paciencia que todo pasa. Reza, duérmete y verás que mañana lo verás de otra manera". Y yo siempre quejándome y queriendo ser en todo momento feliz aunque mi felicidad sea solo deseo tranquilidad y hasta me gusta ya la soledad. Es como querer acostumbrarse poco a poco a esa soledad que tienes tú.

A veces pienso que ya no quieres ayudarme aunque ya me conformo con lo que te digo. Tranquilidad. Pero ayuda a nuestros hijos y yo viéndolos felices estaré tranquila.


9 de marzo de 1997

Ambrosio, hace mucho que no me te escribo aunque a veces pienso: "ahora", pero algo me impide empezar. Tú ya sabes que muchas noches de insomnio pienso en ti y por no decirte siempre y en todo momento.


Pensaba ahora es domingo, 3 de la tarde, estoy sola en casa, entra el sol por la ventana, es casi primavera y, ¿como no? pienso: "¿qué sería, ahora, un día feliz para mí? Mi novio vendrá a buscarme y cogidos de la mano iremos por la orilla de la escollera viendo el sol jugando en en en nuestra bahía. El viento me da en la cara, miro de frente porque me da vergüenza mirar sus ojos, me aprieta la mano, creo que mi corazón no cabe en mi pecho, soy ¡feliz! feliz. No existe nada en el mundo, solo nosotros. No le pido más a la vida, nadie puede ser más feliz que yo. Todo lo que se mueve es parte del decorado. Santoña es bella, no hay pueblo como nuestro pueblo. Es la hora de ir a casa pronto para que no me riñan, me da un beso en el pasaje pues cerca de casa no podemos y… mi corazón ya está pensando en las cuatro horas que faltan para el reencuentro que se me antoja largo. Ese sería un día feliz. No pido mucho. Tú sí estás allí, yo muy lejos. Estos días han existido de verdad.

Y pensar que no te tengo
sentir que te he perdido.  (Poema 20 de Pablo Neruda)

                                                  Lines


15 de marzo del 97

Ambrosio de mi alma, otra madrugada más que me desvelo y tu recuerdo viene a llenar estas horas de soledad. Son recuerdos a veces bonitos, otros tristes, pero queridos todos.

Estoy oyendo la cinta que tanto escuché los primeros años de tu ausencia y las lágrimas vuelven a mojar mi cara y la angustia se hace insoportable. Bueno, no me hagas mucho caso, sabes que luego se me pasará y dormiré un rato. Estoy sola en casa. Ángel aún no ha venido y María se ha ido con Guillermo a Almería este fin de semana.

No sé si me quisiste
no sé si te he querido

o tal vez nos quisimos
demasiado los dos
Este cariño mío,
apasionado y loco
me lo sembré en el alma
para quererte a ti…
No sé si te ame mucho
no sé si te ame poco
pero sí, sé que nunca volveré a amar así
Me queda tu sonrisa
grabada en el recuerdo
y el corazón me dice
que no te olvidaré
pero al quedarme sola
sabiendo que te pierdo
tal vez comience a amarte
como jamás te amé
Te digo adiós, si acaso,
en esta despedida
mi más hermoso sueño
muera dentro de mí
pero te digo adiós
para toda la vida
aunque toda la vida
mi amor
viva pensando en ti
Adiós, adiós
amado mío...


7 de abril del 97

Ambrosio mío, no te puse nada el día de San José. 71 años ¡qué mayor, amor mío! y yo te voy a la zaga. Ni fui a Santoña a ponerte margaritas (que cogía a la sombra del muro del penal del Dueso). Solo encendí una vela al pie del cuadro de tu pintura pero pensé en ti, claro, siempre pienso en ti. Pero digo, pensé en ti, en tu recuerdo y en esos setenta y un besos que te debo y pensé "¿qué le voy a decir? ¿que le quiero? ¿que le sigo amando? ¿que le sigo recordando?" Creo que a veces suena monótono y lo que sí me apetece es gritar "¡Ambrosio ven, no puedo vivir sin ti. Te amo, te amo!"


13 de junio del 97

Ambrosio de mi alma, hace días que no hablo contigo. Es que han sucedido cosas en poco tiempo. Me fui a Benidorm con Manoli, Maru, Josefina y Esperanza qunce días a descansar y ponernos morenas en la playa. Josefina iba regular de salud y todas pensábamos que no debía de venir, aunque a mí me parecía un poco exagerado el prohibirle que viniese a pasarlo bien 15 días con nosotras pues ya en varios viajes ha venido con nosotras. Nos fuimos el 4 de mayo y volvimos el 19 y luego ocurrió lo peor. Ya venía Josefina cada vez peor y nada más llegar la ingresamos en el Hospital de la Princesa donde Manoli y yo le hicimos compañía y otras amigas que fueron a visitarla, pero en la madrugada del 22 falleció y el 23, que era mi cumpleaños, le dimos sepultura. La hija llegó la víspera.

Esto me ha trastocado, pues en pocos días ocurrió todo y nos parece imposible que Jose ya no esté entre nosotras.

Ambrosio, pasan los días, los meses y los años y todo sigue igual entre nosotros. Tú me verás y esperarás desde allá arriba y yo te recuerdo y añoro desde aquí.

Y no sé si envidiar a Josefina que ya estará con Antonio.

Ya estoy pensando en el verano en Santoña. Quizás solo falte justo un mes. Hoy estoy recogiendo las alfombras y he guardado la ropa de abrigo.

Otro año más veré a tía Ceci que seguirá tan guapa y otro verano que iré a estar contigo unos ratos y te contaré muchas cosas, casi todas buenas pues no me puedo quejar. ¡Qué raro!, ¿no? Creo que me estoy acostumbrando a quejarme menos y ver que la vida pasa poco a poco pero los hijos y los nietos están bien de salud y ahora están en exámenes pero son buenos chicos y sacan buenas notas.

A María ya solo le faltan dos para terminar. Ahora se presenta a una y en septiembre a la otra.


5 de julio del 97

Ambrosio de mi alma, amanece. Son las cuatro y media. En la radio contaban unos hombres y otras veces mujeres de cómo son sus declaraciones de amor.

A mí se me antoja que la nuestra fue la más bonita y extraña a la vez -aunque nuestro noviazgo fue cada día una declaración de amor- y me daban ganas de llamar para contarlo pero prefiero contármelo y recordarlo para mí. Que nadie, solo nosotros, sepan de nuestro amor. Aunque ahora recuerdo que alguna vez lo he contado, pues por la fuerza del amor habla la boca. 

Y me apetece contártelo, por si no te acuerdas.

Yo esa tarde no fui a casa donde Edita, cerca de tu casa.

Tú habrías ido a Santander a operarte del tabique nasal. Mis amigas y yo estábamos toda la tarde con unos amigos nuestros y al final me quedé en San Antonio con Quiqui y Juan Antonio. Eran unos amigos que me eran agradables. Tú llegastes de Santander y fuistes a la iglesia creyendo que yo estaría allí pues era sábado y siempre iba a la salve.

Al encontrarme en San Antonio sentada en un banco -tú venías con un pañuelo tapándote la nariz-, me dijiste "ven" y yo me levanté y nos fuimos cerca del templete y me dijiste "¿qué hacías ahí con esos? ¿no sabes que eres mi novia?" Yo me quedé... no sé qué sentí. Si te dijera que me quedé de piedra mentiría, si te dijese que un escalofrío recorrió mi cuerpo mentiría. Yo no sé lo que sentí. Creo que nada, fue tal la sorpresa. Nunca pensé que te declararías. Yo sabía que te quería, que lo eras todo para mí y que yo no te era indiferente y el tiempo lo diría todo. Luego cuando iba para mi casa, sí. Iba como flotando, casi no dormí y deseaba que llegase el día siguiente para verte y ese día llegó y me fuiste a buscar y ya nunca nos separaríamos y luego cada día tu amor me declarabas en cada momento con tus maneras de amarme y en los versos que me me hacías, en las flores que recogías para mí, con tus miradas, con tus besos.


1 de octubre del 97

Ambrosio, otra vez son las seis de la madrugada y estoy desvelada y deseando que la luz del día entre por la ventana. Luego me tomaré un café pero ahora tengo necesidad de hablar con alguien y, ¿con quién mejor que contigo?

Ya no quiero ni contarte nada de lo que me pasa con Ángel. Pienso que tú y la Virgen del Puerto no queréis ayudarle. O que nosotros, él sobretodo, tiene que poner interés por sus cosas y trabajos. Yo ya no quiero poner más interés. Estoy desanimada, cansada y solo quiero paz y tranquilidad y hasta soledad.

Ambrosio, por lo menos dime que tenga paciencia y dame un poco de esperanza. ¿Dónde estará ahora? Sé que está en Santoña… ¿Hasta cuándo? ¿Y luego qué? ¿Adonde irá? ¿Irá algo peor? No tengo ni ganas de escribirte más.


4 de noviembre del 97

Ambrosio querido, he tardado en contarte una noticia que quisiera hubiese sido hace más tiempo. No veía al fin, ya te lo he contado en Santoña pero quiero dejar aquí mi alegría y no siempre penas.

Maríatu hija pequeña es ya abogado como tú. Ya sé que te también estás contento y que lo sabías ya, que lo esperabas desde siempre; pero yo soy un pobre mortal que duda, que sufre, que desespera.

En verdad me va todo bastante bien pero siempre queremos más y más y hay días que se ve todo negro y necesito tu consuelo pues esos días solo escucho el eco de la pena de estar sin ti…

Tu nieta Elvira, que no la conociste por muy poco está ya en la Universidad. Ayer hablé con ella por teléfono. Irradia felicidad por los cuatro costados. Me contaba que lleva el coche de su madre, que le gusta conducir. Que ya tiene bata en la Facultad y guantes y que está aprendiendo a manejar ecografías. Va deprisa como deprisa habla ella. Es guapa y lista como el hambre.

Ángel vive con Pilar, una chica vasca que ha conocido y está cerca de casa. Nos vemos con frecuencia.


31 de enero de 1998

Ambrosio de mi alma, una vez más me he despertado. Son las cuatro de la madrugada. Luego sonó el teléfono que no sé quién sería pues después de decir varias veces "¿quién es?" no contestaba nadie. Luego me ha parecido que lloraba alguien, algún vecino, creo yo.

Tía Ceci está un poco enferma y la van a operar de piedras en la vesícula. Esperemos que salga bien de ésta. Ahora estoy pensando que no he rezado por ella, solo sé que estoy preocupada y triste.

He mirado por la ventana y he visto nuestras estrellas y presiento que tú estás en una de ellas.

Ambrosio, ¿te he dicho que María se casa este verano? No veas lo ilusionada que estoy y triste a la vez. Ella está nerviosa con la boda y con las oposiciones de controlador. Ahora veo su luz encendida, debe de estar estudiando.

Se ha muerto Guillermo Bengochea, otro amigo que se va.

El 24 de diciembre se fue Ché Valle que era tu amigo y tanto charlabas con él cuando os encontrabais. Se fue Mary Valle, se fue y Pinina y ahora él. Todo en un año.

 
14 de febrero de 1998

Ambrosio de mi alma, probablemente ya de mí te has olvidado y sin embargo yo te seguiré esperando.

Amanece un día soleado
aquel día nevaba
hoy estoy sola
aquel día me amabas
así estaré siempre
y tú prometías que me amabas
siempre siempre siempre

Ya he encendido tu vela bajo tu cuadro. Hoy huele a fresa como la tarta de aquel día.

¿Quién soy yo ahora? Aquella novia que tiritaba de frío y de amor… Ahora tengo cerca de 70 años, Ambrosio y estoy sola con mis recuerdos y, para mayor dolor, este día solo escuchas recuerdos, regalos para los enamorados... A mí nadiee me regala, nadie me coge de la mano.

¿Si a María se le ocurriera darme un beso hoy?

Pues sí, se le ocurrió. Cuando se levantó vino a mi cuarto y me dio un beso y me dijo ¡Felicidades! ¿También a mí se me podía decir felicidades?


18 de marzo 1998

Ambrosio de mi alma, estoy escuchando en la TV hablar del día del padre y no he podido por menos que mis ojos se llenaran de lágrimas. He mirado por la ventana por si te veía en alguna nube... pero sé que tú estás ahí y que tú me ves y quisieras secar mis lágrimas.

Ambrosio querido, ¡qué daría yo por abrazarte y decirte "No te doy 72 besos porque son muchos. Te doy uno que vale por 72 y que cumplas muchos más, amor de mi vida"!.
Te enciendo ahora una vela pues mañana me voy de casa, creo, y tengo miedo de dejarla encendida.

Iré a Santoña. Pronto iré a verte y a contarte mis cuitas y a ver a nuestro pueblo que le quiero tanto como tú le querías.

Ahora solo te digo, "te quiero".


1 de julio del 98

Ambrosio mío, ya tengo 70 años y como lo pasé muy ocupada pues estuvieron ÁngelLeticiaMaría, ÁlvaroGuillermo y Pilar comiendo en casa y esto ya me pone nerviosa y casi que no me acordé de que me debes 70 besos. Llamóaron Vicente y Josechuellos sí se acordaron de su anciana madre.

Ambrosio, pronto estoy ahí, te acompañaré más días, aunque siempre te acompaña mi pensamiento.

Ambrosio, ¿no podrías hacer algo por que sueñe contigo algo agradable? pues siempre que sueño contigo es algo distante, algo que me hace sufrir.

Ambrosio, el 13 de junio pidieron la mano de tu hija María; se casa el 22 de agosto, tú lo verás desde allá arriba. Y te complacerá, aunque tú lo veas con los ojos del alma: te llevará unas flores para que, de alguna manera, tú también estés con nosotros. Vino Josechu la pedida, pues va a ser su padrino de boda. Ya verás, ya verás qué guapa va a estar.


10 de octubre del 98

Ambrosio de mi alma, pasó el verano. He llegado el 5, me trajeron María y Guillermo. Ya se casóaron María y Guillermo como te anuncié. Fue el 22 de agosto. He pasado muchos nervios, todo salió bien. Ambrosio, Don Santiago te recordó en la ceremonia y la gente se emocionó. Yo no lloré. ¡Qué raro!, ¿no? ¡Con lo llorona que soy! Pero el otro día, viendo el vídeo de la boda, lloré. Creo que es que ese día estaba como en una nube (y tenía otros problemas), otros sentimientos. ¿Tenía que ser feliz y reír? ¿Tenía que llorar?

Estaba mi hijo Josechu guapísimo, haciendo de padre de la novia, de padrino y todos mis nietos y todos mis hijos y mis amigos y familiaresmis hermanos ¿y yo no lloraba de emoción?, pues no. No sé, pero lo pasé bien a mí no me gustan las bodas pero en esta de mi hija –de nuestra hija–, después de días de tensión me relajé y disfruté de la fiesta. Solo pensé "ya pasó todo" y hasta pensé en ti pero no con tristeza.

Yo creo que estabas allí. 
                      Te quiero


24 de octubre del 98

Amor de mi vida, creo que iré para Todos los Santos a Santoña. Me llevarán Guillermo y María. Quieren rodar un poco un Ford fiesta que se han comprado. Espero que no me rompan esa ilusión pues si me llevan no me cuesta tanto ir. Ya soy mayor y me cuesta llevar maletas he ir de andén en andén.

Te llevaré dos rosas. Quisiera encargar la lápida de Chechutu hermano, que hace tiempo lo tengo pensado. Ambrosio, me he comprado un collar de perlas, pienso que te lo he pedido a ti y en estas circunstancias más; se ha vendido el cuartel de la Guardia Civil. Imagínate si pensé "Hace 25 años ¡qué bien no se hubiese venido!". Tú lo estarás viendo.

Le di algo a cada uno de nuestros hijos, creo que me lo han agradecido, claro que a ellos les compromete a darme un poco cada mes.


26 de octubre del 98

Ambrosio de mi alma, son las cuatro de la mañana y otro día sin sueño. Estoy sola, como sola estoy desde que te fuistes y ahora porque María se fue. Se fue porque se casó con Guillermo. Se fue porque la vida es así y yo sigo sola y ya sabes que algunas mañanas me pasan estas cosas. 

He oído en la radio unas poesías y unas canciones que parecían para mí... Para nosotros. Decían así: "Las cosas bellas de la vida yo contigo las viví. Contigo aprendí... yo fui feliz desde el día que te conocí".


22 de noviembre del 98

Ambrosio de mi alma, ¡cómo no! son las siete de la mañana y ¡cómo no! me estoy acordando de ti y ¡cómo no! estoy llorando; pero sabes que lo de llorar me viene bien, pues de vez en cuando con las lágrimas salen las penas del alma o las emociones.

Hoy es Santa Cecilia, tía Ceci tiene 91 años y está muy bien. La tengo que llamar luego para felicitarla.

Ambrosio, te quiero, Dios te puso en mi camino. Gracias, Dios mío, gracias mil veces gracias. Fue el mejor hombre del mundo para mí, gracias, gracias, gracias.

Pero ¡qué poco duró!, como las cosas buenas que duran poco.

Te amo, Ambrosio mío, te quiero, te necesito. Aunque sé que estás a mi lado y me sigues ayudando yo sola no sé dar ni un paso

Aún tengo a tía Ceci

Aunque tengo hijos, pero eso es como tenerme a mí misma porque son un trozo de mi alma.

He tomado un café porque mi cuerpo tenía frío como mi mi alma tiene pena.

H¡Ay!, amor de mi vida, ¡cuánto te he querido! Tu recuerdo me acompaña, si no, ¿que sería de mí?

Pienso que otros se querrán como nosotros nos quisimos, pero se me antoja que lo nuestro era especial…

En mi alma tengo una lágrima.


12 de diciembre del 98

Ambrosio mío, no quiero llorar como otros amaneceres en los que las lágrimas se pierdan en la almohada. Quiero reír. También reía contigo y lo pasábamos bien recorriendo esta vida y olvidando a veces los sinsabores que pasábamos y reíriéndonos del mundo y de las cosas.

Reír con de nuestros hijos y yo reído con las cosas de nuestros nietos. Tú no sé si lo ves desde allá arriba. Perdona si pongo faltas, es que no te oigo bien cuando me corriges.

Ambrosio, mi amor, mi vida entera, que me haces añorar a mis padres también. ¡Qué no daríamos los dos cuando lo teníamos todo, cuando nacieron nuestros hijos y teníamos padres los dos y yo te tenía a ti y no nos dábamos cuenta de que eso era lo más hermoso del mundo!

Son las ocho de la mañana y otra vez tu recuerdo está conmigo. Me tomaré un café y veré cómo el día entra por mi ventana.


17 de diciembre 98

Ambrosio de mi alma, están las Navidades esperando en el descansillo, ya están cerca. Ya he comprado la flor de Pascua que tú me comprabas y he puesto al niño Jesús cerca de la ventana para que le lo veas.

Ambrosio, en estos días y en estas horas me vienen tantos recuerdos… El cordero que te traían de Fuente el Saz, y que tú lo colgabas en la ventana de la cocina y de las tostadas que hacías (creo que este año las voy a hacer yo…) Pero no puedo olvidar que el primer día de la primavera te fuiste, me abandonaste. ¿Cómo pude vivir aquella primavera sin ti? ¿Cómo es que estoy sola y estoy sin ti y tú no llegas y yo te espero? ¿y qué hago en las tardes sola en las oscuras horas...?


20 de diciembre del 98

Ambrosio, María y Guillermo se van a EEUU pues la familia americana les regaló el viaje. Pasarán las Navidades allá, es así la vida, yo estoy tranquila. Creo que igual me da. Pero mi corazón llora, no entiende de separaciones. Hoy vamos a su casa, LeticiaÁlvaro y yo a pasar el día con ellos y para despedirnos. Guíales en el viaje, que todo salga bien.

 
24 de enero de 1999

Ambrosio, otra vez te dedico este amanecer y esta fecha de este nuevo año, otro año sin ti. Llevo mis días con cosas que me ayudan a seguir. Hoy llamaré a Vicente para felicitarles a José por su cumpleaños a Leticia también y a Vicente por su santo. Hoy estarán juntos celebrando con sus suegros y los niños con sus primos.

Hoy es domingo y no sé cómo pasar el día, no he quedado con nadie. Creo que iré a misa de once, luego, quizás, vaya a un museo. Luego, a la hora de comer, llamaré a Valencia y la tarde... la tarde no sé y eso me hace recordarte más y sentir más tu ausencia. Quizás me quede en casa y me distraeré limpiando; recordándote en cada rincón de la casa. ¿Dónde iríamos tú y yo hoy? Cantaré "Reloj" mientras limpio y te lo dedicaré a ti.

También por la noche llamaré a Elvira que es su santo el lunes pero como tiene que ir a clase, no sé, creo que es mejor llamarlae la víspera.

Ambrosio de mi alma, aún me pregunto por qué tuvo que ser así, que en mi vejez tuviera que pasarloa sola...


1 de febrero del 99

Ambrosio de mi alma, ¡cuántas dudas tengo! No sé cómo hacer con lo que se me viene encima. ¡Ayúdame! Ahora, una vez más, te necesito. Tú me sueles iluminar para saber qué hacer y sé que lo harás, por favor, Ambrosio. Viene Ángel y no sé qué será de él.


11 de marzo del 99

Ambrosio querido, hoy es un día distinto a otros. Ya han pasado 20 años. María es una mujer casada. María es abogada, María está casada y hoy también le han dado el título de controlador aéreo. Ha sido emocionante pero he estado tranquila, contenta con los padres de Guillermo y GuillermoMaría estaba feliz.


16 de mayo del 99

Ambrosio de mi alma, otro amanecer sin ti. He estado en Oropesa en Castellón. He estado bien, he visto muchos matrimonios que bailaban y me davba envidia y pensaba en ti y cuando bailábamos; creo que lo hacíamos bien. Tú me agarrabas mejor que lo hacían aquellos maridos. Soñé despierta y te vi bailando conmigo. El 30 iremos a Valencia con Guillermo y María a la comunión de José. Ya le he comprado una máquina de retratar, espero que le guste.

Ambrosio, te quiero, te quise y te querré siempre. Te necesito y te necesitaré siempre. Me enseñastes muchas cosas buenas pero no me enseñaste a vivir sin ti.

Ambrosio, he tenido que arreglar otra vez el panteón pues me lo hicieron mal, esta vez ha sido otro marmolista                                      . Es de Carranza, está casado con una hija de Pepín Quiroga. He puesto una placa con el nombre de Chechu pues ya sabes que está contigo.

Ángel está en Santoña.


4 de junio del 99

Ambrosio de mi alma, hoy tengo un día feliz. ¿Ves? también te escribo cuando estoy contenta. A Ángel le ha llegado un trabajo en un Ferrispara ir de Cádiz a Algeciras, Las Palmas, etc, etc. Me ha llamado como 6 o 7 veces en menos de 12 horas. Está nervioso, está emocionado, cree que no va a saber desarroyllar su trabajo.

Elvira está aquí en Madrid, está para un concurso de mises. María está ya en Palma de Gran Canaria, en su destino. Eso no nos había pasado por la cabeza cuando era pequeña.

Estuvieron los americanos unos días en su casa y lo pasaron muy bien. Fueron al Rocío para enseñarles cosas de España. No sé si te conté que vinieron a la boda. Vicente y Aleja fueron a Estados Unidos y luego fueron María y Guillermo pues ellos les pagaron el viaje. Fue su regalo de boda.


28 de junio del 99

Ambrosio de mi vida, mi amor primero.

Camino pensando en ti, en ti, en ti. Todo el tiempo en ti. Aún lloro tu recuerdo y río tu recuerdo. Aún digo "aún"¡Pero si es siempre! ¡y antes!¡y después! ¡Toda la vida! Espero con dolor el día que sepa que he vivido más sin ti que contigo y, aunque he cogido apego a la vida, temo ese momento y no quisiera que llegara. ¿Tú me entiendes? Sí, cada día estoy más cerca de ti, amor mío.

Estuve en Santiago, era el Año Santo y recordé, le conté a mis amigas que fuiste en moto con Mesiéonsieur Pottiéier, el francés. Yo esperaba tu llegada con Josechu –nuestro primer hijo–en mis entrañas.


19 de septiembre 99

Ambrosio querido, he vuelto de Santoña y tengo el pesar de que no me fui a despedir de ti ni de la Virgen del Puerto.

Ambrosio, pasó el verano. Unos días buenos y otros regular. De salud bien, no me puedo quejar. Con todos los hijos y nietos que están en una edad que no me gusta nada. Son muy gamberros, están en la edad del pavo.

Ahora estoy sola en casa de Madrid poniendo la casa en orden y así he estado entretenida.

Hoy iré al CANOE a estar con Manoli y su amiga Carolina y pasaré la tarde acompañada.

Está lloviendo y parece que empiezan las témporas del otoño, solo faltan dos días. Con mal tiempo, claro, que hace falta el agua pues llueve muy poco.

Ambrosio, este verano se han celebrado los 50 años de la coronación de la Virgen del Puerto y, al recordarlo, este verano repetí varias veces "yo entonces tenía 21 años, Ambrosio y yo éramos novios". Me acordaba hasta de dónde nos sentábamos en el Pasaje frente al monumento de Juan de la Cosa, sentados en el suelo. Hacía año y medio que nos queríamos y yo era inmensamente feliz. HEran años maravillosos.

Este año he tenido que ir con mantilla a la española con una banda cruzada sobre el pecho, la bandera de España. Y, cuando iba delante de la Virgen del Puerto, iba firme, la cabeza alta, orgullosa y pensantd"Esto por nuestra Virgen de Puerto, ¿que me diría Ambrosio si estuviera ahora viéndome? Vas bien, estás bien, estás la más guapa" ¿o pondrías algún "pero"? "Estás gorda, no te han puesto bien la mantilla"¡No sabes la fiesta que tuvo la Virgen! Tú ya lo has visto, pero quiero contártelo. Yo lo he visto así: 

La Virgen es la Patrona de las 7 Villas y fue a las Siete Villas –cada día a una–. Esto lo veré en el vídeo, pues solo la he visto en una misa de nuestro barrio en Santoña, –Baldomero Villegas– Estuvo emocionante. 

La Virgen del Puerto es Capitana Generala de todos los ejércitos y ese día estuvieron todos los santoñeses que eran militares. Vinieron 6 obispos y el cardenal primado y unos 10 sacerdotes de las Siete Villas.

Tía Ceci iba en primera fila con la banda de Camarera Mayor. ¡Qué guapa y que rumbosa con sus 91 años, casi 92! Íbamos juntas. Yo, por llevar la bandera de España, y ella por ser la Camarera más antigua de la Virgen.

También iban LitucaMª BlancaMaísaBelén Díaz –la del chino–Lupe Vega, la sobrina de D. Cirilo, éramos aquellas jovencitas de hacía 50 años. Representamos las repúblicas que descubrió Colón y Juan de la cosa en América y quisieron que 50 años después lleváramos mantilla pues todas ya héramos señoras, abuelas de 65 años hasta 72 años.

La gente de Santoña salió a la calle y adornaron todo el pueblo. En San Antonio formaron una alfombra preciosa. Te uviera habría gustado mucho. En el Peralvillo, un arco imitando piedra. Soltaron palomas y, ya en el pasaje frente al monumento de Juan de la cosa, el altar con la Virgen del Puerto. Pusieron sillas en la explanada donde están los columpios de los niños que los quitaron para ese día. Los danzantes, las chicas vestidas de marineras llevando banderas americanas, los marineros remos –como siempre– y la marea estaba alta y los mejores barcos con sus luces encendidas hacían guardia desde la mar. 

Y yo pensaba en ti, te                gustado. Quizás, desde un barco, estarías remando mar adentro.

Rema más y más vbuscando las aguas de la eternidad,  vbuscando las aguas de la eternidad.


7 de noviembre 1999

Ambrosio querido, hoy es una tarde cualquiera, una tarde de domingo aburrida y estos días así me pongo triste. Es domingo y sabes que suelo estar con mis amigas pero hoy no ha podido ser. Ellas tenían otros planes.

La verdad es que ayer fue como si fuese domingo. Fui a comer con los americanos y mis hijas y nuestra nieta Elvira y Guillermo y Vicente el hijo de Pucho y comimos en un sitio muy bonito y fue como si fuese día de fiesta y hoy como si fuese día de trabajo y, no sé, pensé en leer un poco pero pensé en ti. Me mirabas tan serio y triste desde tu cuadro del salón que me puse triste y pensé que si hablaba un poco contigo y descargaba mis pesares tú lo ibas a entender y me escucharías y así se pasaría un rato de esta tarde triste y sola como muchas otras.

Ambrosio, ¿me oyes? ¿Por qué tiene que ser así? Trato de llenarlo con cosas varias. Unas con labores, otras con las amigasotras trato de reír, pero en el fondo sé que es una vida sin ti que es como si no viviera. 

Solo hablo, río, lloro y pasan los días.

Ambrosio, quisiera que una fuerza extraña y fuerte te trajera hacia mí y estés conmigo. Me cuentes algo, yo te escucho, luego yo te hablo y tú me escuchas. Pero, ¿por qué tiene que ser así? ¿por qué yo que era una persona que sin ti no soy nada? y así estoy como flotando. Y llegarán esos días tan temidos por mí: la Navidad, los regalos, las compras, las fiestas y una vez más me quisiera morir. Ambrosio, Ambrosio, vida mía, mi amor, mi vida entera. Te fuiste y no sé si es mejor para ti y yo por lo menos tendría ese consuelo a si no estás en ninguna parte yo no te veré más. Nunca te había dicho estas cosas y es que tengo dudas ahora, si no estaría contenta de saber que un día te vería con los ojos del alma.


23 de diciembre 1999

Ambrosio, vida mía, es seguramente la última vez que te escribo en este siglo. 

¿Es que no lo empiezo contigo? ¿por qué no? si te llevo en mi alma y en mi corazón, si vas donde yo voy; siempre juntos…

Estoy de preparativos para la cena de mañana, pero ahora son las cuatro de la madrugada, estoy desvelada. He tomado una pastilla y me voy a dormir. Vendrán LeticiaÁlvaroMaríaGuillermomi hermano y lo pasaré bien… Y tú estarás desde tu cuadro bendiciendo la cena.

   
10 de febrero de 2000

Amor de mi vida, ¿tú pensaste alguna vez que yo sola entraría en este milenio sin ti? Yo jamás lo pensé. Es que lo mirábamos con naturalidad, como si fuese tan natural. Tú y yo juntos, hijos juntos, celebrándolo… ¡Y todo fue tan distinto! Pero no estuve triste. Fue en Sevilla con JosechuCristinaLeticia, nuestros nietos ElviraRaquelChechuFrancisco y Álvaro. Me llamóaron Vicente y Aleja y los niñosMaría y Guillermo Ángel desde Santoña. Él sí comió caracoles, yo le mandé la receta. ¿Te acuerdas? 

Ambrosio, mi amor… Hoy mi playa se viste de amargura, cuando mi nave está apunto de partir. 

Tengo una mala noticia, a Manoli le ha operado de un pecho y no sé si te conté que Finuca tiene la enfermedad de alfaimer Alzheimer. Total, que ya empezamos a fallar. Hasta ahora estábamos las amigas bastante bien. Con años, pero bien.


23 de marzo del 2000

Ambrosio de mi alma, estuve el día de San José, tu cumpleaños. 74 años, que bien podríamos estar juntos. Yo tengo 71 y estoy bien gracias a Dios pero con este vacío en el alma. Con este hueco que dejastes tú al partir te duele todo. Estuve con VicenteAlejaLeticia y Álvaro. Comimos en El Ferial Juan Carlos I, lo pasamos bien. Luego ellos se fueron y yo me fui con Maru y Manoli a terminar la tarde jugando a las cartas. Tú estabas en mi pensamiento y en mi alma.

Luego llego el 21, encendí la vela bajo tu cuadro, te besé, respiré hondo, como esperando que saliera mi pena desde adentro y todo quedó igual, soledad por todas partes. mi alma seguía triste... aunque estoy acostumbrándome a algo que creo que no lo conseguiré nunca y es que, en el fondo, no quiero que llegue el día que diga ¡qué más da! ¡Dios lo quiso así!.. Y una lágrima me corre por la cara...


29 de marzo del 2000

Ambrosio de mi alma, ¿de qué manera te olvido? ¡Si te miro en cualquier parte! y, aunque ya no te tengo, no te puedo olvidar. Y, ahora, ¿qué va a ser de mí?..

María ha estado esta tarde en casa (está pasando unos días en Madrid) de permiso.

Yo dejo pasar los días. Creo que ya hice todo por los hijos, ya vuelan solos. ¿Me necesitan? ¿tú qué crees, Ambrosio? Solo quiero tener salud para conocer algún hijo de María y luego, cuando Dios quiera. Pero mientras con salud para no agobiar a mis hijos.


9 de abril del 2000

Ambrosio querido, ayer se fue Gonzaloel hijo de Rosita y Gonzalo (nuestros amigos). Tú sé que lo sabes, pero quiero que sepas que yo lo sé. Me llamó Manoli y me pasó igual que cuando se fue Mary Valle. Lloré y lloré. Heran mis amigos del alma. Ya, si se te van los amigos¿qué nos queda, Ambrosio? Contigo a mi lado todo lo veía de otra forma. Tú me consolarías o, quizás, yo te consolaría a ti pues son muchos los amigos que se fueron: GonzaloMary ValleGonzalo hijoJuanito SubizagaJuanchuJosé Mary VázquezCurro BlancoMario AlonsoQuiqui Quintana

¡Adiós amigos!compañeros todos, que Dios y nuestra Virgen de Puerto estén con vosotros para pedir por los que esperamos aquí...


30 de abril del 2000

Ambrosio de mi alma, voy a ir pronto a Santoña. Me llama Ángel que está allí solo todo el invierno. Me da miedo el perro que tiene, es de esa raza que atacan cuando desconocen y a mí me vio en verano pero me desconoce total.

Cuando quede mejor tiempo para poder pasear por el pasaje y llegarme hasta donde tú estás.

¿Cómo olvidar a quien quise tanto? Yo sé que te seguiré adorando… 

De repente oigo esta canción de Plácido Domingo y me parece cantada para mí o, mejor, como si te la cantase yo a ti.

"Por tu amor que tanto quiero y tanto extraño"


5 de junio del 2000

Ambrosio querido: estuve en Santoña a ver a Ángel. Estuvimos una tarde contigo y, aunque ya no te tengo, no te puedo olvidar. ¿De qué manera te olvido?, ¿de qué manera yo entierro este cariño maldito? Si te miro en cualquier gente y no te puedo olvidar, es vivir por vivir.


17 de junio del 2000

Ambrosio, quisiera no contarte nada de lo que me sucede malo y dar gracias a la Virgen del Puerto y a ti de las cosas buenas que me suceden, que son muchas. Pero solo os pido a ti y a nuestra Virgen del Puerto, solo os pido –y quizás porque en el fondo lo pido para mi paz y felicidad completa y si digo que no quiero nada para mí miento– pero te lo diré aunque sé que tú lo ves todo y quizás estoy mal informada de que tú lo ves porque lo que sí sé es que estás en el cielo. 

Ambrosio, haz algo por Ángel, que tenga trabajo y por tener salud pueda hacerlo. Así te pido para él, salud y trabajo. Es mucho pedir y esto lo deseo para todo el mundo: Salud, paz y trabajo. No pido que tenga un chalet ni un Mercedes, solo salud y trabajo y conformidad.

Sé que todos tenemos alguna pena y yo creo que tengo salud y 4 hijos con trabajo y salud pero se me escapa uno con poca salud y que él mismo deja sus trabajos.

Mejor, Ambrosio, que aguante los trabajos que sí que se los mandáis y si necesita ayuda para su mente. 

¡Ayúdale, por favor!..


1 de octubre del 2000

Ambrosio de mi alma, he vuelto de Santoña; casi tres meses he pasado allí. Me ha ocurrido de todo y lo más importante es que leído la carta anterior que te escribí y veo que coincide con lo que ha sucedido este verano con Ángel. Tuvo trabajo y mejoró su salud. Está mucho mejor y ahora busca otros trabajos y así va pasando la vida y yo me conformo y él está algo más sereno y creo que llegará el día de su estabilidad.

Ha venido Ángel a un bautizo de la hija de un amigo y se irá mañana otra vez a Santoña, pues espera un trabajo para este invierno. Ambrosio, dile a nuestra Virgen del Puerto que siga ayudando a nuestro hijo y que tenga paciencia con él. Lo mejor ya nos lo ha concedido. Ahora todo está en sus manos.


5 de noviembre del 2000

Ambrosio querido, me preguntan a veces si estoy sola, si vivo sola. 

Sí, estoy sola y vacía por dentro. Sola. Pero a veces estoy viendo la televisión y hago punto y… me digo "Ambrosio está en ese otro sofá y lee un libro –y yo le digo ¿quieres un café?– y nos tomamos un café y algunas veces lloro porque soy muy llorona y él me consuela de que tengo poca fe". Hablamos poco, como él está leyendo…

Ambrosio mío, ¡qué sola estoy! El caso es que a veces me sobra la gente y busco la soledad y es que cuando estoy sola te siento más cerca de mí y puedo hablar en alto y nadie se ríe de nosotros y no estoy loca, no, sólo de amor.

¿Vivir sin ti es un castigo? ¿Por qué quiero tener salud y seguir viviendo si tú no estás?


20 de noviembre del 2000

Ambrosio de mi alma, ¿ahora qué va ha ser de mí ahora que ya no estás a mi lado? Sería más fácil pretender que ya te he olvidado. 

¿Cómo olvidar a quien quise tanto? Sólo sé que te seguiré adorando. Te juro por mi amor que no miento. Tu amor lo llevo guardado dentro del alma y sé que nunca te olvidaré…

La noche está oscura y entra por la ventana como oscura está mi alma sin la luz de tus ojos que me sonreíasn cuando llegabas.

Hoy he ido a la plaza de Oriente para estar con los que recordamos a Franco. Heran pocos, ya cada vez quedamos menos que tengamos nostalgia de tiempos pasados.

Me ha llamado Josechu pues quería hablar con su hija Elvira que está aquí en Madrid estudiando, pero no estaba y llegará tarde, se fue con una amiga.

Adiós Ambrosio, seguiré oyendo cantar a Plácido Domingo y yo te meto en sus canciones y te las dedico a ti.


21 de noviembre del 2000

Ambrosio, acabo de oír a una mujer una poesía a su marido muerto y decía más o menos que besó a su marido en la boca después de muerto en sus labios helados por la muerte; y yo he pensado y lo he pensado muchas veces que yo no te besé después de muerto en la boca. Y siempre lo he pensado, y algo raro corría por mí: Pesar... arrepentimiento... 

Ya sé por qué no. Recuerdo que siendo niña me dijeron que besara a mi abuela muerta y aún recuerdo aquella frente helada que no se borra de mi mente y el recuerdo de tus besos es de calor y al mismo tiempo abrasadora y fría.

                                              Ambrosio querido
    
                                              Ambrosio, de mi alma
                      
                                              Mi amor, mi vida entera


29 de noviembre del 2000

Ambrosio de mi alma

Hoy es un día triste y yo tengo la lluvia en mi mirada. Hoy es un día más en tu ausencia. Yo sigo y sigo sin saber si llego o estoy quieta en mis penas. Siempre me levanto triste. ¿Que haré hoy? Nada... ¿Para qué? ¿Qué hago en este mundo? Mis hijos, la vida, los recuerdos, las desilusiones. Todo ¿para qué?


3 de diciembre del 2000

Amor de mi vida: acabo de hablar con Josechu y le he dicho que te estaba escribiendo, que estaba un poco triste. Es domingo y no he ido donde mis amigas y oyendo música se pone uno un poco triste y es que es más fuerte que yo el amor que te tengo.

Me llama Carmelina, tu sobrina y me cuenta que su madre se ha caído y se rompió la cadera.


7 de diciembre del 2000

Ambrosio de mi alma: a veces el ánimo decae y hasta las piernas no me sostienen y la vida me importa un bledo. Me canso, me canso de quererte y de que tú no me escuches. Me canso de esta vida como sin sentido. Me cansa todo. Es de noche y mañana por la mañana será de día y otro día y otro y otro.

Pero de repente digo "Gracias, Dios mío, del nuevo día. Gracias, Virgen del Puerto, por todo lo que tuve y que aún vivo de su recuerdo. Gracias, Ambrosio, porque me hiciste sentirme la mujer más querida. Gracias por los cinco hijos que me diste y puedo pensar en ellos cuando el ánimo decae".

Miro por todas partes y no te veo, solo te imagino o quiero recordar tu sonrisa y el calor de tus manos y el calor de tu cuerpo y el olor que despedías era cálido y agradable. 

                                                                  Felicidades y adiós 
                                                                                               Lines


20 de diciembre del 2000

Ambrosio querido: es de noche y me imagino: "Nosotros por Santoña paseando. Está la noche clara, hace frío, pero nosotros nos vamos al pasaje a ver la luna sola en el mar. Están cerca las Navidades. No hablamos. Yo pienso en lo bonita que está la bahía. Tú quizás piensas en otra cosa".


26 de enero del 2001

Ambrosio de mi alma: vivo una soledad impuesta por el destino pero ya somos amigas la soledad y yo. Es como cuarto vacío; vacío y oscuro, pero lleno de recuerdos que parece que no sirven para nada, pero yo me alimento de ellos y en mi rincón del alma estás tú, siempre tú, solo tú. Lloro a veces, nadie me escucha, miro tu cuadro, es lo más parecido y lo más grande en tamaño. Te veo mejor, parece que me escuchas, pero estás serio, no sé si estás enfadado conmigo.


14 de febrero del 2000

Ambrosio de mi alma, amor de mi vida. Ambrosio, amor mío. ¿Te acuerdas? Yo no te decía nada de esto cuando estabas conmigo pero yo así lo sentía.

Esto es una historia de amor: una tristeza.

Hace 48 años de aquel día y no sé cómo decirte qué pasa por mi mente cuando pronto dentro de dos años (si Dios no me llama) diré o pensaré "Llevo igual de años sola que casada con Ambrosio" y, luego, "más sin él que con él" y, entonces, no sé qué será de mí pero creo que mis recuerdos me dirán: "Lines, aquí estamos nosotros para que sigas viviendo de recuerdos hermosos" pero sigo pensando que será más triste, si encontraré alguna amiga que me quiera escuchar lo mucho que nos queríamos.

¡Cómo olvidar a quien quise tanto! Yo sé que te seguiré adorando hasta el último momento. Te juro por tu amor que no miento.


1 de marzo del 2001

Ambrosio de mi alma, todo sigue casi igual, pero sin ti… Mis recuerdos son casi interminables y lloro a veces de ver lo feliz que me hiciste. Todo era amor, hasta los ratos de enfado.

Te despertabas y me dabas un beso, te ibas a trabajar y me besabas... Volvías y me besabas. Yo no te lo pedía pero si no lo hacías por mi enfado, yo sufría.

Te contaba mis problemas, mis penas, tú me decías: "Olvídalo, ya pasará". "¿Quieres que salgamos a cenar?" "¿Quieres ir al cine?" "¿Vamos a dar un paseo?"

¡Ay, Ambrosio! ¡Cuántas luces dejaste encendidas! Yo no sé cómo voy a apagarlas.


25 de marzo del 2001

Ambrosio querido: han pasado el 19, –tu cumpleaños– el 21, –el día que te fuiste– y el 14 –día de nuestra boda– y yo aquí sola con mis acuerdos que seguirán vivos hasta que yo muera. ¿Tú qué crees que es mejor para mí? ¿que viva estas fechas, estos recuerdos? o, tú que lo ves desde allá arriba y estés donde estés lo ves todo con paz y de otra manera que yo no sé... Yo por más que lo pienso, y aunque nadie se quiere ir y dejar estos hijos y nietos y estos gozos y estas sombras, yo solo sé que sufro, que lloro, y que me muero… No lo encuentro bien ni medio bien. Dios sabe y a todos nos ocurre lo mismo pero, ¿para que sufrir? ¿por qué no irnos juntos los que nos queremos? Claro que los hijos se quedarían tristes también. Bueno... no sé, no sé y sólo sé que no sé nada. Que me tocó quedarme y sufrir por los dos y nunca sabré para quién fue mejor.


29 de marzo del 2001

Ambrosio de mi alma: Hoy he llorado. ¡Imagínate! ¡Qué raro!, ¿no? He pensado lo cruel, lo más cruel de los seres humanos y todos hacemos igual. No sé si te lo he comentado alguna vez. Tienes a un ser querido enfermo y le preguntas ¿te duele algo? ¿tienes sed? ¿tienes hambre? ¿tienes frío? ¿te quieres dar la vuelta? Le coges de la mano y de repente se va. Pasan 24 horas, le sacan de casa, te meten en un sitio oscuro... lo tapan como si fueras a escaparte y te vas. Te vas. Llorando, sí, pero te vas. Y ahí te quedas. Ya sé que es así pero se me antoja que es cruel, inhumano.

Creo que podrían quedarse dos días por lo menos, ¿que estamos cansados por una larga enfermedad? Ya descansaremos después. Quizás tengamos años para descansar.

Ambrosio, hablando con Manoli de que un día te veré, ella me dijo que no hay cielo. Creo que no es la primera vez que lo escucho, pero esta vez me ha sentado fatal. No sé lo que pasa por mi mente. ¿Seguiré siendo la misma? ¿Me dará igual todo? ¿Nos han engañado los mayores? ¿Estoy engañando a los míos? ¿QuÉ hacemos aquí? ¿Cómo nos tenemos que comportar? ¿Todo es mentira? ¿Todo es un engaño? ¿Todo es una bobada y nos pegamos por 1.000 pts? ¿Dios nos engaña? ¿No existe el más allá? Vivo sin luz.


16 de abril del 2001

Amor de mi vida: han estado Vicente, Aleja y la niña, Leticia. Solo han pasado un día y una noche. Se iban a Santo Domingo. Hemos sido felices pero se han ido y noto un vacío…

Elvira vino de Sevilla pero aún no ha venido a casa, la estoy esperando.

Ambrosio, no sé qué contarte. No sé si sé transmitir mi pena y así una y otra vez. A veces te digo que vivo de recuerdos pero sé que no es suficiente y, como dice la canción, "en un rincón del alma, donde guardo la pena que me dejó tu amor. Sacarte de mi alma será un gran dolor, donde tengo la pena que nuestro amor creó. Me duelen tus recuerdos, tus "te quiero" y todo tú, que mi mano acarició".

                                        ¡Cuánto te quise, Ambrosio!


22 de mayo del 2001

Ambrosio de mi alma: estuve en Benidorm 17 días con Manoli y Maru y no hizo buen tiempo pero descansé, pues allí te lo dan todo hecho. pero te recordé. Vi en el Hotel muchos matrimonios y tú estabas conmigo.

Ambrosio, mañana cumplo 73 años. Ya estoy muy mayor –por no decir vieja–. ¿Cómo estarías tú? Yo te recordaré joven siempre. Guapo, alto, delgado. Yo estoy gorda. Ambrosio, cuando yo quería hacer regímenes cuando empecé a engordar tú me decías: "no te martirices, tú eres así y cuídate y pasea pero no sufras por eso, cada uno es como es".

Ambrosio, para que no me des 73 besos he pensado que 7 y 3 son diez así que me das diez y no se hace tan pesado.

El sábado 26 iremos a Valencia LeticiaÁlvaroÁngel y yo a la comunión de nuestra nieta que es ya la última por ahora. Leticia se llama. Nuestra hija es su madrina. Yo me quedaré tres o cuatro días pues Leticia se viene al día siguiente porque tiene clases. Para mí venir al día siguiente es muy pronto y precipitado, creo que me quedaré.

Ambrosio, voy a ver un poco la televisión y luego a dormir pues Elvira no viene esta noche.

                Adiós, amor de mi vida.


17 de junio del 2001

Ambrosio de mi alma: a veces creo que no puedo seguir así un día y otro día pensando en ti, sufriendo por ti, con esta obsesión, como pegada a ti, a tu recuerdo y, por otro lado, pienso que no podría seguir sin tu recuerdo. Es otra manera de vivir. Sigo pensando: "Tú no te morirás en un pensamiento porque nunca dejaré de quererte". Tú estás conmigo, yo estoy aquí y tú estás en otro sitio; pero conmigo.


29 de septiembre del 2001

Ambrosio querido: estoy sola, es sábado. He estado oyendo canciones de Plácido Domingo y he pensado en ti. Mi pensamiento estaba contigo.

Me acaba de llamar Josechu por teléfono, creo que Elvira está aquí en Madrid pero no me ha llamado. Quizás venga en estos días a buscar la ropa, pues quiere vivir en algún apartamento sola. Se queda en casa de Borja, creo que es su novio.

He llegado de Santoña el 18. Tenía ganas de estar aquí sola con tus recuerdos. No fui a despedirme de ti como sería mi deseo, pero todo se precipitó y no pude y esto a veces me pondrá puso triste cuando la autobús pasaba cerca de ahí. Sí, mi pensamiento fue para ti como siempre que estoy en la playa o en el monte. La verdad es que no te quito de la cabeza.

Me decía este verano Titin que todo el día pensaba en ti pues, sin querer, te nombraba. Es que ––––– y todo lo mío ––––– sobre mis recuerdos contigo. También me preguntó que si yo era celosa y, más que preguntar, lo afirmaba. Yo lo negaba pero no con rotundidad y pienso que el que tiene celos tiene amor y tú me lo demostraste varias veces y por ese motivo sufrí muchas veces, pues eran infundados.


5 de noviembre de 2001

Ambrosio querido, la vida es triste sin ti aunque a veces quiero pensar que estás a mi lado y, ¿por qué no? cierro los ojos, tú estás leyendo a mi lado... Ambrosio, ¿quieres un café? y por un instante estoy acompañada. Tú estás conmigo y yo contigo.

A veces te presiento, me quedo casi sin respirar para oírte mejor.

Te sueño en mis pensamientos y el eco de la pena de estar sin ti. 

          Adoro tu recuerdo


9 de noviembre 2001

Ambrosio de mi alma, he pasado el día sola. Es la virgen de la Almudena. Fui a misa en la Plaza Mayor. He pasado mucho frío pues, aunque hacía sol y cielo azul, el viento era helador pero estuve feliz y emocionada. Pedí a la virgen por ti y por nuestro hijo Ángel y te pido a ti también que le den ese trabajo que espera y que está nervioso esperando y hasta que no le llamen estamos impacientes.


24 de noviembre 2001

Ambrosio de mi alma, otra vez es sábado ocho de la tarde noche. Estoy sola escuchando música y pensando en ti. ¡Cómo olvidar a quien quise tanto!.. Siempre te recordaré y estés donde estés, estarás conmigo. A veces siento remordimientos de reñir contigo y el 99 % era culpa mía. He escuchado una canción de María Dolores Pradera que dice "reñir también es una manera forma de pedir amor" y pienso si así sería pues tú no me dabas motivos, por lo menos pocas veces.

Ambrosio, ¿por qué tiene que ser así? ¿que tú no estés conmigo? Es que no tiene sentido nada y, sin embargo, tengo miedo a morir y a la enfermedad y siempre me pongo una meta. Antes quería que María se casara, ahora quiero conocer y tener en brazos a un hijo suyo, luego querré otra cosa como verle hacer la Comunión… 

Otras quisiera irme contigo...

19 de diciembre 2001

Mi amor: ¿Dónde estás? ¿Qué es mi vida sin ti? ¡Qué triste quietud, qué atardecer sin tu amor!.. Ya no sé qué hacer, la tarde muere y mi pena vuelve…

El 21 empiezan a llegar tus hijos. Vamos a celebrar una Navidad atípica, pero sé que estaremos bien y tú estarás presente. El 23 se irán y llegará el 24 que seremos menos.

Tengo ganas de que pase todo.


19 de enero del 2002

Ambrosio de mi alma: no sé qué contarte, estoy triste, ¡qué raro!, ¿no? Siento que tú me dices "Sigue, sigue. Has tenido tiempos peores. Ángel está trabajando, todos tienen salud, tú te estás comprando unos caprichos"… Y, sin embargo, no soy feliz. Ya sé que me estoy siempre quejando.

Dios no me castigue, pero eso no quita para que yo te cuente que tengo el ánimo por los suelos. Será algo de mi salud que le toca hoy estar triste y lo que sí es verdad es que estoy sola, muy sola con mis recuerdos. Ya debiera estar acostumbrada, pero no es así. ¡Cuánto me gustaría que tus cálidas manos cogieran las mías y nos mirásemos a los ojos! Es tan poco lo que pido…

Hoy cumple nuestra nieta Leticia, 11 años. La he llamado pero estaba montando a caballo. La llamaré más tarde que lae gustará que me acuerde de ella; se siente muy mayor.

Me han llamado María y Guillermo para que salgamos a cenar y luego al cine, parece que han adivinado que hoy tenía horas bajas. Creo que tú les has avisado.


26 de enero del 2002

Ambrosio de mi alma y de mi corazón, esto es un añadido y copio: "Ya no estás más a mi lado corazón y en el alma solo tengo soledad".


14 de febrero del 2002

Ambrosio de mi alma, amor de mi vida; no sé si te fuiste, si yo estoy aquí, si vivo o no. ¿Por qué siento lo que siento? ¿Por qué nos sucedió lo que estamos sintiendo si tú me oyes? ¿O sólo Dios lo sabe? ¿Por qué estoy triste? ¿Por qué te añoro tanto? Era tan fácil quererte...

¿Es justo?.. ¿Era mi sino? ¿Y por qué a mí? ¿Por qué no me fui yo primero? ¿Tú me recordarías como yo te recuerdo? Unas veces creo que sí, otras creo que quizás más que yo, otras que quizás no. Sí, sí me recordarías, y con amor, aunque tuvieses otras personas a quien querer. Pero sé firmemente que dirías "Lines, ¿dónde estás que no te veo con los ojos y si con el corazón?" Te voy a encender tu vela debajo de tsu cuadro y recordaré aquel 14 de febrero. Es la una del mediodía, estaríamos casándonos. Tú nervioso… Yo temblando.


15 de febrero del 2002

Ambrosio de mi alma: te estoy escribiendo dos días seguidos. Es porque está "Lucho Gatica" en España cantando sus boleros que nos gustaban tanto… 

                             Reloj no marques las horas
                             porque voy a enloquecer
                             élla se irá para siempre
                             cuando amanezca otra vez
                             no más nos queda esta noche
                             para vivir nuestro amor...

                                        ––––––––
 
                              Solamente una vez
                             amé en la vida
                              con la dulce y total
                              renunciación
                              solamente una vez en mi alma
                              brilló la esperanza
                              la esperanza que alumbra
                              que alumbra el camino
                             de mi soledad


20 del 2 de 2002

Ambrosio de mi alma: te escribo hoy para poner esta fecha que es capicúa y ahora son las ocho y diez que son las veinte y la aguja grande está en las 2.

Ambrosio, siempre estarás conmigo, amor, aunque no estés aquí.

Cuando se quiere de veras
como te quise yo a ti
es imposible, mi vida,
tan separados vivir

Ambrosio, creo que voy este año día de cumple para pasar un rato contigo, y digo creo porque de salud estoy regular. Espero estar mejor para esa fecha. Me gustaría ir pues llevo como seis años sin ir.

Estos días me encuentro regular, sin una mano que me coja como tú lo hacías. Esos días los recordaré siempre. Aún perduran en mi recuerdo.


11 de julio del 2002


Ambrosio de mi alma: he pasado dos o tres meses regular. No quiero recordarlo ni contártelo. Tu bien lo sabes.

Pero, ¿qué demonio hago yo aquí si tú no estás conmigo?

Pronto iré a Santoña. Mañana, creo. Iré a estar un rato contigo si Dios quiere. Te amo, te amo mucho. Los demás no me comprenden, no saben amar.


18 de octubre del 2002

Ambrosio: he pasado unos meses regular y algunos me dicen que no te escriba, que ya pasó mucho tiempo y que seguir recordándote me hace mal. Yo pienso lo contrario.

                                         Si me falta el amor
                                         no soy nada en la vida
                                         si me falta el amor
                                         nada... soy

Quisiera encontrarme contigo pues tengo mil cosas que contarte


6 de diciembre del 2003

Quiero Creo, Ambrosio mío, que hablando y hablando siempre de ti es la forma de mantenerte vivo. Vivo en mi memoria y en la de todos los que me escuchan. Juré escribirte más porque estoy enferma, lo sé, y quizás nos veamos no muy tarde. Quiero conocer a mi último nieto y luego...


7 de diciembre San Ambrosio



EPÍLOGO

30 - 3- 1989

Si algún día vais a Sevilla, chupad los limones del arbolito que planté. Lo dulce que había en mí os lo di en vida y lo amargo os lo seguiré dando en su amargor en mi recuerdo.


Quisiera recordar anécdotas de mis hijos que creo algunas son dignas de recordarlas, de escribirlas, de contarlas.

Empezaré por Josechu, fue mi primer hijo y por eso muy querido, muy esperado y muy bien recibido. Pesó al nacer 4,100 kg. Nació en casa de mis padres, General Salinas, 8 el 30 de noviembre de 1953 a los nueve meses y 15 días de nuestra unión.

Era precioso, así nos lo parecía a su padre y a mí. Fue bueno... ¡qué digo bueno! Buenísimo. Su abuela Pepita le decía: "No seas tonto, que abusan de ti". Yo Le cambiaba los pañales en la cuna sin sacarle y le daba el biberón también en la cuna. No por esto no lo cogía en brazos, pues cuando le daba de mamar y le cambiaba Ambrosio cronometraba, yo creo. Tenía celos. Me decía: "Llevas una hora contemplando a tu hijo" y ¿yo?¿él? lo llenaba de besos. Su infancia le duró poco. Tenía 18 meses y nació el segundo,–Ángel– y entre los dos tuve un aborto de cuatro meses.

No era un niño excesivamente alegre y parlanchín. Jugaba con sus cosas muy sosegadamente, aunque también rompió alguna que otra cosa. Su padre lo paseaba como loco, se creía que no había hijo como él. Vivimos en casa de mi madre el primer año de su vida, lleno de cariños de sus abuelos y de su abuela Pepita que venía a verlo siempre que iba a la plaza y su abuelo Vicente, que se acercaba algunas tardes con unos piñones que él le cogía con sus manucas de los puños cerrados de su abuelo.

Se paseaba por la acera de la tienda de mi madre con unas almadreñas o albarcas de las que las mujeres llevaban en aquellos tiempos a las fábricas de conservas. A él le parecían patines pues, más tarde -a los 2 años- le regalaron unos patines entre su abuelo Vicente y su tío Gabriel. Siempre le ha gustado patinar e incluso lo ha hecho maravillosamente, tanto que Cionín Villagrá, la mejor patinadora de España, que es de Santander, le vio y quiso que fuese su compañero. También recuerdo que en el colegio de la Salle de Santander -donde hizo el bachiller interno- rompió unos pantalones de tergal buenísimos y "carísimos". Los primeros pantalones largos de su vida. Loes hizo un siete tremendo. Su primer colegio fue el "Asilo" -así lo llamábamos- pero, en realidad, era el colegio del Sagrado Corazón con monjas de la caridad. HEra muy despierto y pronto aprendió a leer. Lo mandé a los 3 años sin cumplir, pues los hacía en noviembre y él empezó el octubre. A los cuatro ya sabía leer y sumar y restar. A los 5 le pasaron a la clase de los mayores que era en el piso superior y ya le ponían lecciones de memoria, claro, lecciones que se componían de dos o tres renglones y ya empezó la tabla de multiplicar.

Se me olvidaba lo mejor: el primer día que fue al colegio al llegar a casa me dijo: "Mamá, ¿dónde guardas los mandamientos?" Yo andaba atareada pues era la hora de comer y tenía a Vicente muy pequeño y tenía que darloe de comer. Él era ya era el mayor de tres hermanos y no le hacía caso. Él insistía: "Mamá, ¿dónde guardas los mandamientos?" Yo pensé que las monjas le pedirían un catecismo y como Ambrosio siempre guardó sus catecismos pensando que algún día le podrían servir a sus hijos le dije: "Papá te lo dará cuando venga". El niño desesperado me dijo: "Pero, dónde los guardas?, ¿los mandamientos? Me han dicho las monjitas que el que guarda los mandamientos va al cielo". Yo me reí sola muchísimo. Luego se lo conté al padre y también se rió un rato y lo comentamos con los abuelos y nuestros amigos.

Cuando le subieron a la clase de los mayores a los 5 años, ya tenía tres hermanos detrás. Había nacido Leticia. Ese día, 29 de noviembre, se volvió del colegio a buscar algo que se le había olvidado y entonces se enteró de que tenía una hermana. Supongo se iría contento, pues ya tenía dos hermanos. Y un día... el día del ascenso, se lo contaba a su hermana que tenía días, la pobretuca, metida en la cuna. Le dio vergüenza contármelo a mí y le decía a su hermana: "Leticia, Leticia, me han subido a la clase de los mayores". Entonces yo, al oírlo, me emociono que ya estuviese allí y que supiera tanto. Ya para ese tiempo iba Ángel con él al colegio y, aunque se llevaban sólo 18 meses, éste aún no sabía leer. Yo le dije: "Hijo, ¿por qué no me lo cuentas a mí? ¿Te han subido con los mayores?" "Sí" -me dijo– "Mucho subir subir. Arriba hay que estudiar más". "Y, además, mamá... si un día se quemara el colegio, ¿por dónde salimos?" Y un colegio que tenía más de 60 años, que mi padre aprendió allí sus primeras letras y yo y mi marido, aquel verano se quemó.

En otra ocasión la monja no le quiso dar el recibo por si lo perdía pues era tan pequeño que siempre me lo solía dar a mí o a su padre si le iba a buscar a la salida del colegio, pero ya habían pasado dos meses y fui a hablar con la monja y, delante del niño, le pregunté; "Sor Pilar, el recibo del niño del mes pasado no me lo ha dado" y la monja, mirando al niño, le decía: "¿no te lo di a ti?" El niño apurado, contestó: "No, hermana, usted se lo metió en el hijo". No sabíamos dónde mirar, yo me puse colorada y la monja ¡no digamos! Yo no sabía lo que el niño quería decir y pensé en un minuto mil cosas raras. Insistimos con miedo su explicación y señaló el peto del delantal de las monjas bajo el babero blanco donde suelen guardar sus papeles. El niño se refería a que, al santiguarse, la monja decía "en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo" y él decía: "Hijo" mientras se tocaba el pecho. Y allí había metido el recibo. Respiramos hondo y nos reímos

La verdad que no tengo grandes anécdotas de él o –mejor dicho– muchas. Pues, aunque era el mayor, como siempre estaba tan ocupada con los otros y él se entretenía solo jugando y fue muy responsable.

En una ocasión, cuando murió mi padre -él tenía ya 8 años- estaba muy grave y yo me pasaba bastantes horas en casa de mis padres y como mis cuatro hijos tan pequeños me llevaban mucho tiempo, mandé a Josechu a Mirones con Pura para quitar a uno del en medio. Iba en el autobús y una francesa que veraneaba en Santoña –Mary Bon, la llamamos– aún viene por Santoña desde hace 30 años por lo menos. Veraneaba en el Nibaur, que ya no existe. Le preguntó al niño: "¿ eres hijo de Lines y Ambrosio?" "SÍ", –le contestó el niño–. "¿Y tu mamá es muy buena, no?" ¡Qué va!" –le contesta el niño- "¡Si la vieses! Algunas veces en casa se enfada mucho y grita". A la francesa le hizo mucha gracia y a mí me dio vergüenza.

Siempre que su padre y yo nos íbamos de paseo y se quedaban con la chica ponía cara de pena pero no protestaba y siempre le preguntábamos (aunque no siempre se lo traíamos) "¿Qué quieres que te compremos?" "Pinturas y un cuento para pintar". Siempre pedía lo mismo. Ambrosio y yo comentábamos: "Este niño será pintor". Pues el niño, que ahora es un hombre casado y con tres hijos, es médico.

Siempre fue muy cuidadoso. Si estaba con zapatos y tenía que ir al monte con sus amigos y estaba incluso al pie del monte, corría a casa a ponerse unas alpargatas o algo viejo para no estropear los zapatos. Se lo expliqué una vez y fue bastante. Tenía 15 años y tenía proyectado con sus amigos una excursión al Gromo en el 2º puente, una "chocolatada "y mi madre, que ya andaba muy torpe de los pies, le comprometió a que la llevara al pasaje y que a las seis volviese a buscarla y el niño sin protestar, estando con sus amigos ya en el Gromo, preguntó la hora y a las seis en punto fue a por su abuela y la llevó a casa, y luego volvió al 2º puente con sus amigos. Pocos niños harían esto y menos sin protestar. Yo reñí a mi madre y le dije que se lo hubiese pedido a la chica o a mí; que hacer eso a un niño no estaba bien. Pero ella sabía que yo hubiera protestado y él no.

Una vez fue al monte, al faro, por la casa de la leña. Tendría 20 años, quizás menos. Fueron a escalar por las peñas, por los precipicios. Tenía unos amigos a los que les gustaba mucho hacer eso, y la aventura, el peligro. Y cuando estaban descolgados en el vacío, a sus amigos les llegó la noche y no sabían cómo salir de allí. Pasaron un mal rato. Le pidieron a Josechu –que era el único que no había descendido– que fuese a Santoña (unos tres o cuatro kilómetros monte abajo) para luego tenerlos que subir solo de noche, que fuese a buscar una linterna. Fue a casa de uno de ellos, que era hijo único y no tenía padre, a su madre lae mintió. Dijo que era para enseñarla en San Antonio en la plaza del pueblo para que no se preocupara y corrió con ella. No quiso molestar a ningún amigo de los que se tropezó en el pueblo para que le acompañaran y subió a socorrer a sus amigos, que así pudieron salir de aquel precipicio.

Tenía 10 años y Ángel 9 aquel verano y yo estaba sentada en la rampa enfrente de Brisa con mis amigas, Leticia que tendría 5 años y Vicente cuando me llegan los dos Josechu y Ángel todos mojados en traje de baño y les entiendo: "Mamá, ¿nos dejas pasar el puntal nadando?" "No" –les contesté de inmediato– "¡Qué locura!". "No, si ya hemos pasado, te decíamos". Por poco me da un infarto. ¡Menos mal que me enteré cuando estaban sanos y salvos frente a mí!

En una ocasión –ya iba a la Salle a Santander–, tenía una colección de insectos y mariposas preciosas en una caja muy bien colocados, pues se lo pidieron en la clase de Ciencias. Me estuvieron importunando, riñendo entre ellos. Yo era muy nerviosa e impaciente. Me hartaron tanto que cogí la caja y la rompí. Él se quedó de palo. Lloró, lloró mucho y yo con el corazón roto y pesarosa. Una tarde volví con ellos al monte y como locos, buscábamos mariposas, gorgojos, bichos de todas clases. Levantábamos piedras para encontrar cochinillas y otros insectos para reparar el mal que le había causado, aunque ya no fue lo mismo.

En su infancia le entró la preocupación de querer ser cura. Al principio no le hacíamos caso, pero él insistía una y otra vez un año y otro. Llegué a preguntarle a un jesuita amigo nuestro José Luis Castañeda y me aconsejó que mejor primero terminase el bachiller y que luego, de más mayor, si aún pensaba lo mismo que ya veríamos. Y siguió pensando lo mismo. Le pedimos al Padre Bilbao, capuchino de Montehano un reglamento de fraile capuchino. Había aquí, en Madrid, por el Pardo un colegio de futuros frailes. Nos lo dio. Estábamos Ambrosio y yo en la confitería de Luis Herrería y, cuando lo tuve en la mano, le dije: "Ambrosio, yo me voy para casa". Estaba deseando llegar a casa y leerlo. Me metí en la cama y comencé a leerlo. No lo veríamos nada más que unos días en Navidad, tendría una sola manta en la cama y no sé cuántas cosas que yo empecé a llorar y llorar como si fuese el fin del mundo. Mi hijo, mi hijo de 12 años, ya lo iba a perder para siempre y todo tan riguroso. 

Ambrosio llegó, me quitó el librejo de las manos y me consoló diciendo: "Olvida eso porque nuestro hijo de momento no va a ir a ningún sitio".

Estoy escribiendo en la cama y por eso me está saliendo una letra fatal.

Siempre estuvo enamorado –desde niño–, de Conchita Castañeda y ella ni caso, creo que ni lo sabía. Luego, de mayores, a ella ya le gustaba y él ya tenía otra novia, Lucía.

Se me olvidaba contar que siempre le gustaron los disfraces. Se colocaba cualquier cosa, el caso era disfrazarse y a sus hermanos y amigos, incluso de mayores, ha ido a muchas fiestas de disfraces, que seguro las organizaba él.

Siempre celebró su cumpleaños desde el 1º hasta los 22, por lo menos. Luego ya en la carrera de le resultó más difícil reunir amigos. Siempre tenía algún examen u otra ocupación.

Desde 4º de carrera dando clases particulares en un colegio de monjas en Santander preparando a auxiliares de enfermeras y en casas particulares sacaba dinero para pagarse sus estudios y su estancia fuera de casa, pues él estudió su carrera en Santander y nosotros vivíamos en Madrid.

Salía de niño de 10 y 12 años con su hermano Ángel y se pasaba mucha vergüenza y protestaba: "Yo no vuelvo con él, mamá. Que no venga con nosotros". Ángel siempre hacía bobadas delante de las chicas y eso le ponía colorado.

Fue a un campamento de la OJE a Laredo y ese fue su primer campamento. Él padecía de diarrea y como sólo llevó dos trajes de baño como todo calzoncillo yo le dije al padre: "Vamos a verlo y llevarle ropa pues la tiene que tener "buena"". Fuimos, pasamos la barca de Maurilio y le llevamos ropa y municiones (comida). Así lo decía él sobre todo cuando estudiaba en la Salle. "Tráeme municiones, mamá" y yo le llevaba leche condensada, galletas, chocolate, etc. Bueno, pues en Laredo se le quitó la diarrea. No sé cómo, pues el clima no sería. Yo, que siempre tenía cuidado de darle cosas astringentes, y allí con el rancho que le darían se le curó.

Los amigos le han querido siempre, aunque le decían que era un cabezota, pues lo que él decía se tenía que hacer. Claro que siempre eran cosas buenas y razonables.


5 de junio 1982 sábado

Estaba sola con María viendo la televisión, son las 12 de la noche, ella se ha quedado dormida. Yo he cogido tus cartas y he releído tus adorables cartas. Las cogía al hazar y he leído una y otra vez: "queridísima mujer mía", "te quiero Lines, te quiero", "no puedo vivir sin ti" y he pensado que era verdad, que así sería pues así me pasa a mí ahora pero lo mío es peor, que es para siempre.

He leído frases de tus cartas que quiero poner aquí porque igual que tú sentías en aquellos momentos lo siento yo ahora y revivo aquellos días. Además me gusta lo que ponías:
"y cuando ahogué un grito de alegría al ver nuestras estrellas tranquilas en el cielo doy gracias a dios y me quito gran parte de mi tristeza infundiéndome ánimos hasta el día que vuelva a abrazarte y a decirte muchas veces: te quiero"

Ambrosio, te quiero... 

"Ahora los dos luceros hacen guardia en mi ventana y… en la tuya". 

"Vida mía, ahora me doy cuenta de lo mucho que te quiero y de lo triste que estoy sin ti. ¿No te ocurre lo mismo?" 
"Mira las estrellas todos los días y verás en ellas mis ojos llorosos suplicando: "No me olvides"".

"Haré todo lo posible por no acordarme de ti. Tú haz lo imposible por pensar en mí". Te quiero, Ambrosio, te quiero.

Ambrosio, me voy para la cama. He tomado la pastilla de dormir y me voy. Si soñara contigo algo agradable como que me coges de la mano y me das un beso... nunca he soñado que me dieras un beso y son muchos, muchísimos los que nos dimos. Tantos que no se pueden contar… 

De Ángel tengo recuerdos más graciosos pues el niñito que era malo y enredador como pocos, tenía gracia. Ángel nació el 31 de mayo de 1955 a las 10 de la mañana. Pesó 3.900 gr. aunque la comadrona Amalia y su padre decían que pesaba lo  menos 6 kilos y le pesamos al día siguiente, y su padre que nunca decía palabras fuertes dijo: "¡coño! si no llega ni a 4 kilos". Era muy gordo pero pequeño.

Se crió muy bien, demasiado gordo. Daba gusto verlo. Le ponía un pañuelo en la cabeza y se parecía a tía Rosalía, era una hermana de mi abuelo que murió a los 102 años.

Cuando tenía once meses ese mismo día que los cumplía, nació Vicente, pero él ya sabía andar. 

Era muy comilón desde que nació hasta los 13 meses. Tomó 7 biberones, bueno alguno a cambio de comida purés y frutas en la merienda.

Cuando ya fue siendo mayor una vez nos fuimos Ambrosio y yo con Calixto y Carmeluchi a un viaje por Asturias le traje a la chica una medalla de la virgen de Covadonga de plata. Ella estaba contentísima con la medalla y lae desapareció. La buscamos por todas partes y a los dos días Ángel hizo "caca" y en el orinal entre la "caca" estaba la medalla. ¡Menos mal que no se la vi cuando la tragó!

Tardó bastante en aprender a leer. Lo llevamos un verano con Don Ricardo, un maestro que vivía en la casa de los maestros en Santoñuca. Íbamos para casa desde la casa de mi madre y, al pasar por la peluquería de Montes –que era a la que yo iba–, me dijo señalando el letrero (ponía "Peluquería Montes") y él me decía:

–Mamá, ya sé leer
–¿Sí hijo mío? Contesté un poco incrédula pero esperanzada
–SÍ. ¿Quieres que lea ese letrero?
–Sí, léemelo ya impaciente por comprobar si era cierto
–Pe-lu-que-rí-a...
–(¡ay! ¡que ya sabe leer!) 
-...don-de-va-mí-ma-má.
–Anda para casa

Creí que me daba algo, ¡qué cara más dura tenía el niño! Pero contándoselo al padre nos reímos muchísimo.

Cuando íbamos a los toros, les solía llevar su padre y, desde los 2 años, al llegar a casa con el trapo de cocina, intentaba torear diciendo "¡jeu, jeu!". Yo era la primera vez que lo oía y se lo dije al padre y Ambrosio me dijo: "Eso es lo que dicen los toreros", yo nunca me di cuenta y él tan pequeño lo cacptó.

Teníamos un orinal de porcelana que tenía más golpes que un boxeador, lleno de cascotes negros. Le hicimos una foto con él, pues él, dejándolo caer desde lo alto, los había hecho.

Un día en que salíamos de paseo siempre íbamos por casa de mi madreJosechu se adelantó para ponerse los patines que guardábamos allí, en la tienda de mis padres y se los estaba poniendo sentado en la entrada de la tienda.

Llegó Ángel el segundo y se fue directo a mi madre a por la peseta que les daba todos los días y que ellos se compraban un "chupa-chups" que era lo que costaba en aquellos años. Mi madre lo abrazó y le dijo: "¿dónde está el nieto que yo más quiero?" y Ángel lae contestó: "Ahí afuera, poniéndose los patines". (Y era verdad, mi madre tenía debilidad por Josechu) y Ángel se daba cuenta. Los niños no son tontos, mi madre me lo contó con los ojos humedecidos. Se quedó de palo.

En verano, como se madrugaba mucho para tener tiempo para ir a la playa con los hijos y por la noche trasnochaba con mi marido que salíamos a sentarnos en las terrazas de Luis Herrería y también traer a 4 niños desde San Martín llegaba a casa agotada y quería dormir y descansar un par de horas y me iba a mi dormitorio. Leticia, como la pequeña dormía su siesta tranquila todos los días y para no dejar a los tres niños juntos pues no me dejarían dormir, me llevaba a la cama a Ángel o a Vicente, pues heran los más revoltosos. A la chica lae decía: "Si me llaman por teléfono o algún recado para mi marido me llama" y ella solía entrar si me llamaban: Señorita!, esto o lo otro" y claro, yo no la reñía.

ellos les decía: "El primero que entre a mi cuarto y me diga: "Mamá esto o lo otro" no sé qué le hago".

Entró Ángel un día. Me dijo: "Señorita, Josechu me ha quitado la pelota". No le puede reñir porque me dio la risa.

Un día fui a esperarlo a la salida del colegio y lo encontré enfrente de la Casona. Tenía en un rincón acorralado a un niño y le pedía las pinturas. Él tenía un montón –quizás de otros niños debajo del jersey.

Llegó a casa una tarde de invierno con un clavo grande y brillante. Lo llamaban "jugar al trinche". Se lo había cambiado a un niño por su abrigo. Rápidamente lo mandé a descambiarlo.

Enfrente del Juncal, un bar en Santoña, lo encontré fumando una colilla –tenía 4 años– Se la quite de la boca y le dije "¡Qué asco! Será de algún viejo". Y él me contestó: De un viejo, de un viejo... ¡Si es tabaco rubio!

Mi hermano lo mandó a buscar tabaco al estanco que Maísa tenía en San Antonio. Costaba 4,50 pts y Tonio le dio 5 pts. Llegó con el tabaco pero sin los dos reales de vuelta. Tonio se los pidió una y otra vez y él no daba razón. Entonces lo castigó sin salir en toda la tarde. Fue mi hermano al día siguiente a buscar otra vez tabaco al mismo estanco y el padre de Maísa le dijo: "Tu sobrino se dejó ayer la vuelta del tabaco encima del mostrador".

Él no se defendió. Él tenía asumido que, como casi siempre era culpable, no merecía la pena defenderse y así toda su vida. Lo mismo que fuese el culpable o no, no se solía defender.


FIN